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PRÓLOGO DE LA SEGUNDA EDICIÓN

En estos últimos tiempos el Congreso de la Unión ha hecho una grande labor constituyente, reformando muchos artículos de la Carta Fundamental de la República, labor á la par interesante porque ha redundado en beneficio de la mejor práctica. de nuestras instituciones.

En espera de que concluyese esa gestión legislativa, ó al menos de que se suspenda por algunos años mientras no lo exija otra vez la evolución de nuestro sistema político, el autor de este libro había detenido hacer de él una segunda edición que ya era necesaria por haberse agotado la primera; mas cree que ha llegado ya la ocasión de publicarla, y como de otro lado el nuevo plan de estudios de 22 de Enero de 1902 separa del Derecho Constitucional el Administrativo, como un cuerpo distinto de doctrina, ha sido preciso rehacer hasta cierto punto este libro para acatar la disposición legislativa que norma en la actualidad los estudios de la profesión de abogado. No está fuera de lugar advertir que entre dichos estudios se exije el de la historia constitucional de México, materia que estaba ya considerada en la primera edición y que se conserva en la segunda.

El autor ha hecho en este nuevo libro las correcciones que le ha sugerido su larga práctica de profesor del ramo en la Escuela Nacional de Jurisprudencia, y para hacerlo manual ha condensado, hasta donde le ha sido posible, el texto primitivo.

Hoy, como antes, no se jacta el autor de haber acertado en la exposición de Nuestra Ley Suprema; pero hoy como antes ha trabajado con la decisión, con el entusiasmo, con la fe de quien desde su niñez ha amado las instituciones liberales, que fueron la ilusión de su juventud y son la creencia arraigada que lo acompañará hasta los postreros días de su vida.

ros

EDUARDO Ruiz.

ESTUDIO HISTORICO

DEL

DERECHO CONSTITUCIONAL MEXICANO

El desarrollo progresivo de una nación solamente puede conocerse por el estudio de sus acontecimientos políticos. Ca-da revolución es un esfuerzo hecho por los ciudadanos para conquistar algún principio ó para consolidar los ya adquiri. dos, y es evidente que la narración de tales sucesos forma el resumen del derecho público de la nación, siendo cada uno de aquellos acontecimientos on antecedente de su ley constitucional.

Para el propósito de este libro nos bastará examinar á grandes rasgos la historia de México y fijarnos en las fasesculminantes de su desenvolvimiento político á fin de ver cómo han influído decisivamente hasta llegar a nuestro actuali derecho público, basado en la Constitución de 1857 y en las reformas que se le han hecho.

a colonial.

· Las diversas paciones y tribus que ocupaban la tierra con.quistada por Hernán Cortés, conocida luego con el nombre de «Nueva España, se sometieron con más o menos facilidad al poder de los españoles, no sólo por el genio valeroso y astuto, do aquel afortunado capitán, ni porque éste supiese aprove. charse del odio y de la envidia que, contra el imperio de los aztecas germinaban en los pueblos que lo estaban a vasallados ó que lo eran sus rivales, sino principalmente, porque some. tidos al pago despótico de sus reyes ó caciques, no tenían la conciencia de los derechos del hombre; y habituados á po. lear á impulso de una ciega obediencia, no ardía en su pecho el fuego santo del potriotismo. Cuando vieron que sus jefes, á la llegada de los invasores, anulaban por sí mismos el juramento de fidelidad prestado á los emperadores de México, no debe parecer extraño que soltasen de sus manos las armas y se prosternasen sumisos ante hombres que les parecían séres sobrenaturales. Para honra de nuestra historia no faltaron ejemplos de heroicidad y patriotismo.

Nada ganaron, sin embargo, los habitantes de esta parte de la América con el cambio de dominación; porque si el go• bierno de los Moctezumas era tiránico, despótico fué tam. bién el de los monarcas de Castilla. «Las Cortes españolas, si alguna vez existían con fueros en favor del pueblo, como en Aragón, Valencia y Cataluña, bastaba que los decretos y órdenes del rey pasasen por un consejo especial nombrado por él mismo para que tuviesen fuerza de leyes, como si fuesen publicadas en cortes, con cuya frase se suplía la falta de éstas; pues aunque aquellos cuerpos estuviesen revestidos de facul. tades, su autoridad la derivaban enteramente de la del monar.ca, en cuyo nombre ejercían todos sus actos y que era el origen y principio de todo poder.

«Obelecer y callar era el deber del vasallo, dijo el virrey Marqués de Croix en el bando en que hizo saber la extinción de los jesuitas, prohibiendo que ni aun se hablase de las causas que la motivaron, que quedaban reservadas eu la Real conciencia.

«Y aunque se ha hablado mucho de la alta protección con que las leyes de Indias favorecían á los naturales de este país; la verdad es que el Consejo de Indias, establecido en benefi. cio de aquellos, no hacía otra cosa que centralizar en un punto más allá del Océano, el poder de administración que debiera estar en contacto con los indios. Todavía más, si se conser

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