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Justamente á la sazon, llegó una noticia que no podia menos de decidir la cuestion, en atencion á que suscitaba grandes debates entre los dos partidos. Carrasco, como lo hemos dicho ya, habia sido denunciado en Cádiz como un hombre sin enerjía, sin talento y totalmente incapaz de resistir á las ideas turbulentas del siglo. Uno de los primeros cuidados de la Rejencia gobernadora fué llamarlo á España remplazándolo por el jeneral don Francisco Xavier Elio, militar de nervio y de resolucion, y, por consiguiente, dispuesto á cortar, á toda costa, los vuelos á los enemigos de la monarquía. Su viaje por Buenos-Aires daba lugar á los patriotas para operar la revolucion, pero al mismo tiempo los obligaba á anticipar su plazo, y se aprovecharon de la ajitacion que reinaba, despues de algunos dias, en diferentes barrios de la ciudad, para dar á entender al presidente cuan inoportuno y peligroso seria el desistirse del poder en favor de un estraño que no ofrecia garantía alguna á la tranquilidad del país. Y, luego, lisonjeando su vanidad y orgullo, le aconsejaban hiciese avortar todos aquellos fatales proyectos, y proclamase la instalacion de una junta gobernadora, cuyo presidente perpetuo seria ól mismo, de derecho.

Estas insinuaciones, hechas con reserva en momento oportuno, se manifestaron al público el dia 12 de setiembre, dia en que los desórdenes, que iban creciendo, exijieron una reunion de las primeras corporaciones en casa del presidente. En presencia de la Real Audiencia, y de los comandantes militares, no dudó el alcalde don Agustin Eizaguirre asentar que ya habia llegado el momento de seguir el ejemplo de España, nombrando una junta capaz de adoptar medidas enérjicas para rechazar toda invasion, en caso de ataque, á fin de conservar el país á su amado Fernando VII. Probó, en seguida, que el derecho de propia conservacion era el mas justo, y aun tambien un deber el mas solenne que tuviesen que llenar; y, en este particular, el alcalde estaba apoyado, con vivo teson, por todos los demas miembros del cabildo, principalmente por don Fernando Errazuris, el cual añadió que escluyendo aquel sistema de gobierno, de hecho, al brigadier Elio de la presidencia, como tambien a su asesor don Antonio Garfias, era un deber para ellos el escribirles áMontevideo para ahorrarles la fatiga de un largo é inútil viaje.

Esta proposicion fué aceptada, sin dificultad, por el conde de la Conquista; pero su indecision no le permitió resistirá las respuestas diestras del rejente, el cual trató de probar que por la misma razon de haber jurado obediencia y fidelidad al supremo consejo de rejencia no tenia especie alguna de derecho para alterar sus decretos , y, por consiguiente, no podía negarse á recibir la persona que habia sido nombrada para ir á dirijír los asuntos, tan delicados como enredados, de aquella capitanía jeneral; y que, en cuanto á la constitucion del país, la responsabilidad que habia tomado de conservarla en toda su integridad era tanto mas grave, cuanto la habia jurado delante de Dios sobre los santos evanjelios. En seguida, el rejente pasó á probarle que el público tenia mucha mas aprension de las vanas y quiméricas especulaciones de los patriotas, que de una invasion eneraiga , á la sazon, sobretodo, que la reina de los mares, la Inglaterra, combatía en favor de la madre patria; y que, para tranquilizarlo completamente, bastaría publicar un bando anunciando la firme resolucion de no ha

cer mudanza alguna que pudiese causar el menor perjuicio á los intereses del rey, y dejando entrar, sin oposicion, al valiente y sabio jeneral que España les enviaba para su bienestar y reposo (1).

Los principios de derecho, de justicia y de relijion en que el rejente se apoyaba, y los hábiles comentarios con que los oidores corroboraban sus razones, pusieron al gobernador en un nuevo conflicto de dudas y temores, y lo echaron otra vez á la banda de la real audiencia, pues aceptó la publicacion del bando que le proponian, y que el oidor Concha se encargó de estender aquella misma noche.

Bien que los miembros del ayuntamiento fuesen muy opuestos á este nuevo rasgo de versatilidad del presidente, noobstante no tuvieron por conveniente empeñarse en disputas, en presencia de la real audiencia, por temor de molestar demasiado al que, en resumidas cuentas, habia de aplanarles el camino para llegar á sus fínes, y prefirieron diferir hasta el dia siguiente el hablarle con ánimo sereno, y bajo el influjo de algunos canónigos dignos de su mayor aprecio, y, por lo tanto, capaces de quitarle el temor que tenia de faltar á sus deberes de relijion y de fidelidad. Despues de haberle preparado, por medio de algunas personas de su confianza, obtuvieron de él para aquel dia, 13, una nueva reunion, á la cual asistieron, ademas de los miembros del ayuntamiento, dos canónigos, otros dos sacerdotes y cuatro habitantes de distincion, á saber, dos Españoles, don Fernando, marques de la Plata, del supremo consejo de S. M., y el prior del consulado don Celedino Villota, y dos Chilenos, el coronel de milicias don

(1) Archivos del gobierno, ele.

Ignacio de la Carrera, y el consul don Joaquin Gandarillas. En cuanto á los coroneles Olaguer y Reyna, que, igualmente, habian sido convocados, fueron tarabien, pero luego se retiraron.

Despues de algunas discusiones sobre los peligros, cada dia mas inminentes, de la patria, y sobre los desórdenes continuos de la ciudad, don Celedino Villota, ya animado de un puro espiritu de libertad, demostró la necesidad de cortar el mal de raiz, y en su oríjen, porque, de otro modo, no podia asegurarse la deseada paz, y que siendo esta la cuestion : si podria ó no hacerse junta de gobierno arreglada á las que han celebrado las provincias de España para mejor defensa de la patria, sujeta al superior gobierno de rejencia, sin innovacion de las leyes, ni de las autoridades constituidas, debia tratarse y decidirse este punto, y que su resolucion seria lo que aquietaria al pueblo, que solo por la diversidad de opiniones se halla tan desorganizado.

Todas las personas presentes fueron del mismo parecer, y el procurador de la ciudad añadió que aquella medida muy legal, puesto que las provincias españolas habian dado el ejemplo de ella, debia de llevarse á cabo con la mayor formalidad y brevedad, á no ser que te considerase á Chile como un pais absolutamente esdavo, é indigno ó incapaz de gobernarse á si mismo. Dichas estas palabras, tomó el bando, que el rejente acababa de enviar á la firma del presidente, é indicó en él artículos que no podian obtener su aprobacion, entre otros uno que imponia pena de la vida á cualesquiera que se atreviese a proponer ó insinuar la menor innovacion en la organizacion politica del pais.

Este discurso, hecho con firmeza, y que no tuvo oposicion seria, produjo el mejor efecto, cortando el hilo de que pendia la voluntad del presidente, y quitando á este la especie de repugnancia que habia manifestado siempre, cuando se habia tratado de tomar una determinacion. Decidido, en fin, á seguir los consejos de sus compatriotas, mucho mas interesados en la suerte del pais, declaró solennemente que no solo el bando no seria publicado, sino que tambien estaba resuelto á convocar cabildo abierto para tratar con la mayor solennidad posible, en una asamblea imponente, compuesta de los habitantes de mas influjo, en lo civil, eclesiástico y militar, un asunto tan grave y de tanta importancia. Al efecto, se resolvió enviar á las personas convocadas una esquela de convite, del tenor siguiente:

« Para el dia diez y ocho del corriente espera á V. el muy ilustre señor presidente, con el ilustre ayuntamiento, en la sala del real tribunal del consulado, á tratar de los medios de seguridad pública, discutiéndose alli que sistema de gobierno debe adoptarse para conservar siempre estos dominios al señor Fernando VIP.»

Esta nueva, que se esparció muy pronto por la ciudad, tal vez exajerada por el temor de una resistencia armada, produjo una grande sensacion en ambos partidos , particularmente en el de los realistas y españoles los mas interesados en el mantenimiento del órden. En cuanto á la real audiencia, esta no pudo ver sin estremecerse todos sus planes de salvacion anonadados, y la imposibilidad en que se hallaba de reconquistar el favor del presidente, tan fuertemente influido, en visperas de un pronunciamiento que amenazaba con cambios y desorganizacion. En la última entrevista habian hecho el mayor esfuerzo para ganarlo, pero habia sido el último,

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