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solo esperaban la aproximacion de los patriotas para pasarse. Por otra parte, el clero del Perú y especialmente el de Lima, no tenia ni con mucho la influencia que el de Chile en la conciencia del pueblo. El lujo, la ociosidad y el sensualismo en que vivian los altos personajes y algunos curas de aquella gran capital, habia echado el jérmen de la desmoralizacion en el corazon del pueblo, inspirándole cierta especiede indiferencia por todo lo que el clero le recomendaba: lo cual ocurria precisamente en momentos en que los oficiales españoles adictos por conviccion al partido liberal de España, acababan de proclamar con grande entusiasmo la constitucion de 1812, que decian era la verdadera base de un buen gobierno. En todas partes se hablaba de nuevas conquistas hechas por las nuevas ideas, no solo entre los peruanos sino tambien entre los españoles mismos, estos con la esperanza de que asi se reconciliaria España con sus colonias, y aquellos con la seguridad de que conseguirian la independencia. En el número de los últimos entraban personas de mucha influencia, y hasta oficiales superiores, que como los jenerales Lamar y Llano en Lima, los coroneles Gamarra en Tupiza, Lavin en Arequipa, etc., empezaron á conspirar, no habiendo fracasado sus planes sino porque se encontraron aislados.

Un personaje que tambien contribuyó mucho á propagar las ideas de independencia en el interior del país, fué el coronel Arenales, á quien hemos visto salir de lea el 21 de octubre para su arriesgada y audaz espedicion. Desde Huamanga, adonde llegó á los diez dias escoltado por tres ó cuatro mil campesinos que salieron á su encuentro , se dirijió á Huancavelica y despues á Jauja, punto en que se encontró con los milicianos de la compa

VI. Histoma. 29

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ñía de Cárdenas al mando del brigadier é intendente de la provincia don José Montenedro. Arenales no tuvo que cargar mas que una vez para derrotar esta compañía indisciplinada y continuar su marcha por el lado de Supe, en que se encontraban las fuerzas de San Martin.

Al llegar á Tarma el 23 de noviembre, supo que el brigadier O'Reilly, á la cabeza de cerca de mil hombres correspondientes al rejimiento de la Victoria, antes Talavera, y otros, de ciento ochenta dragones y lanceros de Lima y cerca de doscientos milicianos de los alrededores con algunas piezas de campaña, habia salido en direccion al cerro de Pasco para disputarle su paso. El caso era esta vez mucho mas serio, porque los patriotas, sobre ser inferiores en número, estaban muy cansados, no obstante que con los caballos cojidos en Jauja hubo los bastantes para la infantería, y tenian muchos reclutas, con los que se podia contar poco porque apenas estaban disciplinados. Sin embargo, Arenales no temió atacar á su antagonista. Al llegar el 5 de diciembre á Pasco, mandó acampar la division para darle alguri descanso y para observar al enemigo, que encontró desplegado en batalla detras de un hondo barranco, apoyando su derecha en un terreno pantanoso y su izquierda en un pequeño lago. Al dia siguiente á eso de las nueve cuando estaba cayendo una gran nevada, fué á atacarle á pesar de su ventajosa posicion , rodeando el lago y amenazando el flanco el bizarro teniente coronel don Santiago Aldunate, mientras el número 11, á las órdenes del no menos bizarro Deza, atacaba de frente con tal intrepidez, que puede decirse que los realistas fueron completamente vencidos en la primera carga. Quedaron en el campo un oficial y cincuenta y tres soldados, habiendo sido hechos prisioneros casi to

dos los demas. En el número de estos entraron el coronel don Manuel Sanchez, jefe de infanteria, y el teniente coronel Santa Cruz, que hacia mucho tiempo deseaba pasar á las filas de la patria, en las que desde aquel momento prestó sus servicios con el mayor celo. No teniendo ya Arenales enemigos que combatir por el pronto, tomó el camino de Supe, pero antes de llegar á este punto recibió órden de repasar las cordilleras, y cuando ya la habia ejecutado, la revocó San Martin mandándole retroceder, por manera que renovó inútilmente á sus desgraciados soldados las mil fatigas y miserias que tantas veces habian sufrido. Pocos dias antes, es decir el 30 de noviembre, los indios de Guamanga, Guancavelica y Jauja, que al pasar Arenales se declararon en favor de la independencia, fueron atacados cerca de Huancayo por Ricafort con unos batallones que llevaba de Arequipa y otros que marcharon del Cuzco á Andahuailas, y fueron batidos y destrozados, á pesar de su número y de su resistencia. El batallon chilote de Castro, que formaba parte de esta espedicion, se portó como siempre con una valentía digna de mejor causa, y facilitó á la caballeria el que pudiese perseguir con encarnizamiento á los desgraciados indios, que murieron á millares (1). Bermudez y Aldao, que se habian quedado en Jauja con trescientos infantes y cien caballos para protejerlos, se vieron en la necesidad de huir por la parte de la sierra, llegando á Pasco pocos dias despues de la salida de Alvarez.

(1) Por este y utros motivos se quejaba San Martin i Pezuela de la barbarie de sus soldados para con los habitantes que no tenian mas crimen que ser liberales, amenazandole con observar la misma conducta si no ponia el oportuno remedio. En una proclama i los españoles les dijo que se veria forzado por la ley del taliou á poner fuera de la ley á todo español que se cojiese y mandarle fusilar inmediatamente, si tal barbarie continuaba. Gaceta ministerial estraordinaria de 17 de enero de 1821.

CAPITULO LVIII.

I.os habitantes de Lima presentan i Pezuela una esposicion, apoyada por H cabildo, pidiéndole que capitule con San Martin. — Indignaclon que esto causa á los españoles. — San Martin se retira á Haura. — Pezuela abdica el vireinato y le reemplaza Lasema. — Llega un plenipotenciario español encargado de tratar con los patriotas. — Negociaciones de Puchanca, que no producen resultado.— Motin de los oficiales de la escuadra.— Espedidos de Millcr al sur del Perú.— Toma de Arica.— Victoria de Mirare.— Miller regresa á Pisco.— Lasema abandona á Lima. — Entrada del ejército libertador en esta capital.— Pérdida del San Martin y del Pueyrredon.— Si« Martin envia á Santiago las banderas chilenas cojidas en Rancagua. — Proclamacion de la independencia del Perú.— Cochrane se apodera de los boques enemigos fondeados en el puerto del Callao. — Acaloradas contestaciones entre San Martin y Cochrane. — Lasema se aprovecha de ellas para enviar una espedicion contra Lima.— Lamar entrega i San Martin la fortaleza del Callao.— Las fragatas Prueba y Venganza se rinden á las autoridades peruanas.— Cochrane las reclama, y como no se le entreguen, regresa 4 Chile con la escuadra. — Administracion de San Martin.— Derrota del jeneral don Domingo Tristan en lea.— Entrevista de San Martin y Bolivar en Guayaquil con motivo de la incorporacion de esta provincia á Colombia. — Torre Tagle, delegado de San Martin en Lima, destierra á Monteagodo. — Apertura de un congreso. — San Martin depone el poder en manos de los representantes y se vuelve á Chile.

Hasta aqui las guerras del Perú habian estado reducidas á lijeros encuentros, simples escaramuzas sin mas objeto que apoderarse de los ganados, víveres, etc., etc., y propagar las ideas revolucionarias: no obstante, era fácil conocer cuanto progresaban estas ideas en la nacion y preveer las terribles consecuencias que iban á tener muy pronto para el ejército realista. La desmoralizacion empezaba á cundir lo mismo en las ciudades que en e! campo, la desercion era cada dia mayor, á pesar de las avanzadas apostadas para contenerla, y las tropas españolas, acosadas en cierto modo en la capital, estaban en

visperas de poner á San Martin en el caso de representar en tierra el mismo papel que Cochrane representaba hacia tiempo en el mar.

Los limeños no se hacian ilusiones acerca de su posicion. Desde que Chile se enseñoreó del océano Pacifico, conocieron que su capital caeria tarde ó temprano en poder de los patriotas, capaces en aquella época de hacerles sufrir, en caso de una resistencia formal, todos los horrores de la toma de una ciudad por asalto. Para evitar este desastre firmaron muchos habitantes, asi paisanos como militares, una esposicion dirijida al virey, suplicándole hiciese una capitulacion honrosa con el jeneral San Martin, esposicion que fué presentada á aquella autoridad el 16 de deciembre de 1820 con varias observaciones del ayuntamiento, el cual se ofrecia á tomar parte en las nuevas negociaciones.

En cuanto corrió por la ciudad la noticia de lo que pasaba, una multitud de españoles y muchos militares muy apegados á sus intereses, se manifestaron indignados , y los oficiales de la Concordia pidieron por escrito que se destituyese á los de su rejimiento que habian firmado la esposicion, protestando que estaban prontos á sacrificar sus vidas y sus fortunas en sosten de la bandera que habian jurado defender.

Pezuela no accedió á lo que querian ni los unos ni los otros, por mas que estuviese muy inclinado á capitular, porque en su aislamiento no hallaba otro medio de salir con alguna ventaja de su mala posicion. Con la revolucion de Guayaquil y la muy reciente de Trujillo, todo el norte habia caido en poder de los patriotas y estaban cortadas sus comunicaciones con Quito, único pais de que podia recibir algun socorro, pues nada tenia que

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