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diariamente a los muchachos para las antiguas escuelas. Se espera que el ministerio reforme esto también. Parece que entre nosotros es necesario que todo lo haga el gobierno.

«Los abusos locales del Padre Castañeda establecieron firmemente la libertad de la prensa. Ya nadie hace caso de dicterios impresos, ni de papeles incendiarios. Parece esto Londres o Baltimore; i con todo los periódicos han cesado por otras causas. Cuando mas se necesitaba El Argos u otro juicioso que preparase la opinión pública e ilustrase en orden a las reformas, e hiciese que la luz circulase del gobierno al pueblo i de éste al gobiemo. Se dice que habrá otros mejores en el año actual. El Rejistro Oficial i Las Minutas de decretos son inapreciables. Irán conmigo; si admiten suscripción la dejaré entablada, i también la de El Rejistro Estadístico, que ha de salir mensualmente.

«En Chile, hace mucha falta un periódico mensual como los reivieus ingleses: trabajaremos en ello. Conocerá usted que, por la analojía de las circunstancias, necesita Chile de los diarios de cortes. Aquí han llegado juegos hasta de diez tomos de los últimos; pero no se hallan a ningún precio. El señor Zañartu me ha prometido dilijenciarlos con todo empeño por sus muchas i respetables relaciones i remitirlos para esa biblioteca. El periódico El Universal de Madrid es precioso: i por Jibraltar se puede lograr todo.

«Es fácil hacer venir de Francia la colección de debates i memorias del cuerpo lejislativo. Esta obra preciosísima está ya en muchos tomos. Voi a ver si logro que el incomparable señor Rivadavia me dé una lista de los excelentes i orijinales libros que trajo. Muchos de éstos nos son desconocidos, de política, policía, economía política, etc., etc. Veré si logro lo mismo del señor Gómez, del señor García i del señor Agüero. I como un pobre logra poco, la insinuación del gobierno por medio de sus diputados fuera de grande utilidad para nuestra biblioteca.

«El señor Saavedra me promete escribirle.

«La amable señora doña Rufina Basavilvaso há tiempo que murió. Daré el pésame en nombre de usted a nuestro Azcuénega i a sus virtuosísimas hijas.

«Aquí hai paz, libertad, muchas esperanzas i bastante pobreza. El ministerio sigue firme, sabio e intejérrimo. La junta lejislativa sigue condecoro, aunque apenas tiene como cuatro hombres de alguna luz. Era mucha nuestra ignorancia en cosas útiles. Las reformas de España allanan el camino para todo; i la bula de secularización jeneral que sacó el rei católico para todo español, como importa poco quien fuera el que la obtuvo, hace que el pueblo desee la lei de regulares, que aquí han caído en sumo desprecio.

«La lei de olvido, llamando al seno de la patria a todos los facciosos, ha hecho sentir las de la seguridad del gobierno i de la tranquilidad interior

Í)or un equilibrio de ellos mismos, inesperado de os que no sabíamos tanto como el ministerio. Esto, i la libertad ilimitada de hablar, i aun de escribir cuanto disparate se quiera, sin temor de chismes (altamente despreciados por los ministros) hacen que nadie se desespere i que los malcontentos con las reformas, nada puedan. Así parece probable que todo siga bien i que el país se constituya. Pero la carta va ya mui larga. Adiós, hasta la vista que ansio sea pronto, mi buen amigo.

«Besa sus manos, su afectísimo i agradecido servidor,

Camilo Henríquez.

«Posdata. El ministro señor Rivadavia está ya fuera del riesgo de la enfermedad que le asaltó repentinamente i que alarmó a casi toda la ciudad.

«Acabo de hablar con don Eduardo Anchorris, dueño de la imprenta de la Independencia, en orden a la suscripción de esa biblioteca a los mejores periódicos. Hemos pactado que usted le remita los periódicos de Chile i los que buenamente logre de Lima, i que él le enviaría todos los que salgan de su imprenta, que da todos los ministeriales i políticos. Así manos a la obra desde este correo. La amistad de este señor nos hace cuenta. A mas de los dos Rejistros, va a salir otro periódico grave i de suficiente estensión intitulado Revista. Su objeto es formar i conciliar la opinión pública, esponiendo los motivos, conveniencias, necesidad, utilidad, sanas intenciones, etc., de las marchas i providencias ministeriales. Ha de salir aun otro semejante al Censor de París. Parece que será su objeto indicar miras útiles económicas, reprender excesos populares, notar abusos del poder, celar la conservación de los límites políticos.

«Por acá, mi amigo, se va pensando i trabajando mucho, i se duerme poco. I en verdad que hai mucho que hacer, i que nada se había hecho para la civilización.

«Repito a usted que es mui fácil hacer venir aquí cuantos libros se quieran de Francia, donde están mui baratos: igualmente de España, donde todo se está traduciendo; ya está traducido el admirable Jeremías Bentham. Todo es asequible por medio del diputado, quien ama i admira a usted; agradece mucho sus memorias; va a solicitar la lista mencionada de Rivadavia; í dice que dentro de seis meses hará venir cuantos libros se deseen. Escriba usted a este amable caballero, que es de excelentes disposiciones i nos ama.

«Un librero de Cádiz escribe a nuestro don Miguel Riesco que tiene un bello surtido de libros i papeles. Yo le he encargado la colección de tres periódicos: los mas célebres.

«La libertad de España está mas que firme, según las mejores noticias públicas i privadas. La facilidad con que se ha logrado el empréstito de quince millones de pesos por una empresa, es buena prueba entre otras. El plan de la empresa es admirable. Puede ser que pueda llevarlo a cabo. Yo me intereso mucho por la libertad del mundo entero. El Papa negó las bulas para dos diputados de cortes, electos obispos. Parece que el arzobispo de Toledo gozará pronto de la plenitud pontificia sancionada por el concilio cuarto de Toledo; éste dará las bulas, etc.

«Le incluyo esos papeles con encargo de guardarlos, porque son ajenos.

«vale».

((Buenos Aires, 1 de febrero de 1822. «Señor don Manuel Salas.

«Mi caro i dulce amigo: en el correo anterior escribí a usted mui largamente; pero él aun no había llegado, según veo por su apreciable de 20 de diciembre último. Nuestro común amigo Riglos cubrió la libranza al momento que la vio.

«Yo parto el 8 del corriente en compañía de los señores don Mariano Sarratea i Milo de la Roca.

«Dejo al señor Zañartu una larga lista de libros preciosos que hará venir de Europa para esa biblioteca, de que le incluyo una pequeña parte. Aquí se ha conocido por la práctica que la economía política i la estadística son tan necesarias para el gobierno i lejislatura, como las matemáticas para la física. Sin ellas, se gobierna a tientas.

«Por acá el gobierno va admirablemente. Están establecidos el banco particular de descuentos i la caja de amortización. La sala de representantes está acabada; etc.

«Rivadavia está ya sano i trabajando. Nuestro común amigo, el apreciable literato don Gregorio Funes, ha traducido e impreso por orden del gobierno El Ensayo sobre las garantías individuales. En él, se enseña qué haya de hacerse para que el gobierno no esclavice al pueblo; se establece la tolerancia; etc. Por aquí conocerá usted el espíritu de Rodríguez, que marcha a la inmortalidad como Carlos III. Buenos Aires ha de ser el centro de irradiación de la libertad, como lo fue de la independencia. Yo parto en correspondencia con los

«Segurola ha salido de la biblioteca i de todo mui mal por su vanidad i poco juício; no sé quién le sucederá; esto es una felicidad.

€El Bosquejo de la democracia es ya mui raro; lo han llevado a España i Brasil.

«La educación está en mui mal estado, aun abandonada, por falta de profesores.

«Han visto sus cartas los señores Zañartu, Saavedra, Ascuénega, etc. Escriba usted a Zañartu.

«Los trigos se han perdido enteramente por el singular desorden de la estación.

«El comercio de libros, cuando son importantes, está siendo el mas productivo. Pueden salir de balde i hacer un gran bien a la América; mas los comerciantes no saben siempre cuáles hayan de traer.

«Hasta la vista, mi buen amigo i señor.

«Besa su mano su afectísimo.

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