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CAPITULO XIV.

Apertura del congreso.—Discurso de Rosas.—Organizacion de la mesa de la presidencia.—Tentativa de los radicales para que Rosas fuese nombrado presidente.- Protesta de la provincia de Concepcion contra el numero de diputados de Santiago. — Segunda tentativa en favor de Rosas. —Arrivada del navio Ingles S'tundan, y objeto de su viaje.— Tumulto en Santiago y nuevo chasco de los partidarios de Rosas.— Separacion de trece diputados de la Asamblea.—Ultimo esfuerzo en favor de Rosas, y salida de este para Concepcion.— Reflexiones sobre este acontecimiento.

La apertura del congreso habia sido fijada, finalmente, para el 14 de julio.

Los miembros del poder ejecutivo, queriendo dar á aquella augusta ceremonia la mayor solemnidad, pidieron el concurso majestuoso de la relijion, y á la apertura del congreso precedieron, en todas las iglesias, tres dias de rogativas, que el clero hizo con muchisimo fervor.

Sinembargo, los hombres mas eminentes estaban con zozobra sobre el resultado de aquella instalacion; porque tenian demasiado presente el acontecimiento del primero de abril, para no temer que se repitiese la misma trajedia, y con tanta mas razon, cuanto se sabian los pasos que acababan de dar los amigos de Rosas para poder asistir á las sesiones de la asamblea, como usando de un derecho inerente á la libertad y á la soberania del pueblo. El fin, sabido de todos, que se proponian en esto, era el dar impulso á su corifeo para que alcanzase la presidencia, y, sin duda alguna, el partido contrario tomó por pretesto la solemnidad de aquella imponente ceremonia para desplegar, en aquel dia, todas las fuerzas de que podia disponer, á fin de mejor comprimir todo pensamiento de violencia.

El coronel Reina, que, en despecho de Rosas, habia sido nombrado Comandante jeneral de las armas, fué encargado de tomar todas las medidas militares convenientes, y el 14, de madrugada, habia mandado ocupar militarmente los principales puntos de la ciudad por las tropas milicianas y veteranas, en la forma siguiente:

« En la plaza mayor formaban el rejimiento del rey al costado del S. y O.; el batallon de Pardos al este; el batallon de granaderos y la compañia de la Reina tendian al norte, estendiendo su linea hasta la puerta del costado de la catedral, por donde debia entrar y salir el gobierno, y todas las cuadras inmediatas á la plaza estaban guarnecidas de los rejimientos de caballeria principe y princesa, teniendo órden todas las tropas de No permitir tránsito á persona alguna que llevase poncho, si capa. No se olvidará de asegurar bien el parque de artilleria con dobles centinelas y varios cañones cargados á metralla; y, asimismo, la sala de armas, etc.

» Como á las nueve y media, entraron en la plaza todos los que componian el cuerpo del gobierno; la junta, con todos los diputados; el nuevo tribunal de apelaciones; el cabildo con muchos jefes militares y algunos vecinos principales.

»La tropa presentó las armas, y entre el estruendo marcial de una salva de artillería se dirijió el pomposo congreso á la santa Iglesia catedral, en donde, prevenido el cabildo eclesiástico, se dió principio á la misa, que celebró el vicario capitular.

» Acabado el evanjelio, se les dió incienso y á besar el misal á los vocales de la junta.

» Dijo la oracion el célebre padre Camilo Henriquez de la buena muerte, quien, despues de haber dado una breve noticia del orijen, progresos y fín de los principales imperios del mundo, esplicó que los pueblos, usando de sus derechos imprescriptibles, habian variado á su voluntad la forma de los gobiernos; y de esta doctrina intentó deducir y probar los tres puntos en que dividió su arenga.

» El 1" decia que la mutacion del gobierno de Chile era autorizado por nuestra santa relijion católica;

» El 26, que era conforme y sostenida por la razon en que se fundaban los derechos del hombre; y

» El 3o, que entre el gobierno y el pueblo existia una reciproca obligacion, con el primero,

» De promover la felicidad y libertad del segundo; y con este,

» La de someterse, con entera obediencia y confianza, al gobierno.

»Habló de la tiranía y despotismo de los gobiernos monárquicos, que, con la fuerza, tenian usurpados y comprimidos los derechos con que Dios crió al hombre libre para elijir gobierno que mas le acomodase, pues por principio natural inconcuso todos tenemos derecho de proporcionarnos un estado que nos Ubre de los males, y nos atraiga la felicidad posible; que la esclavitud en que nos tenian debiamos repelerla con el sacrificio de todos nuestros esfuerzos, y aun de nuestra misma vida, y que, por dirijirse á este heróico empeño, la instalacion del congreso nos debia ser tan recomendable, como respetado y obedecido este cuerpo, y su suprema autoridad, pues en él depositaba toda su confianza, sus innegables derechos y la esperanza de su libertad y felicidad todo el reino de Chile.

« Concluido el sermon, se levantó el secretario Argomedo, y, puesto al frente del congreso, exijió el juramento de todos los diputados, en la forma siguiente:

»¿ Jurais por Dios nuestro Señor, y sobre íos satitos Evanjelios, defender la relijion católica, apostólica romana?

» ¿ Jurais obedecer á Fernando VII de Borbon, nuestro católico monarca?

> ¿ Jurais defender el reino de todos sus enemigos interiores y esteriores, cumpliendo fielmente con el cargo?

* Entonces respondieron todos en clara voz:

»Si juramos.

» Dicho esto, se levantaron los diputados, y, pasando de dos en dos, hincaron la rodilla ante la imájen del crucificado, que estaba sobre una mesa, en el presbiterio, y tocaron el libro de los SS. Evanjelios, retirándose sucesivamente, luego que practicaban dicha dilijencia.

> Acabada la misa, salió el congreso á la plaza mayor, en donde fué saludado con salva real de artillena, y dirijiéndose á la sala que antes habia servido al tribunal de la Real Audiencia tomaron asientos y posesion de ella, prestando atencion á los diputados don Juan Antonio Ovalle y Juan Rosas, que pronunciaron, cada uno, nn discurso de apertura. »(1)

En el suyo, Juan Rosas trató de demostrar la triste situacion de España, entregada á un guerrero poderoso y feliz por desleales Españoles sobornados por él, y empleados en favorecer sus miras ambiciosas.

(1) Histeria mss. de la revolución de Chile, por el padre Martínez.

Pero no sucederá lo mismo en Chile, añadió él:

« Aqui, los vivientes protestan que no obedecerán sino á Fernando; que están resueltos á sustraerse, á toda costa, á la posibilidad de ser dominados por cualquier otro, y á reservarle estos dominios, aun cuando los pierda todos.»

El orador se veia asi obligado á proseguir la politica astuciosa que en aquella época convenia al pais y á las costumbres de sus habitantes; pero por una habilidad no menos injeniosa procuraba probar que ellos solos debian llenar aquel santo deber, no pudiendo fiarse, de ningun modo, á todos aquellos empleados enviados, muchas veces, por juntas no reconocidas, por jefes insurreccionados, y, tal vez, por los emisarios de Napoleon, que, segun el parte del embajador de España á los Estados Unidos, se habian estendido ya por una gran parte de la América.

De este modo, justificaba la instalacion de la junta, y reservaba al congreso un derecho de veto absoluto, ó simplemente de suspension de todos los actos y decretos que pudiesen llegarle de España.

Sobretodo, añadia él,« ¿qué cosa mas natural ni mas lójica que un pueblo tan lejano de la madre patria, y tan aislado, se encargue de su propia defensa? Ademas, ¿ no es este un ejemplo que nos da la misma España? ¿ Formándonos en junta, y dándonos una constitucion, no obramos nosotros segun estas mismas inspiraciones?»

Y entonces, llenando de confianza los corazones timidos de la mayor parte de los diputados, procuraba despertar sus sentimientos de gloria, haciéndoles comprender los méritos que iban á recojer para si y para sus descendientes por « haber fabricado la fuente de las

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