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De resultas de la toma de Montevideo por los patriotas, Pezuela no podia seguir en la provincia de Salta, tanto mas cuanto que acababa de saber la derrota y muerte del valiente Blanco en Santa Cruz de la Sierra, las pérdidas que habia tenido el comandante Barra en ValleGrande , el abandono de la Laguna por el teniente coronel Valle y el gran número de partidas de guasos que se estaba formando en los alrededores. Todo esto le obligó á abandonar á Salta el 3 de agosto, y á replegarse sobre Sinpacha, desde donde escribió al virey, pidiéndole prontos auxilios en hombres y en armamento.

Seis dias antes de recibirse el parte de Pezuela, Abascal habia enviado á Chile la espedicion de Ossorio, lo que le colocó en la imposibilidad de suministrar al jeneral del Perú los ausilios que le reclamaba; pero interesado vivamente en la conservacion del vireinato, sobre todo en momentos en que el Cuzco acababa de sublevarse casi en masa por instigaciones del gran patriota Angulo, reunió el 30 de setiembre un consejo de guerra, en que se resolvió escribir á Ossorio que enviase á Arica el cuerpo de Talavera y el de Chiloe, si sus armas habian triunfado en Chile, y autorizándole si el estado de la guerra no era tan satisfactorio como se creia, para celebrar con los patriotas un convenio, que permitiese disponer de todas las tropas contra el alto Perú (1).

Esta determinacion, que se comunicó á Ossorio con prontitud y por triplicado (2), le colocó en una posicion

(1) Este hecho, que ya yo habia notado de resultas de algunas conversaciones que tuve en el Cuzco con Ruedas, cx-sccrctario de Ossorio, se ve confirmado en la relacion del gobierno del marqués de la Concordia y en las Memorias del jeneral Gamba.

(2) Ignorábase la suerte de las órdenes que hasta por triplicado se habian pasado i Ossorio en conformidad de lo resuelto en junta de guerra para activar sus operaciones, y que en cualquier estado tratase con los insurjeotes la nego

VI. Historia. 9

tan critica como embarazosa. No queriendo tomar sobre si toda la responsabilidad de sus actos, convocó un consejo de guerra f en el que hizo ver á sus compañeros de armas que una retirada seria muy peligrosa para el ejército, y que su posicion era demasiado buena para no intentar una batalla decisiva, cuyo feliz éxito lo aseguraba la discordia que habia entre los dos partidos* Pacificado el pais y dominadas todas las facciones, seria mas fácil socorrer al Perú, enviándole las tropas que entonces casi para nada se necesitarian. Admitida esta idea por la jeneralidad de los oficiales, Ossorio dió las órdenes de marcha y el 30 de setiembre todo el ejército se puso en movimiento, aprovechando la noche para pasar con menos resistencia el rio Cachapual, en cuyas márjenes estaba acampado parte del ejército chileno. Pocos dias antes habia propuesto á O'Higgins conservarle el titulo de brigadier y nombrarle intendente de la provincia de Concepcion si se pasaba á los realistas, propuesta que fué recibida con desprecio é indignacion.

Aunque don José Miguel Carrera mandó obstruir las acequias para que vertiesen las aguas en el rio y hubiese menos vados, estos los habia en muchos puntos, porque la estacion no favorecia sus intentos. Ossorio elijió el de Cortés cómo uno de los mas fáciles de pasar, y dividió su ejército en tres columnas que marchaban á muy corta distancia Una de otra, para disminuir los inconveniente? de ir separadas, y que descansaban de cuando en cuando. Como habian salido á las nueve de la nocho y la Requinoa apenas dista dos leguas del paso del rio, llegaron temprano, y al rayar el alba lo vadearon sin obstáculo, pues la vanguardia, compuesta de seiscientos cincuenta caballos, habia desalojado para entonces los veinte hombres, única fuerza que guardaba aquel paso.

elacion mas decorosa que pudiese alcanzar, para volar ;il socorro del jenml Pezu'lu y de sus valientes y beneméritas tropas. — Relacion del gobierno del marqués de la Concordia.

En cuanto O'Higgins supo que el enemigo intentaba pasar el rio por el vado de Cortés, encargado á la viji— lancia de don José Miguel Carrera, destacó una compañia de dragones mandada por el capitan don Rafael Anguita, la cual llegó tarde y tuvo que replegarse. Tambien O'Higgins se vió obligado a atrincherarse detras de las tapias, desde donde no cesó de incomodar al enemigo durante su paso. Mas de una hora estuvo en esta posicion aguardando que le llegasen refuerzos; pero viendo que todo el ejército realista estaba ya al norte del rio, que una parte de él batia su derecha, y que la otra intentaba cortarle la retirada, dando rodeos para interponerse entre él y Rancagua, mandó marchar sobre la ciudad, adonde se habia retirado con casi toda su division don Juan José Carrera, esperando se le reuniese muy pronto la de don José Miguel, con arreglo á lo que habian convenido.

Esta ciudad situada á unas cuantas cuadras del rio y construida en medio de una vasta llanura, la escojió O'Higgins, contra el parecer de don José Miguel Carrera, para punto de resistencia. Como nada habia hecho la naturaleza para su defensa, la fortificó á toda prisa, pero muy ligeramente por falta de materiales y por el poco tiempo que hubo para trabajar. Reduciase la fortificacion á unas simples trincheras construidas con adobes á una cuadra de la plaza y á la entrada de las tres calles mas inmediatas. Los puntos de acceso estaban completamente abiertos, y por lo tanto le fué fácil á Ossorio apoderarse de ellos y rodear la ciudad, bloqueando á los patriotas y privándoles de todo socorro. Para que su situacion fuese mas apurada, se cortó la única acequia que provee de agua ála ciudad, por manera que los soldados en número de mil setecientos próximamente y los habitantes, se encontraron privados de tan indispensable articulo.

Tal era el estado de las cosas cuando principió el combate, el mas sangriento y obstinado de cuantos se habian visto hasta entonces (1). Durante treinta y tres horas la accion se sostuvo sin tregua ni descanso y con un arrojo por una y otra parte digno de mejor causa, pues los patriotas demostraron en la defensa una obstinacion igual á la impetuosidad de los que les atacaban. Fortificados en la plaza, colocados en las casas y en sos techos hacian pagar cara la atrevida bravura de los realistas, dirijidos por oficiales valientes, acostumbrados al fuego y siempre prontos á lanzar sus tropas á calles rectas y estrechas, lo cual les causó grandes pérdidas, especialmente en el batallon de Talavera, del que no quedó mas que la sesta compañía mandada por Sanbruno , y en el del real de Lima. Muchas tentativas hicieron, y otras tantas fueron rechazadas por los cañones de los patriotas colocados en la bocacalle de San Francisco y á una cuadra de la plaza, hasta que viendo la

(1) El ejército chileno, comprendida la division de don José Miguel Carrera, etc., se componia de catorce jefes, doscientos doce oficiales, tres «¡I cuatrocientos doce artilleros y fusileros y dos mil quinientos sesenta y cuatro milicianos de caballeria, en todo seis mil doscientos y dos hombres; pero a jeneral los soldados no tenian disciplina y muchos eran nuevos, procedian de las clases inferiores de la sociedad y estaban sin armas. El ejército realista Do ascendia masque i cuatro mil novecientos setenta y dos hombres, pero casi todos buenos soldados, algunos de los cuales habian hecho la campana contri Napoleon; y aunque es verdad que tenia algunos milicianos, podia contarse con ellos, porque pertenecian á una raza de hombres habituados a estar coosiantemente con las armas en la mano, por su proximidad á los indios araucano1

imposibilidad de tomar al descubierto las trincheras, abrieron troneras en las casas, y á su abrigo pudieron aproximarse á distancia de una cuadra, donde construyeron parapetos valiéndose de grandes lios de charqui y otros objetos que pudieron encontrar. Puestos asi á cubierto, aunque no lo bastante para preservarse del fuego de fusil que les hacian desde los techos de las casas, incendiaron las de los alrededores, lo cual puso á los patriotas en una posicion muy crítica si bien no desesperada; porque animados por la enerjia de sus jefes se batian con tanto valor como decision, de tal manera que sabiendo que se aproximaban refuerzos, hicieron una salida sobre diferentes puntos, con tan buen resultado que hubo un momento en que Ossorio pensó batirse en retirada y desistir del ataque, lo que empezó á hacer en efecto, y hubiera continuado sin la resistencia de algunos oficiales (1).

Si en este momento de vacilacion se hubiera presentado con la tercera division don Miguel Carrera, es probable que hubiese decidido la suerte del combate, declarando la victoria en favor de los patriotas; pero situado como siempre y sin duda por su mala estrella, á una distancia bastante grande del campo de batalla, se contentó con enviar á las órdenes de su hermano don Luis, dos cañones y unas cuantas compañias mandadas por los dos hermanos Benavente, sin mas objeto que el de protejer la retirada de los sitiados, cuando lo que el jefe de estos le pedia era auxilio para añadir el último lloron á aquel principio de victoria. Al llegar por el lado del norte, donde estaban acampados la caballería de Elor

(1) Oficio de O'Higgins al gobierno de Buenos-Aires. Este oficio manuscrito me lo dio el mismo O'Higgms y lo conservo. Ignoro si se ba Impreso.

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