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nuevo gobierno de Venezuela. Si viéramos empezar aquella revolucion proclamando principios exagerados de libertad, teorías impracticables de igualdad, como las de la revolucion francesa, desconfiaríamos de las rectas intenciones de los promovedores, i creeríamos el movimiento efecto de un partido, i no del convencimiento práctico de todo el pueblo sobre la necesidad de una nudanza política. Pero al ver que solo tratan de mirar por su seguridad, i de hacer lo que todos los pueblos de España han puesto en práctica, esto es, formar un gobierno interino durante la ausencia del monarca, o en tanto que no se establezca la monarquía sobre nuevas i lejítimas bases, nos parece ver en el movimiento de Carácas los primeros pasos del establecimiento del imperio que ha de heredar la gloria, el saber i la felicidad del que está para perecer en el continente de Europa a manos de un despotismo militar el mas bárbaro. Mas ¿qué va a ser de la España si se separan de ella las Américas? Jamas podemos creer que las Américas, aun cuando todas siguieran el ejemplo de Carácas, se olvidaran de los que en España pelean gloriosamente contra la opresion estranjera. La proclama de Venezuela respira amor a los españoles: este es inestinguible en los americanos. Las Américas, libres del yugo en que se las ha querido i quiere tener tan imprudentemente todavía, serán infinitamente mas poderosas para enviar socorros a España, i los americanos no necesitarán de dependientes del fisco para ausiliar abundantemente a sus infelices compatriotas de Europa. Si una de las provincias de la Península estuviese de tal manera rodeada i defendida por la naturaleza que los franceses no pudiesen de modo alguno penetrar en ella, pudiendo ella comunicar con los pueblos quo aun están esentos del yugo, ¿sería menester que éstos aspirasen a tenerla en una absoluta dependencia para que contribuyese a sus esfuerzos contra los enemigos? o ¿sería prudencia que estos pueblos tratasen de impedirle los medios de que adquiriese riquezas que pudiese mandarles? Pues esto es lo que parece que quieren los que se estremecen al oír el nombre de independencia de América. Los americanos no pensarán jamas en separarse de la corona de España, si no los obligan a ello con providencias mal entendidas. Los americanos solo es probable que quieran no estar esperando gobierno i direccion do un país separado por un mar inmenso, de un país casi ocupado por enemigos, i donde un gobierno en perpetuo peligro, i que apénas puede mirar por sí en medio de las circunstancias que lo rodean, nada puede hacer respecto a los dilatados países del nuevo mundo, mas que pedir socorros i enviar empleados.

"Pero aun esto pudiera conservar el gobierno de España, si no insistiera por una mala estrella en cuántos errores de administracion respecto de América mantuvieron sus predecesores. ¡Qué contraste presentan los dos documentos concernientes a América que preceden, i que por casualidad han salido como a encontrarse en el camino! La provincia de Venezuela anuncia que quiere ser libre, i la rejencia de España manda quemar un decreto en que se pretendia volver a los americanos el derecho que todo hombre tiene a ejercitar su industria de cuántos modos alcancen sus fuerzas. ¿No parece que se trata de irritar a los americanos para que no guarden término alguno de moderacion, cuando se les debiera halagar con el mayor afecto?

"Yo respeto la rejencia de España; i por tanto, no puedo ménos que juzgar que algun motiva oculto la ha llevado a pesar suyo a espedir este decreto contra el comercio libre, cuando todas las circunstancias estaban clamando por el contrario. El que hizo la superchería del decreto que se condena debió ser un gran patriota i un excelente político. La rejencia debia darle las gracias, porque este piadoso engaño sería el mas poderoso antídoto contra todo espíritu de revolucion en las colonias. Pero insistir en el espíritu de monopolio antiguo en este tiempo i tratar de entretener a los americanos con promesas vagas de mejoras, cien veces repetidas i otras cien olvidadas, es moverlos a indignacion, pasion la mas contraria a los menesterosos.

"Todo es mas sufrible respecto a la América, que el monopolio de la metrópolis. Decir a quince millones de nombres:—vuestra industria no ha de pasar del punto que a nosotros nos acomode; habeis de recibir cuanto necesitais por nuestras manos; habeis de pagar mas por ello, que si lo buscarais vosotros, i ha de ser de peor calidad, que lo que pudierais tomar de otros a mas bajo precio; vuestros frutos se han de cambiar solo por nuestras mercaderías, o por las de aquellos a quienes queramos vender este derecho de monopolio; i ántes se han de podrir en vuestros campos, que os permitamos sacar otro partido de ellos;—decir esto en medio de las luces de nuestros dias, i confirmarlo con un decreto, me parece un fenómeno el mas estraordinario en política. No he visto la real órden supuesta, i solo sé de ella sus primeras palabras, que cita la de la rejencia, que la contradice. Mas creo que han copiado en un solo renglon la razon mas poderosa que puede haber contra su decreto: Atendiendo a la necesidad de dar salida a los frutos de los dominios de América. En verdad que no sé como un gobierno pueda desatender a esta necesidad, cuando la ocupacion de casi toda la España disminuye tan infinitamente el consumo.

"Pero no sé cómo se olvida el nuevo gobierno de Espana de que las que eran colonias españolas en América son ya otras tantas provincias del reino, iguales a todas ellas en derechos, segun la real órden de 22 de enero de 1809, el decreto de 22 de mayo del mismo año (1), i la proclama de la junta central de 1.° de enero de 1810 (2). Si la rejencia reconoce a la junta central por gobierno lejítimo, como es preciso, ¿a qué recuerda ahora las leyes prohibitivas de Indias, leyes económicas que las circunstancias o el capricho han hecho variar cada dia, i que están obligados ellos mismos a variar de nuevo si no han de dejar ilusorios aquellos decretos?

"Si estas mis reflexiones llegaren a noticia de la rejencia de España (que sí llegarán, porque no faltará quien pretenda que se prohiban circular en sus dominios), respetuosamente espongo a su consideracion que si no quieren que se excite umversalmente en los americanos el espíritu de independencia, aun de odio respecto de la metrópolis, quiten las trabas a su comercio, i no hagan que el interes de los particulares se halle en oposicion con la obediencia a su gobierno. Vemos que en muchas partes de América están tomando nuevas disposiciones comerciales; la necesidad de salir de sus frutos las hará tomar igualmente en todas las otras. Si la rejencia las contradice, no por eso dejarán de continuar en ellas; se convertirán por la oposicion del gobierno en actos que se llamarán de rebelion, i los comprometerán sin pensarlo en una revolucion completa. Los americanos son iguales a los españoles. Si éstos tienen facultad de vender sus frutos al mejor comprador, escojiéndolo entre todas las naciones que pueden venir a su mercado, i elijiendo entre los productos de la industria de todos los otros pueblos lo que jnas les acomode para trocar los suyos, quererlos tener sujetos al monopolio, contrario a estos derechos, es una injusticia que ninguna lei puede autorizar. El gobierno de España, la jenerosa nacion española, no puede pretender sostenerla.

(1) Este decreto es uno por el cual, la junta central, reconociendo que las provincias de América i de Asia tenían igual derecho que las de España a concurrir a las cortes del reino, acordó consultar a los cuerpos i personas respetables sobre la parte que debia señalarse a dichas provincias en la representacion nacional.

(2) La proclama mencionada por Blanco White principiaba así: "Cuando los vínculos sociales que unen entre sí a los individuos de

un estado no bastasen para asegurar a nuestros hermanos de América i Asia la igualdad de proteccion i derechos que gozan los españoles nacidos en este continente, hallarían el mas ilustre i firme título para Bu adquisicion en los insignes testimonios con que los naturales de aquellas vastas provincias han acreditado su amor al rei i a la patria, i en el ardiente entusiasmo i esfuerzos jenerosos con que han ayudado a defenderlos contra la pérfida invasion del tirano de Europa."

"Estas reflexiones son obvias; mas no por eso es ménos necesario el repetirlas. He creído de mi deber el hacerlas, i las publico a pesar de la guerra que me declarará por ellas el interes individual de muchos. Mas de este interes, apelaré siempre a el público, que es parcial mui pocas veces. Si no se dejaren llegar a él en España, me doleré de la suerte que impide que aquel reino nobilísimo nada adelante en la libertad i tolerancia política, único cimiento de su felicidad futura" (1).

El elocuente artículo que acaba de leerse, tan notable por la sensatez i fuerza del razonamiento, produjo el mas violento furor entre los comerciantes de Cádiz, que eran los que se enriquecian,

(1) Blanco White, El Español, número 4, fecha 30 de julio de 1810.

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