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Es verdad que esta provincia no fué la sola que obró por influjo de Rosas. La de Valdivia se sublevó tambien, y lo mas particular fué que los miembros del clero fueron los autores principales de la sublevacion. Para eso, aguardaron un dia de fiesta al salir de misa , momento en que los conjurados se habian de hallar naturalmente reunidos para su ejecucion, y el cura vicario Isidro Pineda, con el capellan Elipsegui, algunos otros clérigos y los conjurados, corrieron á casa del gobernador Alejandro Eagar, y lo arrestaron, así como tambien al capitan de injenieros don Miguel María de Atero, los cuales no hicieron mucha resistencia luego que supieron que las tropas apoyaban aquel movimiento.

Acto continuo, por decirlo así, fué instalada una junta semejante á la de Concepcion (1); y se embargó el buque de un comerciante, Ant. Quintanilla, que se hallaba allí de paso, para trasportar los dos presos á Talcahuano bajo la escolta del teniente Juan Manuel de Lorca con doce soldados (2).

La nueva de estas insurrecciones habia llegado brevemente á Santiago. Todos hablaban de ellas libremente, y cada cual las exajeraba ó las atenuaba segun favorecian ó perjudicaban á sus intereses. Al principio, se creyó que todo se reducia á un pronunciamiento de principios de federacion, y que sus autores se manten

(1) Compuesta del coronel graduado Ventura Carvallo , del párroco Isidro Pineda , de don Jaime de la Guardia, don Vicente Gomez, don Juan de Dios Cuevas y de don Pedro José Elipsegui capellan del hospital de Valdivia.

(2) Apenas el buque se balló fuera del puerto, Eagar, viendo a los granaderos mareados, aprovechó de aquel instante para ofrecer a Saturoivo Perez, español, 3000 p. de recompensa, y 600 á su segundo, igualmente español , si los trasportaban á Chiloe. La oferta fué aceptada, y resultó que el teniente Lorca se balló el mismo preso, y enviado, poco tiempo despues, á Lima.

Convers. con don Pedro Martinez Pinel.

drian sobre la defensiva; pero muy luego los hermanos Carrera interceptaron un oficio de la junta de Concepcion dirijido en secreto al presidente del congreso, en el que le ofrecia tropas para el recobro de su autoridad.

Dos dias despues, la misma junta, echando á un lado reparos y temores, enviaba franca y ostensiblemente un pliego lleno de reconvenciones y de amenazas al nuevo poder ejecutivo, manifestando con entereza : « Que aquella junta y toda la provincia están en ánimo de preparar un ejército que vaya a restablecer la autoridad del congreso (1).

Al leer este oficio, Miguel Carrera tuvo mucho trabajo en contener su jenio altivo y fogoso. En toda otra circunstancia se hubiera dejado llevar de su humor belicoso, y habria ido incontinenti á batirse con su adversario ; pero sabia que este podia apoyarse sobre una provincia entera y sobre un ejército bien disciplinado, al paso que él no podia contar mas que con pocas tropas, y tenia por enemigos á los realistas, que no le perdonaban el que los hubiese dejado burlados; á los conservadores, que lo tachaban de ser demasiado ambicioso y turbulento, y, enfin, á los radicales, que eran numerosos, y que no esperaban mas que por la marcha de Rosas para levantar la cabeza y entrar en el movimiento. Sa posicion era, por consiguiente, muy crítica; el mas pequeño reves de la suerte podia desencadenar todos los partidos contra él y prefirió violentarse y obrar con prudente circunspeccion. Afortunadamente para él, se le presentó una ocasion bastante favorable para salir, á lo menos momentáneamente, del mal paso.

O'Higgins continuaba pidiendo con instancia su se(1) Épocas y hechos memorables de la revolucion de Chile. Mss.

paracion del poder y el permiso de volver á su provincia para restablecer su salud, que estaba lejos de ser buena. Carrerà pensó que interesándole en su propia causa podria sacar de él muy buen partido, y le propuso sús poderes para ver de conciliar con Rosas los puntos de contestacion que tenia con él, yi arreglar pacíficamente los intereses de la república. Aceptada la proposition por O'Higgins, Carrera le pasó un oficio credencial autorizándole a hablar en nombre de la junta , y reco mendándose al mismo tiempo á sus virtudes, talento y patriotismo (1).

Pero Carrera no se contentó con esto, sino que, como hombre de nervio y de prevision, destacó algunos dias despues una coluna de observacion de doscientos veteranos al mando de su padre don Ignacio, dándole por asesor y secretario á don Gabriel Tocornal, y él mismo se entregó con celo y premura al cuidado de reunir los elementos necesarios para la organizacion de un ejército. « La inspeccion de caballería recibió una buena organizacion. El batallon de granaderos se elevó a la respetable fuerza de 1200 plazas. Se reformó el cuerpo de 300 dragones por inútilés, y se levantó el de la guardia nacional de 500 plazas. Se quitó á los frailes de San Diego el convento y se hizo de él un escelente cuartel de caballería. Se fabricaron 10,000 lanzas, 1,500 tiendas de campaña, vestuarios y monturas para todos los cuerpos, municiones de todas clases, y, por último, cuanto se necesitaba para la defensa del país (2).

Estos grandes preparativos militares, que se continuaban activa é incesantemente, fueron un justo motivo

(1) Documentos publicados en el Perú, por Juan Ascensio. (2) Diario de Miguel Carrera.

de descontento para la provincia de Concepcion, aun. penetrada de las palabras de paz que le acababa de llevar don Bernardo O'Higgins, y se reunió en aquella capital de la provincia una asamblea cantonal para deliberar acerca de los intereses del país, y obligar por medios legales á Carrera á abrir nuevas elecciones para la formacion de un congreso.

Sobre este punto todos los diputados habian eslado de unánime acuerdo, y ya uno de ellos habia sido nombrado para llevar aquella decision a la junta de Santiago, cuando de repente recibieron aviso de que el brigadier don Ignacio Carrera habia avanzado con fuera zas hasta Talca con el solo objeto, según él decia , de vijilar por la seguridad de ellos mismos.

Era esta una especie de provocacion que ponia a la junta en la necesidad de tomar tambien una actitud defensiva , y fué destacado, incontinenti el teniente coronel don Manuel Serrano concien dragones para ir á campar á la orilla meridional del Maule. .

Por otro lado, se dieron órdenes para reunir las trópas, y O'Higgins, que habia sido nombrado inspector de las milicias de la Laja, marchó á disponerlas a todo evento despues de haber escrito á Carrera los motivos de cuanto sucedia, declarándole que su posicion en aquel instante era incompatible con la mision que se habia servido darle.

Por todo esto se ve que los dos partidos estaban ya casi decididos á la guerra ; que habia en los jefes el mismo espíritu, la misma tendencia y las mismas pretensiones; pero, ¿cuales eran los fines?

Sin duda, estos fines no eran el combatir un enemigo ni un principio, puesto que militaban bajo la misma

bandera, obraban bajo las mismas inspiraciones y ambos querian el bien del país, la felicidad de la patria; pero, desgraciadamente, conforme á sus diversos intereses, a su vanidad y vanagloria. Tal era la causa de una lucha que ya dejeneraba en guerra civil, pues, desde aquel instante, cortaron su correspondencia, y sus tropas marchaban unas contra otras (1).

El 9 de marzo, el brigadier Juan José Carrera salia de Santiago a la cabeza de 900 veteranos y 200 caballos. Su hermano Miguel le seguia de muy cerca con plenos poderes para terminar amicalmente aquella pueril discusion, y el otro hermano Luis, entonces convaleciente, debia ir á reunirse con ellos con su artillería. Así, por parte de Santiago, todo estaba en movimiento y los soldados iban llenos de entusiasmo y de deseos de batirse.

Por el lado de Concepcion, este entusiasmo no era menor. La provincia entera se puso en pié con las proclamas de Rosas y de Francisco Calderon. Cada villa, cada canton se apresuró á dar su continjente de milicianos. Casi todos sus soldados quedaron sobre las armas en sus respectivos cantones, y tres mil quinientos sa

(1) En una de sus cartas à Rosas, cuya copia tenemos, Miguel Carrera alega por motivo de la disolucion del congreso su incapacidad de llenar su mision , sin pensar de ningun modo en elaborar una constitucion, objeto de los mas urjentes, malgastando un tiempo precioso en personalidades indecentes y etiquetas ridiculas , y luego añade :

« V. se engañó fatalmente cuando provocó el congreso en un reino sin opinion, sin espírilu público, sin ilustracion, siu virtudes civiles y aun sin conocimiento de los primeros deberes del hombre. Lo ha tocado V. inismo, y suspender este congreso era el medio único decente y adaptable ; y convengamos que Chile, y acaso todo el sur, solo es compatible con un gobierno nerrioso, ilustrado, que mientras provee con la mayor ejecucion á su seguridad, disponga por institulos nacionales unos pueblos insensibles para que salgan al estado de hombres. »

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