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abundan en aquellos montes, pudieron llegar sin ser vistas á muy corta distancia del campamento, y casi al mismo tiempo hicieron fuego por hileras, lo que obligó á O'Higgins á redoblar el paso y cargar á la bayoneta. Ejecutaron esta carga la segunda columna de los ausiliares y principalmente los granaderos, llevando a su cabeza al coronel don Rafael Sota y al comandante don Enrique Campino, animados ambos de tal entusiasmo, que los realistas fueron inmediatamente arrollados y en seguida perseguidos por los dragones de Anguita y los húsares de la gran guardia de don María Benavente que hasta entonces habian sido destinados á sostener la derecha (1).

Hecho dueño de las alturas, O'Higgins consideró conveniente pasar en ellas la noche, y al efecto mandó venir la reserva que habia quedado en la falda del cerro á las órdenes de don Francisco Calderon, y dispuso que se levantasen las tiendas en el sitio mismo que el enemigo acababa de abandonar. Como tenia convenido con Mackenna no alejarse mas de tres ó cuatro leguas, hizo disparar tres cañonazos para anunciarle su llegada, y esta especie de saludo se lo devolvió aquel con otro de nueve, que en el esceso de la alegría mandó tirar en honor suyo. Al dia siguiente fué á la hacienda de Baso, esperando alcanzar los soldados de Barañao que habian pasado allí la noche, y envió un correo á Mackenna previniéndole que estuviese pronto para un ataque que muy luego pensaba dar á Gainza; pero forzado este á ceder al movimiento de su adversario se habia decidido á atacar á Mackenna llevando todas sus tropas y hasta la

(1) Estos detalles, que varían algo de los que da don Diego Benavente, ne han sido suministrados por el mismo don Bernardo O'Higgins.

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guerrilla de Lantaño que hizo ir de Quirihue (1). EI ataque lo dió el mismo dia, es decir, el 20 de marzo, no habiendo empezado hasta las cuatro de la tarde porque en vez de pasar el Itata por el vado de las Matas, como debiera hacerlo no obstante que este vado estaba al alcance del cañon enemigo, lo pasó por el alto en su confluencia con Nubles, para lo que tuvo que dar un gran rodeo, con lo cual lo único que consiguió fué fatigar las tropas y presentarlas en desórden y precipitadamente al frente del enemigo (2). Su fuerza era muy superior a la de Mackenna, pero en cambio tenia este la ventaja de la posicion y de las fortificaciones, que estaban en muy buen estado de defensa; y sin embargo este jeneral empezó mal por la imprudencia del oficial encargado de llevar á punto seguro los ganados del ejército, pues habiendo avanzado demasiado, contra lo dispuesto por su jefe, estuvo á punto de ser cercado y hecho prisionero con todos sus soldados. Parece tambien que el flanco izquierdo, mandado por el coronel Alcazar, estuvo un momento envuelto por dos destacamentos de vanguardia que habian sido empujados hasta allí, el estandarte desplegado y que el enemigo se hallaba ya en la trinchera cuando fué rechazado á la desbandada por el comandante en jefe, que le cargó á la bayoneta á la cabeza de cincuenta hombres y le hizo retroceder hasta su division (3). Desde entonces l. accion se hizo jeneral. Los jenerales de Gainza, al frente de todo su ejército, avanzaron ante las trincheras con objeto de cercarlas para dirijirse en seguida sobre los puntos que mas fácil (1) Conversacion con don Clemente Lantaño. i (2) Carta del coronel Urrejola y autos del consejo de guerra contra el brigadier don Gabino Gainza. (3) Conversacion con don Bernardo O'Higgins. VI. HISTORIA.

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presentaban el asalto. Pero en todas partes encontraban una firme y bien sostenida resistencia; y despues de tres á cuatro horas de un combate, en que perdieron mucha gente ametrallada de frente y de costado por siete cañones y setecientos fusileros bien atrincherados, se vieron en la necesidad de batirse en retirada, dejando en el campo buen número de muertos, de fusiles y otras armas, y en las quebradas vecinas casi toda su artilleria, que pudieron recuperar al dia siguiente. En esta accion, sin disputa una de las mas empeñadas entre las que se habian dado desde el principio de la guerra, todo el mundo se mostró digno de la causa que defendia, porquc les realistas fueron tan impetuosos en el ataque como ardientes los patriotas en la defensa; pero las pérdidas de estos fueron, gracias a su posicion, poco menos que insignificantes, pues solo tuvieron siete muertos, diez y ocho heridos y seis contusos, mientras que los realistas dejaron en el campo de batalla setenta y siete muertos, á cuyo número hay que agregar los que se llevaron, como hacian siempre que tenian tiempo para ello. Si la patria hubiese tenido recompensas que dar, el cuerpo de oficiales casi en su totalidad hubiera aspirado á ellas, tanto fué lo que se distinguió en esta ocasion; todos los rejimientos, todas las compañías llenaron sus deberes con un celo que rayó en heroicidad. Entre los jefes que mas sobresalieron merecen una lágrima de dolor el intrépido comandante de la compañía de milicianos de Rancagua don Agustin Armanza y el capitan don Claudio José de Cáceres, muertos pocos dias despues de resultas de sus heridas; y no deben pasarse en silencio los nombres de don José Joaquin Guzman, Balcarce, Alcazar, Las Heras, don Nicolas García, don José Manuel Borgoño, don Manuel Zorrilla, etc., y sobre todos el héroe de esta victoria, el valiente Mackenna, quien durante el combate fué como el lazo que unia los diferentes cuerpos, corriendo tan pronto á una parte tan pronto á otra para llevar el auxilio adonde era necesario, celo que le espuso mucho y que no cesó de desplegar hasta el fin de la accion á pesar de una herida de bala, afortunadamente muy lijera, que recibió en el cuello en el momento de ir á reforzar con los cincuenta hombres del destacamento de Balcarce el punto avanzado del grande reducto, muy comprometido por lo brusco del ataque.

Hubiera sido indudablemente mucho mas completa, esta victoria, conseguida sobre un enemigo tres veces superior en número, si Mackenna, aprovechando el desórden que reinaba entre los realistas que huian en completa derrota incomodados por un diluvio de balas, hubiese podido perseguirlos con la caballería. Pero por desgracia el enemigo le habia cojido pocos dias antes la mayor parte de los caballos, y los que le quedaban eran tan pocos que no quiso esponerlos, con tanta mas razon cuanto que ignoraba absolutamente la importancia del buen éxito que habia conseguido. Prueba de ello es que teniendo en la noche misma un nuevo ataque, á las dos de la mañana repitió á O'Higgins sus apremiantes instancias, suplicándole por amor de Dios que no retardase un solo instante el reunirsele, pues se prometia de este modo poner de una vez término a las calamidades de la patria (1).

(1) Hemos oido decir á don Lorenzo Reyes , que militaba en las filas de los realistas, que el proyecto de Gainza era en efecto intentar al dia siguiente un segundo ataque antes de que llegasen las tropas de O'Higgins; pero que el mal estado del terreno a consecuencia de la suerte lluvia de la noche anterior, se lo impidió. De un manuscrito de un oficial realista citado por don Diego Bena

O'Higgins habia dado en varias ocasiones pruebas repetidas de audacia y de resolucion; pero es necesario confesar que esta vez desmintió completamente su carácter y se condujo con culpable inercia. ¿Cómo en efecto pudo permanecer simple espectador y por decirlo así las armas descansadas en una accion en que su presencia, atendido el número de sus soldados, hubiera sido tan útil y tan decisiva para completar la victoria ? Verdad es que la accion terminó pronto y tuvo lugar al anochecer y en momentos en que la fuga de los vencidos era protejida por la oscuridad y por una copiosa lluvia; pero sin embargo, el deber del jeneral en jefe era acudir instantáneamente al sitio en que se oia un sostenido fuego de cañon, y esto es lo que no hizo, permaneciendo con una especie de indiferencia hasta que el dia siguiente 21 mandó pasar el rio Itata á sus primeras avanzadas y puso en movimiento el 23 toda la division reuniéndose con Mackenna, que era lo que este y todos sus compañeros mas deseaban.

Pocos dias despues, esta magnífica victoria, tan á propósito para restablecer la moral del soldado, quedó neutra. lizada por un revés en estremo sensible. La junta gubernativa fué recibida en Santiago con una alegría que formaba un contraste bien singular por cierto, con la conspiracion que gran número de Chilenos auxiliados por algunos naturales de Buenos-Aires, tramaban en aquellos momentos. Ignorante de esta conspiracion y deseosa de reconquistar vente, aparece por el contrario que Gainza pasó esa noche acompañado de su edecan Tirapegui bajo un espino con inminente riesgo de caer prisionero o de finalizar su existencia en aquella noche; que algunos jeses y oficiales con los soldados que voluntariamente quisieron seguirlos llegaron desordenadamente a la hacienda de Cucha-Cuoha y que con el mismo desórden se verificó la retirada al cuartel jeneral de Chillan, en donde á los tres dias aun no se babia incorporado el total de la suerza atacadora.

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