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El contraste entre la conducta del uno i la del otro era propio para sujerir reflexiones bien poco favorables a un rei a quien parecia no importarle merecer el título de padre de sus pueblos.

La indiferencia real era tanto mas notable, cuanto que el soberano no acostumbraba proceder de aquel modo, cuando se trataba de los intereses de sus súbditos peninsulares.

Puedo citar para comprobar esta última asercion, entre otros hechos, no solo aquel encargo de que por nada debia perjudicarse el comercio de los españoles europeos a que aludia el consulado de Chile en el informe ántes inserto, sino tambien la siguiente real órden, que era bien significativa.

"El rei ha considerado que el comercio de las manufacturas nacionales de esparto puede ser sumamente ventajoso a la nacion, porque contribuiria a promover la agricultura, a animar la industria i a estender la marina en todos sus ramos. Para fomentarle en lo posible, le ha libertado Su Majestad de los derechos de almofarifazgo i alcabala, segun se previene en real órden de este dia. Resta ahora que los jefes i ministros reales de las provincias de Indias, a donde se destinen las enunciadas manufacturas, concurran eficazmente a prestar los mas eficaces ausilios a fin de que se introduzcan, i propague por todas partes el consumo de ellas.

"Es evidente que si cada uno de por sí procura usar en su casa los ruedos, esteras i demas efectos de esparto de la Península, ostentando hallar en ello comodidad i placer, en poco tiempo ejecutarán lo mismo hasta los mas pobres, pues se sabe cuánta es la influencia que tiene para acreditar una manufactura, el ejemplo de los jefes i jentes principales de los pueblos.

"El alto concepto que Su Majestad tiene del celo patriótico de Vuestra Excelencia me dispensa de nacerle insinuacion alguna, puesto que desde luego hará cuanto interese al bien del comercio de la nacion, como que conoce es el único medio de restablecer la felicidad pública; así solo tengo que advertir a Vuestra Excelencia es la voluntad soberana que inspire los mismos sentimientos de que está animado a todos los ministros reales i demas dependientes que están bajo su mando, haciéndoles entender harán un obsequio digno de la real aceptacion en usar en la forma esplicada los efectos nacionales de esparto. Dios guarde a Vuestra Excelencia muchos años. Madrid 11 de julio de 1780. —José de Galvez.—Señor presidente de Chile."

Como se ve, el gobierno español "a fin de favorecer a los peninsulares, no vacilaba en ordenar, puede decirse, a los chilenos que usaran las esteras i otros tejidos de esparto, i lo que todavía era mas curioso, que "ostentaran hallar en ello comodidad i placer."

I miéntras tanto, no ausiliaba en lo menor a los chilenos para salir de la miserable situacion en que se encontraban, i para acercarlos a la opulencia que soñaban.

No hallaba siquiera arbitrios para proporcionarles el profesor, los libros, los utensilios de química, cuya remision imploraban con tanta instancia.

Hai consecuencias que inevitablemente, mas tarde o mas temprano, se deducen de los hechos, aun cuando, como sucedia a los chilenos de entónces, se tenga poca voluntad de deducirlas.

Creeria hacer un agravio al lector si me detuviera a mencionar las que sin ninguua dificultad se desprendian de los procedimientos de gobierno español que dejo, no solo narrados, sino tambien documentados.

XVII.

Considero de mi deber no poner término al presente capítulo sin procurar completar la enumeracion de los importantes i variados servicios que don Manuel do Sálas i Corvalan prestó a la sociedad chilena en el último periodo de la época colonial.

Sálas es un personaje de que se ha escrito algo, i de que se hablado mas todavía; pero que dista mucho de ser suficientemente conocido.

Por mi parte, esperimentaria remordimiento si por omision mia, quedara entregada al olvido alguna de sus laudables acciones de que hai constancia en los documentos ignorados que han llegado a mis manos.

Las tareas tan diversas que he referido en este capítulo habrian bastado para absorver la existencia de un individuo comun; pero estuvieron mui léjos de agotar la laboriosidad estraordinaria de Sálas i su insaciable anhelo de servir a sus semejantes.

Voi a mencionar lijeramente algunos de los otros negocios de interes público a que por entónces estuvo dedicado.

En 14 de octubre de 1791, el presidente del reino le encomendó la intendencia de la obra de los tajamares, cargo que Sálas trató de llenar con su dilijencia habitual.

Sin embargo, el desempeño de aquella comision manifestó que no todos estimaban a Sálas en lo que merecia, i que por el contrario tenia malquerientes encarnizados, los cuales estaban ansiosos de dañarle.

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Será él mismo quien refiera este incidente dé su vida.

"Señor Prior i Cónsules. En el último correo, se ha dirijido a este superior gobierno una real orden en que se dice haber llegado a Su Majestad varias quejas sobre la lentitud con que se trabaja en la fábrica de los tajamares del rio que riega esta capital, sin embargo de habérseme entregado cerca de sesenta mil pesos de una vez, i once o doce en cada año, del ramo de balanza, la que con todo está mui léjos de su conclusion; pero que lo que mas estraña el rei es que yo no haya dado cuentas, lo que siendo cierto, se me obligue a darlas prolijas i exactas, repitiéndose esta operacion anualmente; que se examine sí será mejor sacar la obra a pública subasta, como se ha intentado persuadir a Su Majestad ser mas conveniente; i que con audiencia del ayuntamiento i ministerio fiscal, se determine en el real acuerdo, i dé cuenta de todo.

"Aunque puedo en el dia demostrar hasta la evidencia la falsedad de esta impostura en todas sus partes, i trato de hacerlo incesantemente, manifestando que las cuentas se han dado i fenecido; que jamas ha habido dinero alguno en mi poder; i que solo ha recibido el mayordomo cortas cantidades mensualmente en virtud de presupuestos i razon de gastos; que la obra no está mui léjos de su conclusion, i esto debido a mi dedicacion i celo; que su magnitud misma i bondad la han detenido, i sobre todo, la falta de fondos, pues cuando los habia tuvo un incremento asombroso, con todo, como de las calumnias siempre queda vestijio, especialmente en la distancia, para borrarlo, necesito hacer ver que mi conducta, mérito i opinion deben ponerse a cubierto de toda nota, i me hacen digno de otro jénero de homenajes, que los que tributa la envidia, i que no debian hacerme esperar un rasgo capaz de desalentar al mas constante.

"Usía, que es testigo de mis operaciones, de mi celo, desinteres e importantes servicios hechos en su establecimiento i progresos, de mi conato en desempeñar sus encargos, de las distinciones que por ese medio he recibido de Su Majestad, i de mi contraccion a los objetos del bien público, aun despues de cesar el carácter (el de síndico) que me autorizaba para promoverlos; Usía, que lo ha visto todo, que debe estar penetrado de la injusticia con que se me hiere, i del perjuicio que puede traer la tolerancia de semejantes atentados, espero se digne certificar con estension, i con aquella rectitud que constituye su carácter, de un modo que acredite mi justicia, que no reclamo en vano la proteccion de un cuerpo a quien he deseado sincera i eficazmente ser útil, i que me ha dado tantas pruebas de su bondad, aceptando mis esfuerzos, i recomendándome al soberano. Santiago i octubre 21 de 1799.—Manuel de Sálas"

Los informes que el consulado i las otras autoridades se apresuraron a enviar en favor del ilustre i calumniado filántropo fueron tan honoríficos como los merecia.

El gobierno español, dándose por satisfecho, le declaró completamente vindicado.

Aquel fué un espléndido triunfo que la envidia de los malévolos proporcionó al patriotismo de un hombre de bien.

Junto con la intendencia de la obra de los tajamares, don Manuel de Sálas estuvo encargado de diversos trabajos municipales, como por ejemplo,

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