Imágenes de páginas
PDF
EPUB

con las de Mackenna. A su llegada á Coelemu supo Lantaño que estas tropas no estaban aun en disposicion de salir de Concepcion , pero que Carrera se dirijia sobre Santiago acompañado de algunos soldados solamente y de buen número de personas. Su primer pensamiento fué salir á su encuentro, y al efecto dispuso que Baranao, que mandaba la caballería, tomase el camino de la costa mientras que él iba por el camino real, creyendo que de esta manera no se le escaparian, Don Lorenzo Reyes oyó decir á uno en Rafael que no habian salido aun de Penco, y aunque la persona que dió la noticia no le ofrecia grandes garantías, no titubeó en comunicarla á su comandante, aconsejándole al propio tiempo que marchasen á esta plaza á sorprender la comitiva (1). Lantaño no tenia orden de su jeneral para semejante espedicion, y esto le hizo dudar un momento, pero al fin penetrado de su grande importancia se decidió, y se puso en marcha con don Lorenzo Reyes y cien hombres casi todos chilotes. Habiendo salido por la tarde llegaron antes de amanecer a las alturas de Penco, y allí se prepararon para el ataque, sin esperar la ceremonia de la absolucion que queria echarles el capellan, como era costumbre en semejantes casos. Lantaño marchó sobre el fuerte mientras Reyes se dirijia al campamento de Carrera, despues de haber encargado á sus soldados el mayor silencio y sobre todo que no disparasen un solo tiro. Esta órden fué puntualmente ejecutada , y ya llegaban á las casas cuando casualmente se descargó un fusil. Esta fué la señal de ataque, y una descarga jeneral puso en movimiento a los patriotas, quienes en la imposibilidad de defenderse, y medio dormidos, procuraban salvarse ú ocul(1) Conversacion con don Lorenzo Reyes.

tarse en cualquiera parte adonde la casualidad les condujese. Felizmente la Providencia salvó la vida de estos honrados chilenos. Solo perecieron el alférez don José Ignacio Manzano y algunos soldados; pero el mayor número, inclusos los dos Carreras, fueron arrestados, y vijilados muy de cerca hasta el momento en que Lantaño, desesperanzado de hacer nada contra el fuerte, a pesar de haber ido Reyes en su socorro, se presentó á ellos y les mandó partir para Rafael, adonde muy luego fué P. Ascenjo á buscarles de parte de Gainza para presentarlos á este jefe y pocos dias despues para llevarlos a Chillan, donde les pusieron grillos y los encerraron en calabozos como si fuesen grandes asesinos. Y sin embargo, la fortuna, que mucho tiempo atrás era tan contraria á estos ilustres patriotas, hubiera podido en esta circunstancia favorecerles algo, si los cincuenta infantes de la patria que desertaron el dia antes con armas y bagajes dirijiéndose sobre Santiago, no hubieran precipitado su marcha; pues cuando este desgraciado suceso se hallaban ya a las inmediaciones de Rafael, donde el coronel Pla, que habia quedado con el resto de las tropas de la division Lantaño, vino á batirlos y dispersarlos (1)..

Una serie no interrumpida de tan continuos reveses en ocasion en que parecia que las tropas querian inspirarse de la enerjia y de la bravura de su nuevo jefe, habia de producir necesariamente honda impresion en el patriotismo de O'Higgins y hacerle temer por su porvenir y su responsabilidad; y eso que, como vamos á verlo, no conocia aun todas las desgracias que la suerte tenia reservadas para los principios de su mando.

A consecuencia de la nueva organizacion dada al (1) Conversacion con don Lorenzo Reyes,

colta qua vanida Elm

ejército, los individuos de la junta decidieron volver á Santiago é hicieron que les acompañasen cuarenta dragones, dejando solo doscientos diez hombres á Spano, que quedó de gobernador de Talca. Indudablemente en el estado en que se hallaba la sociedad, y sobre todo la sociedad española, acostumbrada á ver á sus autoridades rodeadasde toda clase de prestijio, era conveniente que estos encargados del poder hiciesen violencia á sus ideas democráticas y se presentasen con un aparato que diera fuerza é importancia á su autoridad; pero tambien pudieron considerar que era grande imprudencia dejar una guarnicion tan reducida en una ciudad indefensa y rodeada de numerosas guerrillas que llegaban á Cauquenes, Linares y hasta la ribera del rio Maule. Bajo este punto de vista debieran ser menos escrupulosos en la etiqueta, y renunciar a una escolta que en último resultado no servia mas que para satisfacer una vanidad frívola y de ningun modo para su seguridad personal. El mismo Spano no pudo menos de quejarse, porque rebajados los noventa fusileros que iba á enviar á Mackenna para escoltar los diferentes efectos que este jeneral le pedia con instancia, solo le quedaban algunos reclutas, desarmados, inespertos y con cuyo valor no podia contarse, y ciento veinte veteranos, á saber, veinte fusileros, treinta lanceros y setenta artilleros con solo tres cañones. Tan corta fuerza no bastaba para conservar una ciudad que era en cierto modo el punto de union de Concepcion y Santiago, y depósito ademas de considerables valores en víveres y pertrechos de guerra (1).

Con efecto, no tardaron los realistas en atacarla. El convoy para Mackenna salió el 2 de marzo, casi al mismo tiempo que la Junta para Santiago, y á los dos dias se presentó á las siete de la mañana un parlamentario de Elorriaga á intimar la rendicion. Spano, que era español de nacimiento pero chileno de corazon, le respondió con una negativa bien razonada. No tenia la presuncion de poder defender la ciudad, pero esperaba tener tiempo de batirse en retirada y salvar una gran parte de los efectos, contando para ello con que el enemigo estaba aun bastante lejos, puesto que ningun aviso le daba en contrario el destacamento que habia enviado de observacion a las márjenes de Maule al mando de don Francisco Gaona y don Rafael Mata Linares. Desgraciadamente este destacamento, por la culpable apatía de sus jefes que tuvieron la cobardía de ponerse en salvo sin dirijirse sobre Talca, fué sorprendido, y Spano no lo llegó á saber hasta que la retirada se hizo imposible. Entonces, como militar de honor, no pensó mas que en entusiasmar la entereza de sus compañeros y escitarles á una vigorosa defensa. Escojió para punto de resistencia la plaza mayor, cuyas cuatro esquinas, como en todas las poblaciones de América construidas á manera de tablero de damas, están atravesadas por dos calles cada una, que van á concluir en el término de la ciudad, formando ángulo recto. En tres de estas esquinas colocó los tres cañones enfilando las calles ; y faltándole cañon para la otra, tuvo que levantar en ella una barricada con adobes, trabajo largo, fatigoso y que apenas comenzado se vió atacado repentinamente por todas las tropas combinadas de Elorriaga y de Olates. La resistencia fué indudablemente vigorosa , casi heróica : todos se batian á la desesperada : los jefes especialmente, que, en medio de tantos enemigos, disputaban la posesion de la plaza, mas por conservar su honra que con la esperanza de salvarla, anunciaron su resolucion de morir antes que rendirse. Una de las primeras víctimas, que bien pudieran llamarse mártires de la libertad, fué el intrépido teniente de artillería don Marcos Gamero; y Chile tuvo el dolor de verle sucumbir á manos de uno de sus hijos, que el estravío habia llevado a las filas de los realistas. Poco despues cupo la misma suerte á otros oficiales, contándose en este número el gobernador, el valiente Spano, á quien se encontró acribillado de heridas al pié de la bandera que tuvo la gloria de defender hasta el último instante de su vida. Y tal fué la suerte de este puñado de soldados, que no teniendo jefes, escaseándoles las municiones y viéndose rodeados no solo de una gran masa de enemigos, sino de buen número de jentes del país que desde lo alto de sus casas tenian la iniquidad de tirarles, fuerza les fué entregarse á discrecion del jefe que habia conseguido tan fácil victoria. Los pocos que pudieron salvarse fueron á reunirse al pequeño destacamento que don Rafael Bascuñan llevaba para socorrer á Talca (1).

'1) Mas de 800,000 pesos segun el diario de Carrera importaban estos efectos.

Este Bascuñan era el que mandaba la escolta de los víveres y municiones destinados al ejército ausiliar del Membrillar. Llegaba apenas al paso del Maule

(1) Hablando de esta pérdida con don Miguel Infante me dijo que Mackenna tuvo la culpa de ella, porque este oficial superior pidió con repeticion viveres á la junta, suplicándola los mandase escoltar por los cuatrocientos hombres que habia en Talca, á lo que la junta no quiso acceder persuadida de que un jeneral debe mantener espeditas sus comunicaciones y porque la prudencia aconsejaba no desguarnecer una plaza que era el depósito jeneral de víveres, armas, etc., del ejército. Spano, que por estarenfermo no desempeñaba las funciones de ministro de la guerra, participaba de este mismo parecer, y sin embargo apenas marchó la junta, se desprendió de una parte de sus soldados para complacer á Mackenna, que renovaba en aquellos momentos sus instancias.

« AnteriorContinuar »