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descuidadas hasta entonces en aquellos modestos establecimientos de enseñanza pública.

Pero lo que llevaba mas su atencion era la aplicacion de las artes y de la industria á las producciones de la tierra y de la agricultura; porque, como sabio economista, conocia que estos ramos sin salida, y solo propios al consumo local, no tenian verdaderamente influencia alguna civilizadora, y que para dotarlas de esta poderosa ventaja se necesitaba añadirles el poder del entendimiento aclarado, que sabe como se descomponen dichas producciones, modificándolas y transformándolas segun las necesidades de la sociedad. Tambien queria estender el comercio rnas allá de Lima,, solo punto que las vejantes leyes de la madre patria le habian concedido, sobre cuya materia, asi como tambien sobre otras muchas, ha dejado memorias que serán por muchos años objeto de admiracion para todo buen patriota. Pero es preciso confesarlo y repetir que este inmortal Chileno no era hombre de accion ni de partido. Su educacion, enteramente interior y privada, le habia hecho demasiado timido, le habia apocado el ánimo dejándole poco apto á despreciar riesgos, ó á acaudillar un movimiento que exijiese denuedo. Su carácter, en este particular, era muy dis-^ tinto del de Rosas y del de O'Higgins, vivos emblemas de la politica peligrosa que se preparaban á proclamar, formando ya una filiacion , y mostrándose llenos de entusiasmo , de decision y de convencimiento para llevar á buen fin, y contra viento y marea, si fuese necesario, los pensamientos liberales que los dominaban.

Es verdad que por la reunion de estos tres ilustres patriotas la rejeneracion social del país adquiria triple influencia, fundada en los mejores y mas seguros elementos de civilizacion : Rosas representaba la politica y la organizacion administrativa; O'Higgins era el hombre de accion , verdadero defensor de los derechos nacionales ; y Salas, el gran propagador de ideas liberales, demostrando con ciencia y constancia las preciosas ventajas que se conseguian esparciendo y cultivando el amor á las ciencias, á las artes y á la industria, en todas las clases de la sociedad (1).

Al norte de Chile, las ideas de libertad y de reforma eran totalmente nulas. La grande conmocion eléctrica que, partiendo de Concepcion, habia alterado sensiblemente la fidelidad de algunas personas de Santiago, se habia, en cierto modo, neutralizado con las preocupaciones aun tenaces de los habitantes de Coquimbo, que tenian un apego síncero á la monarquia. Este apego, en algunas circunstancias, lo llevaron algunos empleados á estremos frenéticos; asi es que al advenimiento de Fernando VII á la corona de España, Coquimbo recibió su retrato con una pompa que casi dejeneró en culto. Construyeron un carro triunfal para ir á buscarlo al puerto, y, despues de haberlo desembarcado con salvas de artillería, lo colocaron en una especie de anfiteatro para llevarlo en triunfo á la ciudad, tirado por catorce

(1) Su patriotismo era tal que en un memorial presentado, en 1796, al ministro Gardoqui, le pedia personas hábiles para fomentar la Industria del pais, dictándole : « Mientras se envian estos sujetos, puede empezarse aquf á hacer algun ensayo; estoy, por ejemplo, tan seguro del buen éxito que tendrá la cultura del lino, y el envio de esta materia á España, que no dudo hacer el sacrificio, á la comun felicidad, de los primeros gastos, que serán los que únicamente deberán perderse, y, para esto, franqueo lo que puedo, esto es, la gratificacion de 700 p. que se me acaban de asignar para la Intendencia de obras públicas, el salario de sindico del consulado, las tierras que se quieran emplear en estas siembras, con los utensilios, bueyes, y oficinas necesarias en las Inmediaciones de esta ciudad , para que , espuestas á vista de todos, las esperiencias escHen á su imitacion. »

soldados, y acompañado de los habitantes de distincion con tambores y música á la cabeza. Tras de los habitantes , iban dos hileras de doncellitas cantando himnos á aquel nuevo dios, al que otras mujeres, que le rodeaban , incensaban con el incienso de la iglesia. Las autoridades cerraban la marcha, presididas por el sarjente mayor D. M. Uriondo, autor y maestro de ceremonias de aquella notable ovacion. En la Serena, la procesion entró por medio de un jentio á cuyo júbilo se mezclaba cierto recojimiento relijioso que recordaba los tiempos antiguos de idolatria, pues en algunas calles se vieron individuos tan doblegados á la servidumbre que se arrodillaban, y sin duda alguna adoraban el retrato (1). A su tiempo veremos como la primera junta se vió en la necesidad de emplear fuerza y autoridad para darse a reconocer, por donde se ve cuan poco dispuestos estaban á admitir un cambio de gobierno; es verdad que aquella ridícula ostinacion no fué de larga duracion, y que se rindió muy luego á la evidente claridad de sus derechos, que vieron los habitantes, asi como tambien de la bajeza de su existencia anterior. Conformes, desde entonces, con las nuevas ideas de aquella época, no solo las propagaron, sino que tambien las defendieron con no menor teson que sus valientes denodados compatriotas. ,

(1) Informe del sarjento mayor D. M. Uriondo.

CAPITULO IV.

Posibilidad de retardar la revolucion. — El doctor Campos y la real Audiencia. — Proclama de la infanta Carlota Joaquina de Borb n. — Progresos de la revolucion —Como los patriotas de Buenos-Aires le dieron fomento. — Muchos miembros del Ayuntamiento la adoptan y la sirven. — Orden de Carrasco para aumentar el número de diputados al Cabildo con doce rejidores, orden anulada pocos dias despues. — Proyectos de los realistas para contener la insurreccion. — Consejos de Cisneros á Carrasco, y medidas violentas adoptadas por este último contra los estranjeros. — Destitucion del asesor Valdes, y reclamacion de la real audiencia sobre este particular. — Campos es nombrado asesor, y José Santiago Rodriguez vicario capitular.

Este era el estado de cosas en el pais cuando Carrasco fué ascendido á su gobierno, y por un muy particular capricho de su malhadada suerte se habia acompañado, como ya lo hemos dicho, para su consejo privado, de un hombre lleno de prestijio, gran promotor de ideas de reforma, y que por sí solo era una verdadera personificacion de ellas. Bien que algunas personas le hubiesen advertido de ello, y que otras le hubiesen asegurado seguia una correspondencia activa con BuenosAires, que se hallaba ya entonces en plena revolucion, todo esto fué inútil, porque Rosas le habia ganado su afecto, su estimacion y confianza, en términos que se burló de aquellas insinuaciones, y pudo preparar, sin dificultades mayores, sus grandes proyectos de reforma, por los cuales hizo entrar algunas personas de la capital, que tenian bastante influjo para favorecer sus designios, y asegurar sus resultados.

Noobstante, la revolucion hubiera podido quedar parada aun por algun tiempo, si el país hubiese sido gotornado por un militar de carácter diferente delque tenia Carrasco, pues le faltaba mucho para estar enteramente organizada; pocos sabian cuales eran sus fines, y el mismo ftosas no tenia todavia un plan bien trazado para poder apoyarla en un centro de operaciones que le diesen un buen impulso (1). Un hombre activo, determinado, dotado de una voluntad firme é imperiosa, la hubiera aceptado con serenidad y con tino, hasta que, dominándola, hubiese podido darle una direccion en un sentido que fuese conveniente á los intereses de la monarquia. Era este, á la verdad, un papel muy difícil de desempeñar, es preciso confesarlo, pero no imposible, en atencion á la situacion del país. El gobierno podia contar con el mantenimiento del buen órden por la parte del sur, pues tenia allí bastantes tropas para protejer la frontera; el norte gozaba de la mayor tranquilidad, sin que se hubiesen manifestado por allí sintomas algunos alarmantes; en el centro, es decir en Valparaiso y en la capital, habia algunas compañias de veteranos, muchos empleados, interesados en la causa del rey, y muchos Españoles, que no lo estaban menos, y que se hallaban naturalmente coligados por un sentimiento comun de desconfianza; enfin, la mayor parte de los chilenos que ocupaban altos puestos eran contrarios á todo espíritu de reforma, como tambien lo era la clase mediana, sometida enteramente al clero, y jeneralmente afecta á la monarquia. Ademas, las nuevas ideas que empezaban á propagarse eran diversas, en su espiritu, y no podian influir de un modo uniforme en los ánimos que las adoptaban; circunstancia que, necesariamente, daba logar á opiniones contrarias y á desavenencias mas

(lt Conversacion con el canónigo Francisco Meneses

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