Imágenes de páginas
PDF
EPUB

aprovechándose de la deplorable situacion económica en que se mantenia a los hispano-americanos. El consejo de rejencia, que habia establecido su asiento en aquella Cartago del nuevo mundo, en vez de meditar las cuerdas advertencias del patriota Blanco White, se apresuró a satisfacer lo mejor que pudo el implacable deseo de venganza que los monopolistas gaditanos esperimentaban contra aquel insigne literato, sin otro motivo que el de sostener en su periódico doctrinas de sentido comun, como las que se han leído.

Apénas se conoció en Cádiz el artículo inserto en el número 4 del Español, cuando la rejencia hizo que su secretario jeneral don Eusebio Bardají i Azara espidiera con fecha 19 de agosto de 1810 la siguiente real órden, que fué remitida a todos los gobernantes de la América Española.

"Excelentísimo Señor. Cortes i Blanco, dos españoles de mala intencion, complicado el primero en la causa del alboroto del dia de San Blas, i eterno adulador el segundo de don Manuel Godoi, se han refujiado en Lóndres, en donde pasan el tiempo publicando dos periódicos, conocidos con el nombre de Colombiano i El Español. Como en estos impresos se habla muchas veces sin tino de los asuntos de la Península, i que maliciosamente se vierten especies suversivas de todo buen órden, i de aquella union que sola puede salvarnos, ha dispuesto Su Majestad (la rejencia) se prohiba en esas provincias la libre circulacion de ambos periódicos; i me manda trasladarlo a Vuestra Excelencia para que conformándose a esta soberana resolucion, disponga lo conveniente a su cumplimiento. Dada en Cádiz a 19 de agosto de 1810.— Eusebio Bardají i Azara."

Blanco White, que se habia espatriado a In

[graphic]

glaterra para propagar las doctrinas liberales i justicieras, de las cuales en su concepto dependian la rejeneracion de su raza i la union de la España i de la América, se vindicó perfectamente en el Español, número 11, fecha 28 de febrero de 1811, del apodo de adulador de Godoi que se le habia querido inflinjir en un documento oficial, i demostró que debia aplicarse, no a él, sino a varios de los que estaban componiendo a la sazon el gobierno superior de la Península.

El noble periodista, que vivia pobre en país estranjero, supo quedar mucho mas alto que la encumbrada corporacion que se daba i se hacía dar el tratamiento de majestad.

Pero prescindamos de pormenores biográficos.

¿No es cierto que los procedimientos de las autoridades españolas que dejo referidos parecian concebidos ex profeso para impulsar a los hispanoamericanos a procurar por todos medios su emancipacion de la metrópoli?

VIII.

Flórez Estrada, al mismo tiempo que censura el sistema injusto e impolítico seguido por las autoridades nacionales de la Península en sus relaciones con la América Española, se apresura a mencionar las circunstancias atenuantes.

Dichas autoridades, espontáneamente, dice, i sin instancia alguna, declararon, a pesar de las preocupaciones i de las prácticas dominantes, la igualdad de derechos entre los súbditos españoles de uno i otro continente; i dieron a los hispano-americanos alguna intervencion siquiera, cual jamas la habian tenido, en el gobierno de los negocios jenerales de la monarquía (1).

Todo esto era mui cierto; pero aquel ilustre estadista no reparaba que, considerados los antecedentes, i dadas las circunstancias, los habitantes de la América Española no podian quedar satisfechos con concesiones a medias, ni mucho ménos con vanas palabras.

Hacía mucho tiempo que se estaban quejando con amargura de la inferioridad oprobiosa en que se les mantenia; i que estaban protestando, tanto como podian, contra la insoportable condicion industrial i comercial a que se les sujetaba.

Las autoridades nacionales de la Península, obligadas por las exijencias de una situacion por demas angustiosa, reconocian solemnemente la justicia de tales pretensiones.

I junto con hacerlo, se esforzaban por alterar lo ménos posible el caduco réjimen colonial.

Cerrando los ojos a la evidencia, no querian notar que los aires de soberbios dominadores cuadraban mal a los que se encontraban en tristísima i casi desesperada posicion.

Los hispano-americanos rechazaron indignados la supremacía que trataban de arrogarse sobre ellos sus simples iguales, quienes les negaban en la práctica los mismísimos derechos que les concedian en teoría.

Hallamos por conveniente, dijeron los criollos, gobernarnos por juntas nacionales, miéntras vuelve a su trono nuestro lejítimo soberano; i queremos obrar así, no solo en uso del mismo derecho que han puesto en ejercicio las provincias penin

(1) Flórez Estrada, Examen Imparcial de las Disensiones de la América con la España, parte 1.»

sillares, sino tambien porque no alcanzando a distinguir cuáles españoles son traidores, i cuáles nó, deseamos tomar las debidas precauciones para conservar estos dominios a nuestro amado señor don Fernando VII. Nosotros sabrémos guardárselos mejor que cualesquiera otros.

Presencióse entónces en el nuevo mundo el mas estraño de los espectáculos.

Tanto el partido peninsular, como el partido criollo, enarbolaron por bandera el nombre de Fernando el amado, e hicieron ostentacion de fidelidad a su persona.

I preciso es declarar que la gran mayoría del partido criollo obraba con la mas perfecta sinceridad.

Aspiraba a que se remediase el mal gobierno, i a que no se mantuviera a los hispano-americanos en una degradante inferioridad; pero estaba mui ajena de negar obediencia al soberano, de quien precisamente esperaba la mas amplia reparacion de todos los agravios.

¿En qué consistia entónces la diverjencia de opiniones que debia llevar a una larga i sangrienta lucha?

Las autoridades nacionales de España i sus ajentes i parciales en el nuevo mundo imputaban como una traicion, como un crimen horrendo, a los patriotas americanos, el que imitaran lo mismo que ellos habian llevado a cabo en la Península.

Esto era todo.

Segun los peninsulares, la instalacion de juntas gubernativas en América era un acto de rebelion, una declaracion de independencia.

¿Por qué no lo habia sido en las provincias de España?

¿Por qué, siendo iguales en derechos, era lícito a los españoles europeos hacer lo que no se permitia a los españoles americanos?

El resultado lójico de semejante situacion fué que muchos hispano-americanos principiaran, no solo a desear el establecimiento de juntas gubernativas semejantes a las creadas en la Península, sino tambien a abominar a las autoridades nacionales que se mostraban hostiles a ellos en la realidad a pesar de las buenas palabras, i deseosísimas de mantener con las menores modificaciones posibles el detestado réjimen colonial.

Ocurrió en aquella época un hecho bastante curioso.

Los que hablaban mas de la independencia de América fueron precisamente las autoridades nacionales de España, que tanto la temian.

A fuerza de discurrir acerca de aquel punto negro que divisaban mas allá del Atlántico en el horizonte político, llamaron hacia él la atencion de muchos de los interesados, que ántes tal vez no lo habian notado.

¿La independencia no era el mejor arbitrio, quizá el único, de resolver dificultades, que los gobernantes de España se manifestaban tan poco empeñados por allanar equitativamente?

En el tiempo a que me refiero, la inmensa mayoría de los criollos era fiel de corazon a Fernando VII; pero rechazaba con horror la soberanía del rei intruso, i esperimentaba repugnancia suma en obedecer a autoridades que consideraba desfavorables a la América, i dominadas por los monopolistas de Cádiz.

La suspicacia que los ajentes de la metrópoli en el nuevo mundo, i sus secuaces, desplegaban para perseguir las opiniones mencionadas, que encon

« AnteriorContinuar »