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¡Eterna alabanza a los protectores de la ilustracion! Las proclamaciones, los Monitores, el Semanario Republicano prosiguieron felizmente la grande obra; i la actual guerra en que se han visto, i se ven diariamente tantos sacrificios, i en que se han empeñado i comprometido los principales hombres i las familias mas distinguidas del pueblo, corrió el velo al designio heroico i a la resolucion animosa de la libertad, fruto de los principios liberalos."

VI.

Muchos, a la distancia del tiempo, son inclinados a creer que los patriotas de la revolucion chilena, por lo ménos la gran mayoria de ellos, resolvieron desde el principio el plan de independencia que al fin realizaron. Semejante manera de apreciar los sucesos ha sido aun desenvuelta en mas de una obra histórica.

Sin embargo, lo que llevo espuesto hasta aquí manifiesta que tal opinion es completamente equivocada.

Hai mas todavía.

Los mismos que alcanzaron la gloria de patro- cinar o de aceptar los primeros con mayor prontitud i enerjía las nuevas ideas, tuvieron luchas interiores, vacilaciones, alternativas de temor i de esperanza.

No es fácil ponerse en pugna abierta contra un órden social arraigado por los siglos, fortificado por la educacion, defendido por las leyes i las costumbres, consagrado por la relijion.

Nosotros contemplamos sin peligro las ruinas

del monumento derribado; pero los hombres de

ia revolucion lo miraban alzarse todavia soberbio, i podian temer con fundamento ser aplastados por él.

Los mismos decaimientos que esperimentaban individuos de almas bien templadas, i de un desinteres demasiado probado, son una demostracion de las dificultades inmensas que tuvieron que superar para darnos patria, libertad, riqueza, ilustracion; i nos advierten cuánto debe ser nuestro reconocimiento a sus eminentes servicios.

El año de 1814, fué para los patriotas chilenos un año de congojosas ansiedades.

Los correos les traian unas en pos de otras las noticias mas desfavorables.

Los aliados i amigos de Fernando VII obtenian en la Península ventajas que hacian prever la pronta vuelta del monarca a su trono.

Se concibe sin necesidad de largas esplicaciones que tal acontecimiento iba a dar un prestijio deslumbrador a la causa realista.

Los ejércitos de Abascal alcanzaban señaladas victorias en el Alto Perú.

Así el virrei iba en adelante a disponer de mayores fuerzas i recursos para someter a los insurgentes de Chile.

Tanto la consideracion de todos estos peligros, como los sufrimientos de una guerra a que no se divisaba un término pronto i afortunado, abatieron los ánimos de muchos, que comenzaron a ver oscuro el horizonte.

He referido poco ántes que Camilo Henríquez se felicitaba el 18 de setiembre de 1813 por los progresos que habian hecho las ideas revolucionarias.

Mui pocos meses bastaron para mudar aquel aspecto halagüeño de los negocios públicos.

Dionisio Terrosa i Rejon (don Antonio José de Irisarri) dirijia en 5 de febrero de 1814 a Cayo Horacio, (Camilo Henríquez), una carta en que se empeñaba por disipar aquel desaliento.

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"Sé que las desgracias del ejército de Belgrano en el Perú, decia, te han hecho tal impresion, que te has puesto flaco, macilento i aun impertinente; i como la amistad que te profeso no me permite ser insensible, procuro darte el alivio que necesitas, i que verás en esta receta. Mucho siento verte tan postrado, mucho mas que esto suceda a un hombre que aspira al renombre de filósofo, ni siento ménos el daño que nos trae a todos tu maldita enfermedad, que es mil veces mas contajiosa i mortífera que la fiebre amarilla, el vómito prieto, la viruela i cualquiera otra de esta clase. Debes, pues, por caridad separarte de la comunicacion de tus conciudadanos al mismo tiempo que te pones en cura, porque si nó, en mui breve término será imposible aguantar la pestilencia del contajio. Ya he visto que algunos amigos nuestros empiezan a manifestarse con los síntomas de la epidemia melancólica, que vas propagando increiblemente: i como nuestros humores se hallan dispuestos en la presente estacion para recibir todo el mal que puede venir del abatimiento de la bilis, me temo muchísimo que en pocos dias se hará jeneral la manía melancólica que te tiraniza.

"Tu complexion es bastante débil, Cayo amigo, i tu cura debe comenzar por fortalecerte el cerebro. La imajinacion demasiado viva te presenta unos fantasmas tan horribles, que te sobrecojen, te amilanan i te hacen cometer mil impertinencias. Tan pronto crees ver a Pezuela en medio de sus cañones vomitando metrallas, granadas i bombas, como se te presenta el verdugo con todos sus instrumentos de muerte, amenazando tu triste gaznate. El congreso de Praga se te pone a la vista, como si fuera un dragon devorador de las Américas. Todo es ruina, desolacion, muerte i miseria ante tus ojos. En nada piensas sino en buscar medios de esconderte de los furibundos enojados ministros de la rejencia, de Sánchez, de Abascal, de Pezuela, de Vigodet i de que sé yo cuántos mas. A la verdad, no puede darse una situacion mas triste que la tuya; i es preciso confesar que con mucha razon andas cabizbajo i pensativo. ¿Es acaso poco mal estarse un hombre ensayando a morir todos los momentos de su vida? ¡Valiera mas que le despenaran cuanto ántes, i le quitaran de encima el imsoportable peso del miedo, que es el oríjen de los mayores males! Tanto es esto, Cayo amigo, que te has puesto inconocible; ya no solo te hallas abandonado de aquellos sentimientos heroicos del republicanismo, sino que aun has perdido el uso de la critica para raciocinar con acierto."

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Dionisio Terrasa i Rejon, o sea don Antonio José de Irisarri, en aquella carta que honra a su talento i a su patriotismo, seguia rebatiendo a veces con gracioso injenio, i a veces con varonil elocuencia, los motivos de temor que se circulaban, i ademas, manifestaba que, aun suponiéndolos efectivos, no quedaba otro recurso que vencer o morir, porque los patriotas habian hecho lo bastante para no ser perdonados.

"Tú debes saber, Cayo, decia, que si Sánchez o Pezuela te logran en sus manos, ya sea rendido como un cordero, ya sea despues de una honrosa capitulacion, te han de hacer representar la trajedia del asesino del príncipe de Orange," "haciéndote echar un par de cabriolas en el aire."

"Yo a lo ménos creo que no escaparia de acompañarte, i por esto no me gusta tratar de composturas, ni de capitulaciones."

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Como es fácil de concebirlo, la conclusion a que Irisarri arribaba en aquella espléndida carta era realmente heroica.

"JNo temas, Cayo, la venganza cruel de los Pezuelas, de los Sánchez, ni de los otros monstruos sanguinarios, enemigos de América, i por consiguiente de la justicia, de la virtud i de su misma especie. Ellos ejercerán su cruel ministerio sobre nosotros en el solo caso de que caigamos en sus manos; pero no será así miéntras que con las armas les impongamos respeto. Tengamos la resolucion de Sagunto i de Numancia. Hagamos el ánimo a morir libres, i lo serémos a pesar de la oposicion de nuestros miserables tiranuelos. Pero si el temor nos sobrecoje, si caemos en el abatimiento vergonzoso de la esclavitud, bastarán cuatro esclavos ridiculos de ese soñado fantasma de Fernando para hacer ilusorios los mas lisonjeros proyectos de la libertad: ellos nos humillarian, i los americanos seríamos el oprobio del mundo."

Supongo que el lector habrá comprendido que Dionisio Terrasa i Rejon, al hacer blanco de sus reprensiones patrióticas a Cayo Horacio, quoria dirijirse, no a Camilo Henríquez, sino a los muchos patriotas que se habian acobardado, i que comenzaban a desesperar del triunfo de la revolucion. Las apostrófes a su amigo, i la pintura de su desaliento eran simples artificios literarios que empleaba Irisarri para no declarar a gritos que la desconfianza traia turbada i macilenta a una numerosa porcion del pueblo.

Precisamente, durante todo aquel tiempo, Camilo Henríquez estuvo trabajando en el Monitor . Araucano con el mas ardoroso empeño en el mis

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