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El prestijio que tenia aun la real audiencia era tal, que á su entrada en la sala los miembros del gobierno se pusieron en pié, y ofrecieron, como por instinto, sus puestos á los que ya eran sus subordinados, como si un servilismo de tres siglos los hubiese dejado en la ignorancia de Ls mas sencillas leyes de la jerarquia (1).

Pero esta baja demostracion de miramientos no duró mucho, pues penetrados, al fin, de sus derechos, y cansados de tolerar sus intrigas, tomaron una actitud digna, y escribió la junta:

«Que queria el gobierno arrancar de raiz toda desavenencia escandalosa, para pensar solo en el desempeño de los nobles, fieles, y justos fines encargados por el voto jeneral á su cuidado, y que juró cumplir, • añadiendo:

«Convido áV. S. con la paz y union siempre queV. S. la acepte de un modo que todo el reino la entienda. Mas si V. S. se niega á tan necesaria demostracion, corra al momento la cortina, y signifique V. S., individualmente, cual es la protesta, para que pueda surtir su efecto; porque si ella abraza todas las cláusulas ó espresiones de los oficios y pareceres de V. S., en el ante dicho espediente, previene á V. S. la junta, por última prueba de sus deseos de la concordia, que, en tal caso, se verá necesitada (aunque con dolor) á tomar por si la satisfaccion que V. S. resiste á darle. V. S. sabe que es la primera obligacion del majistrado no permitir se profane su autoridad, y que esta obligacion tanto mas crece cuanto es mayor la dignidad que constituye á aquella (1). »

sofmr Sanchez, quien empezó i hablar como protestando y (leseando Imponerse de las causas y efectos del establecimiento. El señor Plata le satisfizo con la misma acta, (|u« se leyó, con los fundamentos irrefragables que movieron i la instalacion, en que desde luego, convino el ajenie, y sucesivamente todos los oidores que prestaron los juramentos , aunque con protesta, llenos de respeto y ternura, derramando por los ojos algunas gotas de aquel humor que no siempre ha de significar tristeza ó colera.» (Diario de Bernardo Fera.) (1) Miguel Infante.

Algunos dias despues, la junta exijia que la real audiencia retractase su protesta, y que, ademas, pasase una circular á todos los partidos, induciendo á los sudelegados y gobernadores á que reconociesen la lejitimidad de la junta, y á ayudarle en sus tareas.

Esta severidad era, en cierto modo, necesaria para poner fin á la activa rivalidad de un poder, que ya no era mas que secundario. A pesar del acto de sumision que tan solemnemente habian jurado, habia pruebas de la falsedad de su adesion , que ponian patentes sus secretas tendencias contrarevolucionarias, y bien que la junta conociese sus proyectos, aun no podia tomar medidas violentas, porque altivos con su importancia aun reciente, y sostenidos por el clero, y por algunas personas de distincion, los ministros de aquel tribunal habrían podido, tal vez, luchar con alguna ventaja, y hacer problemática la existencia de un gobierno, que empelaba solo, y por decirlo así, á ensayarse, y por esta raron aun débil, bien que fuese un resultado de la voluntad nacional.

Por esta razon, la junta prefirió dejar al tiempo el cuidado de vencer aquella resistencia y de minar el prestijio de aquel tribunal, atacando la parte mas tenaz de ella, que consistia principalmente en importancia y en orgullo, para lo cual no le faltaban ocasiones tan favorables como frecuentes. En las ceremonias que tenian lugar á menudo y á las que tenian que asistir, los ministros pretendian el primer lugar, despues del presidente, fundándose en reales cédulas, que no podian en manera alguna servir de regla, y, demonstrándolo asi los miembros de la junta, se seguia una correspondencia pueril, ridícula, que dejeneraba luego en resentimientos de amor propio, bien que impotentes.

1; Véase en los documentos de 18.

V. HiSTOMA. 10

Por otra parte, muchos realistas, que antes de la reunion habrian sido fieles á las voluntades de la real Audiencia, la desampararon despues, inducidos á ello por deseos de la tranquilidad, primera condicion de existencia del hombre de razon y moderado. Lo mismo sucedió tambien con muchos relijiosos, los cuales, en sus sermones, ya se atrevian á predicar que el n uevo gobierno emanaba de Dios mismo, lo que era admirablemente útil y necesario en aquellas circunstancias (1).

Este pronunciamiento de los realistas no era precisamente ocasionado por pensamientos de ambicion, culpables y reflexionados, sino que provenia de la satisfaccion que resiente el individuo apacible y sin opinion de tener por superiores á hombres de probidad y virtud, dignos de su confianza. Bajo este aspecto, los miembros del nuevo gobierno tenian titulos que ningun Chileno podia contestar. Dejando á parte las flaquezas de la naturaleza humana, y de las que nadie nace exento, los antecedentes de dichos miembros eran los mas honrosos, y presentaban las mejores garantias de la buena suerte del pais, pues representaban todas las clases, todos los partidos : clero, ejército, España, progresos, y, enfin, todos los intereses.

Sin duda era penoso el no ver entre ellos miembro

(i) Historia manuscrita de Melcb. Martinez.

alguno del ayuntamiento, verdadera cuna de la libertad chilena; pero esta ausencia no provenia de olvido, ni de falta de miramiento, sino de las protestas que ellos mismos hicieron de no aceptar empleo alguno, ni para ellos ni para los suyos; y esto con el solo objeto de confundir las murmuraciones de sus enemigos, que les imputaban miras de vanidad y de ambicion (1).

(1) Memoria de Man. Ant. Toeornal.

CAPITULO X.

Las provincias reciben con júbilo la noticia de la instalacion del nuevo gobierno. —Solo la de Coquimbo se niega á reconocerlo. — La junta pasa notificacion de su advenimiento á diferentes potencias.— Nuevos esfuerzos de DuenosAirrs para revolucionar á Cbile.—Idea de un congreso jeneral americano.— Pedido de sables y fusiles, y leva de nuevas tropas.— Suspensiones de las sudelegaclones.— Regreso de los desterrados Rojas y Challe—Recibimiento en Santiago de don Juan Rosas.— Su politica. — Sombra que causa al ayuntamiento.— Convocacion de un congreso nacional para el 15 de abril.

La revolucion de Chile estaba hecha. Inquieta y turbulenta la vispera, firmó, el dia siguiente, su acta de instalacion en medio de vivos trasportes de entusiasmo, y fué proclamada por la porcion mas nob'e y mas influyente de la sociedad chilena. Su aparicion no causó ni esceso ni violencia. El buen órden no padeció la menor alteracion. Los empleados conservaron sus empleos, y todos los intereses quedaron protejidos bajo la salvaguardia de un poder que se apresuró á desmentir el espiritu de desmoralizacion que sus enemigos le atribuian.

Pasados los primeros dias de regocijos, la junta gubernativa pensó en enviar circulares anunciando aquel grande acontecimiento, y manifestando sus leales intenciones hacia su amado monarca. Las provincias ocuparon sus primeras atenciones, por ser las mas interesadas en aquella metamórfosis y tener la mejor parte en ella. Para llenar aquel encargo, fueron escojidos los sujetos de la primera distincion. El rejidor Errazuris marchó a Valparaiso; don Gabriel Valdivieso, Borja Irarrazabal y don Bernardo del Solar se dirijicron á la parte del norte, y

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