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y acabadas aquellas tornaba a lo mesmo, y las piezas todas, nuestro servicio y hijos con esto se mantenian, y carne no habia ninguna; y el cristiano que alcanzaba cincuenta granos de maiz cada dia, no se tenia en poco, y el que tenia un puño de trigo, no lo molia para sacar el salvado. Y desta suerte hemos vivido, y tuviéranse por mui contentos los soldados, si con esta pasadía los dejara estar en sus casas; pero conveníame tener a la contínua treinta o cuarenta de [a] caballo por el campo el invierno; y acabadas las mochilas que llevaban, venian aquellos, e iban otros. Y así andábamos como trasgos, y los indios nos llamaban Cupris, que así nombran a sus diablos, porque a todas las horas que nos venian a buscar, porque saben venir de noche a pelear, nos hallaban despiertos, armados, y si era menester a caballo. Y fué tan grande el cuidado que en esto tuve todo este tiempo, que con ser pocos nosotros, y ellos muchos, los traia alcanzados de cuenta, y para que V. M. sepa no hemos tomado truchas a bragas enjutas, como dicen.-Basta esta breve relacion. (1)

De las provincias del Perú escribió el capitan Alonso de Monroy a V. M., como llegó a ellas solo con uno de los soldados que de aquí sacó, y pobre, habiéndole muerto en el valle de Coroyapo los indios los cuatro compañeros, y preso a ellos, y les tomaron el oro y despachos que llevaban, que no salvó sino un poder para me obligar en dineros; y dende a tres meses que estuvieron presos, el capitan Monroy con un cuchillo que tomó a un cristiano de los de D. Diego de Almagro que estaba allí hecho indio, que este fué causa de la muerte de sus compañeros, y del daño que le vino, mató al cacique principal a puñaladas, y llevando por fuerza consigo a aquel transforınado cristiano, se escaparon en sendos caballos y sin armas; y como halló en ellas al gobernador Vaca de Castro, en nombre de V. M., con la victoria de la batalla que ganó en su cesárea ventura contra el hijo de D. Diego de Almagro y los que le seguian, y como le recibió mui bien y le favoreció con su autoridad.

Y porque el gobernador en aquella coyuntura tenia muchas ocupaciones, así en justificar a los culpados, poner en tranquilidad la tierra y naturales, satisfacer servicios, despachar capitanes que le pedian descubrimientos, y en dar a V. M. cuenta y razon de todo con mensajeros propios y duplicados despachos, y la caja de V. M. sin dineros, y él mui gastado y adeudado, buscó personas entre los vasallos de V. M., que sabia eran zelosos de su real servicio y tenian hacienda, para que me favoreciesen con ella en tal coyuntura, y me la fiasen. Halló uno, y un portugues, y diciéndoles lo que convenia al servicio de V. M. y sustentacion desta tierra, interponiendo en todo su autoridad mui de veras, y con tanta eficacia y voluntad, que me dijo mi teniente, conoció del dolerse en el ánima, y si tuviera dineros o en la coyuntura que estaba le fuera lícito pedirlos prestados, se los diera con toda liberalidad, para que hiciere la jente por servir a Dios y a V. M.

(1) Quizá está errada la puntuacion del final de este pasaje.

Y a las personas que favorecieron se llama la una Cristóbal de Escobar, que siempre se ha en aquellas partes empleado en el real servicio de V. M.; este socorrió con cinco mil castellanos, con que se hicieron setenta de [a]caballo. Y un reverendo padre sacerdote llamado Gonzaliañez, le prestó otros cinco mil castellanos en oro con que dió a la jente mas socorro; y ambos vinieron a esta tierra por mas servir a V. M. en persona. Y demas desto viendo el gobernador la necesidad que habia del presto despacho deste negocio entre los de mas importancia, avió a mi teniente primero, rogando a muchos jentiles hombres que tenian aderezo y querian ir a buscar de comer con otros capitanes, se viniesen con el mio, por el servicio que a V. M. se hacia, y a su intercesion vinieron muchos dellos, y así le despidió y dijo que viniese con aquel socorro, que él procuraria enviar otro navio cargado de lo que fuese menester a estas provincias, como diese algun vado a los negocios.

Viniendo el capitan Alonso de Monroy a la ciudad de Arequipa a comprar armas y cosas para la jente, diciendo a ciertas personas la necesidad que tenia de un navio, y como el gobernador Vaca de Castro habia enviado a llamar al maestre de uno para concertar con él viniese a estas partes, y no se atreviendo el maestre a eso, un vecino de allí, llamado Lúcas Martinez Vegazo, súbdito y vasallo de V. M. y mui zeloso de su real servicio, que tal fama tiene en aquellas partes, sabiendo el que a V. M. se hacia, y la voluntad del gobernador, por quererle bien, cargó un navio que tenia, de armas, herraje y otras mercaderías, quitándole de las granjerías de sus hacierdas, que no perdió poco en ellas, y vino, que habia cuatro meses que por falta dél no se celebraba el culto divino, ni oíamos misa, y me lo envió con un amigo suyo llamado Diego García de Villalon: y sabido por el gobernador, se lo envió mucho [a] agradecer y tener en gran servicio de parte de V. M.

Escribióme el gobernador Vaca de Castro entre otras muchas cosas, los ejércitos que el rei de Francia habia puesto contra V. M. por diversas partes, y la confederacion con el turco que fué su última depotencia, y que la provision de V. M. fué tal, que no solo le fué forzado retirarse, pero perder ciertas plazas en su reino. De creer es que temor de no perder el renombre de cristianismo, a no irle a la mano, no fuera parte para dejar de llegar a ejecucion su dañada voluntad.

Tambien me envió el pregon real de la guerra contra Francia, de que me holgué por estar avisado, aunque podemos vivir bien seguros en estas partes de franceses, porque mientras mas vinieren mas se perderán.

Tambien me escribió para que enviase los quintos a V. M. Por esta se verá lo que en esto se ha podido hacer, certificando a V. M. estimara como a la salvacion hallar en esta tierra doscientos o trescientos mil castellanos sobre ella para servir a V. M. con ellos, y socorrer a gastos tan crecidos, justos y santos; y confianza tengo en Dios y en la buena ventura de V. M. poderlo hacer algun dia.

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ti ya piloto y señor dul navio, y que le traja despues de Dios y Fur á se llama Juan Bautista de Pastene, ienores, hombre mu Jeuns, i altıra y cosas tocantes a lar?"20n, y uno de los que meTu E en este oficio de cuantos nave an esta mar del sur, persona DE ama boara, fidelidad y verdad, y que sirvió mucho a V. M. en las Jules del Perú, y al marques D. Francisco Pizarro, y despues de muren, eia recuperacion dellas debajo la comision del gobernador 2

E de Castro, el cual le mando de parte de V. M. viniese a estas provine me, ve ser hombre de confianza, y se emplearia en su real servicio, y

le conocia por tal; y se ofreció a venir por hacerle a V. M. tan señalado servicio demas de los hechos : con él me envió el gobernador las nuevas de Francia, y el pregon contra ella que tengo dicho.

Pasada la furia del invierno, mediado agosto, que comienza la primavera, fuí al puerto, y sabiendo la voluntad del capitan que era servir a V. M. en estas partes en lo que yo le mandase, y la persona que era, y lo que habia hecho en su real servicio, que ya yo lo sabia y le conocia del tiempo del marques, le hice mi teniente jeneral en la mar, y le envié a descubrir esta costa ácia el estrecho de Magallanes, dándole otro navio y mui buena jente, para que llevase en ambos, y a que me tomase posesion en nombre de V. M. de la tierra, y así fué. Lo que halló e hizo, verá V. M. por la fe que aquí va, y dello la da Juan de Cárdenas como escribano mayor del juzgado destas provincias, que en nombre de V. M. creé, que juntamente le envié por acompañado con él para lo que conviniese al servicio de V. M.

Tambien envié a mi maestre de campo Francisco de Villagra por tener práctica de las cosas de la guerra, y que ha servido mucho a V. M. en estas partes, para que a los indios destas provincias los echase ácia acá, y me tomase lengua de las de adelante; y desde entonces tengo a Francisco de Aguirre, mi capitan, desa parte del rio Mauli, en la provincia de Itata, con jente que tiene aquella frontera; y no da lugar que los indios de por acá pasen a la otra parte, y si los acojen los castiga; y estará allí hasta que yo vaya adelante; y viéndose tan seguidos, y que perseveramos en la tierra, y que han venido navios y jente, tienen quebradas las alas, y ya de cansados de andar por las nieves y montes como animales, determinan de servir; y el verano pasado comenzaron a hacer sus pueblos, y cada señor de cacique ha dado a sus indios simiente, así de maiz como de trigo, y han sembrado para simentera y sustentarse, y de hoi en adelante habrá en esta tierra gran abundancia de comida, porque se hacen en el año dos sementeras, que por abril y mayo se cojen los maices, y allí se siembra el trigo; y por diciembre se coje, y torna a sembrar el maiz.

Como esta tierra estaba tan mal infamada como he dicho, pasé mucho trabajo en hacer la jente que a ella truje, y toda la acaudillé a fuerza de brazos de soldados amigos que se quisieron venir en mi compañía aunque fuera a perderme como lo pensaron muchos, y por lo que hallé prestado para remediar a los que lo hobieron menester, que fueron hasta quince mil pesos en caballos, armas y ropa, pago mas de sesenta mil en oro, y el navio y jente de socorro que me trujo mi teniente. Debo por todo lo que se gastó ciento y diez mil pesos, y del postrero que vino, me adeudé en otros sesenta mil, y estan al presente en esta tierra doscientos hombres, que me cuesta carla uno mas de mil pesos puesto en ella; porque a otras tierras nuevas van por la buena fama a ellas los hombres, y desta huyen todos, por la mala en que la habian dejado los que no quisieron hacer en ella como tales: y así me ha convenido hasta el dia de hoi para la sustentar, comprar los que tengo a peso de oro, certificando a V. M. que no tengo de toda esta suma que he dicho accion contra nadie de un
solo peso para en descuento della, y todos los he gastado en beneficio de
la tierra y soldados que la han sustentado, por no podereeles dar aquí lo
que es justo y merecen, haciéndoles de todo suelta; y haré lo mesmo en
lo de adelante, que no deseo sino descubrir y poblar tierras a V. M., y
no otro interes, junto con la honra y mercedes que será servido de me
hacer por ello, para dejar memoria y fama de mí, y que la gané por la
guerra como un pobre soldado, sirviendo a un tan esclarecido monarca,
que poniendo su sacratísima persona cada hora en batallas contra el co-
mun enemigo de la cristiandad y sus aliados, ha sustentado con su invic-
tísimo brazo y sustenta la honra della y de nuestro Dios, que brantándo-
les siempre las soberbias que tienen, contra los que honran el nombre
dc Jesus.

Demas desto en lo que yo he entendido despues que en la tierra entré,
y los indios se me alzaron, para llevar adelante la intencion que tengo de
perpetuarla a V. M., es en haber sido gobernador en su real nombre pa-
ra gobernar sug vasallos, y a ella con autoridad, y capitan para los ani-
mar en la guerra, y ser el primero a los peligros, porque así convenia;
padre para los favorecer con lo que pude, y dolerme de sus trabajos ayu-
dándoselos a pasar como de hijos, y amigo en conversar con ellos; jeo-
métrico en trazar y poblar; alarife en hacer acequias y repartir aguas;
labrador y gañan en las sementeras; mayoral y rabadan en hacer criar
ganados; y en fin poblador, criador, sustentador, conquistador y descu-
bridor. Y por todo esto si merezco tener de V. M. el autoridad que en
Hu real nombre me ha dado su Cabildo y vasallos, y confirmármela de
nuevo para con ella hacerle mui mayores servicios, a su cesárea volun-
tad lo remito.

Y por lo que yo me persuado merecerla mejor, es por haberme con
el ayuda primeramente de Dios, sabido valer con doscientos españoles,
tan lejos de poblaciones de cristianos, habiendo sucedido en las del Perú
lo pasado, siendo tan abundantes de todo lo que desean los soldados po-
seer, teniéndolos aquí sujetos, trabajados, muertos de hambre y frio, con
las armas a cuestas, arando y sembrando por sus propias manos para la
sustentacion suya y de sus hijos: y con todo esto no me aborrecen, pero
me aman, porque comienzan a ver ha sido todo menester para poder vi-
vir y alcanzar de V. M. aquello que venimos a buscar.

Y con esto rabian por ir a entrar a su tierra adelante, para que pue-
da en su real nombre remunerarles sus servicios. Y por mirar yo lo que
al de V. M. conviene, me voi poco a poco; que aunque he tenido poca
jente si toviera la intencion que otros gobernadores, que es no parar
hasta topar oro para engordar, yo pudiera con ella haber ido a lo buscar
y me bastaba. Pero por convenir al servicio de V. M. y perpetuacion de
la tierra, voi con el pié de plomo poblándola y sustentándola. Y si Dios
es servido que yo haga este servicio a V. M. no será tarde; y donde no,
el que viniere despues de mí a lo ménos balle en buena órden la tierra,
porque mi interes no es comprar un palmo della en España, aunque to-

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