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montañas por la presencia de las tropas que acampaban en sus vecindades, y, ápesar de eso, estaban siempre en acecho para aprovecharse de un descuido y precipitarse como torrentes sobre los llanos vecinos. Las cercanias de los Anjeles acababan de esperimentar una de estas invasiones, y los habitantes, que se hallaban aun sobreoojidos del peligro, veian con tristes presentimientos la marcha de una parte de las tropas, sola fuerza defensiva sobre la cual podian contar. Por otra parte, los militares no estaban muy deseosos de alejarse de sus bellas comarcas, de sus parientes y amigos para emprender un viaje tan largo y de tanta fatiga, y se reunian á la poblacion para manifestar su descontento, que, por el conducto del Ayuntamiento, llegaba á conocimiento de la junta, poco dispuesta á darle buena acojida; porque la causa que esta defendia no era solo la de Chile sino tambien la de toda la América, y sus pensamientos eran demasiado elevados para que no reconociese las consecuencias materiales y morales de aquella intervencion, por débil que fuese. Hasta aquel instante, la junta no habia podido hacer mas que dar bordadas en un mar nebuloso ó incierto, y ya era tiempo de dar al navío un rumbo seguro por medio de los escollos que lo rodeaban, escollos que consistian en las fuerzas que amenazaban á las repúblicas vecinas. A estas fuerzas era indispensable oponer otras fuerzas, ya como centinelas avanzadas y en calidad de auxiliares, ya concentrándolas en diferentes puntos, manteniéndolas de reserva para operar al primer peligro.

Todas estas disposiciones, debidas principalmente al injenio de don Juan Rosas, despertaron en los corazones de la juventud chilena sentimientos de gloria militar

que decidieron á muchos á alistarse con los dignos defensores de su país, é indujeron á la junta á tomar las mejores medidas para su organizacion y bienestar. No teniendo Santiago casi casernas, se trasladaron los preside San Pablo al juego de pelota de la plaza del Vasural, y despues de haber hecho las mejoras necesarias se acuartelaron allí trescientos hombres con sus oficiales respectivos. Al mismo tiempo, para dar ánimos y ardor marcial á las tropas, se sustituyó á los timbales y violines una verdadera música guerrera, y, al efecto, se pidieron á la junta de Buenos-Aires los instrumentos necesarios, así como tambien maestros profesores de música. Esta peticion se hizo el 29 de marzo de 1811, ), poco tiempo despues, los rejimientos marchaban ya il son de tocatas guerreras que animan el paso, divierten la fatiga del soldado y le hacen despreciar peligros, endefensa de su patria.

CAPITULO XII.

Preparativos para las elecciones. — Conspiracion de Tomas Figueroa, y acclon del 1". de abril.— Prislon y muerte del caudillo de los amotinados. — Disoluclon de la Real Audiencia. — Destierro de sus miembros. — Muerte del obispo don José Antonio Aldunate. — Don Domingo Errazuris nombrado vicario jeneral.

La venida de la instalacion del congreso, decretada por la junta suprema, daba al país una nueva animacion. En las provincias, ya las elecciones eran conocidas, y se continuaban sin indicios de desórden ni de ajitacion. Menos algunos distritos del sur en donde los realistas habian podido organizar un leve triunfo, en todas partes el escrutinio era bastante favorable á los principios establecidos por la revolucion, y aparecian como espresion de una política de recomposicion y de progresos.

En Santiago, en donde las cabezas de partido se hallaban cara á cara, los resultados fueron muy diferentes. La real audiencia tenia aun mucha influencia, y su actividad , suspensa y no apagada, acababa de avivarse de nuevo al soplo de esta inovacion. En aquel momento, se hallaba en la ciudad Tomas Figueroa, que los Españoles, segun se decia, habian hecho venir de Concepcion para hacer una tentativa de contrarevolucion en favor de la real audiencia. Este Figueroa, muy descontento porque Juan Rosas no le concedía la proteccion que le habia prometido, se mostró, desde luego, enemigo del gobierno, y enemigo tanto mas peligroso, cuanto era hombre de accion, ambicioso, y, sobretodo, de muchos recursos. Antiguo guardia de cors, y acusado

de un delito bastante grave, habia sido enviado al presidio de Valdivia, de donde, por un medio sumamente injenioso, habia conseguido escaparse. Cojido de nuevo en las costas de Nueva-Granada, habia sido enviado á su antiguo destino, y, algun tiempo despues, por haber tomado parte muy activa contra un alzamiento de indios, obtuvo gracia y entró de oficial en el ejército. En 1810, tenia ya grado de teniente coronel, y era comandante interino de un batallon, y él fué quien recibió de las tropas el juramento de obediencia al nuevo gobierno, encargo que llenó con un celo verdaderamente republicano (1).

La mayor parte de las tropas que se hallaban en Santiago habian servido bajo sus órdenes, y como estaban aun imbuidas del prestijio de su rey, no le fué difícil sobornarlas y hacerlas entrar en un complot, lo que se hizo con tanta prudencia como habilidad. Hasta ahora, no hemos visto documento alguno que pudiese instruirnos sobre la naturaleza y las disposiciones de este complot; pero es cierto que ya estaba organizado, y que, probablemente, debia tener ramificaciones en los realistas, y, sobretodo, en la real audiencia.

Los liberales, por su lado, no se mantenian impasibles con las manos cruzadas en presencia de la augusta mision que los habitantes iban á llenar. Reunidos en comisiones preparatorias, procuraban inspirar la vida politica á estos mismos habitantes iniciándolos en el principio de su fuerza, autoridad y derecho; instruyéndolos en el sistema electoral seguido por los Anglo-americanos, que habian tomado por modelo; y escluyendo del derecho de votar á los Españoles y Chilenos demasiado afectos al antiguo réjimen. Así preparaban una

(1) Ardmos del gobierno.

V. Historia- 12

mayoria decisiva, sin pensar, ni remotamente, que una conspiracion armada se estaba urdiendo para destruir de un solo golpe las conquistas que siete mese6 de trabajo y de ajitacion les habian hecho obtener.

Los electores habian sido convocados el 1* de Abril al consulado para nombrar sus diputados. Desde por la mañana, Miguel Benavente habia ido á buscar la compañia de dragones de la frontera para llevarla á la plaza del consulado. Antes de salir de San Pablo, en donde estaba acuartelada, algunos soldados habian pedido que la otra compañia veterana los acompañase; pero negándoselo el capitan, no insistieron y continuaron su marcha. Esto no era mas que el preludio.

El sarjento Saez fué quien, tomando la iniciativa, mostró un espiritu insubordinado, con palabras y jestos que muy luego indicaron el papel sedicioso que estaba encargado de desempeñar. Miguel Benavente quiso muchas veces llamarlo al órden ; al principio, con palabras de paz, y al fin, con amenazas; pero viendo que sü autoridad era, en cierto modo, desconocida, se tomó la libertad de pegarle con la hoja del sable, lo cual fué la señal, ó el motivo de la rebelion, y desde luego toda la compañia se desordenó. Viendo que toda pacificacion era ya imposible, Miguel Benavente renunció á ella, y el comandante jeneral de las armas, don Juan de Dios Vial, no pudiendo conseguirla tampoco, se vió forzado á enviar los soldados a su cuartel.

Apenas entraron en él, Tomas Figueroa, hasta entonces simple espectador del acontecimiento, fué allá y lo recibieron con gritos repetidos de : j Viva el rey! t Vivate lteliijion (i)!

(1) Hallo en mis notas, redactad», segun creo, dctqpnec de una couttru

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