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La famosa reconquista i la no ménos memorable defensa de Buenos Aires, llevadas a cabo contra los ingleses por el frances al servicio de España don Santiago Liniers, habian elevado a éste en el concepto de los suramericanos a la categoría de héroe, rodeándole de inmenso i merecido prestijio.

Sálas, que habia tratado a Liniers, que conocia sus buenas prendas, i que presumia las consideraciones de que sería objeto en la corte a causa de sus recientes hazañas, concibió la idea de trabajar para que fuese nombrado presidente de Chile.

Estaba persuadidísimo de que sus patrióticos proyectos encontrarian decidido apoyo en Liniers, i de que las recomendaciones de aquel ilustre jefe serian mui atendidas en Madrid.

Por esto, Sálas creia fundadamente que la venida de Liniers a Chile con el mando superior podia ser utilísima.

Las cartas que paso a copiar revelan, tanto la existencia del proyecto mencionado, como el alto concepto que Liniers habia formado de Sálas.

"Buenos Aires i octubre 16 de 1807.

"Mi mas estimado amigo. Recibí las dos apreciables de Usted, i en ambas leí con satisfaccion las espresiones lisonjeras de la amistad i del patriotismo. Yo, amigo, no he hecho mas que cumplir con los deberes sagrados del hombre de bien, i corresponder a la munificencia de un monarca i de una nacion jenerosa, quienes me han mantenido treinta i tres años de valde para que una vez los pudiese servir. En todo, mi amigo, no me considero mas que como un instrumento de que se ha valido la Providencia para salvar a un reino que le es grato, del yugo i de la opresion de una nacion impía i cruel.

"En cuanto a su confidencial, le aseguro a Usted que somos del mismo modo de pensar, i que a querer admitir algun cargo político, ninguno me agradaria como el de Chile; pero, amigo, he formado otro plan, que comunico a Usted en la adjunta copia; i no le puedo negar que si lo consigo, me hallaré mas dichoso que si consiguiese el virreinato de Méjico, no dudando que merecerá su aprobacion.

wHe visto con la mayor complacencia el magnífico obsequio a los defensores de Buenos Aires practicado en esta capital, habiéndose mandado imprimir la descripcion de él, como la carta a las viudas i mujeres de estos mentantes vasallos. ¡Cuán útil sería que se repitiesen semejantes actos para fomentar el patriotismo!

"A Dios, mi apreciable amigo; páselo Usted bien; i cuente sobre el constante e invariable afecto de este su apasionado ami^o.—Liniers.

"Señor Don Manuel de Sálas."

"Buenos Aires, 16 de octubre de 1808.

"Mi mas estimado amigo. El haber sido el instrumento de que se ha valido la Providencia para rescatar un pueblo humillado, pero no abandonado de ella en razon de las virtudes que lo caracterizan, no merece los elojios que su amistad me prodiga; pero exalta mas mi reconocimiento hacia ella por haberme proporcionado por este medio el recordarme en la memoria de un amigo que siempre ha ocupado el lugar mas distinguido en mi corazon. Si las armas españolas han logrado un nuevo lustre en esta reconquista, la lealtad i la jenerosidad nacional no han sido ménos exaltadas; pero ni las muchas ocupaciones, ni mi talento alcanzan a describir dignamente este acontecimiento. Un amigo mio la está comentando; i al momento que se imprima, se lo remitiré a Usted.

"Aseguro a Usted que desearia con ansia que la suerte me proporcionase el gusto de reunirme con Usted, i coadyuvar a las interesantes tareas a que Usted se dedica, solas dignas de ocupar el corazon del hombre sensible i cristiano, pero -no puedo persuadirme que llegue mi dicha a tanto.

"Miéntras puedo remitirle la historia circunstanciada de la espedicion, envio a Usted la copia del parte que di al príncipe de la Paz, i otro papel que produjo el primer entusiasmo de la reconquista.

"A Dios, mi amado amigo; páselo Usted bien; i no deje de ocupar algunos ratos en instruirme de algunas particularidades que ocurran en el hermoso país que Usted habita, en lo que complacerá infinito a este su apasionado i antiguo amigo.—Santiago Liniers.

"Señor Don Manuel de Sálas."

Los documentos confidenciales que acaban de leerse proporcionan un nuevo i convincente comprobante de que Sálas deseaba ardientemente la prosperidad de Chile i de toda la América Española, sin ningun pensamiento secreto, ni contra la metrópoli, ni mucho ménos contra el soberano.

Pero un proyecto semejante era una quimera.

Los directores de la política española estaban mui distantes de concebir que el único arbitrio de prolongar por algun tiempo la dominacion de la Península en las comarcas del nuevo mundo, i de asegurar a lo ménos su influencia quizá por gran número de años, era variar el sistema creado por Felipe II i sus sucesores, concediendo a los hispano-americanos la libertad de accion que comenzaban a reclamar.

Aquellos estadistas, obcecados por un egoísmo poco sensato, i por el espíritu de rutina, no comprendian que arriesgaban perderlo todo, si no adoptaban con la mayor decision la marcha innovadora que Cárlos III habia iniciado con suma timidez.

Sálas queria conservar incólumes los derechos de la metrópoli i del rei.

Miéntras tanto, ¿qué era lo que hacía?

Llamaba la atencion de los chilenos acerca del estado miserable en que vivian, i desplegaba a su vista el cuadro mas lisonjero i exaj erado de la prosperidad a que podian alcanzar en poco tiempo i con los medios mas sencillos, segun pretendia.

Aquello era ofrecer pan al hambriento, agua al sediento.

Pero el soberano i sus consejeros rehusaban a sus fieles vasallos de Chile todo lo que humildemente les pedian para ponerse en aptitud de ser útiles, en vez de gravosos, a la madre patria.

Las consecuencias de procedimiento tan imprudente debian esperimentarse tarde o temprano.

La empobrecida España no tenia ni ejércitos ni escuadras para mantener sujetos por la fuerza a los habitantes del nuevo mundo.

La sumision de los hispano-americanos era puramente voluntaria.

La metrópoli hacía mal en olvidarlo, cuando pretendia esplotarlos como a piezas de un rebaño conquistado, cuando pretendia tratarlos mas o ménos como a los indijenas de la época del descubrimiento.

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Los bonaerenses acababan de espulsar dos veces a las lej iones de la poderosa i opulenta Inglaterra.

¿Por qué los habitantes de la América Española no habian de hacer otro tanto con los barcos i con los batallones de la metrópoli, si persistia en mantenerlos en la mas vergonzosa sumision i en el estado mas miserable?

El hambriento a quien se muestra el pan, i no se deja tomarlo, se lanza a arrebatarlo.

El sediento en igual situacion hace otro tanto.

La España obraba mui torpemente negando a los chilenos los exiguos recursos que le pedian para salir de la deplorable situacion en que se encontraban.

Don Maunel de Sálas sostenia que Chile, esta comarca a la sazon tan andrajosa, ocultaba en alguna parte un precioso tesoro, talvez mas de uno, que se descubriria, si se buscaba.

Eran muchos los que estaban convencidos de que aquella aseveracion era exactísima.

¿Cómo encontrar aquel tesoro?

Nuestro bondadoso padre comun que está en Madrid, decia Sálas, nos proporcionará todo lo que habrémos menester para ello. El monarca no piensa mas que en la felicidad de sus súbditos.

Todos reputaban mui razonables estas esperanzas de Sálas.

I mientras tanto, ¿qué era lo que contestaba, despues de muchos meses de una larguísima tramitacion, el soberano, el afectuoso padre, que no hacía distincion entre sus súbditos del uno i del otro continente, que no pensaba mas que en asegurarles la felicidad en la tierra i en el cielo?

¿Sabeis qué era lo que contestaba?

Que no podia acceder a lo que se le suplicaba,

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