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cerca de esta última villa, é incorporándolo» con sus tropas, marchar directamente sobre la capital.

Este proyecto era atrevido, grande pero no imposible, especialmente como concepcion de un militar muy capaz de llevarlo á ejecucion; pero Rosas no era militar y no podia hallarlo de su gusto, ardiente en discusiones, valiente tambien con los ladrones y asesinos, de los cuales era, en seguida, juez, este se sentia muy intimidado al verse al frente de un batallon. Por lo mismo, prefirió continuar su negociacion por medio de la correspondencia de oficio (1).

O'Higgins se encargó de llevar, al dia siguiente 28 de abril, un oficio a Carrera induciéndole á que fuese á Linares en donde la Junta de Concepcion se reunia para terminar aquellos debates, y en caso de impedimento, á terminarlos por correspondencia:

* El orijen, principio y fundamento único de nuestras diferencias (decia), consiste en la no ratificacion del convenio del 12 de enero. En el oficio de Y. S. á la junta , de 27 del corriente, asegura trae poderes bastantes para terminar este negocio. Trátese de él, ante todas cosas: ratifiquelo V. S. desde esa y todo está acabado. Si hay reparos que oponer á algunos de sus capitulos, V. S. señale cuales son con espresion y claridad para contestarlos, y allanar los medios de que conqluyamos en breve. Si hay otro medio de comunicacion, propóngalo V. S., que yo estoy llano y pronto á todo (2). »

Los mismos motivos de prudencia que habian impedido á Rosas de ir á Talca, indujeron á Carrera á no ir á Linares; pero recibió con las mayores demostraciones

(1) Conteruciou con don Buril. O'Higgim.
31 Oficio de don Juan Rosas a Migual Carrera.

de afecto á O'Higgins, á quien prometió una respuesta categórica para el dia siguiente. Esta respuesta, que no llegó hasta tres dias despues, era muy propia á tranquilizar los espiritus. Carrera admitía, en ella, la mayor parte de los articulos del tratado (1); pero queria dejar á la deliberacion del nuevo congreso los que ofrecian alguna dificultad, lo cual fué aprobado por Rosas; de suerte que al cabo de algunos dias, ya estaban de acuerdo y convenian en que hubiese suspension de armas, y en que los dos ejércitos regresasen á sus cuarteles respectivos (2).

Asi se terminó esta querella que se presentaba, á primera vista, tan borrascosa y que concluyó del modo mas politico dejando esperar el restablecimiento del estado normal de las cosas, cuando dos contrarevoluciones sobrevinieron para arruinar uno de los dos partidos con provecho del otro.

La primera fué la que hicieron los realistas en la junta de Valdivia. Poco satisfechos de las nuevas que llegaban de Concepcion y de Santiago, temiendo los resultados de la anarquia y no queriendo entregarse á Rosas, juzgaron oportuno operar una contrarevolucion para poner la provincia á la devocion de Miguel Carrera, que creian era el jefe del partido realista. Para llegar á su fín, ganaron primero á las tropas con promesas pecuniarias, y el 16 de marzo á las dos de la mañana, se verificó el alzamiento contra la junta, á los gritos de viva el Rey, viva la Relijion, viva el presidente Miguel Carrera.

(1) Veolo en los documentos.

(2) F.ste tratado fué desaprobado por muchos, y particularmente por Antonio Pinto, el cual escribia de Buenos-Aires á Man. Rodrigues que Carreía hubiera debido no tratar, y obrar con firmeza contra Rosas. (Carta particular a Man. Rodriguez.)

Muchos de los miembros fueron arrestados y enviados á Concepcion, entre ellos el capellan don Pedro José Eleyzegui, que era uno de los exaltados. Otros quedaron en Valdivia. Uno, don Jayme Guarda, pudo escaparse y atravesar la Araucania.

Esta junta asi disuelta, se formó otra con el nombre de junta de guerra, y cuyo presidente fué don Ventura Carvallo coronel graduado, con José Antonio Martínez de secretario. En seguida, se pensó en poner la provincia en estado de defensa. Se restituyeron los empleos á los empleados que los habian perdido, y se remitió un parte circunstanciado al gobierno de todo lo sucedido.

En el momento mismo en que Carrera arreglaba en Talca los preliminares de paz con Rosas, recibió la noticia de la contrarevol ucion de Valdivia y del entusiasmo con que lo habian proclamado presidente de la real Audiencia. Por muy lisonjero que le fuese este titulo, no por eso dejó de sentir el error que padecian cuando aun pensaban en el gobierno caido, y, en su respuesta, despues de manifestarse reconocido, les dice cuanto siente que t aun no les haya llegado la opinion de la patria. Discordan (añadia) nuestros pensamientos en el sistema; y Chile que á toda costa no perdonará medio que conduzca á su rejeneracion, á su libertad y á su felicidad, sufre con dolor la desgracia de no haber alcanzado con las ideas de su profesion al corazon de los patriotas de Valdivia (1).»

La respuesta del gobierno fué aun mucho mas esplicita:« No hemos podido, les decia, menos de resentirnos y cubrirnos del mayor dolor y vergüenza al llegar á la proclamacion de la rejencia de España y de un presidente

.1) La Aurora de Chile, n 22.

del reino. l'no es la opinion de la patria, otro su 6rden,

otro su gobieriio y otras sus intenciones En Chile

no hay presidente, ni el reino se somete á la rejencia de España. Su institucion, su orden y su poder están revestidos de las nulidades y vicios que proclama Valdivia contra su junta, y porque la destrozó y acabó (i). »

Pero á pesar de la discrecion de su lenguaje, y de haberles anunciado tma remesa de dinero, los miembros de la tilieVa junta resolvieron desembarazarle de todas las travas revolucionarias y restablecer el antiguo gobierno, para lo cüal pidieron á don Ignacio Justis, gobernador de Chiloe, un socorro de hombres, que les fueron enviados en número de doscientos soldados al mando del capitan de granaderos don Francisco Arenas, el mismo que, poco tiempo despues, fué nombrado gobernador de Valdivia, cuando esta plaza, separándose enteramente del gobierno de Santiago, se sometió al virey del Perú.

La otra contrarevolucion fué de mucha mas importancia aun para la suerte política de Carrera, puesto que se efectuó contra Bu poderoso rival. Su orijen fué la penuria de dinero en que se hallaba la tesorería de la provincia de Concepcion despues que Santiago le habia rehusado todo situado, y los grandes gastos que habian sido Indispensables para mantener sobre las armas el gran número de milicianos que debian marchar sobre Talca á la primera señal (2). Desde entonces, viéndose forzados á no dar á los veteranos mas que la mitad de la paga i estos manifestaron su descontento, del que los realistas y algunos patriotas opuestos á Rosas supieron

(1) La Aurora de Chile, n" 22.
2) Conv. con don Bern. O'Higgina.

aprovecharte. En efecto, el 8 de julio, a las diez de la neche; ddñ Juan Miguel de Benavente, sarjento mayor del cuerpo de dragones, don Ramon Ximenez, sarjento mayor del batallon de infantería,- y don José Zapatero, capitán de! real de artillería, reunieron sus tropas en lá plaza, poniendo centinelas en todas las esquinas cott orden de no dejar salir á nadie, y en el mismo momento mandaron á los dragones arrestar á todos los miembros de la junta, que mantuvieron en arresto t á la disposicion del gobierno de Santiago.

El dia siguiente, nombraron otra junta que fué enteramente militar (1), que repuso en sus empleos á todas las personas á quienes se les habian quitado, y que se aplicó á tomar las mas útiles precauciones para hacer vanas todas las tentativas posibles de reaccion. Los soldados continuaron bivaqueando en la plaza, en medio de la cual, á cielo descubierto, el capellan les decia misa como si estuviesen á la vista del enemigo, y se formó una compañia de personas las mas notables y afectas á la nueva junta para redoblar de vijilancia y aliviar la fatiga de los soldados. El conde de Marquina fué nombrado capitan de dicha compañia, y su teniente y alférez fueron don Xavier Manzano y don Martin Plaza de los Reyes, el primero teniente coronel del ejército, y eí segundo coronel de milicias. Todos cuantos eran contrarios y podian perjudicar al nuevo poder fueron espulsados de la ciudad; el teniente de artilleria Fer. Zorrilla fué enviado á Arauco, y José Eleyzegui arrestado, como convencido de haber ofrecido 14,000 p. á los sol

(I) Compuesta de don Pedro José Benavente como presidente; don Juan Miguel Benavente, vice-presidente; de don Ramon Ximenez y del capitan de dragones don José Marta Artiga, como vocales. El secretario era el capitan de cfinteria don Lilis Carreton.

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