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señaló por muchos individuos que mandó pasar por las armas, y en tales casos es preciso confesar que no perdonaba á nadie, aunque fuesen conocidos, amigos y aun tambien parientes.

Los cargos que se le han hecho de no haber sabido aprovechar de la victoria tanto en Yerba Buena como en San Carlos, no son mejor fundados, ni mas justos: la primera de estas acciones no fué mas que una sorpresa, puesto que los patriotas no pensaban empeñarla mas que con la vanguardia enemiga, y tenian pocas tropas para sacar grandes ventajas del desorden en que la pusieron por de pronto. Si el campamento de Carrera no hubiera estado tan lejos y á la otra orilla del rio Maule, muy ciertamente el ejército enemigo habría quedado roto y desmembrado en términos de no poder jamas rehacerse; pero los patriotas estaban tan ajenos de lo que iba á suceder, y de que el cuerpo del ejército realista se hallase en Yerba Buena, que la colunna de ataque no estaba apoyada por especie alguna de reserva; descuido, á la verdad, incomprensible en un militar de esperiencia, que debe conocer todas las posiciones y disposiciones del enemigo antes de decidirse á atacarlo.

La otra reconvencion relativa á la accion de San Carlos parece, á primera vista, menos injusta. El ejército de Pareja se hallaba bajo desfavorables auspicios que tenian, y no podían menos de tener á sus tropas en un estado de desmoralizacion, puesto que se retiraban en fuga, y su jeneral, ya anciano, se hallaba gravemente enfermo. En esta retirada precipitada, la vanguardia de los patriotas las seguía y les daba alcance, en términos que, desesperando de llegar al rio Nuble, no tuvieron mas recurso que atrincherarse sobre una loma. Por

consiguiente, era esta una ocasion favorable para que el jeneral Carrera cosechase las primicias de laureles futuros verdaderos; pero sus tropas, poco acostumbradas á las fatigas de la guerra, llegaban exaustas de fuerzas, quedando atrasados y fuera de las filas muchisimos soldados, por los malos caminos y las continuas lluvias; á lo cual se juntaba la poca disciplina é instruccion de la jencralidad del ejército, y sobretodo el inconsiderado acaloramiento conque Juan José se arrojaba al enemigo. Tales han sido las causas de las pocas ventajas que se obtuvieron en el ataque de San Carlos.

Pero la grande falta que cometió Carrera en aquella circunstancia, fué la de haberse encerrado en su campamento sin pensar en vijilar los movimientos del enemigo, el cual pudo retirarse y desaparecer impunemente á favor de la noche. Un jeneral mas avisado no habria cometido ciertamente semejante yerro , y le hubiera podido perseguir y arrojar sobre el Nuble, en donde lo hubiese desecho completamente con tanta mas facilidad, cuanto el rio, corriendo crecido y caudaloso, era infinitamente mas peligroso el atravesarlo. Por consiguiente, Carrera faltó entonces de prevision, como mas adelante en otras ocasiones, se mostró indeciso, irresoluto y, tal vez, timido. Jamas se le vió en medio de una accion, y siempre se situaba á distancia para dirijirla, como si mandase un numeroso ejército, bien que no pudiese ignorar que en pequeños encuentros, un jefe debe dar á sus tropas el ejemplo del valor, mostrarse en donde hay mayores riesgos, mandando por Bu propia voz y guiándolas él mismo á la victoria. Pero, como lo acabamos de decir, obraba de un modo enteramente opuesto, y si dió pruebas de saber organizar sus colunnas, no

las dió en igual grado de saber conducirlas al enemigo, porque no tenia el denuedo, que es una de las eminentes cualidades de un jeneral en jefe.

En cuanto á sus malversaciones y poco patriotismo, esta acusacion ha podido tener eco en aquel momento; pero el tiempo, que es un infalible justiciero, le ha declarado muy luego absuelto. En efecto, no se podia racionalmente tachar de falso patriotismo á un jeneral que, como Carrera, trataba con tanto rigor á los realistas , aunque fuesen mujeres, en términos de perder el favor de la opinion jeneral, y á consecuencia sin duda alguna, el puesto que ocupaba de jeneral en jefe; en la cual se faltó al reconocimiento y á la justicia que le eran debidos por los grandes servicios que habia hecho al país, creando y organizando un ejército en medio de la roas increible penuria de medios y elementos para ello; no habiendo ademas motivos suficientes para quitarle el mando. Por lo mismo, se hace mucho menos estraño que hubiese titubeado en deponerlo, y querido, en un primer movimiento, oponerse á la ejecucion del decreto que se lo quitaba : ¿ qué jeneral, en su lugar, no hubiese hecho lo mismo? Y con todo eso, al punto en que vió la opinion jeneral engañada é indispuesta contra él, cedió y se retiró sin recriminacion ni quejas; lo cual, lejos de atraerle induljencia, fué causa y motivo para que se le afease con una nueva calumnia, haciendo correr la voz de que si se habia resignado, lo habia hecho porque temia la llegada de un nuevo ejército del Perú.

FIN DEL TOMO QUINTO.

INDICE

DEL TOMO QUINTO.

PlÓLOCO f

CimoLo I. — Situaclon de la América en 1808. — Primeros sintomas de retolucion. — InCuencia que tuvieron en ella las de Francia y de los Estados Unidos. — La Inglaterra procura darle impulso con socorros,

y Napoleon por medio de sus emisarios Triste posiclon de España,

y su impotencia para exorcizar la tempestad que la amenaza 35

Cimillo II.— Muerte del presidente Muñoz de Guzman.— Competencia de la Real Audiencia y de Carrasco sobre la suceslon. — Carrasco es nombrado por el ejército de la frontera.— Estado de Chile y de España á su entrada en el mando. — El capitan Luco viene á pedir nuevos recursos 40

CiPrrcxo III.— Hombres marcantes de la revoluclon.— Juan Martinez de Rosas.—José Antonio Prieto.—Bernardo O'Higgins.—Manuel Salas, etc. 31

Cipitclo IV.— Posibilidad de retardar la revoluclon.— El doctor Campos y la real Audiencia. — Proclama de la infanta Carlota Joaquina de Borbon. — Progresos de la revoluclon. — Cómo los patriotas de Buenos-Aires le dieron fomento. — Muchos miembros del Ayuntamiento la adoptan y la sirven.— Orden de Carrasco para aumentar el número de diputados al Cabildo con doce rejidores, orden anulada pocos días despues.— Proyectos de los realistas para contener la insurrecclon.— Consejos de Cisneros á Carrasco, y medidas violentas adoptadas por este último contra los estranjeros. — Destituclon del asesor Yaldes, y redamaclon de la real audiencia sobre este particular. — Campos es nombrado asesor, y José Santiago Rodriguez vicario capitular OS

Capitulo V.— Las Ideas revolucionarias se comunican al ayuntamiento mismo.— Nombramiento de nuevos cabildantes muy favorables á dichas ideas. — Carrasco nombra i Campos presidente del cabildo.— Sumo descontento que este nombramiento causó i los miembros de aquella corporaclon, que desamparan i Carrasco.— Instalaclon de una junta do vijllancla.— Rogativas en todo el país por el éxito de los ejércitos de España y contra las Ideas suversivas de los revolucionarios de Chile.— Arresto deFr. Rosauro Acuña y del coronel don Pedro Ramon Arriagada.

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