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Otras manufacturas deseaban
Tus producciones, i tener debias;
Pero los profesores te faltaban,
I traerlos de fuera no podias.
Ya llegaron los dias
De que te se permita establecerlas
(¡Quiera el cielo que a verlas
Nuestros ojos alcancen!);
En que muchas familias afiancen
Util i decorosa subsistencia,
Saliendo de escasez i de indolencia.

La imprenta facilita esos objetos,
Haciendo difundir buenos escritos,
Pues en tu suelo hai varios sujetos
Que a voces te lo piden, i aun a gritos.
Se escusarán delitos
Si tus hijos están bien ocupados,
El afan i cuidados
De aumentar sus labores
Esforzará a los pobres labradores;
I no habrá un hombre solo que no quiera
Contribuir al bien que tanto espera.

El gobierno ya puso de su parto
Lo que poner debia; puso imprenta.
Esto ha sido arbolar el estandarte
Con que a todos provoca, i nos alionta
Tomar a nuestra cuenta
La parte que podamos en tus bienes.
¡Oh chileno! si tienes
Justo amor a tu suelo,
Alza las manos hacia el santo cielo,
I pídele devoto que bendiga
A quien con tal Aurora así te obliga.

Apenas los realistas reconquistaron a Chile a consecuencia de la batalla de Rancagua, el español don Manuel Fernández compareció ante el ca

bildo de Santiago para vindicarse, entre otros actos sospechosos, de haber escrito i publicado la cancion que acaba de leerse.

Este señor presentó en 24 de noviembre de 1814 una esposicion en la cual esplicaba el sentido de su composicion, que tenia la particularidad de haber sido la primera en verso dada a la estampa en Chile.

Fernández desenvolvia para sincerarse los siguientes puntos:

Jamas habia estado por mutaciones de gobierno.

Lo que habia deseado era que se continuase el "reinado feliz de Cárlos III," i que se procurara "estrechar las relaciones de la España Europea con la América, de modo que no se percibiese, si era posible, la distancia de mar que las unia, formando una i otra una monarquía que pudiese aspirar al dominio del mundo con el ejercicio del comercio."

Los males a que habia aludido eran los causados por don Manuel Godoi, príncipe de la Paz, el cual, "empeñado en fabricarse una fortuna sin ejemplar a cualquiera costa, habia dilapidado las rentas del estado, i traído la ruina de las mejores máximas de gobierno."

Era a la desidia i pusilanimidad del pueblo chileno, i no a la mala administracion de la metrópoli, a lo que Fernández habia querido imputar las privaciones de que habia hablado.

Las doctrinas que habia puesto en verso eran las de muchos estadistas españoles, i las mismas que se espresaban en memoriales elevados al soberano, como, verbigracia, uno del secretario del consulado de Guatemala, dado a luz en Madrid a 12 de diciembre de 1799, del cual Fernández tenia cuidado de acompañar un ejemplar.

Por último, el autor de la cancion llamaba la atencion sobre aquellos versos

¡Oh chileno! si tienes
Justo amor a tu suelo,

pues, alegaba Fernández: si yo hubiera querido halagar las pasiones revolucionarias, habria dicho:

iO chileno! si tienes
Amor al patrio suelo,

habiendo por el contrario escrito justo amor, porque yo deseaba que Chile no se apartara de la justicia.

Tanto el presidente don Mariano Ossorio, como los individuos del cabildo, se dieron por satisfechos con las precedentes escusas, sin imponer al contrito Fernández otra penitencia que la de publicarlas "a fin de aquietar el escrúpulo de las personas que pudiesen haberse persuadido de que aquellos versos tuvieran mal sentido, por mas que la intencion del autor al hacerlos hubiera sido sana.”

A la verdad, don Manuel Fernández, en la precision de defender su conducta, se habia visto obligado a desnaturalizar el sentido incontestable de ciertas espresiones.

Sobre todo, habia imputado la miseria estremada de Chile a la indolencia de sus habitantes, lo que constituia la mas curiosa de las esplicaciones.

Pero la sustancia de su razonamiento habia sido mantenida; i los reconquistadores peninsulares i sus allegados no se habian atrevido a contradecir. la, i esto, al dia siguiente de una gran victoria, i al principio de una implacable reaccion contra las innovaciones proyectadas o acometidas.

Así, los mas acérrimos partidarios de la conservacion del réjimen colonial, los que acababan de venir a sostenerlo a sangre i fuego, reconocian, por lo ménos de un modo indirecto, que los intereses de la ilustracion, de la industria i del comercio necesitaban ser mas atendidos en este país.

El hecho que acabo de esponer basta para hacer comprender lo. simpáticas que tales doctrinas debian ser a la mayoría de los criollos.

I en efecto lo eran.

Muchos chilenos se lisonjeaban con que era posible mirar por el adelantamiento del país sin faltar a la fidelidad que habia de tributarse al soberano.

En los primeros tiempos de la revolucion, capitaneaban, junto con otros, este partido, que era harto respetable por el número i calidad de las personas, dos ciudadanos mui ilustres i beneméritos, don Manuel de Sálas i Corvalan, insigne economista, i don Juan Egaña, eximio literato.

Sálas escribia por entónces en un diario reservado estas notabilísimas palabras: "Los habitantes, sin esceptuar uno solo (esta es la verdad i la escribo delante del Dios de la verdad) sin esceptuar uno, volvieron los ojos a su buen rei, i a la nacion de que nacieron i dependen."

Los estadistas peninsulares habrian debido buscar su punto de apoyo en la importante i distinguida clase a que estoi aludiendo.

Ya no era posible negar a los criollos la intervencion en sus propios negocios.

Ya era indispensable satisfacer las vehementes aspiraciones a un mejor réjimen económico i social que esperimentaban los habitantes del nuevo mundo.

Don Manuel de Sálas i don Juan Egaña, por ejemplo, habian trabajado como simples particulares por la mejora del pueblo mas que las autoridades mismas, i muchas veces a despecho de éstas.

Un semejante orden de cosas no podia continuar.

Los gobernantes españoles habrian debido renunciar a mirar los dominios hispano-americanos meramente como destinados a proporcionarles “tocino para su caldo gordo," segun la pintoresca espresión del conde de Aranda.

Quizá de esta manera habrian podido hacer durar por algunos años nas su dominacion en estas comarcas.

Pero, sin comprender la situacion, se obstinaron en conservar por la fuerza un sistema, que habia llegado a ser imposible.

Quos vult perdere Jupiter dementat.

III.

He dicho que el partido criollo, salvo algunas escepciones, respetaba la soberanía del monarca de España, aunque anhelaba por que se estableciera un réjimen constitucional que le asegurase la intervencion en los negocios públicos para mirar por la prosperidad material i moral de la tan desatendida América.

Sin embargo, en el seno de aquel mismo partido se admitia, si se realizaban ciertas circunstancias, que estaban mui distantes de ser imposibles, la necesidad de la independencia.

En el tiempo que precedió al 18 de setiembre de 1810, circuló manuscrita entre algunos indivi

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