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dente ó encargado del poder ejecutivo igual procedencia que á la asamblea, creando así una entidad poderosísima i rival, que acabará por sobreponerse á aquella corporacion aislada é indefensa. Prescindiendo de sus defectos sustanciales, que aparecerán más claramente en el capítulo que sigue, adolece de viciosa redaccion en muchas partes. Quizás todo considerado, nos decidiríamos preferentemente por la de 1868, con leves modificaciones i complementada en lo relativo á ciudadanía, miembros del congreso i municipalidades, indiscretamente abandonado á la lei. ¿Cuánto tiempo durará en vigor la que ahora estudiamos? Lo que dure la paciencia del jeneral más deseoso de trepar al poder. Como quiera, la hemos insertado, con las interpretaciones i esplicaciones que ha recibido hasta 1874, á riesgo de verla suprimida ántes de presentarla á nuestros lectores.

OBSERVACIONES PARTICULARES

Relijion. El estado reconoce i sostiene la relijion católica, apostólica, romana, dice la primera parte del art. 2.o. Entendemos un poco lo que quiere significarse por sostener la relijion católica; pues se trata, bien de la proteccion que le dispensa el gobierno, bien de las contribuciones ó de los gastos públicos autorizados para costear su culto. Pero qué ha querido espresarse por reconocer la relijion, no lo entendemos absolutamente. Mucho más clara es la segunda parte del artículo, pues prohibe el ejercicio de todo culto distinto del católico, escepto en las colonias que se formaren en lo sucesivo. Alúdese probablemente á colonias posibles de estranjeros sobre los grandes rios navegables de Bolivia, i que acaso ni se inicien siquiera en algunas jeneraciones. -

Por lo visto aquella república se quedará atras aun de España en punto á tolerancia relijiosa, establecida allí desde que cayó Isabel lI, i conservada mal ó bien en la novísima constitucion de 1876 (art. 11). Inútil es discurrir sobre esta materia, en que las masas ignorantes i fanáticas, azuzadas por un clero miope, que teme la competencia de otros cultos, toman siempre activa parte, contrariando las buenas disposiciones de los hombres ilustrados, á quienes su mismo voto lleva á las curules del cuerpo lejislativo. Inútil aún más, si la ignorancia i el fanatismo cunden entre los mismos lejisladores; pues entónces toda esperanza debe relegarse á tiempos futuros de ilustracion i de benevolencia. ¿Para qué demostrar que la tolerancia relijiosa tiene su mejor apoyo en la doctrina i la conducta del fundador del cristianismo? ¿Para qué presentar como prueba de sus buenos resultados prác

ticos el brillo i la pureza de ese mismo catolicismo que Bolivia invoca, en los países donde tiene ante sí numerosas sectas contrarias que espian á sus ministros isus afiliados? ¿Para qué contrastar con el catolicismo de Francia, Bélgica, Inglaterra i los Estados Unidos, donde tiene rivales con quienes competir, el catolicismo de España, Portugal, Italia i la América latina, donde su misma posesion esclusiva de los espíritus conduce á la corrupcion? En cuestiones en que se mezcla el sentimiento, la pasion, de nada sirven las demostraciones. Quede al tiempo la tarea de esparcir la luz, i con ella la fraternidad, bases necesarias de la tolerancia. Aquí, como en todo lo grave, tiene de hacerse el camino por insensible graduacion. Al autorizar la libertad de cultos en las colonias, la constitucion boliviana ha dado un primer paso, que consiste en familiarizar los espíritus anublados con la posibilidad de prácticas que ayer desechaban como abominables en toda circunstancia. Mañana quizás se permita el ejercicio público de los cultos cristianos, en edificios modestos sin forma esterior de templo; i diez años más tarde quede suprimida aun esa condicion, recibiendo esta reforma los aplausos de todos los hombres ilustrados. Así se procedió en Nueva Granada, hoi Estados Unidos de Colombia. La primera concesion arrancada al fanatismo se deslizó en un tratado público, que permitió á ministros estranjeros rjercer su culto en capillas destinadas al efecto; más tarde se estendió el permiso á las ceremonías relijiosas en los cementerios no católicos; despues se proclamó la libertad de cultos, manteniéndose la proteccion al catolicismo; i últimamente se decretó la absoluta independencia entre sí de los asuntos civiles i relijiosos, i la garantía de toda creencia i de todo culto sobre la base de completa igualdad. Acaso se saltó una etapa en la evolucion, i hoi se recojen los amargos frutos de una libertad prematura. Festina lente es un principio tan aplicable á la vida social como á la privada. DERECHos 1 GARANTíAs. — Algunos de los espresados en la seccion 2." deben ser definidos por la lei segun los artículos respec.

tivos, i como definir es establecer, la lei en definitiva será quien los haga reales ó los anule, no obstante la precaucion, á nuestro juicio ineficaz, tomada por el art. 52. Comprendemos entre ellos el derecho de entrar i permanecer en el territorio, ó salir de él, que confiere el art. 4.", sin otras restricciones que las establecidas por el derecho internacional. El universal ó comun á todos los pueblos, nada ha dicho, como debiera, sobre este punto importante; pues deja á la lejislacion de cada país el limitar como á bien tenga la admision de los estranjeros. Es el derecho internacional doméstico el que, á lo ménos teóricamente, determina las condiciones con que se da entrada al estranjero; i como ese derecho no es sino la lei, es á ella á quien se refiere virtualmente el citado art. 4.o. En jeneral los derechos civiles espresados en la seccion 2." se hallan mejor concebidos que en las precedentes constituciones, i es poco lo que sobre ellos tenemos que observar. Si fuesen tan positivos en la práctica como aparecen sobre el papel, Bolivia podria jactarse de ser un país libre. No estarán por demás, sin embargo, algunas reflexiones sobre uno que otro de esos derechos. 1." Libertad de imprenta. Tomado literalmente el art. 12 de la constitucion anterior, hubiérase dicho que la estableció casi tan absoluta como en los Estados Unidos de Colombia, puesto que no exijió otra condicion que la de firmar los escritos. No era ése probablemente el sentido: pero en todo caso la nueva constitucion (art. 2.o) da lisa i llanamente el derecho de publicar los pensamientos sin previa censura. Aunque nada más dice, no puede dudarse que los escritores son responsables del abuso de la prensa, i que se les juzga por jurados, segun se advierte del inciso 14, art.89. Es lo que ordinariamente se observa en los países que se reputan más avanzados; i aun en algunos, como Francia, los tales abusos se corrijen por tribunales de policía, sumisos al gobierno. A nuestro modo de ver, el abuso está en hacer materia de juicio lo que no puede serlo por la naturaleza de las cosas. Tratándose de ataques al gobierno, la represion es carta blanca para la arbitrariedad, i un poderoso estímulo para las conspiraciones, que no son temibles sino cuando no trascienden por la prensa. Sobre la inmoralidad ó la irrelijiosidad de los escritos qué campo para la preocupacion, el capricho, la hipocresía, las miras individuales ó de secta! Respecto de la vida privada, i en tanto que la prensa denuncie lo que la sociedad no tiene interes en conocer, todos se hallan interesados en condenarlo, i la reprobacion universal es un medio más eficaz de represion que las controversias judiciales. La libertad absoluta de la prensa, ó sea, su irresponsabilidad ante la lei es tanto más necesaria, cuanto no es posible coartar el abuso sin limitar el buen uso. El jurado mismo no inspira confianza de que sólo las publicaciones realmente nocivas sean proscritas. No hai ni puede haber regla de criterio para calificar los escritos; i aún procediendo de buena fe, el jurado puede estraviarse por la pasion ó por las preocupaciones de la actualidad. Como las graduaciones i las formas del pensamiento son infinitas, la lei se abstiene de entrar en definiciones de los abusos que abstractamente señala. Deja esa incumbencia al tribunal, que por lo mismo se convierte en lejislador exc post facto, ó sea, que empieza por dar la lei sobre un hecho sucedido, para aplicarla inmediatamente como juez. Este procedimiento abre un campo ilimitado á la arbitrariedad, al capricho i al sentimiento de jueces irresponsables, i esplica las constantes i multiplicadas anomalías con que se distinguen los juicios de imprenta. Casi todos los gobiernos temen la libre espresion del pensamiento por la imprenta; pero en realidad ella es una garantía para los mismos á quienes espanta. Al paso que desempeña los oficios de válvula de seguridad, dando espansion i solaz al ánimo sobrecargado de peligrosa pasion, ilustra á los gobiernos sobre el estado de la opinion pública, i les muestra el lado vulnerable de la política que siguen. Poquísimos gobiernos habrá, si es que hai alguno, que no procedan de buena fe, por más tiránicos que se les represente. I siendo eso así, ¿qué más pueden apetecer sino orientarse en las necesidades, en los deseos i hasta en los capri

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