Imágenes de páginas
PDF

LEY XLIV.

D. Felipe 11 allí á 11 de enero de 1593.

Que el gsbcrnailor de Filipinas repnrta la permisión

entre los vecinos de ellas.

El repartimiento de permisión de los doscientos y cincuenta mil pesns, concedida á los vecinos de las Islas Filipinas, ha de ser entre ellos y toda la cantidad ha de venir registrada, procurando que á lo menos la tercia parte vuelva en oro, y el gobernador prevenga y solicite que no haya fraude ni engaño, en que ordenará lo que conviniere, y asi lo encargamos al virey de Nueva España en lo que le tocare.

LEY XLV.

D. Felipe 111 en Madrid á 23 de mayo de 1620.

Que en el repartimiento de las toneladas se guarde lo ordenado y sea capitulo de residencia.

La permisión concedida á los vecinos de Filipinas, de las toneladas de naos para Nueva España, está ordenado que se repartan conforme á su calidad y posibilidad, y sin embargo no hacen el repartimiento los gobernadores en esta conformidad: y algunas \ec.es las dan con pretexto de ayudas de costa á oficiales reformados, obligando a los vecinos á comprar la carga á excesivos precios: y otras veces reparten muchas toneladas á obras pias, para que las vendan y se aprovechen del precio,en perjuicio del bien común causando que se vendan á quien dá mas por ellas y comprándolas mercaderes, que tienen compañías en Méjico y ordinariamente es suya mucha parte de las mercaderías, en perjuicio de los vecinos a quien es concedida la permisión de que les está hecha merced: Ordenamos y mandamos á los gobernadores que guarden lo ordenado, y ti contravinieren se les pongan por capitulo de residencia.

LEY XLVI.

El mismo en Mecida á 4 de inaynde 1619.

Que el repartimiento de las naos y cosas de ellas, y

tocantes d la real hacienda, se haga con

intervención del fiscal.

Nuestro fiscal de la real audiencia de Manila se halle al repartimiento de las toneladas de permisión, y se haga con su intervención y asistencia, y en la misma conformidad asista a las cosas de nuestra real hacienda, y ninguna se despache si no se hallare presente y procure evitar los daños y agravios, que en lo referido se pueden ofrecer.

LEY XLVII.

El mismo en San Lorenzo á 19 de agnsto de 1606. En Madrid á 4 de junio de 1620.

Que del repartimiento de las toneladas que se hiciere en Filipinas, se envié relación al virey de Nueva España para el que ha de hacer.

El gobernador de Filipinas envíe al virey de Nueva España relación del repartimiento de toneladas que hiciere, y se han de cargar en las naos de aquel comercio: y el virey se la remita del dinero que se hubiere de embarcar conforme á lo ordenado, y tenga consideración y atención á las relaciones que el dicho gobernador le enviare, para que con mas justificación y conocimiento ajuste las licencias qac diere de este género. TOMO IV.

LEY XLVIII.

El mismo en Valladolid á 31 de diciembre de 1601.
D. Cáelos 11 en esta Recopilación.

Que los cabos, almirantes y oficiales no carguen en
las naos ni se les repartan toneladas.

Prohibimos y defendemos, que por ningún caso puedan los cabos, almirantes y oficiales del comercio de Filipinas á Nueva España, tratar ni contratar, ocupar ni cargar en los navios en el viaje que fuere á su cargo, en ninguna cantidad, cosa alguna, en su cabeza ni otra, ni se les repartan toneladas como á ios demás vecinos, ni las puedan comprar ni tomar de otros, pena de privación perpetua de los dichos oficios, en la dicha carrera y perdimiento de la hacienda que cargaren, trajeren O llevaren, y se averiguare ser suya.

LEY XLIX.

D. Felipe 111 en Madrid á 29 de mayo de 1620.

Que haya moderación en las toneladas , que para su matalotaje se reparten á los generales ó cabos.

Las comodidades que se reparten á los cabos en los navios de la Filipinas, sean moderadas y conforme á la capacidad de ellos, y el gobernador señale á cada- uno lo que ha de ocupar y traer para que no exceda.

LEY L.

D. Felipe IV allí a 11 de diciembre de 1630.

Que d los oficiales de las naos de Filipinas se les socorra con cuatro meses de sueldo.

Al cabo y oficiales que nombra el gobernador de Filipinas para las naos á Nueva España, no se socorra con mas cantidad de sueldo de cuatro meses, asi en Méjico como en las Filipinas, y acabado el viaje se les rematen sus cuentas y pa-' gue el resto de lo que hubieren servido y no mas.

LEY LI.

D. Felipe III allí á 29 de mayo de 1620.

Que se procure qxie los marineros y grumetes délas naos de Filipinas sean efectivos.

En las listas de la gente de mar que se hacen en Filipinas, sucede admitir y traer una nao sesenta marineros y no ser los treinta de servicio y al tiempo de la necesidad uo hay quien trabaje, viniendo con notable peligro en tan larga y dificultosa navegación: Mandamos al gobernador y capitán general , que siempre provea y ordene que los marineros y grumetes sean efectivos; y si nuestros oficiales no lo cumplieren, se les ponga por capítulo en sus residencias.

LEY LIT.

El mismo en San Lorenzo á 22 de abril de 1608.

Que los marineros de fas naos de Filipinas no traigan para su vestir mas que lu ropa necesaria.

En las naos de Filipinas ha habido gran desorden, dejando embarcar á los marineros dos y tres cajas muy grandes, i título de que son de ropa de vestir y embarazan las naos: Mandamos que en esto no se consienta exceso y hava Inda moderación, y que los marineros no puedan traer en las dichas naos mas caja ni ropa, que la precisamente necesaria para el viaje.

33

LEY Lili.

El mismo en Madrid á.29 de mayo de 1620. Que los grumetes indios traigan ropa para abrigarse, y el fiscal de la audiencia lus defienda y otras prevenciones.

Los indios grumetes de las naos de Filipinas, sean todos de aquella costa y traigan vestidos para defenderse de los frios del viaje; y nuestro fi-c.il de la audiencia de Manila aliste y tome por memoria los grumetes indios que vinieren embarcados; y á vuelta de viaje se tome cuenta á los oficiales de las naos de las pagas y tratamiento que se les hubiere hecho; y si algunos se hubieren muerto por las causas referidas, se querelle de los culpados, hasta que sean castigados con demostración y ejemplo, y sea cargo de residencia contra los dichos oGciales, que han de ser obligados á dar cuenta de estos indios ; y si alguno muriere por enfermedad 6 caso fortuito, tengan obligación de hacer información en el mismo bajel luego que suceda; y si no la hicieren y faltare el indio, sean habidos por confesos y reos delincuentes del delito.

LEY LIV.

D. Felipe II en Madrid á 10 de abril de 1597.

Que no se permita traer esclavos de Filipinas, y en qué número se pueden permitir.

Mandamos que los gobernadores de Filipinas no permitan que se embnrqiien para Nueva España esclavos por granjeria, ni para otros efectos excepto que viniendo el gobernador, pueda el sucesor darle licencia para traer hasta seis esclavos; y á cada uno de los oidores que se vinieren cuatro; y a otras personas honradas, mercaderes de caudal y oficiales de nuestra real hacienda, para no volver dos. Y ordenamos al virey,_alcalde mayor y oficiales de \capnlco, que cuiden del cumplimiento y ejecución, y tomen por perdidos los que excedieren de esle número.

LEY LV.

D. Felipe 111 allí á '29 de mayo de 1620.

Que ninguno traiga en las naos mas de un esclavo, y pague los dereclios que se dispone.

Respecto de que en las naos de Filipinas suelen venir muchos esclavos, q.je consumen los bastimentos: Ordenamos y mandamos que ningún pasajero, ni marinero pueda traer mas de un esclavo, excepto las personas de calidad y con mucha proporción y limitación. Y atento i que los derechos se pagan en Acapulco de los que a I ti se venden, por la incomodidad de pagarlos en Manila, mandamos que el presidente y oidores de nuestra real audiencia de Filipinas provean que asi se guarde y ejecute.

LEY LVL

El mismo en San Lorenzo á 22 de abril de 1608.

Que en el viaje de Filipinas no se traigan ni lleven

esclavas, y se reconozca si vienen mugeres

casadas.

Hase entendido que los pasajeros y marineros de las naos de contratación de Filipinas, traen y llevan esclavas,que son causa de muy grandes ofensas de Dios y otros inconvenientes, que se deben prohibir y remediar y con mas razón en

navegación tan larga y peligrosa, quitando todas las ocasiones de ofenderle: Para cuyo remedio ordenamos y mandamos al presidente y oidores de nuestra real audiencia de Manila, que no permitan traer ni llevar esclavas en aquellas naos, y con particular cuidado acudan al remedio de lo susodicho, de forma que cesen estos inconvenientes y se eviten; y asimismo ordenamos y mandamos al fiscal de la audiencia, que cuide de la ejecución; y el oidor mas antiguo al tiempo de la partida, visite las naos y reconozca si viene alguna muger casada y sin necesidad de pasar, y el conocimiento de causa sea ante los dichos presidente y oidores, que provean justicia y sea capitulo de residencia.

LEY LVII.

El mismo en Madrid a 29 de mayo de 1620.

Qne la audiencia de Filipinas tase lo que han de lie

var los maestres en Acapulco por la guarda de

las mercaderías.

Ordenamos que nuestra real audiencia de Manila, tase el precio de lo que han de llevar los maestres en el puerto de Acapulco, por la guarda de cajas , barriles y otras piceas de mercaderías: y el exceso se les pueda pedir en las residencias que dieren acabados lo? viajes.

LEY LV1II.

D. Felipe II en San Lorenzo a 14 de junio de 1583.

LQue los aforos y registros pasen ante los oficiales

reales.

Los aforos y registros que se hubieren de hacer de las mercaderías que se cargaren en los navios que se despacharen de Filipinas i Nueva España y otras parles, hagan solamente los oficiales de nuestra real hacienda: y la distribución que se hiciere de los navios de las dichas Islas, y de las mercaderías que se cargaren por nuestra cuenta , y el nombramiento y examen de los pilotos y maestres, y otros oficiales, ha de ser con intervención de los susodichos, guardando lo ordenado por las leyes de este título.

LEY LIX.

D. Felipe III en VaHadolid a'31 de diciembre de 1604.

[ocr errors]

San Lorenzo á 22 de abril de 1608.

Que los fletes de las naos de Filipinas se repartan conforme d esta ley.

Mandamos que el virey de Nueva España, y el gobernador de Fi'ipinas, cada uno en lo que le locare, moderen y regulen los fletes que hubieren de pagar los pasajeros, conforme al lugar que cada uno ocupare en la nao en que viniere, con personas y géneros, y lo que hubiere de pagaren los viajes de ida y vuelta, conforme á la costa que se hiciere con las naos, según su porte y número de gente , repartiéndolo de forma que no se hagan gastos su peí dúos y excusados: y no fallando i lo neersasio y conveniente, no sea necesario suplir nada de nuestra hacienda para los.gastos de aquella armada. Y ordenamos que de todo haya , y se tenga la cuenta y razón que conviene, por el veedor y contador, y oficiales reales de las Islas Filipinas.

LEY LX.

El mismo, capítulo 11.

Que en Acapulco se abran los registros de Filipinas , se reconozca la carga y se envíen á Méjico, donde todo se avalúe y cobren los derechos.

En el puerto de Acapulco se abran los registros de todo lo qae se trajere de Filipinas, por la persona a quien lo cometiere el virey de Nueva España, y oficiales de nuestra real hacienda del dicho puerto, y junto-* vean y reconozcan los fardos y cofres, y hagan escrutinio y diligencia, cuanto sea necesaria para entender loque viniere fuera de registro y permisión, los cuales envien los registros á Méjico, como se ha acostumbrado con las diligencias hechas en el puerto de Acapulco, con persona de buen recaudo, 6 con uno de los dichos nuestros oficiales: y en Méjico se vuelva á reconocer todo , avalúe y cobren los derechos que á Nos pertenecieren, y se hagan las demás diligencias convenientes para averiguar y entender lo que viniere sin registro, y se retenga lo que viniere sin él y contra la prohibición, no permitiendo que por este medio , color y ocasión se haga agravio, ni sin razón á los dueños de las haciendas.

LEY LXt.

D. Felipe IV en Madrid á 30 de setiembre de 1633.

Que se castiguen y eviten las molestias que en Acapulco se hacen d los que vienen de las filipinas.

Por haber llegado á nuestra noticia que los ministros y oficiales de nuestra real hacienda del puerto de Acapulco , hacen mal pasaje á los marineros y otros que vienen de las Islas Filipinas, 1' causan mucha vejación y molestia, obligandoes a que dejen lo que traen adquirido con tan larga y trabajosa navegación: Mandamos á los vireyes de Nue\a España, que lo hagan averiguar, y castiguen á los culpados, poniendo el remedio que mas eficaz les pareciere, para que se eviten semejantes excesos.

LEY LXII.

El mismo allí á 4 de junio de 1627. Véase la ley 17, título 16, libro 8.

Que las avaluaciones de las mercaderías de Filipinas

se hagan en Méjico cómo y por las personas que

esta ley manda.

Declaramos y mandamos , que las avaluaciones de mercaderías que de Filipinas llegaren á Nueva Kspaña, se hagan en Méjico por un contador del tribunal de cuentas , un oficial de nuestra real hacienda de la dicha ciudad, y uno del consulado de ella, los que el virey nombrare cada año, quince dias antes de hacer las dichas avaluaciones en que ha de proceder con particular cuidado: y en caso que hubiere alguna discordia entre las dichas tres personas, nombrará el virey otro contador y oficial real, diferentes que los primeros , para que se junten con ellos, y salga la que fuere hecha por dos vo'os, aunque sean solos dos, conformes de toda conformidad , y si no se cou furnia re u y estuvieren dos á dos de diferente parecer, acudirán al virey, y se ejecutará por la parte en que se conformare sin réplica ni contradicion.

LEY LXIII.

El mismo allí á 9 de octubre de 1623. Que si por olvido se quedare algún registro en Filipinas , se haga sobre ello justicia á /asparles.

Con la priesa del despacho suelen los escribanos de registros quedarse por olvido con alganos que se han hecho de mercaderías , y como no parecen las condenan los jueces por perdidas: Mandamos al virey y oidores de nuestra real audiencia de Méjico , que cuando asi sucediere, hagan justicia de forma que i las partes quede libre su derecho para cobrarlo.

LEY LXIV.

D. Felipe II allí á 17 de enero de 1593. En Toledo á

9 de junio de 1596.

Que en cada flota de Nueva España se envié copia

de los registros que fueren d Filipinas y vinieren

de ellas.

Conviene á nuestro servicio tener siempre relación de lo que pasa en el trato y comercio de las Filipinas á Nueva España, para saber y entender si va en aumento, y qué género de mercaderías se contratan, y por qué precios, y con qué moneda ó especie. Atento á lo cual mandamos á los vireyes de Nueva España, que envien á nuestro consejo real de las Indias en cada flota, copia de los registros que trajeren los navios de aquellas Islas, y también de los que se despacharen para ellas, lodo con mucha distinción y claridad.

LEY LXV.

D. Felipe III en Valladolid a 19 de febrero de 1606.

Que los fletes y derechos de las naos se remitan

Nueva España^y tanto menos vaya de Méjico, y se

envíe relación de ello cada año al consejo.

Ordenamos que los derechos y (leles que se cobraren en el puerto de Acapulco de las mercaderías de Filipinas , no se introduzgan en la caja real de Méjico, y se gasten en cosas necesarias en aquellas Islas, y tanto menos se remita de la caja de Méjico, y de lo que montaren y se dejare de enviar nos envien el virey y gobernador de Filipinas, relación particular de cada viaje.

LEY LXVI.

D. Felipe II en Añover a 9 de agosto de 1589.

Que de las mercaderías de Filipinas se cobre alcabala, y los fletes que se acostumbran.

Mandamos que de todas las mercaderías que se traen de Filpinas i Acapulco, se cobre alcabala dé la primera y demás ventas, y los pesos que por tonelada de fletes está en costumbre, porque esto y mucho mas es necesario para pagar la gente de guerra, y guarnecer los navios en que se comercia , en que no se haga novedad ninguna.

LEY LXVII.

O. Felipe III en Madrid á 18 de abril de 1617. Don Felipe IV allí á 3 de marzo de 1629. Véase la ley 71

de este título.

Que la ropa de China de que se denunciare se remita

d la casa dt Sevilla.

Mandamos a todos los jueces y justicias anle quien se denunciare ropa de la China, por ser de contrabando que no la condenen por comiso, y la envíen á estos reinos por cuenta aparte, dirigida al presidente y jueces oficiales de la casa de contratación de Sevilla, para qae de alli la remitan á poder del tesorero de nuestro consejo de Indias, y asi se ejecute inviolablemente en todas las cosas que se ofrecieren.

LEY LXVHI.

D. Felipe II allí á 11 de enero de 1593. D. Felipe IV allí á 10 de febrero de 1635.

Que lo ropa de China que se trajere d Nueva España se consuma en ella.

Declaramos y mandamos, qae las mercaderías y cosas de China que se hubieren traido y trajeren de Filipinas á Nueva España, se puedan y hayan de consumir en ella solamente, ó traer i eslos reinos pagándose los derechos, y no se puedan llevar al Perú, ni a Tierra-Firme ni á otra ninguna parte de las Iadias, pena de perdimiento de todas las que se hallaren y aprehendieren en poder de cualesquier personas, aplicadas á nuestra cámara, juez y denunciador (3).

LEY LXIX.

D. Felipe 111, capítulo 16 y 17.
Que no se lleve al Perú ropa de China.

En los bajeles que estuviere por Nos permitido pasar del Perú á ¡Nueva España y puerto de Acapulco, 6 de Nueva España al Perú y sus puertos, no se pueda embarcar , vender, comprar ni permutar ropa de China en ninguna cantidad , aunque se diga que es gratuitamente por vía de donación, obra pia , servicio del culto divino, ni de otra cualquier calidad ó forma, porque con tales pretextos y fraudes no se perjudique á la prohibición : y en caso que algunos fueren culpados en lo susodicho como principales factores, compañeros d participes, ayudando o dando consejo, demás de que la ropa y bajel será confiscado, incurran las personas en las penas civiles y criminales , impuestas á los que pa san ropa de contrabando, y en destierro perpetuo y privación del oficio que de Nos tuvieren en las Indias, sobre que encargamos la conciencia y cuidado de los ministros.

LEY LXX.

D. Felipe III allí, capítulo 18.

Que hallándose ropa de China en algún bajel sean habidos por delincuentes los que esta ley declara.

Si en algún bajel de Nueva España al Perú, ó al contrario, se hallare ropa de China en cualquier cantidad que sea, el visitador, oficiales reales, y las demás personas que intervinieren en el registro y visita, sean habidos por perpetradores y delincuentes de este delito, porque á este ejemplo se abstengan los demás de semejantes excesos: y asimismo sean habidos por delincuentes , y correos los capitanes, maestres, contra-maestres, y Jo.t demás oficiales á quien toca atender al gobierno de los bajeles.

(3) Véase la nota á la ley 9 de este título y libro.

LEY LXXL

D. Felipe II en Madrid á 11 de enero de 1593 Y a' 5

de julio de 1595. D. Felipe 111 en Valladolid á 31 de

diciembre de 1601.

Que no puedan ir bajeles d la China ni a Filipinas sino los permitidos, so la pena de esta ley.

Ordenamos y mandamos, que por ningún caso ni forma pueda ir de las provincias del Perú, Tierra-Firme, Guatemala, Nueva España, ni de otra ninguna parte de nuestras Indias Occidentales, ningún navio á la China á tratar ni contratar, ni á otro cualquier efecto, ni á las Islas Filipinas, excepto de la Nueva España conforme á las leyes de este título, pena de que el navio se tome por perdido, y el precio, dinero, mercaderías y demás cosas que en el se llevaren, se remitan i estos reinos conforme á la ley 67 de este título , y asi se ejecute. Y prohibimos y defendemos que se puedan llevar de Nueva España á las provincias del Perú y Tierra-Firme ningunas mercaderías que hayan venido á ella de Filipinas, aunque se hayan pagado los derechos, según lo dispuesto y ordenado, porque nuestra intención y voluntad es, que en las dichas provincias del Perú y Tierra-Firme, no se consuma ninguna cosa de lasque se traen de la China é Islas Filipinas, y lo que de ello se hallare en poder de cualesquier personas: Mandamos que se tome por perdido, aplique y disponga, como en esta ley se contiene.

LEY LXXII.

D. Felipe III en Valladolid á 20 de agosto de 1615.

Que los prelados regulares no consientan que en sus conventos se oculte ropa de China.

Encargamos i los prelados regulares , que con mucho cuidado atiendan y ordenen en todos los conventos y casas de sus religiones, que por ningún caso se encubran y oculten en ellos mercaderías de China , castigando el exceso que en esto hubiere.

LEY LXXIII.

D. Felipe IV en Madrid á 51 de marzo de 1653.

Que en descaminos de ropa de China en el Perú «e pague la parte del denunciador en dinero.

En las causas d» descaminos de ropa de China que se aprehendieren en el Perú, se pague en dinero de contado á los denunciadores lo que les perteneciere de sus tercias partes con que esto no pase ni exceda de lo ordenado por leyes del tit. 17, lib. 8 , que tratan de los descaminos, extravíos y comisos con que no se saque, ni sea por ningún caso de nuestra real hacienda, sino de gastos de justicia ó penas de cámara , ó de lo que procediere de mercaderías y otras cosas que suelen venir con las de contrabando y fuera de registro, que no son de la China, ni de las prohibidas de vender ni contratar en el Perú. Y encargamos á los vireyes que en todas ocasiones nos avisen con particularidad de estas denunciaciones y de la parte que se aplica al denunciador, y en que cantidad y genero, haciendo relación clara y distinta.

LEY LXXIV.

D. Felipe III en ValladoliH i 31 de diciembre

de 1604.

Q«e el virey de Nueva España provea alcalde mayor

en Acapulco.

Ordenamos á los vireves de Nueva España, qoe tengan muy particular cuidado del cumplimiento y ejecución de !o ordenado para el comercio de la carrera de Filipinas, por las leyes de este título, y pongan en el puerto de Acapulco, demás de los oficiales reales que alli estuvieren, una persona de mucha confianza y satisfacción , con titulo de alcalde mayor, para .que en todo baya muy buen recaudo y guarde justicia , y no permita que se lleve á Filipinas mas dinero que lo concedido por estas leyes, con licencia, ni sin

[merged small][ocr errors]

El mismo allí.

Que el virey de Nueva España y gobernador de

Filipinas guarden y hagan cumplir estas leyes.

£1 virey de Nueva España y el gobernador y capitán general de Filipinas y otros coalesquier nuestros jueces y justicias, y personas particulares, cada uno por loque le locare, cumplan y bagan guardar y cumplir lo ordenado acerca de este trafico y comercio , v lo ejecuten precisamente sin remisión ni dispensación , y en en las residencias se les haga cargo especial de la omisión y descuido. Y encargarnos al arzobispo de Manila que este' con el mismo cuidado en lo que especialmente le estuviere cometido, y no revocado ni alterado por estas leyes, y que de todo se nos dé aviso. <

LEY LXXVI.

El misino allí.

Que el virey del Perú ejecute la prohibición de ropa de Óhina y nombre un oidor paradlo.

Encargamos y mandamos i los vireyes del Perú, que bagan cumplir y ejecutar precisamente todo lo ordenado acerca de la prohibición de ropa de China, y para la ejecución y cumplimiento nombren un oidor de nuestra real audiencia de los Reyes, de quien tengan mucha satisfacción , y entendieren que procederá bien y ejecutará las penas con el rigor que se requiere, fio dispensación alguna , el cual privativamente conozca de estas causas en la dicha ciudad y sus términos en cuanto hubiere lugar de derecho, y las demás justicias en sus territorios hagan lo mismo.

LEY LXXVII.

D. Felipe IV en San Lorenzo á 20 de octubre
de 1621.

Que los navios del Callao y Guayaquil ni otros del
Perú, no pasen al puerto de Acapulco.

Algunos navios salen de los puertos del Ca

Ilao y Guayaquil para Nicaragua y Guatemala , con pretexto de ir por brea y otras cosas , y pasan muchas veces de alli al puerto de Acapulco ú cargar ropa de China, por mucha suma de plata que llevan , usando de muchas diligencias y fraudes : Mandamos que por ningún caso puedan pasar ningunos navios ni otros de los dichos puertos ni provincias del Perú al de Acapulco, y que los vireyes ordenen y provean cuanto fuere necesario, para que se guarde y cumpla, imponiendo las penas á su arbitrio , y que las ejecuten en los transgresores severa y ejemplarmente (4)

LEY LXXV III.

D. Felipe III en Valladolid a 31 de diciembre de 1604. En San Lorenzo á 20 de junio de 1609. En Madrid á 28 de marzo de 1620, capítulo 1." D Felipe IV en Madrid a 25 de noviembre de 1634. Allí, capítulo de carta al conde de Chinchón á 29 de marzo de 1636.

Que prohibe el comercio y trafico con el Perú y Nueva España.

Estuvo permitido que del Perú á Nueva España anduviesen dos navios cada año al comercio y tráfico , hasta en cantidad de doscientos mil ducados , que después se redujo á uno con ciertas calidades. Y porque ha crecido con exceso el trato en ropa «le China en el Perú, sin embargo de tantas prohibiciones convenientes á nuestro real servicio, bien y utilidad de la causa pública, y comercio de estos y aquellos reinos : Habiendo precedido última resolucien del virey conde de Chinchón , y acuerdo de hacienda para quitar absolutamente la ocasión : Ordenamos y mandamos á los vireyes del Perú y Nueva España, que infaliblemente prohiban y estorben este comercio y tráfico entre ambos reinos, por todos los caminos y medios que fuere posible , y que no le haya por otras partes, que Nos por la presente lo prohibimos, guardando esta prohibición firmemente y continuándolo en adelante.

LEY LXXIX.

D. Felipe IV en 5 de octubre de 1626.

Que los ministros puedan llevar sus haciendas registradas en el viaje del Peí ú d Nueva España.

Permitimos á los vireyes, oidores, gobernadores , oficiales reales y ministros que fueren proveídos y hubieren de pasar por el mar del Sur de Nueva España al Perú, y de alli i Nueva España, que puedan llevar sus haciendas registradas, jurando que son propias sayas y no agenas, pena de incurrir en comiso.

(4) Por ce'dula de 20 de enero de 1774 se «Izó la prohibición del comercio recíproco entre el Perú y Nueva España de los efectos naturales con varias limitaciones.

[merged small][ocr errors]
« AnteriorContinuar »