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cabildo, numerosas pruebas de afecto y liberalidad. Púsose al fin en camino, y fué á esperar á Valparaiso el resultado de lo que habia pretendido, que era ponerse á la cabeza de cinco mil hombres, y con ellos ir al Perú á dar el último golpe al poder español, y añadir un nuevo y brillante floron de gloria á la corona de su amada patria. La junta le dió de escolta una compañia de ciento cincuenta hombres de su antigua guardia, compañía que conservó en Valparaiso durante su permanencia en casa del gobernador Zenteno, y que le hacia los mismos honores que en sus mas prósperos tiempos.

Mientras pasaba todo esto en Santiago, el jeneral Freire preparaba en Concepcion una espedicion militar contra el director, para el caso en que no abdicase el poder. Escribió á Beauchef, que mandaba en Valdivia, que fuese á reunirse á él con todas sus tropas; y este teniente coronel recibió á los pocos dias una órden de O'Higgins para que marchase á Valparaiso, lo cual le puso en un grande compromiso. Su deber como subdito del director y jefe completamente independiente de la autoridad de Freire, era cumplir lo que aquel mandaba, y asi lo exijia su honor y las leyes de la disciplina á que era tan sumiso; pero sabedor por Wilkinson, capitan del buque enviado por O'Higgins, que muchas provincias se habian declarado contra su gobierno al que tachaban de arbitrario y déspota, reunió los oficiales y los miembros del cabildo, y les manifestó su intencion de ir á reunirse con Freire, que le parecia el mas fuerte para impedir una guerra civil. Aprobado el pensamiento por los concurrentes á la reunion, dispuestos á defender sus derechos como ciudadanos, de la misma manera que los habian defendido como militares, embarcó sus tropas y ademas una brigada de artilleria con cuatro piezas, dejando en Valdivia trescientos hombres que alli habia de la guardia de honor, lo primero porque la plaza no podia quedar desguarnecida y lo segundo porque los oficiales de esta fuerza no le inspiraban gran confianza de que fuesen adictos al movimiento (1).

En cuanto las tropas de Beauchef llegaron á Concepcion, donde fueron recibidas con salvas de artillería, Freire, que no esperaba mas que este refuerzo para emprender la marcha, envió por tierra toda la caballeria al mando del coronel Puga, y él se embarcó, con la infanteria y la artilleria, para Valparaiso. Cuando llegó, quedó sorprendido al saber lo que habia pasado, y que O'Higgins estaba en casa del gobernador. Ignorando la opinion reinante en la ciudad y las intenciones de las tropas que en ella habia, dispuso que desembarcase un buen número de las suyas al mando de Tupper y Gimenez, con órden de formar en batalla en la plaza y de no responder á ninguna pregunta que les hiciesen. En seguida previno á Beauchef que fuese á relevar con sus granaderos la guardia de O'Higgins, y él marchó á acampar al Almendral con su estado mayor y sus tropas. Aunque era muy desagradable la comision confiada á Beauchef, la cumplió sin embargo por deber y quedó muy admirado aloir de boca de O'Higgins la aprobacion de su conducta, con la cual, le dijo, se habria evitado quizá la guerra civil. Despues de conversar un rato, le preguntó O'Higgins si queria acompañarle, pues iba con el gobernador á ver á Freire, á lo que accedió sin dificultad Beauchef, y los tres se dirijieron á caballo á la tienda en que estaba aquel jeneral. O'Higgins quiso entrar en esplicaciones sobre la revolucion , pero Freire le suplicó que olvidase lo pa

(I) Memorias manuscritos de Beauchef.

sado, y solo hablaron de cosas insignificantes (i). A los pocos dias le arrestó este jeneral en su casa y lo sometió á un tribunal de residencia, que era precisamente lo que habia solicitado O'Higgins, persuadido de que nadie podria echarle en cara el acto mas insignificante de infidelidad. Con efecto, seis meses despues quedó enteramente libre, y abandonó á principios de julio su querido pais, por el que tanto habia hecho con la mira de elevarlo al rango de nacion, y que como Carrera no habia de volver á ver, á pesar de los vivos deseos que siempre tuvo de regresar de simple ciudadano para trabajar por su prosperidad que fué el sueño de toda su vida. El jeneral Freire, elevado ya al poder, le dió al partir un pasaporte sumamente honorífico, que venia á ser una carta de eficacisima recomendacion para los gobiernos amigas de Chile, en que se decia que su ausencia seria solo por dos años, debiendo volver pasado este tiempo á un pais « que le cuenta entre sus hijos distinguidos, y cuyas glorias están tan estrechamente enlazadas con su nombre, que las pajinas mas brillantes de la historia de Chile son el monumento consagrado á la memoria del mérito de V. E. » Embarcado en la corbeta inglesa Flis, marchó á la ciudad que iba á ser su última residencia, Lima, llevando por toda fortuna los productos eventuales de la hacienda de la Cantera, completamente arruinada con las guerras de la independencia. Por dicha suya, encontró en el Perú otra hacienda, la de Montalvan, que le habia regalado aquel gobierno en prueba de reconocimiento por los grandes servicios que prestó á su independencia.

Asi acabó la administracion de este ilustre chileno que por la elevada posicion que tuvo, suscitó necesaria

(1) Memoria manuscrita de Beauchcf.

mente muchas envidias y ambiciones. O'Higgins cometió sin duda faltas, ¿ pero quién es el que en su puesto no las comete? Antes, pues, de juzgar al hombre, es necesario juzgar las circunstancias en que obró y las influencias de todo jénero que le movieron á obrar. Querer condenar algunos actos arbitrarios á que son arrastrados los depositarios del poder cuando prefieren lo útil á lo justo, es querer desconocer los principios de las grandes revoluciones sociales, que son la enerjia, la audacia y alguna vez hasta el despotismo y la tirania, á despecho de todas nuestras bellas teorias que la calma establece, y cuya inoportunidad, ya que no su falsedad, demuestra frecuentemente la esperiencia. La moderacion no puede invocarse sino cuando la tempestad ha pasado, la tranquilidad se ha restablecido del todo y la ira de la discordia es impotente para arrastrarnos á las guerras civiles, compañeras inevitables de la debilidad de los gobiernos. Por lo demas, cuando O'Higgins fué elevado sin oposicion alguna á la suprema majistratura, nadie habia mas digno que él de tan alto puesto, porque nadie babia mas valiente, ni mas probo, ni mas patriota, y sus titulos eran tambien los mas esclarecidos y lejitimos. Desde el primer grito de independencia fué uno de los jefes influyentes de la revolucion. En todas las batallas se distinguió por cualidades, que en una época en que le faltaba aun la madurez de la esperiencia y los conocimientos teóricos, le valieron el nombramiento de jeneral en jefe del ejército, cargo que desempeñó algunas veces con gloria, siempre con honra. En Mendoza tomó una parte muy activa en la creacion é instruccion del ejército libertador, y cuando San Martin, por motivos de gran prudencia, se lo asoció como segundo, el tiempo no tardó en justificar el acierto de la eleccion. Y si volvemos la vista al estado en que se encontraba Chile cuando se encargó de rejenerarlo, veremos que la tarea que acometió era de las mas penosas é ingratas, y que al aceptar su ruda responsabilidad, lo hizo solamente movido por un vivo sentimiento de patriotismo y por la ambicion, bien honrosa por cierto, de conquistar el título de bienhechor de su pais.

Con efecto, desde la invasion de Pareja los partidos estaban dominados por el odio y la venganza, y no habia seguridad ni para las cosas ni para las personas. Impuestos forzosos, contribuciones estraordinarias, y lo que es mas, despojos considerables de todo jénero, se succedian con la misma rapidez que los acontecimientos, acabando por llevar la desolacion al seno de las familias é introducir la perturbacion mas espantosa, asi en sus propiedades como en sus rentas. Porque con la falta de brazos, las minas estaban casi abandonadas, y la agricultura, esta riqueza natural é importantisima de Chile, se hallaba en un decaimiento tal que apenas producia para las primeras necesidades de la vida.

En medio de tantas calamidades, tuvo que tomar O'Higgins enérjicas medidas para neutralizar las pasiones que escitaron los sucesos y las circunstancias, y vijilar la madurez progresiva de la libertad y la ardiente lucha de todas las fuerzas que se desplegan en su infancia y que, convertidas en elementos de anarquia, hubieran favorecido las ideas subversivas de los enemigos interiores, ó bien exaltado desacordadamente a los verdaderos liberales, convirtiendo su celo en fanatismo. Tenia ademas una necesidad constante de inspirar, exaltar y por otra parte afirmar una nacion jóven, que acababa de salir de las mantillas, y que no se habia recobrado aun de la sorpresa de su conquista. Porque á pesar de todos sus triun

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