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nieren de las Indias a estos reinos, no salgan sin bastante prevención para su defensa, porque de la facilidad con que son apresados de los enemigos y experimentan oíros malos sucesos, se conoce ser causa su mucha flaqueza, y la poca resistencia que pueden hacer.

LEY XII.

D. Felipe 111 allí :¡ 16 de abril de 1618.

Que los navios de aviso no vengan a cargo de portugueses.

Ordenamos y mandamos que no pueda venir ni venga ningún navio, bajel ni barco de aviso de las Indias á estos reinos , de que sea dueño ninguna persona natural del reino de Portugal, puertos y conquistas de el: ni se les encargue el traerlos aso cargo aunque sean de otros: ni se . permita que en los dichos avisos vengan por pi- I lotos, capitanes, maestres ni pasajeros portugueses, porque son autores de las arribadas y descaminos. Y ordenamos a los capitanes generales de armadas y flotas, y a los gobernadores de todos los puertos y partes de las Indias, que lo cumplan y guarden , y hagan cumplir y ejecutar en todos casos sin excepción , pena de privación de las oficios y de dos mil ducados , aplicados á nuestra cámara y fisco, y del ¡oleres y daños que por la contravención se hubieren causado. Y mandamos que se les baga cargo en sus visitas ó residencias, y no se les admita en descargo ninguna causa por argente que sea.

LEY XIII.

D. Felipe III en Madrid a' 13 de febrero de 1007.

Que en tu visita de los avisos se guarden las leyes

24 y 59, tit. 35 de este libro.

Mandamos á los generales que no impidan ;'t nuestros oficiales reales visitar los navios y barros de aviso, como los demás de las armadas y flotas, y guarden y hagan guardar precisamente las leye**4y $9 , lit. 35 de este libro, y las demás que de esto tratan.

LEY XIV.

res de ellos a los dichos consulados, para que nos pueda participar lo que se les ofreciere de nuestro real servicio, y ñ sus correspondientes del estado de sus cosas.

LEY XVI.

D. Felipe III en Ventotilla a 9 de octubre de 1612.

Que de Guatemala no se desjtachei navios de aviso, sino con mucha causa.

1 Mandamos que el presidente y oidores de la

! audiencia de Guatemala no despachen avisos á estos reinos, si no fuere en lan precisa é inexcusable ocasión que obligue á ello.

LEY XVII.

D Felipe 11 en Aran juez á 27 de abril de 1594. Que no se despachen avisos de la Nueva-España ni otra parte , sin tocar en la Habana , y el gobernador les haga buen acogimiento, y participe las nuevas de enemigos.

Los vi re ves, audiencias y. gobernadores de Cartagena, Honduras y Yucatán, en casos que hubieren de enviar avisos para estos reinos, no los despachen sin expresa orden de que loquen en el puerto de la Habana, y traigan los pliegos que les diere el gobernador de ella, al cual mandamos que no los detenga y les haga todo buen acogimiento, y los despache luego, dando aviso á los maestres y cabos de lo qqe supiere de enemigos, para que se gobiernen bien en su v'nje.

LEY XVIII.

El mismo en el Pardo ú 17 de noviembre de 1593.

Que los gobernadores de los puertos, habiendo aviso

de enemigos, le puedan dar d costa de la real

hacienda.

D. Felipe II allí á 29 de mayo de 1594. D. Carlos 11 I en esta Recopilación.

Que los vireyes gasten de la hacienda real lo necesario para despachar avisos forzosos , con intervención de la Junta de Hacienda.

Porque de ordinario se ofrece A los vireyes precisa necesidad de despachar barcos de aviso á algunas partes: Permitimos que en las ocasiones forzosas puedan tomar lo necesario de nuestra real hacienda con la mayor limitación y moderación que fuere posible, y les encargamos que at'endan y miren mucho en esto; y mandamos que asi se baga con intervención de la ¡unta de hacienda.

LEY XV.

\>. Felipe II allí. D. Felipe IV en Barbastro á 1.° de febrero de 1ÍÍ2G.

Que cuando los vireyes despacharen navios de aviso, den noticia d los consulados.

Para conservación de los comercios, conviene que los consulados tengan noticia de los avisos que los vireyes despacharen ¡t estos reinos, y á las provincias de Nueva España y Tierra-Firme: Mandamos á los vireyes que bagan sabedoTO.VIO IV.

Si los gobernadores de Cartagena y los demás de las costas tuvieren nuevas de enemigos, y lo hubieren de avisar á los puertos ú otras parles, y á las audiencias de sus distritos, siendo en ocasiones forzosas, tomen lo necesario de nuestra real hacienda para los gastos con toda moderación, con iolervencion de la junta de hacienda , y remitan las cuentas .1 nuestro consejo de In1 días como está ordenado.

LEY XIX.

D. Felipe 111 en San Lorenzo á 7 de julio de 1607. Que los avisos que el gobernador de la Habana enviare d Nueva-España , siendo necesarios , se paguen de la hacienda del rey.

El gobernador de la Habana suele despachar barens de aviso á la Nueva España , y como en aquella gobernación no hay hacienda nuestra para tales gastos, remita la paga al virey. Y porque precisamente se debe pagar la costa, ordenamos á los vireyes de Nueva España que paguen estos gastos, y les encargamos mucho el cuidado de moderarlos cuanto sea posible, y de que no haya exceso en el número necesario de los barcos, ni en la cantidad que á cada uno se hubiere de dar como basta ahora se ha hecho.

LEY XX.

D. Felipe IV en Madrid á 13 de enero de 1655.

Que el gobernador de la Habana de' aviso d la flota

de Nueva-España del que hubiere de enemigos.

Mandamos al gobernador de la Habana, que procure tomar las noticias que hubiere de enemigos en aquellas costas y partes donde asislic

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rea, y con lodo desvelo y especialidad avise con- , tinuaiiienle al general de la flota , para que pueda salir del puerto de la Veracruz con la seguridad y resguardo que conviene.

LEY XXI.

El mismo allí ¡i 50 de diciembre de 1634.

NOTA.

Que el gasto de los avisos que el gobernador de- la Habana diere á la armada y flotas, sea por cuenta de la averia.

Todos los gastos que el gobernador de la Habana hiciere en aprestar navios de aviso a los generales de las armadas y flotas para seguridad de la navegación, han de ser por cuenta de la averia, porque se hacen en so. beneficio. Y mandamos á lo< dichos generales de las armadas y flotas, á cuyo cargo viniere la plata del Perú y ¡Nueva España, que constándoles por certificaciones de nuestros oficiales de la dicha ciudad los gastos que se hubieren hecho en aprestos de navios ó barcos , dundo avisos de enemigos, y que no se han despachado para otros fines, dejen en poder de nuestros oficiales loque hubiere montado el gasto de los avisos de cualquier hacienda que viniere,por cuenta de la averia, y lo restituyan á la parte de hacienda de que se hubiere gastado. Y ordenamos al gobernador de la dicha ciudad, que haga los gastos con toda moderación y justificación , y remita siempre la cuenta de lo que en esto gastare & nuestro consejo de ludias, para que en lodo tiempo conste.

LEY XXII.

D. Felipe II, oideiuuiza 15 de arribadas.

Que los navios de aviso no lomen puerto en ninguno

tle la costa de España,

Está ordenado que los navios de las Indias vengan derechamente á Sanlúcar, y no tomen puerto en otra ninguna parte de las costas de Kfpaña, por las leyes del titulo de la navegación y viaje: Mandamos que si el maestre ú capitán de algún nauio de aviso contraviniere , in curra en perdimiento de lodos sus bienes y destierro perpetuo de estos reinos, y de la carrera de Indias.

Está ajustado, según consta por caria acordada del consejo de veinte y cu-Uro de diciembre de mil seiscientos y sesenta y cuatro, a proposición del consulado de Sevilla, en junta general, que todos los años se despachen cuatro avisos, yentes y viniente* , dos á Tierra Firme , y dos á Nueva España, que sean barcos levantados en el rio de aquella ciudad, despachándoos el consulado á su costa , y si por algún accidente su Magestad fuere servido de mandar se despache otro algún aviso, se obligó el consulado á costearle y despacharle. Y visto por el presidente y jueces de la casa de contratación , se les ofreció añadir, que los.dichos avisos hayan de dar principio á navegar desde febrero en adelante , j que vayan en derechura á Cartagena , sin hacer escala en o'.ro puerto, y que desde allí vengan al de la Habana, donde tomando los pliegos que de las demás partes se hubieren recogido, salgan para España : y el virey, audiencias y gobernadores del Perú envíen los pliegos á Cartagena: y los de Nueva España 'á la Veracruz, con participación de los oficiales reales, para que se encaminen al gobernador de la Habana, en las fragatas del trato, el cual los haga embarcar en los avisos que allí estuvieren devuelta de Cartagena: y el ptesidente de la Isla de Slo. Domingo y go bernador de Puerto ttico, si se ofreciere haber embarcaciones en los dichos puertos que hagan \ iaje al de la Habana, remitan en ellas los despachos que se les ofreciere, ó no habiéndolas para la Habana, si las hubiere para Caracas, los encaminen por aquella via , previniendo que en los navios que hicieren viaje á la Habana desde aquel puerto, los encamine el gobernador, con los demás que tuviere, al de la Habana, para que allí se haga caja , de donde se conduzgan todos i estos reinos, obligándose el consulado á que si por su pane hubiere omisión en prevenir bajel á propósito cada tres meses, lo prevengan y despachen el presidente y jueces de la casa á costa del consalado.

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LEY PRIMERA.

U Felipe II, ordenanza 2 de arribadas.

(Jue los navios sigan lajlota con que salieren, y vuelvan con ella.

Ordenamos y mandamos que todos los navios que salieren de estos reinos vayan en conser va de armadas ó flotas, si ya no tuvieren permisión nuestra para ir en otra forma. Y porque no lodos los navios van en derechura á hacer !a descarga á ios puertos de Cartagena, Portobelo y la Veracruz, donde vana parar las dichas armadas y flotas, y necesariamente se han de apartar algunos para las Islas de Barlovento, San

ta Marta, Yucatán , Honduras y otros puertos, lo cual , y el ir sin cabeza desde que se apartan, es causa de que dejen los viajes que llevan , y se vayan á oirás parles, fingiendo haberse derrotado por tormenta, miedo de enemigos y por otras causas, y que con estas cántelas y medios indebidos descarguen y vendan sus mercaderías, y dejen sin ellas á las parles donde van consignadas: Ordenamos que los navios, saliendo en conserva de armada ó flota , no se puedan apartar sino en los parajes que está dispuesto , y con las calidades expresadas en las leves del título de la navegación y viaje 36 de este libro, que de esto traían , y vuelvan con las dichas armadas y flotas sin torcer viaje, mudar puerto ni derrotarse á otro , que no sea para donde llevaren y trajeren los rrgistros, pena de perdimiento de los navios y carga y las demás contenidas en las leyes de este titulo.

LEY II.

El mismo en Madrid ■ 17 de enero de 1591. Y en la ordenanza 2 de an ¡badas.

Que los navios vayan á los puertos para donde llevaren los registros , y si arribaren d otros, se avien y pasen.

I.os navios que salieren en conserva de armada 6 flota, habiéndose apartado en los parajes que está ordenado con licencia del general y no sin ella, vayan derechos á los puertos para donde llevaren las cargazones y reg'stros, y luego que sean llegados presenten los dichos registros, y licencias ante los oficiales de nuestra real hacienda de los puertos i los cuales mandamos, que hagan las diligencias de so cargo, y si hallaren que por haber llegado los navios sin los despachos referidos ó cualquiera de ellos, ó por otra alguna causa se hubieren derrotado, en tal caso averiguándose haber sido la arribada forzosa é inexcusable por tormenta ó enemigos ú otra precisa ocasión, los tornen a aviar para la parte adonde fueren, y no consientan que descarguen ninguna cosa, haciendo que los navios se aderecen y aparejen para esto de lo que tuvieren necesaria i costa de los dueños y sus haciendas.

LEY III.

I). Felipe II, ordenanza 2 de arribadas. En San Lo

itiug a 3 de junio de 1589. L» reina gobernadora en

Madrid á 50 de mayo de 1670.

t)uc llegando los navios arribados, de modo que no

puedan pasar adelante, se carguen las mercaderías

en otros y pasen.

Si los navios que justa y legítimamente arribaren á algún puerto de las Indias, llevando para otro las licencias y registros llegaren tan mal parados, que no se puedan aderezar ni pasar á la parte adonde fueren los oficiales de nuestra hacienda, den orden como toda la que se llevare en ellos, se saque luego y se ponga por registro cuenta y costa en una casa, y en ella se tenga á buen recaudo, para que con la brevedad posible se flete el navio ó navios, que fueren menester ú cuenta de los dueños de los navios arribados ó de las haciendas que en ellos se hubieren llevado, y háganlo* ira las partes para donde llevaren los registros, y no hagan escalasen otros, ni los gobernadores les den licencias para ello, pena de privación de sus oficios á los dichos nuestros oficiales, y de quedar inhábiles para obtener otros de nuestro real servicio, en ningún tiempo y de perdimiento de la mitad de sus haciendas, aplicadas a nuestra cámara, juez y denunciador por tercias parles. Y mandamos que si los dichos navios asi arribados, llevaren algunas cosas prohibidas y fuera de registro, nuestros oficiales tomen por perdido lo que de esto hallaren, y lo apliquen á nuestra cámara, conforme se Contiene en el título de los comisos y de lo que en todo sucediere e hicieren nos darán siempre aviso,

LEY IV.

D. Felipe II, ordenanza 2 de arribados. D. Felipe III en 31 de enero de ltil!).

Que los navios que arribaren de malicia, sean perdidos, y los maestres y pilotos incurran en las penas de esta ley.

Mandamos que si nuestros oficiales reales de los puertos de las Indias averiguaren, que algunos natíos han arribado maliciosamente y sin ocasión precisa, ó apartándose de las armadas ó flotas, de cuya conserva fueren sin la licencia que deben presentar, conforme á lo dispuesto, condenen por perdidos los dichos navios y las mercaderías que llevaren, aplicándola todo por tercias parles á nuestra cámara, juez y denunciador, y no habiendo denunciador, sean las dos tercias partes para los jueces; y si fuere excesiva la parte del denunciador ó |uer.es, se mod re y no se ejecute la cobranza hasta la sentencia de revista de nuestro consejo de Indias) y asimismo condenamos y hemos por condenados á los maestres y pilotos y culpados en dichas arribadas en diez años de galeras al remo, si fueren hombres bajos, y si de otra calidad conforme la que cada uno tuviere.

LEY V,

í), Felipe II en Lisbo,a ¡i 27 de mayo de 1582. Y en la ordenanza 6 de arribadas.

De las arribadas d puertos de las Indias, y sus penas. Porque sucede surgir muchos navios en los puertos de la Y.s pan ola. Cartagena, Margarita, Kio de la Hacha, Puerto-Rico, Habana, Honduras, Nueva España, y otros de las Indias, maliciosamente con pretexto de tiempos contrarios, necesidad de bastimentos y otras causas, y para conseguir sus fines, tienen correspondientes ó van encaminados á personas que los amparen: y habiendo probado que la necesidad los forzó para hacer agua 6 comprar bastimentos como es cosa muy fácil hacerlo, fingen que s: quieren volver a salir y seguir su Viaje, teniendo prevenidos á sus prolectores para que á esle tiempo acudan, como lo hacen á los gobernadores y regimientos, pidiendo que no les dejan salir por la grande necesidad que representan y dicen haber de las cosas que llevan, y con esta cautela se las dejan vender, pagando los derechos y lomando testimonio de aquellos autos y requerimientos para su descargo, haciendo la forma de registro que les parece de lo que traen solo por cumplimiento, obligándose á pasar á la Habana á esperar las flotas: y también se desvian de este viaje, diciendo que no pudieron tomar el puerto para venirse á estos y otros reinos prohibidos de comerciar en la» Indias, de que resultan graves inconvenientes: y porque estos se excusen, ordenamos y mandamos que no se consienta, ni de lugar á que se descargue de tales navios ninguna cosa de cualquier genero que sea. en ninguna cantidad, y los hagan salir en seguimiento de su viaje, pena de que los gobernadores y oficiales de nuestra real hacienda, que permitieren y dieren lugar á que descarguen ú vendan los que fueren en dichos navios, ninguna cosa de lo que en ellos se llevare, por necesidad que haya cualquiera que sea ó en otra forma, y no guardando las leyes de esle título, incurran en privación de sus oficios y queden inhábiles de tenerlos perpetuamente, ni otro alguno de nuestro real servicio, y en perdimiento | de la mitad de sus bienes: y los maestres y pilo los que consintieren descargar negros ó mercaderías en ninguna cantidad para vender, por el mismo caso que lo consintieren y dieren lugar i ello, hayan incurrido é incurran en perdimiento de los navios ) de todas las mercaderías que en ellos fueren, todo aplicado por tercias partes á nuestra cunara, juez y denunciador, en la forma ordenada en cuanto á la reformación de las partes aplicadas por la denunciación, y si no hubiere denunciador, sean las dos parles para el juez que lo sentenciare, las cuales dichas penas liaban ejecutar los presidentes y oidores de nuestras audiencias reales en sus distritos, y no esperen i consultarlo á Nos, ni dar aviso de ello con que si fuere la arribada de esclavos, se guarde en tu conocimiento lo dispuesto y ordenado.

LEY VI.

D. Felipe II, ordenanza 5 de arribadas. Y en la 4 de la casa.

Que los navios//ne saliendo de las Canarias, ó yendo

d ellas arribaren d las Indias, incurran en la

pena de esta ley.

Salen muchos comerciantes con sus navios de los puertos de Andalucía, para ir á las Islas de Canaria á vender y contratar sus mercaderías, cargar de frutos y traerlos á estos reinos ó ¡levarlos á Francia ó i otras partes, y se derrotan y van á las Indias fingiendo haberles sido forzoso, por tiempos contrarios, tormenta ó temor de cosarios* y para salir mejor con sus intentos y dar mas color á la causa que fin jen de sus arribadas, desaparejan sus navios á la entrada de los puertos: y otros se encaminan y van a partes donde no hay oficiales de nuestra real hacienda ni otras personas, que tengan el cuidado que conviene y de tomar por perdidas, como lo son las mercaderías que llevan, y asi las venden libremente y se vuelven en la misma forma á otras partes y puertos de estos reinos, donde no hay quien les pueda pedir ni pida cuenta de dónde vienen, ni que' llevaron, ni de las cosas que traen sin orden ni registro. Y porque es contra lo expresamente dispuesto y en gran perjuicio de nuestra hacienda real, y del comercio universal de estos reinos, y se siguen otros grandes inconvenientes, mandamos que todos los navios que salieren de los puertos de Andalucía á las Islas de Canaria, cargarlos de mercaderías para ellas ó á cargar de los frutos que allí hay para traerlos á estos reinos, ó llevarlos al de Francia ú otros, y arribaren á cualquier puerto de las Indias, aunque digan que arribaron á ellos por fuerza de lempo ó temor de enemigos, se tomen por perdidos los navios y lodo lo qus en ellos fuere y se llevare, y los pilotos y maestres incurran en perdimiento de los dichos navios y de todos sus bienes, y desde luego aplicamos los navios, artillería, armas y municiones que llevaren para provisión de nuestras armada» y todo lo demás que se llevare en los dichos navios por tercias partes, cámara, juez y denunciador, con que no habiendo denunciador sean las dos partes para el juez que hiciere y condenare la causa de arribaba: y los dichos maestres y pilotos sean condenados en diez años de galeras al remo, las cuales penas es nues

tra voluntad y mandamos que se ejecuten sin remisión, ni moderación alguna por las justiciasde los dichos puertos ó por las mas cercanas a ellos, donde los navios arribaren, pena de perdimiento de todos sus bienes y privación perpetua de sus oficios, y destierro perpetuo de las Indias y de estos reinos, atento á -que si no se proveyese tan umversalmente y se hubiesen de exceptuar, como parece que fuera justo los casos inexcusables de tiempo y enemigos, fuera d*-jar abierta la puerta para que lo proveído en los demás casos no tuviese efecto. Y para que lo sea como conviene y sean castigados los que se pusieren en el peligro, en que no cayeran guardando nuestras ordenes: Tenemos por bien que esta ley se ejecute y entienda, sin las dichas excepciones ni otra alguna.

LEY VIL

D. Felipe II, ordenanza 8 de arribadas.

Que ninguna persona pueda comprar, recibir ni

vender cosa alguna de navios arribados, so

las penas de esta ley.

Mandamos que ninguno sea osado por trato, granjeria y otra necesidad i comprar ni recibir por ningún titulo ni causa, mercaderías ni otra ninguna cosa que se llevaren en navios arribados, asi de los dueños como de otros cualesquier terceros, pena de que el comprador y e! vendedor y personas de cuya mano se recibieren, siendo participantes en el fraude ó sabiendo después que compraron ó recib eron mercader/as asi prohibidas, si usaren de ellas, incurran en perdimiento de todos sus bienes y de las mercaderías ó cosas que compraren ó vendieren de navios arribados y derrotados, con que si fueren revendedores sean condenados en diez años de galeras y en la misma pena incurran los encubridores ó receptadores: y siendo personas de calidad sean desterrados perpetuamente de las Indias, demás de las penas de perdimiento de las haciendas y mercaderías arriba referidas: y si fueren eclesiásticos, sean habidos por estraíios de estos nuestros reinos y de las Indias, y pierdan las temporalidades: y rogamos y encargamos á los prelados, que tengan mucho cuidado de ejecutar en ellos las penas sin remisión alguna. Y ordenamos á todos nuestros jueces y justicias, que las hagan ejecutar y ejecuten en sus jurisdicciones sin alteración, innovación, ni arbitrio sobre que no ha de haber perdon ni remisión, porque nadie se atreva á quebrantar lo referido en esta nuestra ley.

LEY VIII.

D. Carlos II en esta Recopilación.

Que las partes aplicadas d jueces y denunciadores, se moderen si fueren excesivas.

Porque es muy posible que en los comisos, por extravíos, descaminos, arribadas ó en otra cualquier forma, se declare por perdido lo que se comisare ó aprehendiere y aplicare á los jueces y denunciadores, y que los susodichos tengan tan gran interés, que exceda al trabajo y ocupación que pusieren en las causas: Ordenamos y mandamos, que si hecho el repartimiento y cómputo de las parles que hubieren de haber conforme á nuestras leyes, fueren en cantidades tan excesivas que se deban moderar á justa equivalencia, los jueces y ministros las moderen y reduzgan, conforme á la ley y, título 17, libro 8, y lodos estén y pasen por lo que fuere juzgado y senten ciado en nuestro consejo de Indias, y hasta'que »e declare no sea llevado á debida ejecución.

LEY IX.

D. Felipe 111 en Madrid á 8 de abril de 1615.

Q«« llegando d Cartagena navios de permisión con

color de ai ribada, sean perdidos.

Mandamos á los oficiales de nuestra real harienda de la provincia de Cartagena, que si algunos navios de permisión para Santa Marta, Santo Domingo y las demás Islas de Barlovento con frutos de España para su sustento, se derrotaren y-aportaren á la dicha ciudad de Cartagena, con pretexto de arribada , sin admitir ninguna excusa, los tomen por perdidos y descaminados, procediendo contra los dueños y maestres, y acudiendo á esto con el cuidado que deben, por sus oficios, y los apercibimos que por la omisión serán castigados como el caso requiere.

LEY X.

El emperador D. Carlos y la princesa gobernadora, en ValladoliJ á 2 de agosto de 1555. , ,

Que el navio que con fortuna llegare d puerto de las

indias, pueda en la Fortaleza descargar el oro,

\plala y mercaderías.

Ordenamos á los vireyes, audiencias, gobernadores y oficiales reales en sus gobernaciones ó distritos , que cuando algunos navios aportaren con fortuna á los puertos de sus provincias ó Islas , y tuvieren necesidad de descargar el oro, plata, mercaderías y otras cojas que en ellos llevaren los dueños ó maestres, les den todo favor y ayuda para que lo puedan descargar, y provean que los alcaides de las fortalezas qué hubiere en los puertos donde llegaren, lo consientan y lo guarden , y por ello no lleven derechos mas de lo que les tasaren las justicias ,< por el gasto en los guardas, á precio justo y moderado, pena de nuestra merced y de diez mil maravedís para nuestra cámara.

LEY XI.

D. Felipe IV en Madrid á 22 de noviembre de 1631.

Que lo que fuere en navios de arribmla no se entregue confianzas , sino que se guarde ó venda , y se remitan los autos al consejo.

Las haciendas que se llevaren en navios de arribadas, no se entreguen con fianzas á las partes, hasta que se determinen las causas, y las que no se pudieren conservar se vendan y entre el precio en nuestra caja como está ordenado , y remítanse los autos al consejo en apelación.

LEY XII.

El mismo allí á 20 de setiembre y ú 27 de noviembre de 1623.

Que las causas de arribadas . de navios de negros se

remitan al consejo, y las audiencias de las indias

no conozcan de ellas.

Nuestros jueces oficiales conozcan de causas de arribadas de navios de esclavos en primera instancia, y no las audiencias reales, y los dichos oficiales remitan las apelaciones á nuestro consejo de Indias, y las audiencias sean inhibidas del conocimiento de ellas que Nos las inhibimos. -.. ¡rr . .. .

TOMO IV.

LEY XIII.

p. Felipe II. ordenanza 9 de arribadas. D. Felipe IV

en Maiirid á '26 de agosto de 1654. En Buen-Retiro

á 23 de junio de 1662.

Que los oficiales reales de los puertos den cuenta

cada año de las arribadas que d ellos fueren ,

y de otro modo no cobren sus salarios.

Todos nuestros oficiales de los puertos de las Indias y de estos reinos, nos envien en cada un año testimonio en forma de cada navio arribado, y lo que se hubiere condenado, cumplido y ejecutado , y diligencias hechas, pena de privación de uficioé inhabilidad de otro de nuestro real servicio. Y mandamos que no se les paguen los salarios corridos y que corrieren , sino lo cumplieren por las arribadas y descaminos. Y ordenamos ¡i los tribunales dé cuentas, que no les hagan buenos los salarios sino constare lo referido por testimonio.

LEY XIV,

D. Felipe IV en Madrid á 2 de febrero de 1631.

Que los visitadores de puertas sobre arribadas d*

tiempo limitado , conozcan de las qne ¡e declara.

H.ise dudado si habiendo Nos dado comisión a algunos jueces visitadores, para que conozcan de arribadas de'navios con limitación de tiempo, se ha de extender su-jurisdicción á las que habiere habido en tiempo de los gobernadores que entonces gobernaban los puerOs, aunque las dichas arribadas sean anteriores al tiempo señalado á los visitadores, ó si ha de ser en estos'casos su jurisdicción acumulativa con los oficiales reales y gobernAdóres-: Declaramos y mandamos que contra los dichos gobernadores qne entonces fueren de los puertos por la culpa que hubieren tenido en las arribadas , procedan desde todo el tiempo de sus gobiernos, aunque pase del señalado á los dichos visitadores , y las arribadas que hubiere después que los visitadores llegaren á los puertos no entren en sus comisiones, y haya de conocer de ellas quien regularmente lo debiere hacer; mas si en ellas fuere culpado alguno de aquellos contra quien llevare comisión, el visitador en tal caso le podrá hacer cargo de ello.

LEY XV.

D. Felipe II en Aranjuez a' 12 de noviembre de 1589. Y en la ordenanza 11 de arribadas. D. Carlos II en esta Recopilación. Que los navios de Indias no arriben d Portugal. Si algunos navios de nuestras Indias arriba* ren al reino de Portugal, el presidente y jueces de la casa de contratación averigüen luego que haya ocasión la causa de arribada, y si no fuere justa y legítima y con necesidad inexcusable, condenen á los maestres y pilotos en diez años de galeras al remo, perdimiento de los navios, y de todo lo que en ellos trajeren, y de otros sus bienes aplicados conforme i estas leyes,

LEY XVI.

D. Felipe II, Ordenanza 20. Que d ningun castellano que arribare d Portugal, sirva de defensa loque hicieren las justicias , de él, y sea nulo.

Mandamos que si algún navio de nuestras Indias arribare al reino de Portugal, y alli se conociere de la justificación de la arribada y causas

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