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que la emplean; pues ninguno de ellos concede el derecho del sufrajio á los impúberes i muchos lo niegan al sexo femenino, es decir, á la mitad del jénero humano. Es nuestra opinion que las mujeres de cierta edad imedios de subsistencia pueden usar de aquel derecho con más acierto que muchos hombres crasamente ignorantes i brutalmente viciosos que hoi lo gozan por doquiera. Así se ven en Inglaterra en las elecciones municipales i para juntas de instruccion primaria elecciones á que concurren provechosamente las mujeres que tienen ciertos requistos. La condicion de ser humano adulto es"suficiente por sí sola para obtener el objeto que se propone al sistema electoral, i á fe que muchos hombres mayores de edad, pero ignorantes aún del abecedario, carecen de todo discernimiento al emitir su voto en los comicios. Escritores mui recomendables piensan que el simple conocimiento de las primeras letras no da ninguna superioridad mental sobre los individuos que de él carecen. Entre esos escritores citaremos un malogrado publicista colombiano, por cuyas opiniones tuvimos el mayor respeto i que en cierto opúsculo se espresó de este modo; «Se cree que porque un hombre sabe leer i escribir es ya un ciudadano independiente, incorruptible Error craso Los manejos, las influencias i las artes, en tiempos de elecciones, pueden ejercitarse hasta sobre personas orladas con grados académicos. Triste suerte la de un país, si hubiera de depender de los que supiesen decorar i trazar algunos caractéres. No sé ciertamente cuál reinado seria peor, si el de la plata ó el de la cartilla i los palotes. Lo que si sé es que sólo hai un reinado bueno, lejítimo, duradero; el del pueblo. » (1) No es tanto moralidad ó independencia lo que se espera del sufragante que sabe leer i escribir, sino posibilidad de instruirse sobre las cuestiones comprendidas en el voto que ha de emitir. En cuanto á independencia, si algo puede asegurarla es la posicion de medios propios de subsistencia i mejor aún de abundancia. Pero no se trata de eso al requerir el conocimiento de las

(1) Cerbeleon Pinzon. Junco sobre la Constitucion de Rionegro, páj. 4

primeras letras. En la imposibilidad de trazar límites á las luces que deberia tener un sufragante para votar concienzudamente, parece oportuno exijir aquella condicion mental sin la que esas luces habrian de ser casi nugatorias. En una eleccion á dos grados ó para destinos municipales un sufragante rústico puede tal cual dar un voto por personas que le son conocidas, consultando, sin embargo, sus simpatías más bien que otro dato alguno. Pero en eleccion directa para la lejislatura ó la presidencia nacional, i peor todavía para funcionarios judiciales cuando se incurre en el error de hacerlos electivos, el sufragante que ignora aun el abecedario no tiene más criterio que el de las personas con quien se halla más ó ménos relacionado, i no tanto por corrupcion como por indiferencia resultante de su desconocimiento de los candidatos se hallará dispuesto á entregar su voto á quien con instantancia se lo pida. No así los sufragantes que saben leer. Si tienen tiempo para ello, rara vez dejan de aficionarse á recorrer, aunque sea trabajosamente, las columnas de los periódicos, lo que les pone en aptitud de formar algun juicio, propio sobre las cuestiones del dia i sobre los candidatos llamados á resolverlas. Tratándose del voto secreto i por consiguiente escrito, saber leer i escribir aunque con imperfeccion, es no diremos útil, sino indispensable sopena de convertir todo el asunto en la mas ridícula farsa. Ni se diga que en el hecho, i sepan ó no leer i escribir los sufragantes, siempre tienen parcialidad por cierto partido ó por ciertos hombres i de poco ó nada sirven las discusiones de la prensa. Esta observacion bastante exacta en el fondo, seria aplicable aun á hombres de grande ilustracioni eminente posicion social: ital vez tiene mayor fuerza respecto de tales personas que de ordinario traducen por lealtad á un partido ó á una doctrina lo que no es sino orgullosa obstinacion, anatismo político, interes abierto ó disfrazado, i por consiguiente en sustancia verdadera debilidad á sus pasiones. Llevándonos, pues, demasiado léjos la objecion, pierde por el hecho mismo la especialidad, sin la que toda objecion queda reducida á poquísima cosa.

4.o Piérdese la ciudadanía en el Paraguai por quiebra fraudelenta, i por admitir empleos, funciones, distinciones ó pensiones de un gobierno estranjero sin especial permiso del congreso (artículo 40). Si se tiene presente que la ciudadanía consiste en la condicion de nacional, se comprenderá la segunda parte del artículo, aunque no aprobamos la doctrina en esos terminos jenerales, como lo hemos espuesto en otros estudios. Pero no se comprenderá del mismo modo la primera parte. ¿Qué razon hai para privar de la nacionalidad al fallido fraudulento más bien que al falsificador de moneda, al homicida ó al incendiario? Para la quiebra culpable la pena mas adecuada es, además de cualquiera otra de naturaleza corporal, la privacion de ejercer el comercio por cierto tiempo. Otras constituciones declaran suspensos en el quebrado los derechos de ciudadanía política, ó sea de elejir i ser elejido. Mas no vemos tampoco analojía entre el delito i la pena ni provecho especial ninguno en aquella suspension. Como castigo de rebeliones sí es análoga i utilísima la privacion ó larga suspension de los derechos políticos; puesto que los rebeldes aspiran al poder público sobreponiéndose á las leyes; i ninguna sancion más eficaz que el de negárselo áun por las vias legales

PoDER LEuisLATIvo. 1." Composicion. Se ejerce por un congreso constante de dos cámaras; pero no hay otra diferencia entre ellas que la de ser el número de senadores igual á la mitad del de diputados, i que en éstos se requieren veinticinco años de edad, miéntras que los otros deben haber cumplido veintiocho. Este defecto, que no es por cierto especial á la constitucion paraguaya, indica que sólo se ha procurado en la dualidad precaver la precipitacion de las resoluciones. Pero otro objeto no ménos importante se ha pasado por alto, que es dar representacion en la asamblea lejislativa á los intereses más conspícuos de la sociedad. Lo que se llama la cámara alta, que es un verdadero cuerpo oligárquico, debe representar especialmente la riqueza i las luces del país, para contrapesar el número i las influencias jenerales, representadas en la cámara popular. En vano se declamaria contra estas diferencias i en favor de una igualdad que hoi no existe. La democracia será probablemente, pero no ántes de largos años, el elemento cardinal de la sociedad; i entre tanto, los demás elementos históricos i reales necesitan ser representados en el cuerpo lejislativo, sopena de que se subleven contra el elemento popular, ó lo defrauden por corrupcion. Cuando una sociedad sea esencialmente democrática, no sólo bajo el aspecto político, sino tambien bajo el económico i el sapiente, la division de la lejislatura carecerá de su principal fundamento, que es la existencia i el poderío de los elementos oligárquicos. El Paraguai se halla mas distante de esa época que otras de las repúblicas hermanas del continente; i no estará fielmente representado en su lejislatura, si el senado no reune de preferencia lo que haya de más notable en el país por sus talentos, luces, riquezas i servicios. En el art. 46 debe haber un error caligráfico, si es que comprendemos su espíritu. Cuando un ciudadano es elejido diputado por mas de un departamento, debe escojer la diputacion del más distante de la capital, segun se halla concebido en la disposicion constitucional. Pero como el objeto, allí mismo espresado es evitar toda demora ó retardo en la comparecencia del nombrado, imajinamos que deberia decirse ménos, i no más distante de la capital. Porque sólo así se ganaria en adelanto de comparecencia, dada la falta de suplentes, á que no provee la constitucion, pues si los hubiera, desapareceria la razon espuesta como fundamento del principio. Aunque por los arts. 68 i 69 están escluidos de las cámaras los ministros ó secretarios de Estado i los demás empleados á sueldo de la nacion, miéntras conservan sus destinos, quédanos la duda de si podrán ser elejidos senadores ó diputados, i optar entre la aceptacion renunciando á su anterior empleo, i conservar éste, escusándose de admitir la eleccion. Tal cual se hallan concebidos los artículos citados, parece que la eleccion no es nula, i que se puede aceptar, renunciando el empleo; mas esto no es justificable, tratándose de los ministros, cuya influencia les permitirá hacerse elejir si lo desean. Otro tanto decimos de

los funcionarios judiciales i militares, aunque no de los subalternos administrativos, que no gozan de la misma influencia ó poder perturbador de la voluntad popular. 2." Calificacion eleccionaria. «Cada cámara es juez esclusivo de las elecciones, derechos i títulos de sus miembros, en cuanto á su validez, etc.» Esta disposicion del art. 60 se encuentra en todas las constituciones americanas, aunque concebida de varios modos i teniendo diverso alcance. En el Paraguai (artículo 85), lo mismo que en Chile, el Perú, etc., las cámaras examinan, juzgan i deciden sobre la eleccion de cada uno de sus miembros, ya por sí mismas, ya por medio de comisiones, reuniéndose al efecto en sesiones llamadas preparatorias, ántes del dia señalado para la instalacion de la lejislatura. No así en Colombia, Venezuela i otras repúblicas, donde las cámaras sólo ejercen esta funcion cuando se reclama contra alguna eleccion determinada, i aún esto mismo no puede hacerse en ocasiones, sino cuando se presentan en la cámara miembros supernumerarios. No nos detendremos en comparar los dos sistemas, que tienen ventajas é inconvenientes relativos; porque ámbos coinciden en un punto, que los hace perniciosos en supremo grado. Ambos constituyen un tribunal ad hoc, ex post facto i esencialmente parcial en el juicio que se les encarga. Irresponsable i apasionada, la cámara ó la comision que examina un rejistro electoral no es competente para hallar, si es que la busca, la verdad ante la lei. Desde luego su falo es el juicio i la voluntad de la mayoría, interesada en conservar i aún en aumentar su pujanza; i bien puede concebirse si estará dispuesta á escluir sus propios miembros ó á recibir los contrarios, sobre cuya eleccion tiene que decidir. Es posible que proceda justicieramente cuando eso no altere de un modo sustancial su composicion; pero es justamente entónces cuando hai ménos propension á controvertir las elecciones. El interes i el deseo de hacerlo no aparecen de ordinario, sino cuando, atendida la reclamacion, la mayoría habria de perder ó la minoría de ganar en el número de sus res

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