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partidarios, todavía habia entre estos algunos de carácter inquieto y que escitados por la presencia de sus jefes ó quizá por sus conversaciones y sus consejos, se propasaban á algunos actos de insubordinacion poco tranquilizadores para su porvenir y para el del ejército. Sabian ademas que á ciertos cuerpos de este ejército se les estaba continuamente hablando en favor de Carrera, que la desercion se favorecia de mil maneras y que solo se esperaba ganar algunos batallones para marchar sobre Santiago y deponer la junta gubernativa reemplazándola con un nuevo poder. Todo esto contribuia á que la posicion de O'Higgins fuese tan difícil como equívoca y á que gastase el tiempo en desbaratar estas peligrosas intrigas, contentándose con hacer algunas reformas útiles á su partido y dejando a un lado la conquista de Arauco, cuyas ventajas no desconocia, y á la que fué impulsado por la junta gubernativa, la cual se decidió al fin cuando supo que iban á llegar tropas realistas a las costas de Chile.

Estas tropas, procedentes unas de Chiloe y otras del Callao, desembarcaron en efecto á fines de enero de 1814. Las primeras que llegaron se componian de setecientos milicianos á las órdenes del coronel Montoya, y las demas apenas contaban ciento veinticinco hombres, si bien todos soldados escojidos pertenecientes en sus cuatro quintas partes al rejimiento real de Lima, con dos piezas de campaña. En los buques que condujeron las últimas tropas iban ademas oficiales y personas de mérito, tales como don Matías de la Fuente, don José Antonio Rodriguez, auditor de guerra, y otros. Iban tambien don Gavino Gainza, brigadier de los ejércitos reales y coronel del rejimiento de infantería del infante don Carlos, á

VI. BIstoria.

quien Abascal enviaba á Chile á tomar el mando en jefe del ejército de operaciones, en reemplazo de Sanchez, que era de edad muy avanzada y tenia una educacion vulgar y escasos talentos militares. Esta fué una falta del virey, quien debió ser mas justo con este oficial, despreciando los dichos de los envidiosos y los ambiciosos y reflexionando que si Sanchez carecia en efecto de las cualidades necesarias para mandar un ejército por insignificante que fuese, tenia dadas pruebas de actividad, se habia sostenido con honra en la difícil posicion en que le colocó la muerte de Pareja, y reunia sobre todo á la gran ventaja de conocer bien el país, el instinto de adivinar con frecuencia el mérito de las personas que asociaba á su suerte.

Gainza estuvo pocos dias en Arauco , adonde fué á unirsele el coronel don Luis de Urréjola, quien le informó del estado de apuro en que se hallaban los patriotas, y sus desavenencias, y le manifestó la necesidad de atacar á Mackenna, que de Quirihue habia ido á fortificarse á la hacienda de Membrillar, situada á las inmediaciones en la parte baja del punto en que se unen los rios Nuble é Itata. El 8 de febrero partieron juntos yendo á pasar el rio Biobio por la pequeña plaza de Santa Juana. Llegado que hubieron á Rere incorporó la caballería de Elorriaga á las tropas que llevaba, las dirijió hacia la parte de Membrillar, no dejando en Rere mas que cien hombres al mando de Castilla, y se volvió a Chillan sin mas objeto que darse á reconocer por jeneral en jefe del ejército y capitan jeneral del reino. Tres dias despues fué á Quinchamali á reunirse al ejército y combinar con los oficiales superiores un ataque contra Mackenna, fortificado á pocas leguas de su campamento.

A la sazon el ejército de O'Higgins, á quien Mackenna, no cesaba de pedir ausilio, se hallaba rodeado de un cordon de tropas realistas unidas íntimamente por numerosas guerrillas que estaban siempre en campaña. Así es que en San Pedro, que solo está separado de Concepcion por el Biobio, se hallaba el valiente Quintanilla á la cabeza de cien soldados y sostenido por los de Colcura y Arauco ; Talcamavida y Santa Juana eran el punto de reunion de estas guerrillas mitad chilenas mitad indias, que tan intrépidas en el ataque como lijeras en la retirada, no temian llegar hasta las avanzadas de los patriotas, á las que no cesaban de hostigar y de incomodar, En Rere estaban las tropas de Castilla y en Chillan los setecientos hombres que Gainza habia dejado al mando del coronel Berganza, despues de haber dado orden de aumentar las fortificaciones de otros tres castillos y de cinco trincheras. Por último el grueso del ejército estaba acampado en Quinchamali pronto a marchar al punto que fuese necesario. Para completar mas esta especie de bloqueo, bien que no entrase en la intencion del jeneral en jefe, las dos fragatas la Sebastiana y el Potrillo que habian conducido las tropas á Arauco, se colocaron en la embocadura de la bahía de Talcahuano con intencion de apoderarse de los buques que llevaban víveres a la plaza y la abastecian, ó de ausiliar las operaciones del ejército de tierra. Entre Gainza y estos buques mediaba una correspondencia mui seguida por medio de las guerrillas que mandaban Lantaño y Barañao.

En medio de tantos elementos de temor y de peligro, O'Higgins, para sostener y mejorar la moral de sus tropas, creyó conveniente tomar la ofensiva y atacar algunos de estos destacamentos. Desgraciadamente la fatalidad

persiguió desde el principio todas sus empresas. Quintanilla le cojió los cuatrocientos caballos que Carrera habia puesto en la hacienda de Hualpen y cuando quiso atacarle en San Pedro, se vió obligado á renunciar á esta empresa y á retroceder á consecuencia de la insubordinacion de los granaderos probablemente sobrescitados con la presencia de don Juan José Carrera: por lo menos es lo cierto que este jeneral se habia introducido con intencioneshostiles en medio de sus soldados, por lo cual O'Higgins le dirigió duras y severas reconvenciones (1). Otra espedicion, que al mando del capitan don Juan Calderon luvo el encargo de sorprender á un corto número de soldados y marinos que bajaron á hacer aguada en la isla de la Quiriquina , fué completamente derrotada ; y pocos dias despues estos mismos marinos desembarcados en Coelemu, se apoderaron de un convoy de víveres destinado á Concepcion y que felizmente pudo recuperar en parte el teniente Freire atacándolos con ochenta dragones. Enfin una tercera espedicion mandada por el coronel de miliciasdon Fernando Urizar contra la guarnicion de Rere compuesta en parte de milicianos, fué todavía mas des graciada, porque el comandante de esta guarnicion, que era el joven Castilla, la batió completamente, haciéndola retroceder hasta Concepcion con pérdida de buen número de soldados, de los dos cañones que llevaba y de casi todas las armas y bagajes.

Cuando se verificaba esta última derrota, es decir, el 4 de marzo de 1814, un acontecimiento en estremo doloroso vino á contristar el ánimo de casi todos los hombres de ambos partidos.

No pudiendo don José Miguel Carrera soportar los insul(1) Conversacion con don Bernardo O'Higgins.

tos de algunos oficiales subalternos que no habian olvidado la severidad tenida con ellos, y viendo por otra parte que siéndole poco favorable el espíritu del soldado le era punto menos que imposible encadenar los sucesos á su gusto, decidió salir de la provincia y dirijirse hácia Santiago para de allí ir á su hacienda, como lo habia prometido. Al efecto pidió una escolta á O'Higgins, por quien se le facilitaron inmediatamente veinticinco hombres, y el 2 de marzo de 1814 se puso en camino en compañía de su hermano don Luis, de don Estanislao Portales, don Juan Morla, don Rafael Freire, don Servando y don Manuel Jordan y otros muchos militares y paisanos; por manera que la comitiva se componia de unas cien personas. Llegados á Penco se alojaron en los molinos de Pedro Nogueira, y allí supieron que el enemigo, noticioso de su viaje a Santiago, se habia colocado en la banda sur del rio Itata para detenerlos luego que lo pasasen. Hubiera sido grande imprudencia continuar la marcha, y resolvieron enviar espías para asegurarse del estado de los caminos. En este intermedio volvió a Concepcion con don Luis y algunos amigos, pero solo á pasar la noche, porque a las tres de la mañana estaban ya de vuelta en su alojamiento, aunque con intencion de retirarse al dia siguiente á la chacra de don Pedro José Benavente, o quizá de volver á Concepcion aprovechando el permiso que O'Higgins habia dado á su hermano don Luis : pero la fatalidad no le dió tiempo.

En efecto, una division enemiga mandada por don Clemente Lantaño y fuerte de quinientos hombres y dos piezas de campaña, habia sido destacada por Gainza para impedir el paso á las tropas de O'Higgins, que segun avisos debian ponerse muy pronto en marcha para reunirse

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