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ojo cerrado los informes de los gobernadores. Conformarse con esta desgracia i servir a la patria i al rei, como se hace hasta hoi, i se hará, es saludable consejo. No perdais la esperanza que vendrá dia en que el rei, renovando las piadosas antiguas i modernas disposiciones, mande estrechamente que los premios sean igualmente partibles entre los europeos i colonos. Marchad alegremente a la defensa de la corona cuando lo pida la necesidad" (1).

Efectivamente, solo un criollo chileno, el maestre de campo don Diego González Montero, ejerció por casualidad e interinamente, el gobierno superior del país en dos ocasiones; la primera en 1662 i la segunda en 1670.

Las dos veces, sobre todo la primera, estuvo mui poco tiempo en el mando.

Sin embargo, la satisfaccion de los chilenos por ello fué estremada.

"Esta eleccion del virrei (la efectuada en Montero el año de 1670), decia en 1796 el cronista Carvallo, fué mui aplaudida i llenó de gozo los corazones de aquellos regnícolas, porque en ella vieron no estaban escluidos de esta honra; pero aunque el caballero González se manejó con integridad i moderacion en los gobiernos de las ciudades de Concepcion i Valdivia, i en el de su país, fué el primero i último que logró esta satisfaccion, i hasta hoi hemos visto cerrada esta puerta para todos los demas" (2).

Segun el historiador Gay, el entusiasmo que excitó en Santiago el nombramiento de Montero

(1) Carvallo i Goyeneche , Descripcion Hislúrico-jeográfica del reino de Chile, parte 1.", libro '4.°, capítulo 15.

(2) Carvallo i Goyeneche, Descripcion Histórico-jeográjica del reino de Ohile, parte 1.*. libro 4, capítulo «2.

fué tal, que una numerosa i brillante juventud se apresuró a alistarse bajo sus banderas para acompañarle a la frontera contra los araucanos (1).

El mencionado i otros muchos hechos de igual clase manifiestan el despecho profundo que desde mui luego esperimentaron los chilenos al contemplar que siempre eran postergados a los peninsulares en materia de honores i de cargos públicos.

III.

Contribuyeron mucho a avivar i enconar esta profunda rivalidad entre peninsulares i criollos las encontradas pretensiones que se levantaron entre los frailes europeos i los americanos.

Se conoce la estremada importancia que tuvieron en la época colonial las comunidades relijiosas, las cuales eran tenidas por santas moradas de ciencia i de virtud.

Los individuos de ellas eran los consejeros de los gobernantes, i los guias de las familias.

Todo lo que les concernia despertaba la atencion; i si era algo grave, conmovia la sociedad entera.

Los capítulos o elecciones periódicas de provinciales i prelados eran verdaderos acontecimientos, en que los poderosos i los humildes, los acaudalados i los pobres, tomaban la mayor intervencion, i que en mas de una ocasion dieron, oríjen a tumultos armados, en los cuales a veces hubo, no solo golpes, sino tambien heridas.

Sucedió que en los conventos, los frailes europeos i los frailes americanos se dividieron en bandos encarnizados, que se disputaban con zaña las prelacias i los. cargos conventuales, i que rccípro

(1) Gay, Historia Física i Política de Chile, tomo 3, capítulo 30.

camente se aplicaban persecuciones de todo j énero, aunque mui poco edificantes.

Los frailes europeos eran los ménos numerosos; pero en su calidad de españoles netos, tenian santo en la corte, segun la espresion vulgar.

No pudiendo conformarse con ser amenudo vencidos en los capítulos, idearon el sistema de las alternativas, o sea la regla de que los peninsulares i los criollos hubiesen de ejercer las prelacias precisamente por turno, debiendo una vez elejirse los provinciales i demas superiores de las órdenes monásticas entre los primeros; i otra vez, entre los segundos.

Este plan fué mui mal recibido por los frailes americanos, que eran los mas, i que no podian avenirse con verse obligados a ceder los provincialatos i otros altos puestos a frailes que reputaban forasteros i aun advenedizos.

Pero el hecho fué que los frailes peninsulares de San Agustin de Méjico, habiendo elevado a la Santa Sede una esposicion, cuya completa exactitud pone en duda el grave Solórzano, obtuvieron del papa Urbano VIII una bula espedida en Roma a 2 de setiembre de 1622, en la que prescribia que las elecciones de dicha comunidad recayesen alternativamente en europeos i en criollos.

La misma disposicion fué sucesivamente estendiéndose.al mayor número de las órdenes monásticas en los dominios españoles del nuevo mundo.

Aquello importaba un privilejio en favor de los frailes peninsulares, que caia en desdoro de los frailes americanos, pues se fundaba en el reconocimiento de la superioridad moral de los primeros.

No es de estrañar, pues, que contribuyese a acrecentar las fuertes antipatías que se habian ido creando entre los españoles i los criollos.

"Causa gran dolor i sentimiento a los criollos, decia en la mitad del siglo XVII el jurisconsulto Solórzano, verse escluir en su patria de estos honores, teniendo partes para poder esperarlos, i que les vengan a mandar i señorear los estrafios. I esto aun les es de mas desconsuelo en las Filipinas i Guatemala, donde los de España son tantos, o mas que los criollos, i se les llevan de ordinario todos los oficios; i si éstos tratan de pedir alternativa, se la resisten nervosamente, siendo ellos los que la han pedido i obtenido para otras partes donde era mayor el número de criollos, contra la regla del derecho que pide igualdad en éstas i otras materias, i que pase uno por el que impetró para otro" (1).

IV.

Este establecimiento de la alternativa, que atizó la discordia en los claustros i en la sociedad, fué fomentando cada dia mas i mas la implacable rivalidad entre los peninsulares i los criollos, rivalidad que puede enumerarse como una de las principales causas de la revolucion de la independencia.

Estoi cierto que el estudio de cada una de las muchas i ruidosas controversias que hizo nacer, nos haria asistir al espectáculo de la mala voluntad que recíprocamente se profesaban los españoles nacidos en el viejo mundo i los nacidos en el nuevo, i de las mutuas acusaciones e intrigas a que unos i otros recurrían para dañarse; pero como esto nos llevaría demasiado léjos, voi a limitarme a dos ejemplos sucedidos en Chile, que tomo de

(1) Solorzano i Pereira, Politica Indiana, libro 4, capítulo 26.

documentos hasta ahora sepultados en el polvo de los archivos, i que desgraciadamente parecian condenados a eterno olvido.

Continuando en el plan que me he propuesto seguir, procuraré que los actores mismos, a la verdad mui caracterizados, nos espongan los hechos, sin que yo ose interrumpir una discusion trabada entre tan encumbrados personajes.

"El Rei. Presidente i oidores de mi real audiencia de la ciudad de Santiago de Chile. En 26 de mayo de 1788, se os espidió la cédula del tenor siguiente:

"El Rei. Presidente i oidores de mi real audiencia de Santiago de Chile. Habiéndoseme informado de lo conveniente que será pasen relijiosos dominicos europeos a la provincia de esta órden en ese reino de Chile con el destino de misiones que no hai en ella, i se contemplan necesarias, como tambien para que se verifique la alternativa de los empleos entre europeos i criollos, como jeneralmente se observa en todas las relijiones de Nueva España, i en algunas de las del Perú, pues nada es bastante para poseer el corazon de esos naturales, que tanto propenden a abatir i oscurecer el mérito de los europeos, como lo acredita el que habiendo, así en dicha provincia, como en la do Buenos Aires, sujetos de mérito i talentos, no solo no han procurado, ni procuran adelantarlos, sino que ántes por el contrario les cortan los pasos en su carrera para que así no se verifique que en ningun caso estén aptos para empleos de superioridad, aplicándoles solamente a aquellos ejercicios que piden actividad i celo, que comunmente faltan en ellos, segun se reconoce de varios informes que se me han hecho del estado infeliz en que se hallan los mas de los conventos de todas las órde

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