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OBSERVACIONES JENERALES

De todas las rejiones sud-americanas que hoi forman estados independientes, Bolivia es quizá la que conserva mayor número de habitantes indijenas en proporcion á las otras razas. La africana allí es nula, i en cuanto á la europea ó española, puede estimarse en un décimo de la poblacion total. Esta preponderancia de los naturales, si bien andando el tiempo facilitará la unificacion i homojeneidad de la poblacion boliviana, ha sido causa de su atraso político é industrial, pues que los nueve décimos han permanecido en la misma condicion ignorante i abyecta en que los comiquistadores encontraron á los aimaráes i quechuas.

¿Por qué, una vez hecha la independencia i constituida la república, no han propendido sus corifeos á la civilizacion de la raza indíjena, tan menospreciada por los españoles? ¿Por qué en Bolivia, como en el Perú i el Ecuador, los actuales indíjenas, ciudadanos de la república, son tratados por los blancos i por los mestizos con el mismo vilipendio que lo hicieran los españoles durante el coloniaje? Porque la independencia no fué obra de las masas, sino de las primeras capas sociales en provecho personal suyo. Porque los hombres pudientes é ilustrados, á quienes la madre patria oprimia, eran á su turno i se han conservado opresores de la raza indíjena. Lo que no debe estrañarse, puesto quedescendian inmediatamente de aquellos conquistadores, que con tanta crueldad i espíritu rapaz habian tratado á los mansos dueños de la tierra que se apropiaron.

No, la raza indijena del antiguo Tahuantisuyu no llegará á civilizarse ni á elevarse á la dignidad del ciudadano, que hoi mentirosamente le reconocen las constituciones republicanas de los países en que se ha dividido, sino cuando los conductores de esos pueblos se civilicen ellos mismos por el triunfo de las nociones que han de venir con la independencia de España, con el trato de las naciones más adelantadas, con el curso del tiempo i la influencia natural de un suelo vírjen, fecundo i espacioso. Un simple cambio político, que en el fondo no era para las masas sino cambio de dominadores, no podia mejorar de pronto su condicion, ni prepararlas para unas instituciones que en realidad lo eran dictadas sino para aquéllos que las fabricaban. No pudiendo, sin embargo, proclamar otro réjimen que el democrático, lo pregonaron en sus leyes escritas, dejando subsistir el estado social que se le oponia, i que no han procurado adaptar por la educacion á las únicas instituciones posibles en América. Léjos de eso, imbuidos de las ideas que trajeron los peninsulares, han fomentado los estudios clásicos i profesionales, con preferencia á la instruccion primaria que hace ciudadanos, i á la industrial que forma obreros pacíficos, mantenedores del órden. Esta mala direccion de la instruccion pública, al paso que propaga conocimientos inútiles cuando no perjudiciales, aumenta la distancia entre las clases superiores i las inferiores, prolongando el imperio de la oligarquía i retrasando en proporcion el advenimiento de la democracia. Semejante propension, mui jeneral en todas las posesiones españolas, era i es más pronunciada en aquellas ciudades populosas situadas en el interior del continente, que careciendo de movimiento industrial, empleaban su actividad en el cultivo del espíritu de acuerdo con las ideas tradicionales etnográficas i relijiosas. Tal sucedia en Córdoba, Chuquisaca, Quito, Santafe de Bogotá, Guatemala, etc., donde los estudios sicolójicos, teolójicos, jurídicos i médicos han hecho el encanto de la juventud, i aun son fomentados como medio de civilizacion, con marcada preferencia sobre aquéllos, más humildes pero más útiles, de que podria aprovechar la gran masa de los ciudadanos. I no es sólo el mantenimiento de la oligarquía social i política lo que nos mueve á condenar tan viciosa direccion impresa á la

instruccion pública. Ella es tambien causa poderosa, aunque indirecta, de las frecuentes convulsiones que atormentan á los estados hispano-americanos, creando una clase numerosa cuya educacion no le da los medios de subsistir, i cuya actividad intelectual, ejercitada en las abstracciones, la lleva como por la mano á las luchas de la prensa primero, de la espada despues. Si las apropiaciones fiscales que se hacen para formar filósofos sutiles, teólogos casuistas, abogados trapaceros i médicos empíricos, se destinasen á propagar nociones industriales i á franquear las vias de comunicacion, la riqueza, la paz, el erario i el bienestar jeneral ganarian todo lo que hoi aprovechan la guerra civil, la pobreza pública i privada, la despoblacioni el descrédito, que son los gajes de nuestra errada política española. Miéntras no se empleen medios eficaces de educacion popular

que haga verdaderos ciudadanos, conocedores i defensores de su

derecho, subsistirá esa enorme distancia que hai de presente entre las últimas i las primeras capas sociales de Bolivia i demás partes que compusieron el vasto imperio de los incas; subsistirá la oligarquía literaria i económica que hace un ludibrio de la democracia sud-americana, i se prolongará el reinado de esa otra oligarquía aún más terrible, que ha sido la gangrena de casi todas estas repúblicas, el militarismo. Bolivia, como el Perú, ha sido víctima de los ejércitos permanentes i de los jefes militares. Sus gobiernos han sido por lo comun estados mayores de ejército en campaña, encabezados desde luego por un jeneral, que habia derrotado á su predecesor, i cuyo único título al mando era el mismo que tiene á la propiedad de una cosa el que la arranca de otras manos. Esta espoliacion, sin embargo, no lo era respecto de los antiguos poseedores, sino del dueño primitivo, el pueblo, sobre quien se ha dominado abusando de su timidez i su ignorancia, ósea, su exajerada veneracion. Sobre este sentimiento, que moderado es la garantía del orden, i escesivo es la base del despotismo, se ha sustentado el caudillaje de Bolivia, que data verdaderamente de los primeros años de su existencia. La guerra de emancipacion se hizo, tanto por los españoles como por los patriotas, forzando á la masa de los indíjenas á combatir por una causa que no comprendian; í así es que pasaban de unas á otras huestes, ya como reclutados, ya como prisioneros, sin aumento ni disminucion de su celo, que no era sino el temor de faltar á la disciplina. Cierto es que en todas las colonias españolas fué al principio indiferente, cuando no hostil, á la causa de la independencia, la masa inferior de la poblaciones. Pero en algunas de ellas, como Nueva Granada, Venezuela i Chile, las peripecias de la guerra dieron ocasion á que los españoles desplegasen toda su esquisita crueldad, no tan solo respecto de los principales patriotas, sino lo que era aún más impolítico, sobre el proletario mismo, que por este medio llegó á vislumbrar de qué lado tenia ménos que temer, i por ello tomó decididamente partido con los patriotas. No sucedió así en el Alto i Bajo Perú, donde la guerra se hizo comparativamente de un modo conforme á las prácticas de la civilizacion, debido en parte al carácter personal de los jefes es. pañoles, i en parte á que la contienda tocaba á su fin, i no podia ocultárseles la inutilidad i el peligro de bárbaras venganzas. Por consiguiente, la base de los ejércitos, que siempre era en su mayor parte la poblacion indijena, no tuvo motivos, perceptibles á su escasa intelijencia, para preferir la una á la otra de las causas que lidiaban. I mas tarde, en la época independiente, ha continuado con igual indiferencia sirviendo de escabel á todos los ambiciosos jenerales, que aspiraban al mando supremo, i en cuya omnipotente voluntad se resumia toda la organizacion más ó ménos complicada que se apellidaba gobierno. Bien se ve por aquí cuán débil base ofrecia la condicion social de Bolivia para constituir un gobierno republicano, democrático i representativo por la eleccion. Era, sin embargo, la tendencia jeneral de Hispano-América, i el único camino para llegar más ó ménos temprano á la preparacion de las masas. Consultar su presente condicion, sin agravarla ó perpetuarla por instituciones demasiado conservadoras, era el doble problema encomendado á la solucion de los estadistas bolivianos. Desgraciadamente, á la natural dificultad de semejante problema vino á agregarse el predominio militar, que lo resolvia de un modo propio suyo, la dictadura: sistema precario, en que todo pende del carácter personal del caudillo apoderado del mando. Bajo el amparo de estos jefes, que por medio de sus soldados gobernaban despóticamente la tierra, los hombres públicos de Bolivia han logrado presentar al mundo constituciones escritas, que casi no han hecho sino dorar ó disfrazar la dictadura de los caudillos militares, verdaderos detentadores del poder público. Los unos miraban en tales instrumentos cierta valla puesta al despotismo, á modo de fantasma evocado para intimidar á los gobernantes con una opinion pública débil, pero no muerta. Los otros aceptaban la regla, no tanto para seguirla, como para tener en ella título que garantizase la posesion del mando. Una de tantas constituciones es la de 1871, que vamos á comentar. En su estructura jeneral, i aun literalmente en muchos de sus artículos, se asemeja á la espedida diez años ántes, como la de 1868 se asemejaba á la de 1861. Pudiera decirse que cada par lo es respectivamente de hermanas jemelas; lo que deja percibir que tras los caudillos presidentes, algunos de los cuales mo habrian podido entender la diferencia entre dos cualesquiera de las constituciones bolivianas, se ocultan dos escuelas de repúblicos, cuyos sistemas políticos alternan, preponderando, ya en uno, ya en otro, de los instrumentos sancionados. Asimilase, como dijimos, al de 1861 el que va á ocuparnos; pero difiere levemente en algunas cláusulas. Apártase muchísimo ésta del tenor comun de las constituciones hispano-americanas, i seria inadecuada aun para sociedades más avanzadas que Bolivia. Colocando el poder lejislativo en una sola asamblea elejida por el sufrajio directo de los ciudadanos, se hallaria formulada segun la teoría de la escuela ultra-democrática francesa, si al propio tiempo dejara al sufrajio toda la estension que esa escuela le atribuye, i además hiciera derivar el poder ejecutivo de la misma asamblea como su ajente inmediato. Léjos de esto, da al presi

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