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surar la completa discordancia que habia entre la lei i la práctica un testo en que Tito Livio refiere que la plebe romana pedia que, o se cumpliese la lei que se habia promulgado para que los tribunos tuviesen potestad consular, o se revocase, si nunca se habia de ejecutar, "porque ménos afrenta les harian con la iniquidad del derecho, que con despreciarlos de hecho, teniéndolos por indignos de gozar de esa honra i autoridad."

El obispo de Trujillo doctor don Pedro de Ortega Sotomavor. en una censura de la obra de frai Alfonso Briceño Super Scotum, lamentaba en nombre de los criollos "que por muchos méritos que tuviesen, no les tocaba un hueso roído."

El célebre jurisconsulto Solórzano i Pereira, que en sus obras se manifiesta siempre favorable a los criollos, enumera en su Política Indiana tres razones para demostrar la justicia i la conveniencia de que en igualdad de méritos se les prefiera para los cargos i beneficios eclesiásticos del nuevo mundo.

"La primera, que se puede probablemente entender que serán mas aptos para los ministerios referidos por el mayor amor que tendrán a la tierra i patria donde nacieron."

"La segunda, por la pericia del idioma o lengua que hablan los indios de la misma tierra, la cual mamaron en la leche los nacidos en ella, i la aprenden tarde i mal los que vienen de fuera."

"La tercera es que los criollos pocas veces consiguen en España premio alguno por sus estudios, méritos i servicios; i si tambien se sintiesen privados de los que pueden esperar en sus tierras, i que se los ocupaban los que van de otras, podrian venir a caer en tal j énero de desesperacion, que aborreciesen la virtud i los estudios, pues pocos hai que los sigan sin esperanza de alcanzar por ellos alguna honra, premio i utilidad, siendo tan cierto como vulgar, lo que dicen Ciceron, Casiodoro, Ovidio i otros infinitos, que estas son las cosas que los enjendran, alientan i sustentan" (1).

Conviene que se tenga presente que el libro de que he sacado los precedentes estractos fué publicado el año de 1649.

El escritor chileno don Francisco Nuñez de Pineda i Bascuñan reconoce en su obra titulada el Cautiverio Feliz, que concluyó de componer en 1673, el hecho de la estremada emulacion que se manifestaba entre castellanos i criollos, tanto en el estado eclesiástico, como en el secular.

Sin embargo, declara "haber visto i esperimentado ser mas comun i ordinaria esta mala querencia en los mas ancianos españoles, que en los hijos naturales de la tierra."

I luego agrega, queriendo justificar en su lenguaje confuso i embrollado la antipatía de los chilenos a los españoles, "que las opiniones de los segundos han sido de los que gobiernan bien seguidas i observadas, pues desde que tengo uso de razon, que há mas de cuarenta años, i he asistido en esta guerra, no se ha visto ocupado en los oficios mayores de sarjento mayor i maestre de campo jeneral ningun hijo de la patria, que son los oficios mas preeminentes de la milicia."

Esta era la profunda herida que sangraba.

Esta era la gravísima ofensa que los americanos no podían perdonar, porque comprendían demasiado bien que la postergacion constante i frecuente significaba el mayor de los desprecios.

Núñez de Pineda i Bascuñan, escritor piadoso

(1) Solórzano i Pereira Política Indiana, libro 4, capítulo 19.

i de tendencias místicas, reprueba altamente esta enemistad de los padres a los hijos, i de los hijos a los padres, como él dice.

Pero junto con espresarse así, no puede disimular el sumo disgusto que le produce el estar el gobierno encomendado a personas estrañas, que no conocian las necesidades del país.

Esta era la queja jeneral de todos los criollos.

"Entre las causas principales que habernos insinuado para que nuestra patria Chile tantos menoscabos reconozca, i a menos vayan siempre sus aumentos, dice Núñez de Pineda i Bascuñan, es una de ellas sin duda el que a gobernarle vengan forasteros, que son los que procuran i solicitan sus mayores utilidades, desnudando a otros para vestirse a sí i a sus paniaguados, como nos lo enseña el Eclesiástico. Admite forasteros en tu casa, dice, i en un instante la volverán lo de abajo arriba, i te quitarán por fuerza lo que es tuyo. Esto bastaba para prueba de que son los que menoscaban i consumen a Chile, i lo van acabando a toda priesa, i a los habitadores despojándolos de sus bienes; porque son enemigos conocidos de la patria los advenedizos i estranjeros, que este lugar i nombre les dan los antiguos sabios."

"Cuando amenazó Dios a los de su pueblo, añade el autor del Cautiverio Feliz, entre los castigos i plagas que les insinuó, fué decirles que se verian rejidos, que se verian gobernados de advenas i forasteros; i mas adelante dice que pondrá sobre ellos una jente venida de léjos i de los últimos fines de la tierra para que los sujete i supedite."

"Grandes deben ser sin duda nuestras culpas, i nuestros delitos sin medida, pues se esperimentan en nosotros los castigos de Dios Nuestro Señor, dedicados para los trasgresores de su divina lei."

"¿Qué mayor castigo que estar subordinados i sujetos los propios hijos de la tierra a los advenas i forasteros, pues lo aplica el jeneral juez a los que son mas grandes pecadores?"

"Claro está que el rei nuestro señor lo hará juzgando que con ellos nos envía el bien, i el remedio a sus reinos i provincias, i bastante premio a sus conquistadores i asistentes en esta dilatada guerra, sepulcro natural de sus penosas vidas; i no tenemos que poner duda de que son divinos secretos i juicios inescrutables del Señor de todo lo criado."

A pesar de tanta resignacion, el bueno de Pineda i Bascuñan hacía los mas fervientes votos para que el soberano, cesando de ser inocente instrumento de la cólera divina, se apartase del funesto sistema que hasta entónces habia seguido.

"Considerando que en tantos siglos como há que gobiernan a Chile forasteros (que es lo propio que enemigos, como queda probado), dice, no ha tenido provecho ni utilidad alguna este reino; ántes sí cada dia se han visto recrecerse los gastos del real patrimonio, i dilatarse mas la guerra, pudiera ser que el rei nuestro señor mudase rumbo, i trocando medicinas, fuese saludable ante todo para su patria algun natural esperimentado, hijo de ella, que no sin misterio grande mandó Dios que no se pudiese nombrar rei o superior, si no fuese de entre los propios hermanos i compañeros."

Núñez de Pineda i Bascuñan, en su deseo de conciliar hasta dónde fuera posible los intereses de los peninsulares i de los criollos, se apartaba sin embargo de la opinion jeneral de sus conciudadanos, "porque tenia i reputaba por hijos de la patria a los que estaban perpetuados ya con mujeres, hijos, casas i haciendas, i con suficientes esperiencias de veinte i treinta años de servicios personales en aquella guerra" (1).

Otros eran muchos mas rigorosos sobre el particular.

Sin hacer distincion entre los que se habian establecido recientemente en los dominios americanos, o lo estaban desde gran número de años, profesaban igual aversion a todos los peninsulares.

VIII.

Los hechos sociales que habian contribuido a formar esta antipatía son mui fáciles de comprender.

La sociedad hispano-americana de la época colonial tenia por principio la aristocracia del color.

La raza española o blanca era considerada por la lei i en la práctica como mui superior a la raza indiana, i por supuesto a la negra, i de consiguiente tambien a la mestiza o mezclada.

Era admitido que los blancos habian venido al mundo para mandar, i los indios, los negros i los mestizos para obedecer i servir.

Los primeros eran los señores de la tierra; los segundos, los sirvientes de los primeros. 'Felipe III lo reconoce así, i hasta cierto punto lo lamenta, en una cédula fechada en Aranjuez a 26 de mayo de 1609, i dirijida al virrei del Perú marques de Montes Claros. "Cosa sabida, dice, es la mucha jente española que hai en esas provincias, así de la que de acá va de ordinario, como de criollos nacidos allá; i tambien se tiene entendido que con ser mucha la jente humilde i pobre, no se

(1) Núñezde Pineda i Bascuüan, Cautiverio Feliz, discurso 4, capitu

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