Imágenes de páginas
PDF

esas provincias siempre me han servido, i sirven, sin haber querido en esto dejarse vencer de otros ningunos de mis reinos, si no ántes deseando aventajarse, se ha considerado que si al mismo tiempo del aviso del nacimiento del serenísimo príncipe, mi hijo, les propusiéredes un donativo voluntario i gracioso en ocasion que el alborozo de la nueva les facilite el; ánimo, dándoles a entender que con esperiencia de su mucha fidelidad, i correspondiendo a ella en mi el amor paternal con que deseo ampararlos, defenderlos i gobernarlos, repartiendo con ellos toda mi benignidad i gratitud por especial inclinacion debida a tan buenos vasallos, me prometo de ellos que sabiendo ahora los nuevos i mayores gastos que se acrecientan, i los aprietos en que nos ponen losenemigos de mi corona, i de la iglesia, a quien defiendo sin perdonar gasto, i lo estrecho i apurado de hacienda en que me tiene tan larga continuacion de ejércitos i armadas, como a este fin se mantienen, para lo cual no alcanzan mis rentas, i siendo tan interesados esos vasallos en la universal defensa i en el bien de una permanente paz, a que todose dirije, me asegura su fineza que llevados de su natural amor a mi servicio no dudarán de servirme voluntariamente en todolo que su proporcion i fuerzas alcanzaren; i así os encargo lo deis a entender a todos, procurando que esta proposicion por ningun caso se haga de modo que se pueda pensar por los vasallos que se hace contra su espontánea voluntad, porque no es mi ánimo permitirlo ni admitir lo que no fuere ofrecido graciosa i voluntariamente; i no mostrareis dáesagrado a los que se escusaren, porque estoi persuadido que, no por desamor, sino por falta de posibilidad, dejarán de concurrir en ocasion tan precisa los que no hicie

ren ningun donativo, siendo así que no es mi intento el gravarlos con nuevas cargas, como se lo dareis a entender, sino que ántes os he mandado, como lo hago, que procureis su mayor alivio. En esta conformidad lo practicareis con la advertencia i cuidado de que no se les haya de apretar en ningun modo, ni permitir se les desoonsuele a los que no pudiesen concurrir, o no se inclinaren a hacerlo, con decirles que me tendré por deservido, pues esto sería hacer involuntario lo que pretendo que en todo sea gracioso isin ningun color de apremio; i espero que en esta proposicion usareis con esos vasallos de tal suavidad i buen modo, que el vuestro persuada mas que el motivó que lo ocasiona (con ser tan grande); i así lo iio todo de vuestro cuidado, amor i celo a mi servicio,i que me dareis cuenta de lo que resultare, i los que me sirvieron, í con qué cantidades, para que tenga noticia de ello, para favoreceri honrar a los que se señalaren; ilo que de esto procediere lo remitireis con separacion distinta por cuenta aparte, de que me avisareis con lo demas que resultare, que os pareciere ser conveniente—Fecha en Madrid a 25 de diciembre de 1657.— Y o el Rei.—Por mandado del Bei N nes— tro Señor, Juam Bautista Saenz Navarrete.”

Segun es fácil de concebir, todas estas manifestaciones de veneracion, eran particularmente solemnes, cuando se trataba de la persona misma del soberano.

Estaba ordenado que los dias de los santos del rei i de la reina i sus cumpleaños fuesen feriados, i solemnizados con una funcion relijiosa, a la cual debian asistir todas las corporaciones i los sujetos mas visibles del vecindario; porque, decia el reí en una cédula de 6 de junio de 1790, por la cual reiteraba esto mismo por tercera o cuarta vez, “es in

dispensable que a causa de la distancia de éstos a aquellos mis dominios, se hagan en dichos dias de nuestros gloriosos nombres algunas demostraciones públicas en que los vasallos comprendan o recuerden lo respetable de mi real soberanía.”

Se ve que el monarca, conociendo lo que le importaba hacerse vénerar, no se descuidaba en dic« tar las providencias necesarias para conseguirlo.

“Su Majestad, escribia de real órden el ministro don José de Gálvez en 15 de setiembre de 1776 al presidente i oidores de Chile, ha mejorado tan con— siderablemente la condicion de sus ministros togados con el aumento de sueldos, que sin necesidad de otros recursos pueden vivir con la decencia correspondiente a su carácter, i la comodidad que merece su elevado i escrupuloso ejercicio. I como estos soberanos beneficios exij en que los agraciados, poseidos de un digno reconocimiento, apliquen todos sus cuidados i desvelos a mantener con su rectitud i ejemplo la observancia de las leyes, el respeto a la justicia, la pureza de las costumbres, la mas profunda veneracion a ambas majestades, i el‘ amor a todas las virtudes políticas icristianas que hacen la felicidad de un gobierno bien arreglado, confía el Rei que no olvidará V. S. jamas sus bené— ficas providencias i justas intenciones, dedicará enteramente sus celosos individuos a promover i conseguir estos santos fines, no perdonando para su logro cuántos esfuerzos i dilijencias quepan en la prudencia humana, i asegurándose de que la ulterior fortuna de los ministros que componen ese tribunal penderá solo del ventajoso desempeño de sus empleos i estrechas obligaciones, porque Su Majestad premiará a cada uno segun su verdadero mérito, advirtiendo a V. S. de órden especial del Rei que si contra su bien fundada esperanza,

íncurriere alguno en omision, descuido o neglijencia culpable, tenga entendido desde ahora que entónces sufrirá todos los efectos de su real indignacion, i será tratado como ingrato i delincuente con la última severidad de las leyes, pues ni las mayores distancias, ni los mas astutos artificios podrán hacer que se oculten a la vijilancia de Su Majestad las menores contravenciones de las justicias í el buen órden que ha de reinar en sus mas remotos dominios.” .

Las fiestas de la proclamacion de cada nuevo soberano i del juramento de fidelidad, las fiestas realas, como se las llamaba vulgarmente, hacian época, í servían de punto de partida para computar el tiempo.

Omito entrar en pormenores sobre ellas, por lo. mui conocidas que son.

IV,

La idolatría de la gran mayoría de la nacion chilena a la majestad real no se fué debilitando con el trascurso de los años.

A la víspera de la revolucion de la independen— cia, era todavía viva i fervorosa, como lo prueba un hecho ocurrido en 1809, que voi a referir..

El sarjento mayor don J oaquin Pérez de Uriondo, subdelegado a la sazon de la provincia de Coquimbo, había practicado las mas solícitas dilijen— cias para obtener un retrato de Fernando VII.

Al fin tuvo la dicha de conseguir uno que habia traído del Callao a Valparaíso el maestre de la corbeta Bretaña, i que habia venido de España en la cámara del capitan del navio San Fuljencio.

Semejante oríjen persuadia al leal Uriondo que

no‘podia caber la menor duda de que aquel retra— to fuese “lejítima copia del precioso orijinal.”

Tan luego como el subdelegado de Coquimbo estuvo seguro de su buena fortuna, se dispuso a solemnizar espléndidamente la entrada del retrato en la Serena.

Al efecto invitó para ello, entre otros, al cura i vicario foráneo, que, a lo que parece, era un vasallo tan entusiasta, como el subdelegado, segun puede colejirse de la siguiente contestacion:

“Con oficio de ayer, 16 de junio, pasó U. a mis

‘manos en testimonio el auto diríjido a noticiarme la próxima llegada del retrato de nuestro amado

rei í señor don Fernando VII, i el aparato, ornato 1 solemnidad con que debe recib1rse, derramando

‘U. los mas nobles sentimientos de respeto í amor

a nuestro soberano con tan terminantes i precisas espresionés, que parece iba delineando la pluma los interiores afectos del vasallo mas fiel i amante a su rei. Yo, que me lisonjeo de contarme en este número, nada omitíré de cuanto juzgue conduzca a dar una idea nada equivoca del amor í respeto que debo tributar a mi soberano, recibiendo en mi iglesia su imájen con las señales mas vivas de mi respeto, veneracion i amor, que sirvan de estimulo para que el respetable cuerpo del clero seculari regular a una voz alaben al Dios Supremo, quien teniendo por suya la causa de nuestro rei i señor don Fernando VII, llegará aquel ‘deseado dia en que terminada la tempestad que ha sido efecto del orgullo, ambicion i soberbia del emperador de los franceses, vea toda la nacion española resplandecer en su rejio trono el amor, justicia i beni nidad del mejor, mas digno i mas amado de to os los monarcas el señor don Fernando VII, que Dios guarde.

« AnteriorContinuar »