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unas pequeñas escaramuzas, en que le tocó la mejor parte.

Por aquí se ve que Marco era no ya el instrumento, sino el juguete de San Martin , puesto que habia dispersado sus tropas que era lo que este queria, y á lo que aspiraba el activo Rodriguez, cuyas guerrillas aumentaban todos los dias, por lo mismo que eran abusivas y peligrosas las medidas de rigor adoptadas (.1). No solo renovó y amplió los bandos severos de 1814 y 1815, sino que estableció consejos de guerra permanentes en las principales ciudades y cubrió las provincias inmediatas con una red de soldados, cuyos jefes en defecto de consejos de guerra tenian derecho de vida y muerte sobre todo individuo acusado del mas leve delito. En un nuevo bando de 22 de enero mandó que todos los caballos, muias y caballerías menores de los distritos comprendidos entre Talca y la capital, se enviasen al gobierno, sin permitir que nadie reservase uno solo: rigor que sintieron mucho los chilenos y especialmente las jentes del campo, incapaces de andar á pié la mas corta distancia. Desde aquel momento la insurreccion atrajo á todas las clases, á los jornaleros (2), como á las jentes del campo, y la libertad defendida por estos hombres vigorosos y de accion, pudo predecir el dia en que habia de plantar para siempre su bandera de nacionalidad.

(1) Véase su bando de 7 de enero de 1817, etc.

(2) En la capital los artesanos se entregaban á actos de burla é insubordinacion á vista de los empleados del gobierno. En la gaceta viva el rey correspondiente al 17 de enero, en un periodo en que se hablaba de España, el impresor puso madre malhechora en vez de bienhechora, y en donde dccia el inmoral Rodriguez sustituyó el inmortal Rodriguez, ele. Aunque fué condenado á seis meses de presidio con destino á los trabajos de las fortificaciones de Santa Lucia, no fué esto obstáculo para que otros imitasen su ejemplo, cuando la ocasion se presentaba.

CAPITULO XLV.

El ejercito de San Martin pasa las cordilleras.— Batalla de Cbacabuco ganada por los patrlotas. — El capitan Vetazqucz. lleva la noticia a Santiago, y difunde el terror entre los realistas. — Emigraclon de estos.— Gran ilcnirddi que la emigraclon produce en el camino y en Valparaíso. — Hccbo prisionero Marco, es llevado ú Santiago,

Dejamos al jeneral San Martin en la cima de las altas cordilleras, luchando con las mil dificultades que le ofrecian los caminos, para luchar en seguida con los enemigos de la libertad chilena, refujiada un momento en Mendoza y sus inmediaciones, y que con el auxilio de sus valientes soldados iba á restituir á su país natal.

La ruta que seguía era la de los Patos, que por ser la peor y la menos frecuentada, confiaba encontrarla poco ó nada defendida: por la otra ruta envió una pequeña division compuesta del batallon número 11, treinta granaderos de caballería y dos piezas de montaña al mando de las Heras. Tenia órden este coronel de ir á Santa Rosa á esperar nuevas órdenes; pero al llegar á la Guardia encontró un destacamento de realistas que quiso disputarle el paso, y el mayor don Enrique Martinez, encargado de atacarle, lo hizo con tal impetuosidad, que bastó hora y media para arrollar esta avanzada y derrotarla hasta tal punto que muy pocos pudieron escapar. No fueron estas las únicas primicias del ejército de los Andes, pues en el mismo día y casi en el mismo momento, el mayor de injenieros don Antonio Arcos, encargado de ocupar y poner en estado de defensa el punto de las Achupallas que dominaba una parte del valle de Putaendo, tuvo tambien un encuentro con el comandante de San Felipe que quiso detenerle en su marcha, y aunque el jóven teniente Lavalle no tenia á su disposicion mas que veinte y cinco granaderos de caballeria, no titubeó en atacarle, y le batió y dispersó hasta mas allá del referido valle, que entonces estaba casi todo en poder de los patriotas.

Estas pequeñas acciones por insignificantes que fuesen, inspiraban confianza al soldado, familiarizaban con el ruido de las armas á los que a ellas hábian asistido y aumentaban el amor propio del ejército, ya un tanto orgulloso de haber atravesado las elevadas cordilleras. Porque el soldado se envanece lo mismo por haber sobrellevado las fatigas, que por haber corrido peligros.

Con la ocupacion del valle de Putaendo, el paso dejas cordilleras estaba vencido, y al ejército patriota no le quedaba ya mas que hacer que medir sus fuerzas con las del realista, que era precisamente lo que demandaba con impaciencia. En cuanto esta ocupacion llegó á conocimiento de San Martin, que fué al dia siguiente de la accion , mandó que acelerase el paso la vanguardia del jeneral Soler, el cual el dia G habia subido ya su artilleria é ido á acampar á San Andrés, despues de enviar á las Coymas una parte de su division á las órdenes de Necochea, mientras otra mandada por Millan iba á ocupar el pequeño pueblo de San Antonio.

Las tropas enemigas, atrincheradas en el pequeño cerro de las Coymas, esperaron á pié firme la division Necochea, que siendo muy inferior á aquellas, retrocedió para atraer al llano á los realistas. Gracias á este ardid de guerra, que produjo el efecto deseado, la accion, que no tardó en empeñarse, fué ventajosa á los patriotas; y no obstante que al frente del enemigo estaba el valiente coronel de injenieros don Miguel María de Atero, fué rechazado hasta el otro lado del rio (1).

Otra vez libres el campo y la llanura de Curimon, San Martin mandó avanzar á todo el ejército, el cual pasó el rio por un puente que se construyó al efecto y fué á acampar á la falda del cerro de Aconcagua, monte muy elevado que cortaba el camino de Santiago, uniendo las altas cordilleras con las de la costa. El coronel las Heras, situado en Santa Rosa, se reunió al comandante Millan. que habia llegado la vispera con objeto de reconocer la posicion del enemigo; por manera que el 11 todo el ejército, menos la artillería en su mayor parle y alguna reserva de caballería, estaba al pié de la montaña que iba á presenciar una de las batallas mas memorables de la república.

Los realistas se habian forticado al pié de la misma montaña por la parte sur y su número, como que su ejército estaba diseminado, era inferior al de los patriotas. Marco dió órden á las tropas del sur para que á toda prisa marchasen sobre Santiago, pero la caballería que se hallaba mas inmediata fué la única que pudo llegar hasta Cbacabuco la vispera de la batalla y tomar parte en la accion. El comandante en jefe, que era Maroto, coronel de Talavera, tampoco llegó hasta la vispera (tan trastornada estaba la cabeza del jefe), y apenas tuvo tiempo para formar una idea de la disposicion del terreno. Tenia órden de no arriesgar ningun combate si su fuerza numérica

(1} Como sucede ordinariamente, en el parte que dio Aleros de esta acclon, dijo que habia sido completamente favorable á los realistas, y que los patriote babian lenldo cincuenta y dos muertos y un número muebo mayor de herides. El paso del rio lo esplicaba diciendo que lo creyó prudente, y que ademas « resolvió en un consejo de guerra.

era inferior á la de los patriotas, y replegarse sobre el camino de Santiago, mientras no se le reuniesen las demas tropas que debian llegar del sur.

Sea que, como dice el padre José Javier Guzman (1), le engañase el coronel Cacho, que despues de hacer un reconocimiento le aseguró que los patriotas no pasaban de mil, sea que se viese forzado á aceptar la batalla, como pretenden otros autores; lo cierto es que Maroto hizo inmediatamente sus preparativos, y el 12 de febrero por la mañana temprano envió á la cima de la montaña, por donde debia pasar el ejército de los Andes, un destacamento de doscientos hombres con órden de defender á todo trance este punto, y no abandonarlo sino despues de haber perdido la mitad de su jente : él con todo el resto del ejército se situó al pié de la misma montaña á corta distancia de las casas de la hacienda.

Tal era la colocacion de los realistas cuando San Martin fué á acampar á la parte opuesta de la misma montaña, con ánimo de no dar la batalla hasta que le llegasen la artillería y algunas otras tropas. Sin embargo, sabedor de que los realistas esperaban refuerzos, se decidió á atacar v comenzó por desalojar á los doscientos hombres que estaban en la cima, lo que llevaron á cabo con intelijencia y arrojo los brigadieres O'Higgins y Soler, acometiéndoles de frente el primero, mientras el otro les amenazaba por el flanco y dificultaba su retirada. Calculando San Martin que la dispersion de estos realistas, á quienes O'Higgins perseguia con encarnizamiento, causaría confusion en el ejército enemigo, y aprovechando momentos tan propicios para la victoria, mandó que los escuadrones 1, 2 y 3 á las órdenes del coronel

(1) El Chileno instruido, tomo 1°, pajina 417.

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