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raiso por el gran número de buques que llevaban el destino de casi toda la América meridional. Durante la navegacion, dos ó tres buques se separaron momentáneamente del convoy, pero en jeneral hubo el mayor órden, y el 7 de setiembre casi todos se hallaban en la bahía de Pararca cerca de Pisco, á cincuenta leguas sur de Lima. Al dia siguiente el bizarro coronel Las Heras, jefe de estado mayor, bajó á tierra con tres batallones, cincuenta caballqs y dos piezas de campaña, protejido por algunos cañonazos de la Montezuma, que bastaron para dispersar un cuerpo de caballería que se presentó á oponerse al desembarque. Estas tropas llegaron por la tarde á Pisco, que abandonaron los sesenta hombres de su guarnicion, despues de devastarlo completamente. Las demas desembarcaron en los dias siguientes y tambien se dirijieron sobre Pisco, para de allí desparramarse por los alrededores con el objeto de proporcionarse víveres, ganado y sobre todo negros, pues habia el proyecto de alistarlos en el ejército con la promesa de darles la libertad cuando concluyese la campaña. Desgraciadamente el retraso de algunos buques en que iban caballos, hizo que no pudieran utilizarlos, de lo que resultó que la lentitud con que las tropas se movian de un punto á otro, unido á la esquisita prudencia de San Martin, dió tiempo á los propietarios para internar los esclavos y ponerlos en sitio seguro. Sin embargo, aun pudo adquirirse un número bastante regular, pues solo de la hacienda de Caucato se tomaron quinientos que se empezaron á instruir y disciplinar. Tambien seapoderaron de bastantes carnerosy ganado vacuno, mas de treinta mil arrobas de azúcar, mucho aguardiente y otros varios objetos útiles para la espedicion (1>

(1) Véase el diarlo militar de la espedicion , publicado en la gaceta extraordinaria de Chile, y su estrado en las memorias de Miller.

En cuanto Pezuelasupo la llegada de San Martin, tomó las mas prontas medidas para hacer frente á este temible enemigo. Su posicion entonces era mucho mas ventajosa, porque aprovechándose de la anarquia que trabajaba á la república arjentina, de cuyas resultas se habia dispersado el ejército de Tucuman, retiró sus tropas en número de siete mil hombres de las provincias de Salta y Jujuy, las llevó al alto Perú y estableció el cuartel jeneral en Puno. Ramirez, que habia reemplazado á Laserna en el mando de estas tropas, recibió órden de dejar á Plañeta con su vanguardia en Tupiza, despachar á toda prisa á Va|dés sobre Lima con parte de su division é ir á incqrporarse con la otra al ejército de reserva, que estaba pon Ricafort en Arequipa. En seguida reunió en Lima lps qailipianos que habia despachado á sus casas por no serle ya necesarios despues de los sucesos de Buenos-Aires; ppnibró comandante jeneral de la costa al coronel de milicias Quimper; envió de vanguardia á Lurin al png^ier O'Reilly, á quien solo olió un escuadron d.e dragones del Perú y otro de milicianos de Carabajllo, cuando debiera haberle puesto á la cabeza de una fuerte division; y dedicó en lin su atencion á este serio asunto, en el que quiso tomar parte el consulado, proponiendo, aunque en vano, tripular por su cuenta las tres fragatas fondeadas en la bahia, la Venganza, la Esmeralda y |a Prueba, enviadas 4 buscar á Arequipa (1).

Se hallaba ocupado el virey en estos preparativos de

(l) Segun don José Ballesteros se componia entonces el ejército real ó peruano de veinte y tres mil hombres, á saber:

En el Callao y Uma, siete mil ochocientos quince.

En Pisco, Cañetes y Chancas, setecientos.

En el alto Perú , seis mil.

En Arequipa, Trujillo, Guayaquil, Guananga, Cuzco y Jauja, ocho mil cuatrocientos ochenta y cinco.

defensa, cuando una nueva sumamente importante vino á aumentarle las dificultades.

Se supo la gran revolucion ocurrida en España, en la que habiendo triunfado el partido liberal, la constitucion de 1812 estaba otra vez proclamada en todo el reino. A pesar de la impaciencia de muchos para que se jurase en el pais esta constitucion, cuyo dogma era una monarquia completamente democrática, el virey Pezuela no se resolvió á hacerlo, porque veia en ello una pendiente mas, á que pudieran ser arrastrados ciertos oficiales españoles, no poco imbuidos en los principios revolucionarios. Por otra parte, no siendo oficial la noticia, no debia tomar sobre si la responsabilidad de un acto de tan trascendentales consecuencias; pero cuando á mediados de setiembre se le comunicó la órden, no estuvo en su mano diferir su cumplimiento, y el dia 17 se proclamó con gran ceremonia la nueva ley fundamental en todos los pueblos del vireinato.

Pezuela conocia en efecto, que la politica española iba á perder considerablemente en esta especie de reforma. Su posicion, un momento mejorada con la anarquia de las provincias de Buenos-Aires, tenia que resentirse de las mil disensiones que necesariamente habian de nacer en el ánimo de los peruanos y de los españoles. Supo tambien una noticia sumamente trascendental para el porvenir de los realistas del Perú. El grande ejército reunido cerca de Cádiz para marchar á la reconquista de Buenos-Aires al mando del conde del Abisbal, habiendo manifestado con repeticion su mucha repugnancia á embarcarse para América, sobre todo cuando veia y sentia los horrorosos estragos que la fiebre amarilla estaba haciendo en Cádiz, se sublevó enarbolando la baodera de la libertad y reuniéndose á los soldados de Riego. Este suceso era ventajosisimo á los patriotas, porque en caso de llegar estas tropas, se verian acosadas en todos los puntos de la América meridional, en el sur por estas mismas tropas, en el norte por los ejércitos entonces brillantes de Morillo y de Calzada y en el centro por el del Perú reforzado con el de Chiloe. Pezuela comprendia perfectamente su situacion, y sin duda para salir de ella de la manera mas honrosa posible, procuró entablar negociaciones con el jeneral patriota, proponiéndole por medio de don Cleto Escudero preliminares de paz, si lo juzgaba conveniente.

San Martin recibió el mensaje á pocos dias de su desembarque y respondió al virey asegurándole de sus simpatias para que cesasen cuanto antes los horrores de la guerra. Accediendo á los deseos de su adversario, nombró dos plenipotenciarios, don Tomas Guido y don Juan Garcia del Rio, los que con instrucciones por escrito marcharon áMiraflores, á donde no tardaron en llegar los dos de Pezuela, que fueron el doctor don Hipólito Unanue y el conde de Villar de Fuentes, ambos peruanos, que habiendo infundido por esta razon alguna desconfianza á los ánimos suspicaces, se les agregó á poco el teniente de navío don Dionisio Capaz.

En las cuestiones de opinion y en las que se ventilan grandes intereses, mil dificultades salen casi siempre al paso de las pretensiones y aun á veces de la buena fe misma de los encargados de discutirlas. La primera reunion de los plenipotenciarios en Miraflores hizo entrever desde luego la imposibilidad de que se entendieran. Querían los realistas que los patriotas jurasen la constitucion, lo cual equivalia á un reconocimiento tácito del poder

español sobre América, que era precisamente á lo que se oponian con razon los plenipotenciarios patriotas. Estos por el contrario establecian como condicion sine qua non de los preliminares, el reconocimiento completo de la independencia, no solo de Chile sino de Buenos-Aires, porque en aquel entonces la alianza arjentino-chilena era tan estrecha y eficaz, que envolvia lamas absoluta solidaridad , escluyendo la accion aislada de una de las dos potenciasen un punto de tamaño interés. Con semejantes pretensiones , la primera sesion no dió ningun resultado, y lo mismo sucedió en las siguientes, á pesar de que el virey fué en persona á ver á los diputados patriotas, con la esperanza de concluir un asunto que tanto le importaba llevar ábuen término. El tongreso se encontró en la necesidad de cerrar sus puertas y las hostilidades, suspendidas por ocho dias, volvieron á empezar sus espantosas operaciones, enviando San Martin partidas á los alrededores para que protejiesen las deserciones ó inquietasen las avahzadas del enemigo. Pero antes publicó varias proclamas, una á sus soldados diciéndoles que no iba como conquistador sino como libertador, y que castigaría con la muerte ú otras penas severas al que robase ó insultase á los habitantes ó derramase una gota de sangre despues del combate, otra á los habitantes haciéndoles ver lo absurdo que era tener el gobierno 4 dos mil leguas de distancia y asegurándoles que iba á poner término á su angustia y humillacion ; por último, otras á los propietarios, prometiéndoles que lo que tomase el ejército les seria pagado mas adelante bajo recibo é instando á los emigrados á que volviesen k sus casas, en la seguridad de que nada les sucedería, á pesar de sus opiniones avanzadas.

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