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Quien lea el oficio precedente, sin conocer el re- ' sultado de la investigacion, se persuadirá probablemente que el presidente Carrasco habia descubierto una terrible conspiracion que se estaba tramando para proclamar la independencia absoluta de la metrópoli.

En aquel tiempo, no ocurria nada de semejante.

No pretendo que faltaran a la sazon completamente en Chile hombres previsores i espertos en los sucesos humanos, que supusieran posible en época quizá no lejana la realizacion de tan grandioso acontecimiento, i que aun la anhelaran con la mayor vehemencia.

Todo hace creer que don Juan Martínez de Rózas, uno de los magnates mas distinguidos e influentes que entonces habia en Chile, se contaba entre las personas de esta especie.

Martínez de Rózas era ademas el amigo i el inspirador de don Pedro Ramon Arriagada i de frai Rosauro Acuña.

Pero sin embargo, aquello de que se trataba era únicamente de la organizacion de una junta gubernativa parecida a las que se habian establecido en la Península.

No se pensaba entonces en negar la fidelidad a Fernando VII ni en desconocer los derechos de la metrópoli rejentada por el lejítimo soberano.

La independencia que muchos buscaban era la de José Bonaparte, el intruso, el hermano del que tenia encarcelado al papa, i tambien, hasta cierto punto por lo menos, la de la junta central i de los que se le pareciesen, los cuales prodigaban las buenas palabras a los hispano-americonos, reconociéndolos por sus iguales, pero en realidad pretendian seguir esplotándolos como a miserables colonos.

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Esta era la verdad de lo que sucedía.

Todo lo demas eran exajeraciones del presidente Carrasco i de los ultra-españoles, que se irritaban a la mas lijera insinuacion de que los habitantes del nuevo mundo dejaran de rendir el mas sumiso acatamiento al gobierno de la Península, cualquiera que fuese, aunque tuviera un gato a su cabeza, segun la frase familiar de que se valían para espresar su pensamiento.

Era claro que si hubiera habido algo serio en el suceso de Chillan denunciado por el presidente Carrasco, los oidores, que eran celosísimos defensores de las pretensiones de los españoles europeos, se habrían esforzado por descubrir todo lo que habia, i habrían dado al asunto la correspondiente importancia.

Miéntras tanto, el acuerdo que voi a copiar comenzará a dar a conocer la opinion que formaron sobre el particular.

"Santiago de Chile, viérnes 1.° de diciembre de 1809. Se vió el voto consultivo sobre las sumarias o juicios informativos en órden a frai Rosauro Acuña, prior de San Juan de Dios de la ciudad de Chillan, i a don Pedro Ramon de la Amagada de dicha ciudad; i en cuanto al primero fueron de dictámen los señores oidores Concha, Aldunate, Irigoyen i Baso que mediante a lo que resulta contra dicho padre de la indiscreta conversacion que tuvo en casa de doña Ja viera del Solar, inji riéndose en materias de gobierno ajenas de sus conocimientos e instituto, instruyendo al prelado de lo que contra dicho padre resulta, se le prevenga le asigne a este convento, estando a la mira de su conducta para que en caso de reincidir en semejantes excesos, puedan imponérsele las severas penas que previenen las leyes i modernas reales disposiciones; i por lo que hace a don Pedro Ramon de la Arriagada, estando pendientes las citas que deben evacuarse por el subdelegado de Talca, se esperen estas dilijencias, i agregadas, se proceda a la continuacion de la confesion, que quedó abierta para en el caso de resultar nuevo mérito, o resolverse por el señor presidente lo que juzgase conveniente i de justicia, sin que en el entretanto, se le admita la relajacion de la prision, ni contraquerella que por el otrosí solicita” (1).

La prosecucion de las dilijencias no debió hacer saber nada contra Arriagada.

Lo cierto fué que, segun lo refiere en tono quejumbroso el contemporáneo frai Melchor Martí. nez, al poco tiempo, Arriagada i el padre Acuña "se hallaban en entera libertad, paseando en esta capital i divulgando con mas enerjía su sistema; porque la continua esperiencia nos enseña que en reduciéndose la cuestion a papeles i sumarias, no hai delito que aparezca; i ántes por el contrario, son calificados i asegurados de todo riesgo los de. lincuentes con peligro i gravámen de los celosos delatores” (2).

Como se ve, el suceso de Chillan habia sido, no una conspiracion para llegar a una independencia absoluta de la España, ni mucho menos para desconocer la soberanía de Fernando VII, sino una simple conversacion o discusion, en que dos individuos habian abogado por la constitucion de un gobierno nacional interino, imitado de los que se habian nombrado en la Península, el cual rijiese a Chile durante la cautividad del monarca lejítimo, i en que habian manifestado sus antipatías contra

(1) Libro de votos de la Audiencia de Santiago de Chile, acuerdo de 1.o de diciembre de 1809.

(2) Martínez, Memoria Histórica de la Revolucion de Chile, pájina 30.

los dos gobiernos que habia en España, el del usurpador estranjero į el de la junta central.

Conspiradores de esta especie habia por entónces muchos en Chile i en toda la América Española.

Ya he esplicado con bastante detencion las diversas causas que habian ido imprimiendo a los espíritus esta direccion.

Los procedimientos desavisados, i aun puede decirse temerarios, de la junta central i del consejo de rejencia, en vez de contener un movimiento que era mui natural, no hicieron mas que precipitarlo.

Despues de luchas mas o menos ardientes, i de peripecias mas o menos dramáticas, casi todas las provincias o reinos de la América Española crearon juntas gubernativas como las que habian establecido las provincias peninsulares.

CAPITULO IX.

EL DESENVOLVIMIENTO DE LA IDEA DE INDEPENCIA EN CHILE.

El Diez i Ocho de Setiembre.—Los monarquistas criollos.—Los primeros teóricos de la independencia.—Los primeros promotores de la id. —Los primeros mártires de la id.—La reaccion de 1814.—La declaracion de la independencia i la adopcion de los signos de la nacionalidad chilena.

Chile logró constituir la primera junta gubernativa nacional el 18 de setiembre de 1810.

El pueblo chileno cuenta desde esta fecha la era de su nacionalidad o personalidad política.

En recuerdo de este acontecimiento, el pueblo chileno conmemora el Diez i Ocho de Setiembre de cada año con una espléndida fiesta civica, que sus ciudadanos celebran, no solo en su país, sino en cualquiera parte donde se encuentren reunidos algunos de ellos.

La fiesta con que se solemniza este aniversario ha llegado a ser verdaderamente nacional.

La alegría patriótica que anima a los ciudadanos es efectiva i sincera.

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