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y la toma de Concepcion y de Talcahuano, que un año antes habia conquistado á la cabeza de su vanguardia. No es difícil calcular las inquietudes que sembró en su noble corazon la nueva de tantos desastres.

Pero la Providencia no podia ser mucho tiempo indiferente á los sufrimientos de estos mártires de la libertad.

Con arreglo al tratado de Lircay fueron puestos en libertad, como ya hemos dicho, los prisioneros de guerra á escepcion de los dos hermanos Carrera, á quienes se queria desterrar del pais para que no pudiesen conspirar. Sin embargo, el gobernador Urréjola, por un sentimiento de pudor ó de remordimiento, se mostró con ellos desde este momento mucho mas humano. Se les quitaron los grillos, se permitió entrar viveres de todas clases y sin rejistro en sus prisiones, pudieron comunicar con ellos á todas las horas del dia sus antiguos compañeros de infortunio, los oficiales del ejército real y los habitantes de Chillan, y se llevó la jenerosidad á dejarles salir bajo su palabra á visitar á sus bienhechoras la esposa del intendente y su hija, para darles gracias por tantos favores como les habian dispensado en su desgracia.

Indudablemente que la liberalidad del gobernador bien merecia que Carrera le estuviese reconocido y que cumpliera relijiosamente su palabra de honor; pero ¿podia verdaderamente un patriota como él santificar su palabra cuando creia á su pais en peligro y enteramente estinguido por el tratado de Lircay el espiritu jenerador de la revolucion ? Porque para él el limite de esta revolucion no era otro que su última evolucion, es decir, la independencia absoluta del pais : detener su marcha y poner condiciones ó circunscribir la esfera de su accion era rebajarla y hacerla impotente, y no era esto lo que la nacion habia jurado tantas veces. Desde entonces, considerándose, como siempre, la Providencia de la revolucion, pensó seriamente en el proyecto de escaparse, que premeditaba hacia mucho tiempo.

Para realizarlo vinieron en su ayuda patriotas y realistas: se le ofreció una cantidad de dinero, que Carrera en su previsora jenerosidad destinó en parte á facilitar el regreso de los prisioneros, que, en número de mas de trescientos, se hallaban sin recursos de ninguna especie: despues no pensó mas que en los preparativos de la fuga, la cual se verificó el 12 de mayo, gracias á un pariente de don Clemente Lantaño, don José Riquelme. En este dia de temor y de emociones, los hermanos Carrera, para engañar mejor la vijilancia que se ejercia con ellos, hicieron una visita al gobernador y á las demas autoridades, y por la tarde fueron á casa de Riquelme, donde se hallaban reunidos muchos patriotas, finjiendo estarlo para una diversion. Una noche oscura y lluviosa contribuia á favorecer sus designios y á asegurarles la soledad de los caminos. Se aprovecharon con éxito de esta circunstancia, y luego que oscureció se despidieron de sus compañeros de infortunio y marcharon á buscar ó á conquistar un nuevo destino. La esposa del intendente, iniciada en todo el proyecto, dió la misma noche un baile al mayor jeneral y a los jefes principales del ejército.

Los hermanos Carrera solo iban acompañados en su fuga del teniente don Manuel Gordon, un sarjento, un soldado y un guia, que en un momento de turbacion los abandonó en medio de los campos, donde se encontraron estraviados. Con dificultad y pagando una gruesa suma, pudieron proporcionarse otro que á pesar de su mala reputacion, los condujo sanos y salvos á Talca, adonde llegaron el 14 por la noche. O'Higgins, en cuya casa se presentaron primero, quedó muy sorprendido y contrariado con tal visita, pero no recordando mas en aquel momento que su antigua amistad, los recibió con afecto, les obligó á alojarse en su casa, y sea por temor 6 por benevolencia, les habló de la animosidad que les tenian muchos de sus oficiales y del peligro que corrían, peligro que les confirmó al dia siguiente el mayor jeneral don Francisco Calderon, aconsejándoles que no saliesen á la calle. Semejante consejo no podia seguirlo el alma orgullosa de don Miguel Carrera, y con tal indiferencia lo recibió que á las pocas horas se les vió correr decasa en casa, ansiosos como estaban de visitar algunos de sus antiguos amigos. Por la noche supieron que su presencia en el ejército habia despertado temores, por lo cual las tropas estaban sobre las armas y los oficiales en los cuarteles. Para no aumentar la alarma se pusieron en camino el dia siguiente para Santiago, pasando por su hacienda de San Miguel cerca de Melipilla, desde donde dieron parte de su llegada al director.

Lastra tuvo noticia de su próxima llegada por un correo que le despachó O'Higgins. Sin perder tiempo mandó llamar á Irisarri para decidir con él la suerte de los dos personajes, á quienes consideraba los principales y acaso únicos perturbadores de la tranquilidad pública. Hacia algun tiempo que la posicion de Lastra era tan penosa como delicada. Blanco constante de un partido fuerte de carreristas, de ambiciosos y de descontentos tenia que violentar su carácter débil é indeciso para tenerlos á raya, lo cual le contrariaba mucho.

No pudiendo contar casi con nadie; ni con los moderados que le tachaban de violento, ni mucho menos con los exaltados que al contrario le censuraban de muy tímido é indeciso, seguía á ciegas la política de Irisarri, por cuyas inspiraciones obraba. Por consecuencia de esta resolucion empezó á desplegar una enerjía, que por lo mismo que era contraria á su carácter, no podia ser duradera, ni por lo tanto producir grandes resultados. Decretó la proscripcion de don Juan José Carrera, ó por lo menos le obligó á salir del país é ir á habitar a Mendoza, así como al cónsul Poinsett, quien se habia becho intolerable por su carácter revoltoso y enredador. Al comandante don Enrique Campino lo separó del batallon de granaderos y lo encerró en un castillo, despues de haberle seguido una causa, en que fué condenado por conspirador: tomó en fm ciertas medidas, tanto mas meritorias, cuanto que coincidían con la grande inercia que en aquellos momentos aquejaba á la municipalidad, la cual, renegando en cierto modo de su pasado, no procuraba ni escitar ni contemporizar con sus actos ó sus persecuciones.

En medio de este conflicto de temor y de chismes supo Lastra la llegada de los Carreras á las cercanías de Santiago. Conocia demasiado el carácter emprendedor y seductor de estos revolucionarios para que no le preocupase fuertemente su llegada, y para no tomar inmediatamente las mas rigorosas medidas con objeto de hacerles frente. Desde aquel momento, en efecto, á los Carreras se les persiguió sin descanso : una fuerte compañía de soldados fué á la hacienda á sorprenderlos y llevarlos á Santiago; se procuró sobornar á sus criados; su padre fué arrestado en su casa con guardias que espiaban su correspondencia y las personas que iban á

VI. Historia 7

verle. La hábil actividad de los Carreras consiguió burlar todas estas medidas, todas estas persecuciones, tan pronto retirados e.n casa de algunos amigos, tan pronto ocultos en los bosques, donde pasaban las noches; pero fatigados al fin de esta vida errante, que no les convenia sino mientras pudiera ser provechosa a la patria, se decidieron á atravesar las cordilleras para ir á reunirse con su hermano don Juan José y su íntimo amigo Poinsett. La ruta que tomaron fué la de Planchon ,1 . ruta muy poco frecuentada é inmediata á donde estaba el ejército, lo cual debió necesariamente despertar las sospechas y los temores del gobierno : asi es que Lastra por un lado y O'liiggins por otro, pusieron en juego todos los recursos de su poder para apoderarse de sus personas. Se enviaron hombres á todos los puntos por donde pudieran pasar, y se publicaron eu las provincias inmediatas bandos escesivamente severos contra el que les diese albergue ú ocultase, á quien se amenazaba hasta con pena de muerte, y prometiendo por el contrario una buena recompensa al que los entregase (2). Pero las

(1) Cuando se lee con atencion el diario de Carrera resulta en cierto i el convencimiento de que obraron de buena fe en esta espatriacion : sin embargo, i por qué elijicron un camino tan solitario, tan malo y tan inmediato a ejército? Por otra parte ellos sabian muy bien que lo que el gobierna quería era que se alejasen de Chile, y que estaba pronto á hacer los sacriGcios necesarios para que pasasen una vida cómoda y digna de la posicion que habían ocupado. Proposiciones eu este sentido se les hicieron antes de que se completase la revolucion, y no las admitieron so pretestu de que eran un lazo para apoderarse de ellos.

(2) En esta época se publicaron circulares en que se decia que el padre ot los Carreras desaprobaba completamente la conducta de sus hijos y coa csli«cialidad la de don José Miguel. Aunque se ha contestado procurando probar a falsedad de semejantes aserciones, aparece de numerosos documentos, que dea Ignacio de la Carrera no estaba muy satisfecho de sus hijos y que d'Btati mucho de aprobar sus actos, si bien no se valia de las espresione* que se atrevieron a imputarle.—Archivos del gobierno.— Véanse tambien los documentos que el 5 de mayo de 1815 Ossorio pasó al oidor don Felix Francisco Baiu j Berri para el proceso contra los autores de la revolucion.

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