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"Este glorioso distintivo, continuaba diciendo, instalado en honor del Autor de la libertad, presajiará eternamente triunfos i glorias a la Patria."

La disposicion que acaba de leerse contiene una inexactitud notable.

Si hubiéramos de estarnos a su tenor literal, pareceria que la bandera nacional se estrenó en la procesion de Corpus celebrada el 17 de junio de 1813.

Sin embargo, ya sabemos por testimonios irrecusables que habia sido en arbolada un año ántes.

La misma junta compuesta de los señores Pé-rez, Infante e Eizaguirre habia permitido por decreto de 20 de mayo de 1813 a los alumnos del seminario el que sustituyesen en la banda o beca que les servia de insignia la corona real por la escarapela tricolor.

El Monitor Araucano, en los números anteriores al decreto de 15 de junio, alude mas de una vez a la nueva bandera que guiaba a los soldados patriotas en la pelea.

Por último, Camilo Henríquez, en unos versos que compuso a la exhibicion del estandarte tricolor en la procesion de Corpus, se espresa como sigue, dirijiéndose a él:

Al mirarlo del Maule en las orillas,
Desmayó la pirática caterva,
Tiembla al verlo en Itata; i en San Cárlos
Lo miró, i su memoria le atormenta.

Si pudiera haber duda sobre la fecha en que se enarboló la bandera de la Patria Vieja, la disiparian estos versos en los cuales se asevera que los patriotas habian sido conducidos por ella a la

victoria en Yérbas Buenas i en San Cárlos, acciones de guerra que ocurrieron el 26 de abril i el 15 de mayo de 1813.

r.; Don José Miguel Carrera, al salir de Santiago en abril de aquel año para ir a ponerse a la cabeza del ejército, llevaba el propósito de estimular a los pueblos para que exijiesen la proclamacion de la independencia.

Por lo ménos así lo refiere en su Diario, que todavía se conserva inédito.

Hé aquí sus propias palabras.

"En compañía de Camilo Henríquez, don Francisco Antonio Pérez, don Jaime Zudáñez, don Manuel Sálas, don Antonio José de Irisarri, don Pedro Vivar, don Juan de Dios Vial, etc., etc., acordamos que era do necesidad estimular a los pueblos a que terminantemente pidiesen la declaracion de la independencia, que habia de verificarse al momento mismo de reunirse el congreso, sin lo que debia ser nulo.—Yo iba a pasar por todos los pueblos del Sud, i me era mui fácil el promover el proyecto. Para ello me dieron Pérez, Irisarri, Vera i todos los demas una porcion de representaciones con distinto estilo, pero dirijidas todas al proyecto acordado.—A don Gaspar Marin se le debia escribir para que procurase lo mismo en los pueblos del Norte.»

En la fecha a que se refiere esta importante revelacion, las ideas revolucionarias habian ganado muchos prosélitos, habiéndose convertido a ellas personas que al principio las habian acojido solo a medias, i con tibieza, i aun personas que las rechazaban decididamente.

Sin embargo, Carrera no realizó el proyecto mencionado, sea por que se lo impidieron las atenciones de la guerra, sea porque juzgó que los ánimos no estaban todavía suficientemente preparados.

Lo que sí hizo fué escarnecer el retrato de aquel Fernando VII, el amado, el deseado, cuyo nombre todos pronunciaban en 1810 con la mayor veneracion efectiva o simulada.

"Esta ciudad (Concepcion) i sus partidos inmediatos, escribia en 1813 Carrera a su hermana doña Javiera, se van mejorando mucho. El azote i la horca andan listos. Mañana azotarán a un señor de casaca, i voi a hacer la picardía de ponerle en el rollo esta noche el retrato de Fernando para que se encomiende a él."

Los hechos espuestos hacen ver que los gobernantes no habian ido tan léjos en los actos oficiales por lo que tocaba a la cuestion independencia, como los escritores en sus obras; pero que habian andado un trecho mui considerable hacia la meta señalada.

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La guerra que el virrei del Perú don Fernando Abascal promovió en Chile, al comernzar el año de 1813, para restaurar el antiguo sistema colonial, templó las almas de los patriotas, estimulándolos a perseverar en pretensiones en estremo justas, i apartándolos cada vez mas i mas de entrar en acomodos con la metrópoli.

Los chilenos habian disertado acerca de la independencia.

Habian estado mas de dos años gobernándose por sí mismos, sin sujetarse en la práctica a ninguna autoridad estraña.

Llegaba ahora el momento en que era preciso sacrificar hacienda i vida para defender la patria amenazada.

Una lucha encarnizada, costosa i sangrienta, iba naturalmente a fortificar las convicciones revolucionarias.

La junta gubernativa compuesta de Pérez, Infante e Eizaguirre ordenó por decreto de 20 de mayo de 1813, que se levantara en la plaza mayor de Santiago "una majestuosa pirámide," en cuya cúspide debia colocarse una estatua de la Fama "con varios jenios al pié."

Aquella Fama debia tener en las manos una lámina en la cual se leyese esta inscripcion: A los defensores de la Patria. Año tercero de su libertad.

Abajo debia ponerse esta segunda inscripcion: A los vencedores de los piratas. Año de 1813.

Los costados de la pirámide debian cubrirse de láminas de bronce en que se grabarian "los nombres de todas las personas que desde la época de nuestra rejeneracion, i en especial desde la invacion de Concepcion, hubieran muerto o murieran en obsequio i defensa de la Patria."

Para pagar una parte del costo de este monumento, se destinaba el valor de los escudos reales que decoraban los solios de la junta gubernativa i de los demas tribunales.

Este pensamiento, como tantos otros, no se realizó; pero habia sido mui bien concebido.

Los mártires de la independencia debian contribuir al triunfo de ésta, tanto como sus teóricos o sus estaditas.

Así considero una deuda de gratitud nacional el consagrar un recuerdo a los primeros, como se ha consagrado a los segundos.

Voi a enumerar a algunos de los principales guerreros que al precio de su sangre inflamaron, al comenzar la guerra de la independencia, el entusiasmo republicano, i cuyos nombres, o fueron mandados inscribir en la pirámide de la Fama, o habrian merecido ser grabados en ella, si hubiera sido levantada.

El primer nombre que se mandó inscribir fué el del norte-americano don Enrique Ross, el cual habia seguido al ejército patriota sin colocacion fija, o en calidad de aventurero, segun la espresion del jeneral Carrera.

Se habia distinguido mucho en la accion de Yérbas Buenas, donde recibió cinco heridas graves.

Su ropa sacó del combate las señales de diezinueve balazos.

En recompensa de este valor heroico, la junta gubernativa, de acuerdo con el senado, le declaró benemérito de la Patria; i ordenó que su nombre fuese colocado en la pirámide, aun cuando no falleciera de resultas de las heridas.

En la batalla de San Cárlos, pereció el teniente don Francisco de la Cruz, «cubierto de honor i gloria,» a lo que atestigua un documento oficial.

La junta gubernativa determinó premiar en la familia el mérito de aquel jóven distinguido.

¿Sabeis en qué consistió el premio?

La junta, por oficio de 16 de junio de 1813, pidió a don Anselmo de la Cruz, padre de aquel militar, que presentara a otro de sus hijos para ocupar el puesto que el hermano habia dejado vacante en las filas de los defensores del país.

Don Anselmo de la Cruz, lleno de reconocimiento, ofreció inmediatamente a su hijo don José Miguel, de edad de dieziseis años, el cual en efecto fué enviado a reemplazar en el ejército a su finado hermano.

Este hecho trae a la memoria algunos de los

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