Imágenes de páginas
PDF
EPUB

mo propósito de volver los brios a los patriotas a quienes, las malas noticias del esterior habian anonadado.

Esta aseveracion puede comprobarse, entre otros artículos, con la carta firmada Rogue Arismendic, que habia insertado el 21 de enero de 1814 en el número 13, tomo 2 de aquel periódico.

"Ahora que la revolucion casi universal del mundo, decia en ella hablando a los amilanados ciudadanos, va a hacer su crísis, i ha de tener asombrosos resultados, felices para los que los reciban i presencien con dignidad, i vergonzosos i humillantes para los cobardes e indolentes, ¿aparecemos tibios, acoquinados i confusos?"

Camilo Henríquez repitió varias veces bajo distintas formas exhortaciones análogas.

En el Monitor Araucano, número 21, tomo 2, fecha 18 de febrero, recordaba las atrocidades cometidas contra los patriotas americanos por los ajentes realistas a quienes las autoridades superiores habian concedido recompensas por ello.

Luego agregaba.

"¿Esperarán los pueblos de Chile con indiferencia que se acerquen los momentos en que vean i no puedan impedir semejantes horrores? ¿Dejarán a sus descendientes la odiosa herencia de un nombre infame i de un eterno desprecio? ¿Se dirá algun dia:—estos son los chilenos bravos que quisieron ser libres, pero miéntras duró la contienda, unos se estuvieron enterrando su dinero, otros tendidos de barriga viendo comer a sus caballos, i permitieron que su ejército pereciese por falta de dinero, víveres i caballería: ¡qué poltrones, qué mancarrones, qué egoístas han sido los famosos descendientes del inmortal Colocolo!—? ¿Se dirá:— no son los chilenos si no los chilotes (una parte de las tropas realistas habia sido reclutada en aquella provincia) los verdaderos descendientes del bravo Caupolican i Lautaro? ¡Talem avertite casum! Los manes de aquellos grandes defensores de la libertad se conmoverian en su tumba contra tanta poltronería i tan brutal egoísmo. Caupolican dijo ántes de morir a manos de la fria crueldad del infernal español Reinoso: De mis cenizas se levantarán otros Cawpolicanes, talvez mas afortunados que yo. El jeneroso O'Higgins no cede al antiguo Caupolican en elevacion de ánimo, en amor a la patria, a la libertad i al orden i en el odio a la tiranía; pero no puede continuar sus operaciones sin los ausilios de los pueblos."

Todos estos esfuerzos resultaron infructuosos. El desaliento no pudo disiparse, i léjos de esto, se propagó.

Como lo habia temido Irisarri, la enfermedad melancólica tomó las proporciones de una epidemia devastadora.

Se apoderó de algunos de los ciudadanos mas influentes, de los individuos del senado, del director supremo don Francisco de la Lastra, de los jenerales del ejército don Bernardo O'Higgins i don Juan Mackenna, de los mismos don Antonio José de Irisarri i Camilo Henríquez, que habian combatido con tan laudable entusiasmo la introduccion del mal.

Entónces sucedió que, a pesar de encontrarse a la sazon victoriosas las tropas patriotas, los que dirijian los negocios públicos de Chile se apresuraron a celebrar el 3 de mayo de 1814 el convenio de Lircai.

Los gobernantes chilenos, a nombre de su nacion, reconocian en aquel pacto del modo mas terminante la soberanía de Fernando VII, i miéntras estuviera ausente de España, la autoridad de la rejencia; i se obligaban a obedecer lo que se determinase en las cortes de la Península, una vez que fueran admitidos en ellas, i oídos, los diputados que Chile, "usando de los derechos imprescriptibles que le competian como parte integrante de la monarquía española," enviaria con plenos poderes e instrucciones para sancionar la constitucion.

Sin embargo, los gobernantes chilenos, a pesar de lo que pudiera deducirse de la redaccion ambigua i poco precisa del artículo 1.° del convenio de Lircai, no entendieron renunciar de ningun modo al mantenimiento en el país de un gobierno i de un réjimen nacional.

Por esto estipularon testualmente que miéntras el rei i las cortes determinaban, se mantendrian en Chile "el gobierno interior con todo su poder i facultades, i el libre comercio con las naciones aliadas i neutrales."

A la verdad, este pensamiento no fué consignado en el testo del convenio con la debida especificacion i claridad; pero indudablemente era el que los gobernantes chilenos habian querido espresar.

Estaban resueltos a soportarlo todo ántes que consentir en que se restaurase el antiguo sistema colonial, ántes que tolerar que se les privara de un gobierno propio i constitucional.

Este es el designio que aparece de los documentos oficiales i de los papeles privados que se han podido examinar con serenidad muchos años despues del acontecimiento.

El convenio de Lircai era en sustancia la renovacion, puede decirse, de aquel plan primitivo de establecer una gran confederacion hispano-americana bajo la soberanía de Fernando Vil i de sus sucesores; la reproduccion de algo parecido a lo que en tiempo todavía mas remoto, habia concebido el conde de Aranda para impedir el debilitamiento de la monarquía española.

[graphic][graphic]

La adopcion de un propósito semejante trajo por consecuencia necesaria ciertos actos contrarios a la idea de independencia absoluta. que ya en aquella fecha habia sido aceptada como justa i conveniente por considerable número de personas.

Entre las mas significativas de estas medidas reaccionarias, puede contarse la siguiente órden del dia. "Por cuanto un abuso de la autoridad de un gobierno arbitrario (el de don José Miguel Carrera) ha causado la guerra de estos países por haber ordenado caprichosamente mudar la bandera i cucarda nacional reconocida por todas las naciones del orbe, comprometiendo la seguridad pública con unos signos que nada podían significar en aquellas circunstancias, ordeno i mando que desde hoi en adelante no se use en los ejércitos, plazas fuertes, castillos i buques del país de otra bandera que la española, ni que las tropas puedan llevar otra cucarda que la que anteriormente acostumbraban, i para que esta órden tenga su debido cumplimiento, circúlese e imprímase. Dado en el palacio de gobierno a 11 de mayo de 1814.—Lastrar

El convenio de Lircai estuvo mui léjos do ser bien recibido por todos los patriotas.

Hombres tan influentes sobre la opinion como don Bernardo Vera i Pintado protestaban enéticamente contra él en tono mui alto.

Vera alzó la voz en favor de la independencia, i en contra de la transaccion, no solo en los círculos, sino tambien por la prensa, de la cual hizo salir dos folletos titulados Carta al ciudadano Patífico Rufino de San Pedro el uno, i A los Escritores del País el otro.

Muchas personas, i particularmente los militares, no se conformaban con la proscripcion de la bandera tricolor que habian jurado defender, i que los habia guiado a la batalla.

La bandera de Castilla amaneció un dia colgada de la horca.

Hubo muchos que hicieron ostentacion de llevar atadas a las colas de sus caballos las cucardas españolas.

Don José Miguel Carrera habia permanecido todo el tiempo anterior prisionero de los realistas en Chillan.

Habiendo recobrado la libertad, se puso a la cabeza de los descontentos, i derribó el gobierno de Lastra, a quien reemplazó en la direccion de los negocios públicos.

El jeneral don Bernardo O'Higgins, que se hallaba en Talca al frente del ejército, marchó contra Santiago, donde estaba imperando Carrera.

Los patriotas estaban combatiendo unos contra otros en las inmediaciones de la capital, cuando les hizo suspender la lucha fratricida el sonido de una corneta, instrumento que, a lo que se refiere, se oia tocar por la primera vez en este país.

Aquel sonido anunciaba la presencia de un parlamentario que venía a instimarles rendicion a nombre de un nuevo jeneral realista que acababa de desembarcar, i que avanzaba rápidamente sobre Santiago.

El virrei del Perú habia desaprobado el convenio de Lircai.

Los españoles, sin comprender su posicion en la América, i como si tuvieran el mar ocupado con sus escuadras, i la tierra con sus ejércitos, preten

« AnteriorContinuar »