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al sur del Barco, cuando se le presentó el coronel don Feliciano Letelier con una órden de Spano para replegarse sobre Talca. La órden la recibió á eso de las tres de la tarde debiendo haberla recibido sobre las nueve de la mañana, y este retardo, ocasionado por los rodeos que dió Letelier, fué causa de que llegase tarde á Talca para tomar parte en la defensa. Ignoraba que la ciudad estuviese en poder del enemigo, pero por precaucion y para protejer las cargas que habia mandado retroceder hácia la parte de Santiago á las órdenes del alférez Rivera, acampó en las alturas del Larqui á corta distancia de Talca. Su destacamento, compuesto de setenta hombres, no tardó en ser atacado por ciento cincuenta soldados de Elorriaga embriagados aun con el humo de la victoria. Bajo todos conceptos la suerte protejia á estos, y sin embargo fueron batidos y dispersados, y Bascuñan pudo retirarse sin ser molestado á la pequeña villa de Curico, que abandonó muy luego replegándose sobre San Fernando.

CAPITULO XXXV.

Estado de los dos ejércitos de los patriotas. - Mackenna atrincherado en el

Membrillar solicita de O'Higgins que se le reuna. – Salida de O'Higgins de Concepcion despues de haber nombrado una junta.- Su llegada á la Florida. - Combate del alto de Quilo.- Gainza ataca á Mackenna en el Membrillar y es completamente batido. — El teniente coronel don Manuel Blanco de Encalada sale de Santiago con una espedicion á reconquistar á Talca. Mala disposicion de sus tropas, que son vencidas por Olates en Cancharayada.

Si Gainza hubiese estado a la altura de su mision, es indudable que aprovechando el ardimiento y la confianza que los cortos triunfos conseguidos inspiraron á sus soldados, y teniendo como tenia concentradas en cierto modo sus tropas en un mismo punto, habria atacado con ventaja al ejército chileno, bastante relajado en la disciplina, batido succesivamente sus dos divisiones y causadole pérdidas sensibles , acaso una derrota ; y entonces echando sus restos hasta mas allá de Santiago, hubiera podido hacerse dueño de esta capital, objeto de sus deseos y último término de su espedicion. La visita que le hizo en Arauco el coronel don Luis Urréjola no tuvo mas objeto que proponerle este plan de campaña, pensamiento que no podia fallar, y que aprobaron la mayor parte de sus oficiales, especialmente los que tenian un conocimiento exacto de los hombres, las cosas y las localidades. Pero su grande indecision hizo que este plan solo se siguiese á medias, pues llegado que hubo al sitio en que debia obrar, se contentó con desbandar parte de sus tropas en guerrillas, las cuales consiguieron , es verdad, algunos buenos resultados; pero perdió la ocasion que se le presentaba de acabar la guerra por medio de uno de esos golpes de mano que se proporcionan pocas veces y que un buen jeneral no debe desaprovechar nunca (1).

Las dos divisiones patriotas se encontraban efectivamente en una posicion bien poco tranquilizadora, sobre todo la de Mackenna, que colocada frente al campo enemigo, tenia que resistir, si se le atacaba, con fuerzas muy inferiores en hombres y en verdaderos soldados. Así es que despues de la pequeña accion de Cuchacucha, ocurrida el 22 de febrero y que no tuvo consecuencias de ninguna especie, su primer cuidado fué aprovechar los accidentes del terreno para hacer fortificaciones, reparar, dándoles mas estension, los reductos construidos en tiempo de don Juan José Carrera en esta localidad y en Membrillar, aumentarlos, y colocar en ellos sus cinco cañones y sus dos culebrinas de á ocho. Pero lo que mas le preocupaba era que no acababa de llegar la division de O'Higgins que pedia sin cesar en su ausilio. En todas sus comunicaciones, así oficiales como particulares, le daba parte de su falsa posicion, de sus temores y del riesgo que corria, invocando tan pronto su amistad, tan pronto su patriotismo, concluyendo por hacerle responsable de lo que pudiera sucederle (2). Parece que en un consejo de guerra, celebrado cuando se supo la pérdida de Talca, algunos oficiales del ejército ausiliar propusieron que se abandonase esta posicion para dirijirse por la costa del

(1) Declaro ante Dios y los hombres que el señor Gainza pudo haber concluido la guerra en dos meses si hubiese atacado á O'Higgius ó á Mackenna antes que aquel se acercase. - Declaracion de don José Antonio Rodriguez en la causa contra Gainza.

(2) Véanse algunas de sus cartas en la memoria de don Diego Benavente, p. 143.

lado de Santiago, proposicion que mas adelante fué reproducida muchas veces y siempre rechazada por creerla contraria á su deber.

O'Higgins conocia perfectamente el embarazo de Mackenna, pero consideraba su propia posicion frente á frente de don José Miguel y don Luis Carrera, y abrigaba la conviccion íntima de que no debia separarse de Concepcion mientras permaneciesen allí los dos hermanos, que eran en su concepto un peligro vivo y permanente para la tranquilidad del país. No se puso pues en camino hasta que se marcharon, habiendo antes hecho renuncia de su título de intendente de la provincia en favor de una junta conpuesta de don Santiago Fernandez, don Diego Benavente y don Juan de Luna , a quienes dejó trecientos hombres para la defensa de la ciudad y llevando seiscientos consigo. Su marcha fué tan lenta como penosa. Muchos soldados de caballería estaban desmontados desde la derrota de Hualpen, y los víveres eran tan escasos que los soldados se mantenian con uvas, que merodeaban en los campos inmediatos. En Curapalihue la casualidad le llevó ante un respetable anciano dueño de siete vacas que tenia en un monte, las que mandó llevar inmediatamente para ofrecérselas, O'Higgins no tenia dinero que ofrecerle, si bien el anciano se hubiera negado á recibirlo; pero le dió un recibo que el caritativo patriota no tomó sino á fuerza de instancias y que no presentó nunca, pues el móvil de su benéfico desprendimiento no era otro que el mas puro y desinteresado patriotismo(I).

Llegados á la Florida , O'Higgins vacilaba entre se guir el camino del Roble ó el de Ranquil, pero al fin se decidió por el último por ser el mas corto y el que mejor (1) Conversacion con O'Higgins.

llenaba su objeto; pero hizo correr la voz en la poblacion de que marcharia por el primero, esperando de este modo engañar a los espías del enemigo. Su partida se verificó por la noche, habiendo hecho salir poco antes una guerrilla de veinticinco hombres con orden de tomar el camino del Roble, de tirar de cuando en cuando algunos tiros y de reunírsele por la retaguardia. Contra lo que temia, no fué molestado en su marcha, pero al llegar al pié de los cerros de Ranquil quedó sorprendido de encontrar en el sitio llamado Quilo una division de cuatrocientos realistas, que Gainza, ignorando la direccion de los patriotas, habia mandado colocar allí por consejo de su ayudante jeneral don Pedro Tavira y del teniente coronel don Pedro Asenjo encargados de hacer un reconocimiento. Esta division, al mando del valiente Barañao, estaba acampada en las alturas que debian atravesar los soldados de O'Higgins, y colocada de manera que dominaba todas las salidas y defendia todos los pasos. Gracias a esta ventaja, Baranao contaba con poder detener algunas horas por lo menos al enemigo, y dar tiempo á que Gainza, acampado á distancia de tres leguas solamente, fuese en su ayuda para atacarle con fuerzas mas considerables, dispersarlo, si fuese posible, y marchar inmediatamente sobre la division Mackenna. O'Higgins comprendió perfectamente este plan y se apresuró á desbaratarlo, decidiéndose á dar cuanto antes un ataque sin arredrarle la ventajosa posicion de su adversario. Al efecto hizo marchar dos compañías, una mandada por don Juan Bargas y la otra por el capitan de granaderos Correa, con órden de atacar al enemigo por los flancos, mientras él se dirijia hácia el centro sostenido por la artillería. Las dos compañías, aprovechando la espesura de los bosques que tanto

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