Imágenes de páginas
PDF
EPUB

no les hubiera exigido el juramento : pero Napoleon, demasiado penetrante para ocultarsele el carácter de aquellos reformadores mercenarios, consideró mas decoroso á su persona salir de ellos de una vez, y los extinguió de una plumada en su concordato con el Papa. ¡Tan frágil es, Señora, una Iglesia creada sin anuencia del soberano Pontífice!

20. Pero ya es hora de que, dejando á un lado á los adversarios de la potestad eclesiástica obstinados en ofuscar el principio mas sólido de la religion, dirija á V. M. mi reverente discurso, esponiendo separadamente á su alta consideracion el respeto que merecen por todos títulos al Gobierno el voto unánime de los Obispos de la Iglesia hispana y la supremacía de la Santa Sede, partes integrantes de esta controversia religiosa. Los primeros sin faltar á la modestia pueden acreditar con diez у

ocho siglos y medio de la historia , que han sabido mantener incorrupta la fe de Jesucristo en esta vasla monarquía, sin embargo de que por reglas ordinarias parecia imposible conseguirlo durante la larga dominacion de la morisma. Consejeros constantes en aquella edad calamitosa, y aun compañeros de armas de sus inclitos monareas, al mundo consta la gloria que adquirieron en el servicio de la religion y del Estado. No contaré la última recomendacion entre los distinguidos timbres que realzan su memoria, pues aunque la cualidad de Obispos no les exoneraba en su tiempo de tomar parle

en las batallas, mi intento se reduce á representarlos esclusivamente como prelados, y hacer valer la estimacion que se grangearon conservando nuestra divina religion y la observancia de la primitiva disciplina, asegurada en la coleccion de nuestros Concilios nacionales. Tan fieles á los monarcas como firmes en la religion de nuestros padres, la historia testifica que el ejemplo, la doctrina y perseverancia de San Leandro y San Isidoro extirparon el arrianismo, é identificaron desde Recaredo el cerro español con la ortodoxia ; y que estos santos doctores, modelos de la Iglesia bispana, fueron el espejo constante de los Obispos en los siglos sucesivos. En efecto, durante la dilatada dominacion de los sarracenos, la España , en la allernativa incesante de los combates, ya prósperos, ya adversos, sufre muchos reveses en su gloria : los pueblos, los próceres y aun los mismos Reyes, cediendo a la impetuosidad de las pasiones, comparecen alguna vez ante la posteridad con diciados poco decorosos; pero el cuerpo de los Obispos, en cuanto a su cargo principal de mantener el depósito de la fe у unidad con la Santa Sede, nunca mancha su reputacion. La España lanza los moros de su suelo, respira, queda libre, y al momento observamos al célebre guardian el P. Fr. Juan Perez , y á una junta de Obispos, aconsejar la espedicion del gran Colon á la inmortal Reina de Castilla; sin grandes conocimientos matemáticos, convenimos, pero por lo mismo mas dig

la

no de llamar la atencion a los sábios reflexivos, puesto que solo el celo por la fe sirvió de estimulo para inspirar el pensamiento mas grandioso de la especie humana, y poner en movimiento la corte de Isabel. Aun ciñéndonos á la peninsula se percibe claramente que la España se hubiera encontrado desconcertada en la carrera de su gloria y civilizacion , si el

gran

Cisneros no hubiera enseñado el camino de asegurar el comercio interior del reino con la creacion de las hermandades; el fomento de la agricultura con los pósitos de granos; el arte de

preservar á los monarcas del tirano influjo de los magnates con su aplicacion al gabinete y los negocios ; y sobre todo, si no hubiera cifrado su politica en un gobierno central que, partiendo desde el trono y la capital, se comunicara á todas las provincias de la monarquia. Sin el genio incomparable de Cisneros Carlos I no hubiera hallado elementos para desplegar la grandeza de su carácter, ni Europa saliera de la infancia y aislamiento en que yacian entonces las naciones. Desde aquella época memorable , constituida la nacion con una organizacion mas ejecutiva, y estendido el horizonte de la ilustracion moderna, los Obispos, aunque formaban siempre uno de los brazos de la monarquía, se limitaron á salvar incorrupta la sana doctrina de la religion, en cuyo desempeño se distinguieron constantemente, cooperando asi mas de lo que parece á la alta gloria y esplendor á que se encumbró la España á

breve tiempo. Sin embargo, trasladándonos al continente americano aún podemos observar que en aquellas vastas regiones, en sus islas y en las Filipinas, el obispado español contrajo méritos propios de su alta gerarquía, y adquirió un renombre estraordinario que ha sobrevivido á las colonias desmembradas, ha escitado la admiracion de los mismos protestantes, y se ha preservado del anatema fulminado en América contra los españoles en general, por cuanto habiendo comparecido siempre el influjo episcopal como el escudo de los pueblos y los indios, ha trasmitido una memoria tan grata á aquellos naturales, que ahora mismo ofrecen esperanzas de reconciliacion con la madre patria si supieramos apreciar un prestigio tan peregrino y envidiable. A mí no me queda duda de que algun dia se verificará este anuncio deseado y venturoso, porque el estimulo de la fe, animada de la caridad, es el mas eficaz y delicioso de la tierra ; y habiéndose preservado pura en aquellas vastas regiones, sedientas por otra parte de operarios españoles para cultivarla, todo coopera para que se concierten relaciones íntimas de comercio y de amistad entre nuestro Gobierno

у

los americanos.

21. De todos modos el obispado español, que antes y despues de la fundacion de la monarquía ha radicado tan gloriosamente la religion de Jesucristo, merece de justicia que el Gobierno de V. M. oiga con benevolencia su

dictamen en materias religiosas, quedando á salvo los derechos correspondientes a la Corona para intervenir en cuanto dice relacion con el Estado, de lo que lejos de padecer agravio la autoridad civil se la origina un nuevo beneficio para consolidarse con mas aceptacion y fundamento, porque no hay vínculo tan seguro y respetable como el de la mútua alianza del Gobierno con la Iglesia. Si, no temo repetirlo; cuando los pueblos, testigos de esta armonia moral, advierten agradablemente que las personas eclesiásticas, y en especial los Obispos, predican y enseñan con su ejemplo la obediencia y respeto a la potestad civil, conminando con la perdicion eterna á los que,

dominados de sus pasiones, violan el juramento de fidelidad ó interrumpen el ejereicio de las leyes; cuando los pueblos, digo, aprenden del sacerdocio estas lecciones, no pueden menos de formar una alta idea del poder supremo, y

de reconocer visiblemente la mano de Dios en el orden social que les gobierna. Recíprocamente, cuando el mismo pueblo, propenso por naluraleza al culto religioso , observa por otra parte que los generales, magistrados y los mismos augustos Reyes, en medio de su grandeza y esplendor del trono, se glorian de honrar á la Iglesia y sus ministroš, comprenden fácilmente la escelencia divina de la religion, y penelrándose de sus deberes se enseña prácticamente á respetar las autoridades civiles y eclesiásticas, connaturalizándose asi con aquel admirable

« AnteriorContinuar »