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ricas, aquel gabinete conoció que necesitaba una política particular para mantener en su obediencia unos países de difícil sujeción. Aunque los conquistadores habían ya tomado las medidas mas seguras para impedir las revoluciones de los indios, destruyendo su especie casi de raíz, no pareció a los reyes de España que estaban mui bien asegurados; i como conocían que no había sobre la tierra una razón para sus usurpaciones i atrocidades, buscaron en el cielo el pretesto de sus tiranías.

«Fue ocurrencia peregrina el buscar en Jesucristo un patrón de injusticias, obligando a su vicario Alejandro VI a declarar que la usurpación i la tiranía son cosas que pueden conciliarse con la lei de paz i de justicia que dictó el hijo de Dios sobre la tierra. Hasta entonces, la santa silla de San Pedro no se había violado con un acto tan contrario al espíritu de la relijión católica, quedando en mengua del nombre español haber sido la causa del mayor escándalo del orbe. ¿Qué diría San Pedro, viendo desde el cielo a un sucesor suyo repartiendo reinos i mundos a los príncipes sus amigos? Me parece que le oigo decir escandalizado: aquel poderoso emperador del universo no parece un digno sucesor del pobre Pedro el Pescador, discípulo de Jesús, aprendiz i predicador de su pobreza, de su humildad i de su justicia.

«Aprobó el papa la usurpación de los españoles; i de consiguiente aprobó la destrucción de la mayor parte del j enero humano. Los españoles se presentaron en América como unos apoderados del sér eterno, que venían a tomar cuenta de los errores de los indios; pero, como ya se les había sujetado por las armas, éstos hicieron poco caso de un lenguaje que no podían entender ni los mismos que lo hablaban. Solo conocían que los españoles estaban empeñados en acabar con la raza iudíjena para poseer sin zozobra las riquezas de que abundaban estos países».

Si tal decía Irisarri en público, ¿cómo se espresaría en privado?

- No es mi ánimo afirmar, ni insinuar siquiera, que el distinguido literato bubiera aprobado la supresión aconsejada por Poinsett, sino simplemente manifestar el espíritu de algunas de las personas con quienes Carrera se consultaba.

i

VIII

Camilo Henríquez es elejido senador.—Su opinión sobro la milicia cívica i la tropa de línea.—Trabaja por la abolición de la pena de muerte.—Acuerdos del sonado sobre los estatutos de una Sociedad Económica de los amigos del país, sobre derechos parroquiales, sobro un reglamento en favor de los indíjenas, sobre la fundación del Instituto Nacional, la reunión del seminario al nuevo colejio i el establecimiento do un museo.

La constitución promulgada en octubre de 1812 consignaba en su artículo 4.° que, reconociendo el pueblo de Chile el patriotismo i virtudes de los actuales gobernantes, ratificaba su autoridad.

L Los gobernantes a que se aludía, eran don José Miguel Carrera, don Pedro José Prado Jaraquemada i don José Santiago Portales.

En el artículo 12, se creaba un senado compuesto de siete individuos, uno de los cuales debía ser presidente, que se turnaría por cuatrimestres, i otro secretario.

Esta asamblea debía elejirse por suscripción, correspondiendo dos senadores a cada una de las provincias de Concepción i Coquimbo, i tres a la de Santiago.

La aceptación del proyecto constitucional i el nombramiento de los miembros de los diversos poderes establecidos en él, se hicieron simultáneamente, firmando los ciudadanos en señal de asentimiento un gran cartel puesto en una de las salas del consulado. (1)

¿Para qué dilatarse en críticas?

La teoría i la práctica del derecho público estaban 4& mantillas.

Solo hubo cuatro votos discordantes dice don Juan Egaña en sus Épocas i Hechos Memorables de Chile.

Faltó por completo la libertad en aquel acto afirman todos los realistas i muchos liberales de alto coturno.

Hé aquí la lista de los senadores elejidos:

Propietarios

El canónigo don Pedro Vivar i Azúa, presidente.

El padre Camilo Henríquez, secretario.
Don Juan Egaña.

ii Francisco Ruíz Tagle.

ii José Nicolás de la Cerda.

ii Manuel Araos.

ii Gaspar Marín. (suplente don Joaquín de Echeverría Larrain).

Suplentes para cualquier evento

Don Ramón Errázuriz.
ii Joaquín Gandarillas.

Debía convocarse un congreso mas tarde. La elección del ayuntamiento de Santiago tuvo lugar en los mismos días que la aprobación del pro

(1) La suscripción tuvo lugar los días 27 28 i 29 de octubre. Don Juan Egaña se equivoca cuando afirma, en las Epocas i Hechos Memorables de Chile, que la suscripción principió el 26.

yecto constitucional i la designación de la junta i del senado, todo conjuntamente.

Don Antonio José de Irisarri figuraba entre los cabildantes propuestos por el gobierno i aceptados por el vecindario.

Camilo Henríquez tuvo asiento, voz i voto en el primer senado que se reunió en Chile, el cual comenzó a funcionar el 1.° de noviembre de 1812.

La situación era en estremo alarmante.

El fuego de la revolución había prendido en las colonias; i los secuaces del réjimen antiguo, apelando a las armas, trataban de apagarlo con sangre.

La América Española se iba con virtiendo en un vasto campo de batalla.

El peligro urjía.

En Chile, abundaban los soldados; pero escaseaban los oficiales.

Era necesario formarlos con tiempo, o mas bien, con el reloj en la mano, porque la hora del combate estaba próxima.

El 17 de diciembre, el senado ofició a la junta gubernativa para manifestarle la conveniencia de buscar un maestro idóneo que enseñase a los jóvenes la ciencia militar, i de proponer premios a los alumnos que so distinguiesen en ella.

Camilo Henríquez había tratado de la necesidad de esta enseñanza en el plan de estudios elaborado para el Instituto Nacional i en un artículo publicado en los números 5 i 6 de la Aurora, correspondientes al 12 i al 19 de marzo de 1812.

El hombre prevenido nunca es vencido, dice un adajio vulgar.

En su concepto, la instrucción, por regla jeneral, • debía ser cívica, literaria, científica i militar.

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