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Esta declaracion, junta con las noticias dadas por Mackenna del mal estado de las tropas, y de lo favorable que le era á O'Higgins la opinion jeneral de la provincia , persuadió al poder ejecutivo seria oportuno el ejecutar con resolucion y firmeza el proyecto de disolver la especie de triunvirato militar que formaban los tres hermanos, y el 27 de noviembre, los depuso de sus respectivos mandos, conservándoles sus honores y grados.

En virtud de esta resolucion, José Miguel Carrera debia entregar el suyo de jeneral en jefe á O'Higgins; Juan José el que tenia á Spano, y Luis el suyo al capitan de artillería don José Diego Valdes, bien que no fuese mas que interino.

El oficio que contenia estos decretos fué puesto á cargo del teniente de Asamblea don Ramon Gaona, y de don Gregorio Echague, oficial de secretaria del gobierno, los cuales salieron para Concepcion afin de que tuviese debido cumplimiento.

A su recibo, Carrera lo comunicó sin demora alguna a O'Higgins, el cual estaba alojado en la misma casa del jeneral, diciéndole que ya podia tomar posesion del mando, y que su propia resolucion era condenarse á si mismo á voluntario destierro, emigrando á los Estados Unidos tan pronto como se terminase la guerra. Pero esto fué dicho en cierto tono que hizo temer á O'Higgins una segunda intencion, tal vez inconsiderada, de parte de Carrera, al cual respondió que lejos de aceptar el mando, le rogaba le diese licencia para pasar á Talca, afín de obtener de la junta revocase el decreto por el que se lo conferia.

En efecto, salió á principios de diciembre con este objeto, escoltado por las guerrillas del teniente coronel Serrano, y Estevan Manzano, encargado de una carta, en la cual Carrera se limitaba á decir á la junta, que O'Higgins espondria verbalmente lo que pensaba tocante á su deposicion del mando del ejército.

CAPITULO XXXII.

Exasperacion de Juan José Carrera, al recibo de la destitucion de su mando.— Empeño que pone en que su hermano desobedezca á semejante decreto.— Conspiracion de Tirapcgui, y sentencia contra sus cómplices.— Cange de las familias O'Higgins, Alcazar y otras con las que se bailaban en poder de los patriotas.— Carrera convoca una asamblea para que Tote socorros— Oposicion que hace i la orden de dejar el mando, y arresto de Fernando Urixar por su mandado.— O'Higgins se decide á aceptar el titulo de jeneral en jefe, y toma posesion de este puesto con grande satisfaccion de todas las autoridades.—El cura Clenfuegos, miembro de la junta, es enviado á Concepcion, y escribe, de acuerdo con Carrera, á O'Higgins para que vaya con urjencia i dicha ciudad. — Alarma falsa tramada de noche por Carrera. — O'Hlggim recibe á su llegada á Penco el oficio por el cual Carrera le ha dado á reconocer por jeneral en jefe del ejército.— AI dia siguiente, entra en Concepclon.— Digresion sobre Miguel Carrera.

Juan José Carrera recibió el decreto que le despojaba del suyo con tanta menos serenidad de ánimo, cuanto sus continuos celos de la autoridad superior de su hermano habian sido, tal vez, la primera causa de todo esto, y le habian inducido á ser, sin caer en ello, cómplice de Mackenna, con el cual tenia íntimas relaciones de amistad; y de allí provenian los elojios que le daba el Semanario de Irizarri. Realmente, Juan José tenia la ambicion y la esperanza de substituirse á su hermano en el mando del ejército; pero al ver cuanto se habia engañado , se sintió lleno de resentimiento é hizo cuanto pudo para comunicárselo á José Miguel, induciéndole á que se pusiese en actitud de resistencia, á todo trance (1). Tales

(1) Véanse las cartas que escribia á sus hermanos, las cuales fueron interceptadas portas guerrillas de Sanchez, y publicadas en los n" S, 3, 4 ySde la gaceta ministerial de Urna del año 1814.

eran ya las disposiciones de su espiritu aun ántes que recibiese el decreto que le quitaba el mando que ejercia, y de aquí se puede deducir su irritacion luego que la recibió, que fué tal, que sin dignarse leerlo, lo laceró, lo arrojó á sus piés y lo pateó, en presencia de muchas personas. No contento con esto, insultó á los dos enviados del poder ejecutivo, vituperándoles de haber tomado sobre sí el cumplimiento de semejante órden, y por fin, los mandó prender.

Esta enérjica resistencia de Juan José á la decision tomada por la junta gobernadora, y su obstinacion en no querer entregar los otros oficios á los oficiales á quienes iban destinados, exaltó la cabeza de José Miguel, el cual se resolvió á defender su honor y sus derechos, resistiendo tambien á las órdenes de la junta. Para esto no carecia de medios, bien que no pudiese apoyarse sobre todo el ejército, que constaba de 2500 soldados aguerridos; pero podia contar con un gran número de ellos, que le serian fieles y sostendrian sus pretensiones; y ademas esperaba que la junta, contando entre sus miembros á Infante y Eyzaguirre, enemigos declarados del partido Larrain, no tardaria en dividirse, circunstancia que le seria favorable.

Habiendo tomado esta resolucion, volvió toda su atencion á la disciplina del ejército, y á las operaciones de la guerra, rechazando por un lado las guerrillas de Sanchez, y vijilando por otro las intrigas de los realistas, los cuales naturalmente procuraban aprovecharse de las disensiones que habia entre las autoridades politica y militar.

En efecto, Sanchez no solo hacia una guerra continua 4 los patriotas, al sur y al norte de Chillan, insultándolos hasta en sus mismas trincheras, sino que tambien fomentaba, con promesas de auxilio, una conspiracion cuyo objeto era operar una sorpresa contra el jeneral Carrera, envolviendo en ella al gobierno de Concepcion, á los miembros del Cabildo , á todos los jefes del ejército y á los principales patriotas. Don Santiago Tirapegui, que habia sido capitan de dragones de la frontera, y i quien se habia permitido permanecer enfermo en su casa, despues de haber estado arrestado, por sospechoso, á bordo de un buque, se puso á la cabeza de dicha conspiracion, olvidando todo sentimiento de gratitud. Las fuerzas con que contaba eran las de San Pedro, mandadas por el bizarro Quintanilla; una colunna que le habia prometido Sanchez; una parte de la infanteria miliciana y un gran número de realistas de la ciudad. Los conspiradores se reuhian en juntas parciales en los diversos barrios de la ciudad, y ya estaban prontos á dar el golpe, cuando, el 21 de diciembre, el teniente coronel de milicias don Xavier Solar, envió á pedir, por conducto de don Manuel Novoa, una cita á Carrera para las dos de la mañana, detras de la iglesia de San Agustin, en cuya cita le dió muy misteriosamente el secreto de la conspiracion que se tramaba contra él y contra todos los patriotas, con toda certidumbre, en atencion que él mismo habia sido solicitado á tomar parte en ella, por su bodegonero.

La reputacion del personaje delator, su carácter sedentario y pacifico eran pruebas incontestables de la verdad, y Miguel Carrera se apresuró á mandar arrestar á todos cuantos le habian sido delatados, encargando la formacion de la causa á tres asesores, que fueron don Manuel Novoa, don Estevan Manzano y don José Ti

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