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que se agolpaba á su paso, y orgulloso por otra parte con un pasado que consagró á la felicidad de su patria y que tantas circunstancias habian arrastrado á la violencia y á la reaccion. Fué fusilado con su amigo Alvarez en el mismo sitio en que sus dos hermanos recibieron la muerte, y para mengua de sus enemigos, su cabeza fué espuesta a la vergüenza pública. A don José Maria Benavente, este amigo cuya fidelidad rayaba en entusiasmo, lo condenaron tambien á la pena capital, pero no la sufrió por las vivas instancias de un hermano que tenia establecido en Mendoza : á los demas oficiales los diseminaron en diferentes puntos de la república y en Chile. Tal fué el destino del ilustre chileno que ocupará sin duda algun dia la intelijente perspicacia de los historiadores. Hoy están todavia los partidos bajo la influencia de las pasiones y del amor propio ofendido, y no pueden juzgarle convenientemente y á satisfaccion de todo el mundo. Sin embargo, es innegable que prestó grandes servicios á la independencia, trazando á la revolucion una marcha mas segura y mucho mejor pronunciada, entusiasmando á la juventud para que se alistase en sus lejiones y dando al ejército una organizacion de que distaba mucho antes de que él regresase á su patria. A su prodijiosa actividad, á su carácter laborioso y á su jenio sumamente fecundo en espedientes, debió tambien poder neutralizar los malos efectos de su aislamiento y proporcionarse recursos, por medios es cierto algunas veces violentos que la calma de hoy desaprobará quizá, pero que las circunstancias de entonces hacian inevitables. Porque en aquel nuevo periodo de vida y de creacion, era imposible proceder con regularidad, sin pasiones y sin escesos, cuando habia que producir un completo de

sarrollo, y un país que era español convertirlo en americano.

Es condicion inherente á toda revolucion social, ser exajerada é impaciente en su principio, inquieta é impetuosa en su marcha. Basta una chispa de oposicion para comunicar el incendio á toda la sociedad fuertemente conmovida entonces, si no impide su propagacion el jefe de ella, obrando con el vigor de un déspota y el celo de un innovador que quiere despertar un pueblo al nombre de libertad. La naturaleza, es necesario confesarlo, habia formado admirablemente á Carrera para destruir añejas preocupaciones. Era de carácter franco, dócil, decidido, muy seductor y persuasivo cuando se replegaba en a mismo, capaz de atraerse los hombres y de hacer grandes cosas, porque comprendía el patriotismo en la grandeza de ánimo y no en la mezquindad y no contemporizaba con los enemigos del principio revolucionario para evitar que se enervase su fuerza. Pero si era muy á propósito para meter el hacha en una sociedad mal organizada y para minar sus viejos cimientos, no lo era para restablecerla y reconstruirla. Turbulento como todo revolucionario, pero mas por naturaleza que por egoismo; enemigo del reposo y de trabajar en un gabinete; dominado siempre por el esceso de sus cualidades, lo que le hacia un tanto inconstante, á veces caprichoso y hasta obstinado; no queriendo sufrir el predominio de nadie fuese quien fuese, no buscaba en cierto modo en la revolucion mas que el movimiento, no los principios, demostrando con esto que tenia todas las cualidades de un jefe de partido, pocas de un hombre de estado. Así es que en su partido representaba la fogosidad y la actividad, lo que le dió un gran ascendiente entre la juventud, ávida siempre de moví

miento y de emociones, mientras que las personas de edad mas avanzada no tardaron en desaprobar su turbulencia, porque para ellas, al contrario que para los jóvenes, el espiritu revolucionario debia estar casi todo en el alma y muy poco en el cuerpo. Las mismas personas veian en O'Higgins un atleta de la libertad del pais no menos apasionado y vehemente, pero de mas calma, mas reflexivo, que obraba con conocimiento y con cálculo. Veian tambien claramente que Carrera con su entusiasmo en el corazon y en la cabeza, era capaz para sublevar las masas, pero no para gobernarlas; porque siendo la primera condicion del que aspire á elevarse al poder y sostenerse en él, tener una cabeza y un corazon fríos, consideraban el entusiasmo la virtud de los que ejecutan y la calma y la sangre fría la de los que dirijen, y bajo este último punto de vista la naturaleza fué muy avara con Carrera. Por lo demas, lo repito, á las edades venideras, y á ellas solas, incumbe la tarea de discutir los actos de este jenio de la revolucion y de apreciarlos del modo que la historia tiene derecho á exijir. Los móviles de las acciones humanas se ocultan en profundidades tan obscuras, son tan parciales los escritos contemporáneos é influidos por tantas opiniones y tantos intereses diversos, que se necesita gran número de años y la reunion de muchas cartas confidenciales dictadas sin objeto determinado, para esclarecer los mas sencillos sucesos de épocas muy modernas.

CAPITULO LX.

Benavides se apodera de todos los buques cstranjeros que tocan en la isla d< Santa Haria, y alista los marineros en sus batallones.— Uno de estos buques va á Cbiloe en busca de refuerzos, y i su regreso conduce al capitan Senosain. — Desercion de las tropas en los dos ejércitos. — Junta de Concepclon para vijilar i los espias de Benavides. — Este marcha al norte y es perseguido por Prieto — Victoria de la Vega de Saldia.— Dispersion de los realistas — Politica de los patriotas para destruir los restos del enemigo. — Sumislon de Bocardo y de casi todas las familias establecidas en Quilapalo. — Toma de Arauco.— Prieto marcha contra los indios de la costa. — Benavides, reducido al último estremo, se embarca para el Perú , y lo arrestan en Topacainu. — Llevado á Santiago es condenado á una muerte ignominiosa. — Picarte, que queda de comandante de la Araucania, consigue que regresen á Concepcion las monjas trinitarias.— Rebelion de las tropas de Valdivia, y muerte del coronel Letelier.— O'Higgins envia á aquel punto al coronel Beaucbei.— Castigo de los culpables. — Espcdicion de Beauchef contra Palacio y su montonera. — Este jefe es cojido y condenado á muerte.

Hemos dicho en el capitulo anterior que dedicado O'Higgins esclusivamente á la espedicion del Perú, habia descuidado el ejército del sur, causa por la cual se encontraba este en una. posicion sumamente critica y muy amenazado por los realistas. En efecto, Benavides se manifestaba cada dia mas audaz. Con su prodijiosa actividad , y con los actos de vandalismo, que los jefes de partido pretenden siempre justificar con que la necesidad les obliga á ellos, se levantó del estado deplorable á que lo redujeron la derrota de Concepcion y la de Pico en Chillan. Desde que se verificó la última, se hallaba refujiado en Arauco, poniendo en juego todos los recursos que su posicion sujeria á la imajinacion fecunda de un hombre como él. Los indios de la costa, y aun algunos del interior, continuaban siéndole afectos, pero esto no era bastante, porque necesitaba ademas tropas disciplinadas con que emprender y sostener un combate, cosa que no sabian hacer aquellos bárbaros, Titiles solo para completar una victoria. En la imposibilidad de reclutarlas en número suficiente, se propuso apoderarse de cuantos buques que se aproximasen á la costa, para armarlos en corso contra todos los que navegaran en los mares del sur con otra bandera que no fuese la española.

Por entonces el comercio de los Estados-Unidos y de Inglaterra tomaba mucha estension en estas nuevas y ricas comarcas. En la pesca de la ballena habia grande actividad, y los barcos que la hacian, por la naturaleza misma de su industria, tenian necesidad de acercarse á las costas, y muchas veces de entrar en las bahías. Así fué que el primer buque que conquistó Benavides en su nueva carrera, fué un ballenero, el Hero, que vino á anclar en la isla de Santa María, al que siguieron poco despues la Ersilia, el Occéano, la Luisa, la Perseverancia y otros, y luego algunos de ellos armados y montados por hombres de confianza, fueron á ejercer la piratería en toda la estension del Occéano. Los marineros de las tripulaciones de estos buques ingresaron en los rejimientos que formó, y para que el terror les impidiese fugarse, mandó fusilar á un capitan, y á cuantos marineros manifestaron la menor tendencia á la desercion.

Los buques apresados no suministraron á Benavides soldados solamente. En uno'de ellos, el Occeano, se encontraron mas de quince mil armas, entre fusiles, tercerolas, sables, etc., con las que hubo bastantes para armar los nuevos reclutas y para formar un repuesto. Con este motivo despachó un buque á Chiloe para participar al gobernador Quintanilla sus presas, y pedirle hombres y

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