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dados si querían apoderarse de la artillería (1). Este Kleyzegui era cuñado del vocal Bernardo Vergara, y el mismo sacerdote que era miembro de la junta de Valdivia, y que, seis horas despues de su caida, se habia visto obligado á refujiarse á Concepcion. De un jenio inquieto y muy liberal, tenia por la independencia de su país el fervor de un apóstol y el valor de un mártir. Por eso, á pesar de los engaños que padeció, no dejó de ser uno de los primeros á conspirar contra cuantos creia enemigos de las libertades proclamadas.

(1) Relaclon de las noredades ocurridas, cu 1812 , en Concepclon. Mss.

CAPITULO XVIII.

Las habitantes de Santiago saben con satisfaccion el tratado de paz de los dos pretendientes, y posteriormente la disolucion de la junta de Concepcion y el arresto de sus miembros. — Llegada de estos á Santiago.— Su destierro. — Rosas marcha para Mendoza, en donde fallece.— M. Carrera aumenta el número de sus tropas.— Su prodigalidad en sus gastos.— Los grados superiores en el ejército son dados á su familia.— El poder ejecutivo da su principal atencion á las administraciones civiles. — Proyecto de empadronamiento.— Decreto para la fundacion de escuelas gratuitas.— Instituto nacio nal. —Llega una imprenta a Chile. — Camilo Henriquez. — La Aurora, primer diario de Chile.— Su espíritu liberal y subversivo. — Su influencia en favor del movimiento.— El poder ejecutivo aprovecha todas las ocasione* para atraer el pueblo a su partido. - Recibimiento de Poinsett como consul jeneral de los Estados Unidos.— Aniversario del 18 de setiembre.— Bandera nacional y su escudo— Grande pronunciamiento en favor de la libertad y de la independencia.

Al tiempo de la salida de Miguel Carrera para ir á disputar el poder á su poderoso adversario, y restablecer la unidad nacional bastante comprometida, el público de Santiago estaba jeneralmente desasosegado. El carácter ambicioso y resuelto de estos dos jefes era muy conocido y todos temian que la lucha fuese larga, obstinada, y que ocasionase una guerra civil, tanto mas de temer cuanto la rivalidad de las dos provincias podia contribuir á que fuese mas encarnizada. Algunas personas de influjo se habian ofrecido para ir á mediar y con seguir que se terminasen de un modo amical aquellas pueriles discusiones. Otros, probablemente con diferente objeto, habian hecho lo posible para formar una conspiracion que no tuvo consecuencias pero que, tal vez, obligó á Carrera á irse con ideas mas prudentes y mas moderadas respecto á su modo de conducirse. En todo caso, el pueblo estaba con mucha zozobra y manifestaba sus temores con quejas y con libelos. Asi se hallaba atormentado por crueles presentimientos cuando recibió el anuncio de la conclusion de la disputa.

Esta noticia, que llegó en el momento en que se acababa de saber el insignificante resultado de la primera entrevista, causó el mas vivo contento á los habitantes de Santiago; porque á todos les pareció que era de un feliz agüero para el próximo restablecimiento de la tranquilidad pública y se felicitaban de aquel acontecimiento, bien que estuviese aun lejos de su conclusion. Estaban todos tan cansados de un estado tal de incertidumbre, que muchos de los partidarios mismos de Rosas echaron á un lado sus resentimientos y salieron al encuentro del triunfador, que reunia, decian ellos, el mérito de hombre politico al de militar. Su recibimiento en la ciudad fué tan brillante como síncero , y le acompañaron hasta su casa con demostraciones de afecto jeneral. Sus tropas tuvieron tambien parte en aquella ovacion y pudieron gozar del entusiasmo con que todos salieron á recibirlas.

Pero este júbilo fué aun mucho mayor cuando, el dia 12 de julio, se supo la contrarevolucion que las tropas habian operado disolviendo la junta de Concepcion y arrestando á todos sus miembros. Esta noticia, que dejaba á Carrera solo dueño del poder, fué recibida con grandes muestras de alegria, y celebrada, durante muchos dias^ con funciones, iluminaciones, salvas de artilleria y repique de campanas. Muchas personas firmaron y enviaron, luego despues, una acta de felicitaciones al gobierno, el cual se apresuró á reclamar los prisioneros, afín de ponerlos en la imposibilidad de rescatarse, diciendo a la junta de guerra de Concepcion:

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t fiará V. S. que el brigadier doti Juari Martiriez de Rosas pase inmediatamente á esta capital bajo SU pálabra de honor, acompañado de un oficial, remitiendo á los demas con una escolta que haga su seguridad individual sin menglia de su carácter y destinos (1).»

No eran menos los deseos que tenia la junta de Concepcion de desembarazarse de aquellos ilustres prisioneros, los cuales, por sus relaciones de parentesco, su influencia y su taleRto, podían fácilmente eludir su autoridad y su Vijilancia, y se apresuró á dar la Orden de su marcha. Entre ellos, iban : el coronel Luis de la Cruz, el capitan de milicias don Bernardo Vergara, el licenciado don Manuel Novoa, todos miembros de la jüntá disuelta, y don Francisco Calderon comandante de infantería.

En cuanto á Rosas, no se juzgó oportuno que entrase en Santiago, y al llegar al rio Maypu, se encoritró coh un oficial que tenia órden de conducirlo á San Vicente, hacienda de Carrera, en donde fué muy bien tratado y visitado por muchos de sus amigos. Dos meses despues, esdecir, el 10 de octubre, recibió la noticia que lo iban á desterrar á Mendoza. La órden de su salida para dicha ciudad se redujo á un simple pasaporte que espresaba por motivo de su viaje el arreglo de asuntos de familia, y. en efecto, salió inmediatamente sin haber podido obtener algunos dias de dilacion.

Los habitantes de Mendoza le recibieron con todoB los miramientos debidos á su rango y á su mérito, y en breve se vió el hombre público del país, nombrado presidente de la sociedad patriótica literaria que acababa

(1) Contestaclon al dflelo de la juma de guerra de Concepclon. (Aurora exirionL.n'M.)

de ser fundada. Desgraciadamente, no pudo disfrutar mucho de todos estos honores, pues profundamente conmovido de los sucesos, y aun tambien disgustado de verse ausente de su familia y de esta su segunda patria, que en su acendrado afecto consideraba como su verdadera nacion, se dejó llevar de pensamientos melancólicos, y el mal de hipocondria se lo llevó al cabo de algunos meses. Asi acabó aquel grande hombre, á quien la patria debe el primer desarrollo de su fuerza y de su conciencia, y que se puede considerar como padre de la independencia chilena (1).

En cuanto á sus compañeros, estos fueron mas felices y permanecieron en su pais, bien que relegados en las villas de lo interior. Don Luis de la Cruz fué confinado á Illapel; Vergara, á Melipilla; Novoa, á Quillota; y Calderon, al Huasco. Este último no era miembro de la junta, pero la sostenia con todo su poder como jefe de batallon de infanteria de la frontera, empleo que habia obtenido á consecuencia de la destitucion del conde de la Marquina.

En tiempos de grandes conmociones politicas, las mayores y mas repugnantes injusticias pasan, por decirlo asi, incógnitas, porque el egoismo natural junto con

(1) Hizo, ademas, grandes servicios al pafs, como abogado hábil, y administrador celoso. Nadie ignora con qué ardor perseguia á los ladrones cuando era asesor del intendente de Concepcion, y el mucho bien que hizu i la ciudad, ya hermoseándola y ya asanándola secando algunas lagunas. Como hombre de talento , era el oráculo de todos los habitantes de la provincia, y á pesar de sus ideas muy avanzadas, y muy atacadas por los realistas, Carrasco no habla dudado en tomarlo por su asesor particular. En suma, su renombre era tan bien merecido , que en 1798 , cuando José María Luxan, fiscal de la real academia práctica forense de Santiago, le dio un certificado de sus méritos, no pudo menos de espresarse en términos los mas honrosos en favor de sus « agigantados talentos, hasta el grado de hacerse respetar entre los mas sabios maestros, etc., ele. »

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