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servian de refujio á los buques españoles y eran inútiles á la patria. Felizmente Beauchef le recordó que esto pondría á los chilenos á merced de los numerosos indios domiciliados en los alrededores , y de Benavides, que no dejaría de ir á ajitarlos contra ellos. Cochrane comprendió toda la fuerza de esta observacion y respondió que dejaría al gobierno el cuidado de disponer de ellas, contentándose con embarcar todo lo perteneciente al fisco, sin dejar ningun recurso á la provincia, ni mas que mil pesos que puso en poder de Beauchef con la promesa de enviarle mayores sumas luego que llegase á Valparaiso. De vuelta al Corral dió sus disposiciones para terminar la reparacion de la O'Higgins, y embarcándose en la Moniezuma se hizo á la vela para Talcahuano y de alli para Valparaiso, adonde llegó el 7 de marzo de 1820. Luego que Beauchef quedó solo en Valdivia se dedicó con minucioso cuidado á organizar su tropa aumentada con algunos desertores del pais, á reparar el hospital para que estuviesen con mas comodidad los enfermos, y en fin á hacer todo lo que de él dependia en beneficio de sus soldados, á quienes tanto queria y de quienes era tan estimado. Desgraciadamente, su buena voluntad no bastaba para todo. La ciudad se hallaba en un estado miserable de resultas del saqueo que habia sufrido, los alrededores , llenos de bosques, no producian casi nada, y ademas en una semana quedaron gastados en su totalidad los mil pesos que le dejó Cochrane. En este conflicto y siguiendo los consejos del gobernador Gomez, tomó la resolucion de dejar unos cuantos soldados en Valdivia y partir con doscientos á los Llanos , donde esperaba que podrían estar mejor asistidos. Un correo que despachó á aquel punto anunciando su partida, predispuso perfecta

mente á todos sus habitantes. Un rico propietario, llamado Manriquez, le llevó doscientos caballos para qup montasen sus soldados poco habituados á las marchas; los indios le ofrecieron vacas, verduras, etc., y ayudaron á los soldados á pasar el rio Bueno por medio de sus piraguas; en fin en Osorno encontró el fuerte muy cómodo para alojar en él los soldados, y todos los habitantes se disputaban la honra de alojar en sus casas á los oficiales. Nombrados Manriquez y don Diego Reyes, dos escelentes patriotas, el primero gobernador de los Llanos y el segundo de Osorno, la provincia recobró su tranquilidad habitual y los víveres se llevaban en abundancia al cuartel con un simple recibo del ayudante, visado por el comandante.

Beauchef pensaba continuar de guarnicion en esta ciudad hasta recibir las nuevas órdenes que esperaba del gobierno, cuando el gobernador don Diego Reyes le anunció con referencia á unos indios, que los fujitivos de Valdivia, retirados al rio Maullin, se disponían áatacarle.

Estos fujitivos se habian retirado á Daglipulli cuando abandonaron á Valdivia, pero en un desórden tal que el capitan ayudante Narvaez, jóven instruido, intrigante y ambicioso, resolvió reorganizarlos, separando á los comandantes que no eran á propósito para las circunstancias del momento. García y casi todos los demas oficiales aprobaron esta determinacion, y Lantaño, Alejandro, etc., y el mismo Santalla fueron separados del servicio á pesar de sus protestas : solo Bobadilla conservó el mando de la caballería, mientras que Narvaez recibió interinamente el de la infantería. Con esta se formó un solo batallon dividido en cuatro compañías, á saber, una de setenta

y cuatro granaderos, otra de ochenta y cinco cazadores y las dos restantes de cuarenta fusileros cada una.

Reorganizadas asi las tropas, se dirijieron sobre Osorno. Al pasar el rio Bueno en Tumao encontraron al gobernador Monloya, á quien los oficiales separados hicieron mil reclamaciones aunque sin conseguir nada, por manera que pocos dias despues la infantería continuó su camino á las órdenes de Narvaez, quedando la caballería de observacion sobre el rio.

Al llegar al rio Rahue del otro lado de Osorno, las tropas, por uno de aquellos impulsos que Narvaez sabia imprimirles, pidieron con grandes gritos repasarlo é ir á batir los patriotas. Advertido Montoya de esta resolucion , retrocedió, habló con Narvaez sobre lo que pensaba hacer, adoptó su plan de campaña, y dándole su bendicion, le dijo que obrase con arreglo á sus inspiraciones.

Narvaez se dispuso á marchar sobre Valdivia esperando medir sus armas con las de los patriotas que habian quedado en aquella ciudad. Los espias exaltaban su viva imajinacion diciéndole que el número de los patriotas era muy inferior al de los realistas, y en esta persuasion se puso en marcha y repasó el rio Rahue, cuando Bobadilla, acompañado del cura Pavon, llegó a toda prisa con sus cincuenta caballos repartiendo la nueva de que el mayor Beauchef avanzaba con todas sus tropas. Consultado Montoya sobre lo que convenia hacer, contestó que era necesario dirijirse sobre Chiloe, lo que aprobaron la mayor parte de los oficiales, que estaban completamente desmoralizados, y todo el ejército se puso al punto en marcha esperando ocultar en aquella isla la confusion de su vergüenza. Debian saber sin embargo que Quintanilla

VI. HiStOUA. 26

no era hombre que jugaba con e! honor militar, y asi se los demostró saliéndoles al encuentro para impedir que pasasen adelante. Su entrevista se verificó en Carelmapu, y alli poseido aun de entusiasmo por la bella defensa hecha en el fuerte de Agui cuando lo atacóCochrane, les afeó su afrenta y cobardia, asegurándoles que por ningun motivo entrarian en Chiloe, porque no quería ponerles en contacto con sus valientes soldados, para que no los contaminasen de su pusilanimidad. En medio de estas reconvenciones animadas, hubo esplicaciones sobre todo lo ocurrido en la reorganizacion del batallon, en especial por parte de Santalla, quien se quejó amargamente de su separacion, llevando la inconveniencia hasta acusar de traidores á Narvaez, García, etc. A pesar de esto, Quintanilla procuró ponerlos de acuerdo, y Santalla ingresó de nuevo en el ejército, el cual provisto de armamento y viveres se volvió por el mismo camino para ir á reconquistar los fuertes de Valdivia.

Estas eran las tropas que los indios anunciaron á don Diego Reyes, noticia que confirmó al dia siguiente el cacique Raileff, añadiendo haberle asegurado sus mocetones, que se componian de un escuadron, dos piezas de montaña y un total con la infanteria de unos cuatrocientos hombres, todos perfectamente armados y equipados y muy decididos á batirse. Deseaba Beauchef salirles al encuentro, pero no tenia mas que doscientos hombres que oponerles, y todavia, pasada una revista, quedaron reducidos á ciento cuarenta, rebajados los enfermos y los que por su flojedad eran incapaces de soportar la fatiga. No se encontraban en mejor disposicion los oficiales, que sobre ser pocos, algunos se finjieron enfermos para no ir en la espedicion, impresionados con la consternacion que

reinaba en la ciudad, en la que habia muchos patriotas comprometidos; por manera que el comandante no pudo contar verdaderamente mas que con cuatro, que fueron el ayudante don Dionisio Bergara, don José Labe, don Pedro Alemparte y don José María Carballo.

A pesar de la inferioridad del número, Beauchef se decidió á marchar contra el enemigo. El patriota don Diego Reyes le facilitó los bueyes necesarios para la manutencion de los soldados y los caballos para que montasen , y don Juan Anjel Agüero se brindó á servirle de guia, sin cuidarse de los riesgos que iba á correr. La partida tuvo lugar el 3 de marzo de 1820, y á los tres1 dias la vanguardia, compuesta de cincuenta granaderos á las órdenes del valiente Labe, se encontró con la de los realistas. Al punto Beauchef manda desmontar á sus tropas , les habla con la enerjia que le caracterizaba, toma un fusil, y poniéndose á la cabeza, vuela en socorro de su vanguardia que ya se replegaba, aunque con órden y tranquilamente. El enemigo ocupaba una posicion ventajosa: los cazadores estaban á derecha é izquierda del camino ocultos en los bosques, los granaderos delante del rio Toro, dos compañías de fusileros detras de un corral protejidos por las estacas de este, en fin, las dos piezas de campaña en una altura con la caballería á retaguardia. Su esperanza de vencer era tal, que Narvaez quiso avanzar temiendo que los patriotas huyesen luego que reconocieran sus fuerzas, pero Bobadilla prefirió conservar la ventaja de la posicion, lo cual no impidió que Beauchef atacase á paso de carga y á los gritos atronadores de viva la patria. El combate no tardó en hacerse jeneral, de todas partes se oia un fuego sostenido, pero en seguida los patriotas cargaron á la bayoneta con tal vigor que

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