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derecho; i asimismo mando a dichos gobernadores i correjidor de Quillota que en virtud de la real cédula de Su Majestad de 5 de noviembre de 1715, remitan a la real audiencia testimonio de todos los navios estranjeros que entraren en los puertos de su jurisdiccion; i a los comerciantes que contravinieren, se les comisen las mercancías que compraren, i se introduzcan en cajas reales para aplicarlas conforme Su Majestad tiene prevenido por sus leyes, i se embarguen los demas bienes que tuvieren, i serán desterrados perpetuamente a la plaza i presidio de Valdivia. I asimismo los arrieros que cargaren cualesquiera mercadurías de contrabando serán castigados con doscientos azotes i perdimiento de sus recuas i bienes, i desterrados a la dicha plaza de Valdivia por diez años, donde servirán a racion sin sueldo, i lo mismo se ejecutará con los mozos que les asistieren en arreo de sus recuas, i demas peones que incurrieren en el trasporte de semejantes mercadurías. I a todos los que fomentaren la trasgresion de la introduccion de ellas, se les impone la misma pena de azotes i destierro a la dicha plaza de Valdivia. I porque se tiene noticia de que los vecinos que tienen chácaras i estancias en el tránsito del puerto de Valparaíso a esta ciudad, en ellas reciben i amparan a los que llegan con mercadurías de ilícito comercio, i les facilitan su introduccion en la ciudad, se les manda que por ningun caso lo hagan ningunas personas de cualquiera calidad o condicion que fueren; i al que lo quebrantare, se le impone la misma pena que al comerciante, i de perdimiento de la chácara o estancia que tuviere. I para que llegue a noticia de todos, i ninguno pretenda ignorancia, se publique este auto en forma do bando en la plaza i calles acostumbradas de esta ciudad; i se previene a todos los ministros de justicia ordinaria i militar que celen de su parte cada uno semejantes ilícitos comercios. I a los particulares que denunciaren se les dará la parte de lo que aprendieren conforme Su Majestad tiene mandado. I se remitan testimonios de este bando al puerto de Valparaíso i ciudad de la Concepcion i Coquimbo i correjidor de Quillota para que hagan publicar i cumplir lo que en él se manda; que es fecho en la ciudad de Santiago de Chile en 17 de noviembre de 1716.—Don Juan Andres de Ustáriz.—Por mandado de Su Señoría, Gaspar Valdes, escribano público i de cabildo."

Los miembros de la audiencia no se contentaron con haber obligado al presidente Ustáriz a promulgar el bando que acaba de leerse, pues sin pérdida de tiempo espidieron el auto que sigue:

"En la ciudad de Santiago de Chile, en 17 de noviembre de 1716, los señores presidente i oidores de esta real audiencia, estando en el real acuerdo de justicia, dijeron: que por cuanto tenian entendido que, sin embargo de repetidas cédulas i provisiones que para su cumplimiento se han despachado en órden a embarazar el comercio de los navios franceses que arriban a los puertos de este reino i su admision en ellos, se hallaban en el puerto de Valparaíso, en contravencion de estas prohibiciones que para su cumplimiento se han despachado, dos navios franceses, i que de esta ciudad han salido algunas personas para el dicho puerto sin saberse a qué efecto ni con qué motivo; i para que se tenga individual noticia, así de la manutencion de dichos navios en dicho puerto, i sí los franceses son admitidos en él, i sí las personas que han bajado han dirijido su viaje a fin de comerciar con los susodichos, con todas las demas circunstancias convenientes, como sí las operaciones del gobernador de las armas de dicho puerto se proporcionan a la observancia i cumplimiento de las órdenes que le están despachadas, no solo para evitar el comercio con dichos franceses, sino para quitar toda ocasion que les pueda franquear i facilitar, acordaron que para la averiguacion de todo lo referido, i dar las providencias que convengan, debian dar, como por la presente daban, comision toda la necesaria en derecho sin limitacion alguna al señor licenciado don Ignacio Gallégos, del consejo de Su Majestad, su oidor i alcalde de corte de esta real audiencia, que al presente se halla en aquel puerto, de cuyo celo se espera procederá a la dicha pesquisa i averiguacion conforme es de su obligacion i conviene al real servicio, recibiendo informacion sumaria, i poniendo los testimonios que convengan, para lo cual se arreglará a la instruccion que por el señor fiscal se le remitirá. I así lo acordaron i firmaron los señores licenciado don Ignacio Antonio del Castillo, don Juan Próspero de Solis Ovando, del órden de Calatrava, i don Martin de Recavárren, del consejo de Su Majestad, oidores de esta real audiencia, a que se halló presente el señor fiscal.—Ante mi, Don Antonio de Castro, escribano de cámara."

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La informacion que levantó el oidor Gallégos no condujo a ningun resultado importante.

Lo mas interesante que se averiguó por ella fué que entre los vecinos de Santiago que habian ido a Valparaíso se encontraban don Juan José de Bernechea, don Gregorio de Badiola, don Ignacio de Jáuregui, don Luis de Sálas, don Toribio Gayon de Zélis, don Ignacio de Zevállos, don José Guerrero, don Ventura de los Ríos, don Cristóbal TaUedo, el capitan don Fabian Canario, don Francisco de Aguirre i el marques de Cañada Hermosa aunque no era mercader.

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La publicacion en Valparaíso del rigoroso bando de 17 de noviembre que Ustáriz habia promulgado por indicacion de la audiencia no produjo tampoco el efecto que se habia deseado i esperado.

Apénas fué conocido de los capitanes de tres naves francesas que habia a la sazon en aquel puerto, cuando desembarcaron airados a exijir que se les proporcionasen los víveres de que habian menester para regresar a Europa.

Los capitanes mencionados hicieron esta demanda, segun lo escribia al presidente Ustáriz el gobernador de Valparaíso don Antonio Velásquez de Covarrúbias en oficio de 25 de noviembre de 1716, "con algun desahogo, o por nuestras pocas fuerzas, o por la necesidad que manifestaban."

Todavía fué mas esplícito sobre este incidente don Juan Andres de Ustáriz en órdenes relativas al asunto que espidió dos dias mas tarde. Aquellos capitanes, dice, "prorrumpieron palabras con demasiada osadía, i dando a entender que les sería forzoso valerse de sus fuerzas para que se les diesen bastimentos i tomarlos."

La insolencia de los capitanes franceses era mui fácil de comprenderse, porque, segun esponia al presidente el gobernador de Valparaíso en oficio de 23 de noviembre de 1716, no contaba mas que con el alférez i sarjento del castillo para contrarrestar a mas de cuatrocientos hombres que formaban las tripulaciones de los tres buques.

Ustáriz consultó a la audiencia acerca de lo que debia hacer en semejante trance.

Se conocerá mui luego cuál era el verdadero motivo de las dudas i vacilaciones del presidente.

La audiencia contestó con la mayor entereza a Ustáriz que él estaba en el deber de hacerse respetar de los estranjeros.

La actitud enérjica de los miembros del tribunal supremo forzó al remiso Ustáriz a poner en movimiento las milicias de los correjimientos de Melipilla i Quillota para rechazar la invasion de los franceses, si la intentaban.

Los comerciantes estranjeros no recurrieron a la violencia para desembarcar; pero con diversos pretestos permanecieron en el puerto, probablemente hasta que hubieron vendido todas las mercaderías que so proponian realizar.

V.

Los documentos citados manifiestan el ardor con que los chilenos se entregaban al contrabando para proporcionarse los recursos mas indispensables de que los tenian privados los monopolios i las restricciones comerciales mas odiosas.

Falta ahora saber que el contrabandista mayor era el presidente mismo, aquel que dictaba bandos tan draconianos contra los que se dedicaban al tráfico vedado.

Dejo la palabra al presidente don José de Santiago Concha para que nos refiera tan edificante historia.

"En los autos de la residencia del señor don Juan Andres de Ustáriz, del órden de Santiago, del tiempo que ejerció los cargos de gobernador i capitan jeneral i presidente de la real audiencia de Chile, desde el dia 27 de febrero de 1709 hasta el dia 20 de marzo de 1717 i cargos que resultaron contra él, vistos, i lo alegado i probado en su defensa, con todo lo demas que ver convino, es

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