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"En cuanto al cargo diez i nuevo sobre que por los correjimientos i cargos que proveyó en el tiempo de su gobierno el dicho señor don Juan Andres na recibido algunas cantidades, como son de don Marlin de la Barra por haberle dado el cargo de maestre de campo jeneral del reino tres mil pesos en cordobanes, de don Juan Güémes Calderon por mantenerlo en la caberla de Puren casi todo el tiempo de su gobierno aun con quejas i alboroto de los indios un mil ponchos en cada año, de don Pedro de Prado por el correjimiento del partido del Maule tres mil quinientos pesos, de don Pablo Jiráldes dos mil pesos por el correjimiento de Mendoza, de don Julian Lepes Millan dos mil pesos por el correjimiento de Colchagua, de don José de Puga por el de Chillan dos mil pesos en cordobanes, en lo cual declaro haber cometido culpa, i por lo que de este cargo i del décimo i parto del diez i siete remitidos a él resulta contra el dicho señor don Juan Andres, le condeno en diez mil pesos.

"En cuanto al cargo veinte sobre que oponiéndose a las leyes i cédulas de Su Majestad dió i confirió a sus hijos i criados diversos empleos, como son a don Fermin Francisco de Ustáriz, su hijo, los cargos de capitan de guardias i comisario jeneral de ejército, i siendo solo de diez i seis años de edad, le confirió asimismo los cargos de maestre de campo jeneral del reino, i correjidor de la ciudad de la Concepcion, cargos tan superiores que necesitan de hombres de edad i esperiencia; i asimismo dió a otros hijos i diversos criados de su familia otros empleos i capitanías de leva, por el cual cargo le condeno en trescientos pesos.

"I la cantidad que importan las condenaciones espresadas en esta sentencia la aplico segun i en la forma que lo resolvieren los señores del real i supremo consejo de las Indias; i por esta instancia definitiva, juzgando así, lo pronuncio i mando con costas, en que le condeno.—Doctor Don José de Santiago Concha.

"Dió i pronunció la sentencia de estas fojas segun i como en ella se contiene el señor doctor don José de Santiago Concha, caballero del órden de Calatrava, del consejo de Su Majestad, oidor de la real audiencia de Lima, presidente gobernador i capitan jeneral de este reino i juez de la residencia del señor don Juan Andres de Ustáriz, caballero del orden de Santiago, estando haciendo audiencia en juzgamiento, en donde la firmó de su nombre en Santiago de Chile en 30 de setiembre de 1717 años, siendo testigos don Francisco de Barma i Orosco, don Francisco de la Rea i Pedro López de Santa Ana, presentes.—Ante mí, Alejo Heléndez de Arce, escribano real i residencia.

"En la ciudad de Santiago de Chile en 30 dias del mes de setiembre de 1717 años, yo el presente escribano leí i notifiqué la sentencia de estas fojas segun i como en ella se contiene al señor don Juan Andres de Ustáriz, caballero del órden de Santiago, en su persona, que la oyó i la entendió, i de ello doi fe, Alejo Meléndez de Arce, escribano real i la residencia."

VI.

Como acaba de verse, la codicia, no solo de los súbditos, sino tambien de los gobernantes era fuertemente tentada para violar el sistema comercial de restriccion i de monopolio practicado por España en sus posesiones del nuevo mundo.

Preciso es reconocer que el presidente Ustáriz fué uno de los ejemplos mas notables que hubo en Chile de descarada rapacidad; pero ni con mucho fué el único. Antes i despues de él, hubo otros mandatarios de alta o de baja jerarquía que se hicieron reos de delitos semejantes.

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Ahora bien, el contrabando ejecutado por los gobernantes escandalizaba al pueblo sin proporcionarle alivio.

El subalterno tomaba para sí la ganancia o los derechos que correspondian al señor. Esto era todo. El subido precio de las mercaderías continuaba siendo mas o ménos el mismo, i abrumaba al consumidor.

El limitado número de comerciantes a quienes la metrópoli permitia venir a vender en el reino de Chile los jéneros estranjeros de que el país habia menester imponia a los habitantes las mayores privaciones, los obligaba a pagar precios excesivos, i los precipitaba a la desmoralizacion del contrabando, sin que esto les permitiera satisfacer cumplidamente sus necesidades.

Pero habia mas todavía.

La escasez de vendedores traia por resultado preciso la escasez de compradores.

Los chilenos tenian que proporcionarse mui caro, i frecuentemente por el fraude, lo que necesitaban; i al mismo tiempo tenian que vender mui barato sus productos, o no tenian absolutamente a quien venderlos.

La principal produccion del país habia llegado a ser el trigo.

El único mercado esterior de esta especie era Lima.

Los ajentes que intervenian en la negociacion eran mui contados, i por lo tanto imponian la lei, la mas dura de las leyes, a los productores.

Conforme al método que me he propuesto seguir en esta obra, voi a hacer que un distinguido contemporáneo don Miguel José de Lastarria sea quien describa las miserias de aquella aflictiva situacion.

Tengo a la vista un manuscrito suyo, el cual lleva por título: Proyecto que se propone a la suprema junta de real hacienda del reino de Chile en aumento del real erario i beneficio público sobre la estraccion de granos para Lima.—1793—1795.

Leamos algo de lo que entonces escribia Lastarria acerca del asunto que estoi tratando.

"Para cultivar el trigo, empeñan anticipadamente sus cosechas todos los pequeños i miserables labradores, muchos de ellos medianos i algunos do los principales hacendados, no por dinero, sino lo jeneral por otras especies que reciben apreciadas sobrecargadamente con un veinte i cinco por ciento, cuando ménos, en beneficio del mercader que se paga con el trigo de aquellas, estimada la fanega en tres o cuatro reales, i al respecto de seis u ocho, si ha sido el trato con los mayores labradores o con algunos de los medianos. Por esta imvariable pignoracion, no puede decir el comun de ellos: esta cosecha es mia, en tiempo de ellas; i aun quedan debiendo. Llegan a tanto las estrecheces de su necesidad, que en las siguientes siembras, se hallan sin semilla, por lo que piden prestada una fanega de las que han pagado, para volver dos, i aun tres, en las nuevas cosechas.

"Si dichos labradores han caído en las manos de los mercaderes de pormenor, éstos con todo su trigo, son del mismo modo sobrecojidos de los principales de quienes dependen, entre los cuales se notan los pocos valistas que procuran abrazar por miles este comercio. En el mismo negocio entran algunos diezmeros i principales hacendados que con ocasion de residir en la compaña, se hacen tambien mercaderes de un pormenor vasto, i a quienes el arrendamiento de sus tierras, el uso de sus herramientas, el servicio de sus bueyes, mulas, bebidas, alimentos i otros ausilios sirven de moneda para comprar por ínfimo precio las futuras cosechas del comun de los otros labradores.

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"Las pocas manos de los valistas, en cuyo poder hemos dejado el trigo, se reunen tácita, pero desconcertadamente para poner la lei a los navieros, que la reciben cuando pasan de dos barcos que compran a un tiempo, en circunstancias que los mas astutos han conseguido poner su trigo con medida en las bodegas (de Valparaíso). Inmediatamente corre la voz de su buen precio. Entónces se desconciertan mas, i agolpan en el puerto el que tienen reservado. Los medianos labradores dejan exhaustos sus grandes costales, que llaman hurones, con la esperanza consiguiente de llegar a tiempo; pero Son pocos los afortunados. Abastecidos los navios, i perjudicándoles el regreso de su conduccion, lo dejan vendido con pérdida.

"A este exceso, se sigue la escasez en los partidos, inevitablemente en la capital, i la ruina de los valistas, pues corriendo los dias sin que llegue navio (lo que estudian sus dueños con la mira de que se vean juntar las nuevas cosechas con las grandes porciones rezagadas), éstas se calientan o agorgojan, i se arrojan al mar, si no sucede que aun dañado lo compren algunos navieros para mezclarlo con el bueno, segun se ha esperimentado, sin que teman ser descubiertos, porque los panaderos les son tan sus confidentes, que por sus dependencias entran en liga aun contra sus mismos compatriotas (los limeños i peruanos). Esto

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