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'ra del soberano, llamaban mas la atencion eran

las preñeces i los partos de la reina. El rei, tan luego como tenía noticia del estado

interesante de su.amada mujer, lo comunicaba por medio de clrculares, que se hacían conocer de to

dos por bando solemne.

J eneralmente, se hacía saber, no solo el príncipio de la preñez, sino tambien su continuacion a los seis meses, i por supuesto el alumbramiento.

I como los reyes de España, cuando enviudaban, se volvían a casar, í por lo comun tenían muchos hijos, las noticias de esta especie se repetían con frecuencia.

Así, la reina está preñada, continúa preñada, ha parido, eran comunicaciones que venían periódicamente i sin interrupcion.

¡Oh! con semejante. repetícion, el pueblo colonial debia vivir de júbilo en júbilo, si hemos de prestar fe al testimonio sde las reales cédulas que lo aseveran con una seriedad tal, que es imposible no tomarla por la espresion de la realidad.

Voí, entre ciento, a recordar el primer ejemplo que se me pnesenta a la mano.

“El Rei. Presidente í oidores de mi audiencia de la ciudad de Santiago en las provincias de Chile. Por despacho de ocho de febrero pasado, os mandé participar el dichoso suceso de hallarse preñada la reina, mi mui cara í amada mujer; i debiéndose a la Divina Misericordia la continuacion de tan incomparable beneficio, de suerte que se halla ya en el término de seis meses, he querido notíciaros de ello con ocasion de la partída‘de este aviso por la certidumbre que tengo del sumo gozo que en esto recibireis, así vosotros, como todos los vasallos de esas provincias, en manifestacion del esperimentado amor i fidelidad que siempre han pr0fesado; i también para volver a ordenaroé i encargaros (como lo hago) prosigais unos i otros en implorar el ausilio de Dios Nuestro Señor a fin de que se digne conceder a la reina feliz parto, como lo espero de su piedad soberana, pues en ello, no solo se interesa el bien universal de todos mis rei—s ‘ nos í vasallos por la tranquilidad que se ha de seguír de ‘mi deseada subcesion, sino tambien nuestra relij ion sagrada, que es lo que principalmente debe movernos a todos para pedir a su Divina Majestad (como yo lo hago) nos conceda este jeneral consuelo para mayor honra i gloria suya—De Buen Retiro a 4 de mayo de 1707.— Y 0 el Rei. —Por mandado del Rei Nuestro Señor, Bernardo Tinajero de la Escalera.” Como la preñez siguiera su curso natural íprós

pero, i se acercara a su fin, unos dos meses des—.

pues, el secretario de Indias dirijió al presidente í audiencia de Chile la nota que sigue sobre el mismo asunto:

“En despacho de 4 de mayo de este año (que recibirán V. S. i esos señores en otra ocasion) se participa a V. S. i esos señores que se continuaba el proñado de la Reina Nuestra Señora. Ya estando mui adelante, i debiéndose en reconocimiento de tan singular beneficio rendir a Dios devotas i afectuosas gracias, i solicitar con fervorosas oraciones la continuacion de sus piedades,i que le conceda el mas feliz alumbramiento, ha mandado el Rei que jeneralmente se dé esta noticia para que se hagan rogatívas públicas i jenerales, en cuya conformidad, de acuerdo del consejo, lo participo a V. S. i esos señores para que se ejecute así con el celo que se acostumbra, a fin de agradecer los singulares beneficios que concede la Divina Provi

. dencia. Dios guarde a V. S. iesos señores muchos años—Madrid i julio a 26 de 1707.—Bemardo Tinajer0 de la Escalera—Señores Presidente i oido

res de la audiencia de la ciudad de Santiago de Chile.”

Por cédula de 8 de setiembre de 1707, el rei anunció el nacimiento de su hijo primojénito, else— .

renísimo príncipe de Asturias don Luis.

En celebridad de tan fausto acontecimiento, el rei concedió indulto a todos los condenados í procesados que estuvieran en las cárceles, ménos los reos de lesa—majestad, los testigos falsos o los que hubieran inducido al perjurio, los blasfemos, los ladrones, los asesinos, i los que hubieran contravenido a las leyes de comercio entre las Espafiasi las Indias (1); i permitió‘ que todos los que estuvieran detenidos por deudas salieran con fianza por treinta dias “para que en ellos se pudieran concertar con los acreedores” (2).

Talvez algunos advertírán que los documentos

citados se refieren al principio del reinado de Few

lipe V, en plena guerra de sucesion; i recorda'rán haber leido en la Historia de España de Lafuente que “cuando en 29 de enero se anunció al pueblo el

‘ estado de la reina, publicaron los rebeldes en la

Gaceta de Zaragoza de 10 de febrero, que el duque de Anjou (como llamaban siempre al rei), viéndo— se incapaz de sostenerse, para engañar a las Castillas, habia hecho publicar que la duquesa de Anjou, su mujer, se hallaba preñada i con tres faltas; i añadian ellos que las ‘tres faltas eran ciertas, peu ro que eran falta de dinero, falta de víveres i falta de tropas” ‘ Pero se engañarian los que talpensasen, porque (1) ‘Real Cédula dada en Madrid a 8 de setiembre de 1707.

(2) Real Cédula de la misma fecha.
(3) Lafuente, Estaría de España, paiin 8, libro 6, capitulo 6.

las que se han visto eran las fórmulas de estilo í costumbre, las que se usaban en las épocas mas ‘ordinarias, sin atencion a circunstancias especialesl

Hé aquí como un comprobante, tomado entre otros muchos, una cédula mai posterior, en la cual se anuncia el nacimiento de un niño real, que no era un primojénito

“El Rei. Habiéndose dig‘nado la Divina Misericordia conceder el beneficio que con humildes ruegos implorábamos del feliz parto de la Reina, mi mui cara i amada esposa, dando a luz un infante a las cinco i mediade la tarde del dia diez de marzo próximo pasado, al cual se le han puesto en el bautismo los nombres de Francisco de Paula Antonio María, continuándola con la salud i buena disposicion en que se halla, obliga mi debido reconocimiento a tributar a Dios las mas rendidas gracias por su misericordia i benigna proteccion con que nos favorece. I siendo este beneficio de universal consuelo a mis reinos i vasallos, he mandado que jeneral ‘i particularmente concurran con el fervor i devota disposicion propia de su amor i relijioso celo a rendir a su Divina Majestad las mas debidas gracias, comunicán dolo así al mi consejo de las Indias por mi real decreto del mismo dia diez de marzo para su cumplimiento en la parte que le tocase; í habiéndose publicado en el propio mi consejo, í acordado espedir la presente mi real cédula, mando a los virreyes, presidentes, reales audiencias, a los gobernadores i ciudades de aquellos distritos, i de las Islas Filipinas; ‘i ruego i encargo a los prelados de ellos, así diocesanos, como regulares, que cada uno en su respectiva jurisdiccion hagan publicar esta mi real cédula, para que todos me ayuden a dar a su Divina Majestad las debi

das gracias, conforme en tales casos se acostumbra, por la singular piedad con que atiende a esta monarquía; lo cual es mi voluntad ejecuten tambien por su parte el tribunal del consulado de la ciudad de Cádiz i el juez de Indias en Canarias. Fecha en Aranjuez a 28 de abril de 1794.——— Yo el Rei.— Por mandado del Rei Nuestro Señor, Silvestre 0'0llar”.

De este i de otros muchos documentos análogos, aparece que los súbditos españoles en ambos mundos elevaban a la voz de su rei, preces al cielo en señal de gratitud i de gozo, por el nacimiento, no solo del príncipe que fué Luis I, sino tambien de todos los príncipes que reinaron o no reinaron, de

Cárlos II el imbécil, último descendiente de la ca—.

sa austriaca, i de Fernando VII el déspota, el último de los Borbones que empuñó el cetro delas Indias.

I el rei debia hallarse íntimamente persuadido de que estos acontecimientos domésticos de su real familia eran mui plausibles para sus vasallos, i. probablemente lo serían en realidad, cuando se aprovechaba de ellos para solicitar la ofrenda que le era mas grata, la del dinero.

La cédula que paso a copiar es en su jénero una pieza en alto grado curiosa i característica.

“El Rei. Presidente i oidores de mi audiencia real de la ciudad de Santiago en las provincias de Chile. Por otro despacho de la fecha de éste, os doi aviso del dichoso nacimiento del serenísimo príncipe mi- hijo don Felipe Próspero, i os ordeno lo demas que en él vereis en razon de dar gracias a Dios por este suceso, í hacerse las otras demostra— ciones de alegría que a un bien tan deseado corresponden. I con esta ocasion ha parecido deciros aparte que teniendo presente el particular afecto de lealtad, celo i amor con que mis vasallos de

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