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inclina a trabajar en las labores del campo, minas, ni otras granjerias, ni a servir a otros españoles, i lo tienen por ménos valer, de que resulta haber tanta jente perdida i ociosa, i cargar sobre los indios el peso de todo el trabajo i servicio de los españoles."

A fin de remediar el mal señalado, el monarca mandaba a su virrei del Perú que "con gran destreza i los medios que de vos se fia, procureis que cada año se vayan introduciendo en la labor de los campos, minas i demas labores públicas algunos españoles; porque a su imitacion i ejemplo resulte que los demas se vayan aplicando al trabajo, en cuya introduccion se libra el desterrar de los indios la opinion que los españoles tienen de que es cosa vil i baja servir a otros, especialmente en los dichos ministerios de labores, i así atendereis a esto con mui particular cuidado, i de lo que en ello se hiciere, me avisareis."

Pero a pesar de tan loable empeño del soberano, las cosas siguieron el curso que desde el principio habian tomado.

La calidad de español o blanco constituia una aristocracia destinada a mandar, i no a dedicarse a trabajos manuales.

El color llegó a ser suficiente título de nobleza.

En 1735, los sabios españoles don Jorje Juan i don Antonio de Ulloa emprendieron al nuevo mundo, en compañía del célebre La Condamine i otros astrónomos franceses, una espedicion científica para averiguar el verdadero valor de un grado terrestre sobre el ecuador.

Concluido el objeto principal de su viaje, los dos españoles se pusieron a estudiar por sí mismos el estado político de las posesiones hispanoamericanas, i consignaron con la mayor sinceridad el resultado de sus observaciones en un curiosísimo informe dirijido al rei Fernando VI, el cual permaneció secreto hasta 1826, época en que un ingles, que con gran dificultad se apoderó del manuscrito, tuvo la buena idea de darlo a la estampa.

En esta obra se leen los siguientes datos que confirman lo que he dicho acerca de la suma importancia que en la América colonial se atribuia a la simple calidad del color.

"Los europeos o chapetones que llegan a aquellos países, dicen los señores Juan i Ulloa, son por lo jeneral de un nacimiento bajo en España, o de linajes poco conocidos, sin educacion ni otro mérito alguno que los haga mui recomendables; pero los criollos, sin hacer distincion de unos a otros, los tratan a todos igualmente con amistad i buena correspondencia: basta que sean de Europa para que mirándolos como personas de gran lustre, hagan de ellos la mayor estimacion, i que los traten como a dignos de ella, llegando esto a tanto grado, que aun aquellas familias que se tienen en mas, ponen a su mesa a los mas inferiores que pasan de España, aunque vayan en calidad de criados; i así no hacen distincion entre ellos i sus amos cuando concurren a la casa de algun criollo, dándoles asiento a su lado, aunque estén presentes sus amos; i a este respecto hacen con ellos otros estrenios que son causa de que aquellos que por las cortas ventajas de su nacimiento i crianza no se atrevieran a salir de su humilde estado, animados despues que llegan a las Indias con tanta estimacion, levantan los pensamientos i no paran con ellos hasta fijarlos en lo mas encumbrado. Los criollos no tienen mas fundamento para observar esta conducta, que el decir que son blancos, i por esta sola prerrogativa son acreedores lejítimos a tanta distincion, sin pararse a considerar cuál es su estado, ni a inferir por el que llevan cuál puede ser su calidad. De este abuso resultan para las Indias los graves perjuicios que se refirirán despues; el oríjen es que como las familias lejítimamente blancas son raras allá, porque en lo jeneral solo las distinguidas gozan este privilejio, la blancura accidental se hace allá el lugar que deberia corresponder a la mayor jerarquía en la calidad, i por esto, en siendo europeo, sin otra mas circunstancia, se juzgan merecedores del mismo obsequio i respeto que se hace a los otros mas distinguidos que van allá con empleos, cuyo honor los deberia distinguir del comun de los demas" (1).

Esta aristocracia del color blanco no tardó en dividirse en dos clases diferentes, atendiéndose para ello a la calidad del nacimiento en Europa o en América.

Los españoles-europeos llegaron a ser en la práctica superiores a los españoles-americanos.

Los motivos que hubo para establecer esta superioridad fueron varios.

Ya he dicho que todos los empleos de alguna importancia eran conferidos a solo los peninsulares.

Esto constituia en su favor una prerrogativa que no podia ménos de contribuir a su prestijio.

Los peninsulares colocados en los altos puestos eran jeneralmente mejor educados, que los españoles nacidos en América, donde los medios de instruirse eran mucho mas escasos i costosos que en España.

Este mayor grado de ilustracion aumentaba el lustre de los peninsulares.

(1) Juan i Ulloa, Noticias Secretas de América, parte 2, capítulo 6.

Los españoles-europeos, a quienes se encomendaban los cargos superiores, i que distribuian los inferiores, preferian naturalmente por lo comun a sus paisanos para conferírselos.

De este modo se confirmaban las ventajas inherentes a la calidad de español-europeo.

Los mismos peninsulares de baja condicion, tan ignorantes en teoría como los hispano-americanos, tenian a lo ménos una educacion práctica superior i hábitos de actividad i de economía mas arraigados.

A causa de esto, solian sacar mejor provecho que los criollos de las riquezas naturales, i llegaban pronto a ser hombres acaudalados.

De aquí resultaba que los padres de las familias mas pudientes los preferian para yernos a los españoles-americanos.

Segun un autor español, las niñas americanas aprendian desde la mas tierna edad este proverbio, que habia llegado a ser vulgar: marido, vino i bretaña, de España (1).

Los españoles venidos de la Península se llevaban así, no solo los mejores empleos i los mejores negocios, sino tambien las mejores dotes.

Todas estas ventajas eran causa de que los criollos les profesasen la mayor antipatía, i aun un odio entrañable.

"La preferencia que las criollas dan a los europeos, dicen Juan i Ulloa; el ser dueños de los caudales mas floridos, adquiridos i conservados por su aplicacion i economía; i el tener a su favor la confianza i estimacion de los gobernadores i ministros, porque su conducta los hace acreedores a

(1) Torrento, Historia de la Revolucion Hispano-americana, discurso preliminar, parto 2.

ella, no son pequeños motivos para incitar la envidia de los criollos; i así se quejan éstos de que los europeos van descalzos a sus tierras, i despues consiguen en ellas mas fortuna que la que sus padres i país les dieron, quedando dueños absolutos de ellas. Todo esto se verifica así, porque despues que se casan entran a ser rejidores, e inmediatamente obtienen los empleos de alcaldes ordinarios, de modo que en el espacio de diez u once. años, se hallan gobernando una ciudad de aquellas, i objeto de los aplausos i de las primeras estimaciones. Este es el hombre que ántes pregonaba por las calles con un fardillo en los hombros, vendiendo mercancías menudas i algunas bujerías que otro le dió fiadas para que empezase a traficar" (1). I no se objete que hai contradiccion entre aquello de que los criollos trataban con la mayor consideracion aun a los peninsulares de mas baja esfera, i esto de que les tenian envidia i aun odio por las distinciones i primacías de todo jénero que se les concedian; porque estos son hechos que pueden observarse donde quiera que existe una aristocracia o clase privilejiada por cualquier motivo: sus miembros son a la vez objeto del respeto i de la emulacion mas o ménos acerba de las clases despreciadas.

IX.

Á la época en que los ilustres españoles don Jorje Juan i don Antonio de Ulloa visitaron el nuevo mundo, esto es, en 1735, los bandos de peninsulares i criollos se manifestaban ya tan enconados, i daban oríjen a tantos disturbios i alboro

(1) Juan i Ulloa, Noticias Secretas de América, parte 2, capitulo 6.

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