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Junto a la autoridad civil, se levantaba la autoridad eclesiástica que predicaba el derecho divino del rei, defendiendo calorosamente todas las prerrogativas de su soberanía, ique ejercia la mas activa i esmerada inspeccion sobre los funcionarios seculares, los cuales a su turno le devolvian inspeccion por inspeccion; todo para la mayor honra i provecho del monarca. .

Es este un rasgo mui característico e importante de la organizacion colonial que conviene detenerse a examinar. .

El rei católico era en sus dominios del nuevo mundo, no solo un soberano temporal investido de toda la plenitud del poder mas absoluto, sino tambien, i con toda propiedad, un príncipe eclesiástico que desempeñaba una especie de cura de almas. ‘

Se asemejaba bajo muchos aspectos (aunque si se le hubiera dicho esto, le habría horrorizado¿ a lo que fueron en Inglaterra Enrique VIII, Isa el isus sucesores, ménos el respeto a la iglesia romana, i la sumision al pontífice en materias dogmáticas. .

Reproducia el tipo de soberano cuyo modelo fué el emperador Constantino.

El principal objeto de sus desvelos se dirijia a la propagacioni defensa del catolicismo deutroi fuera de sus estados.

Encabezaba la Recopilaci0n de Indias “mandando a los naturales i españoles iotros cualesquier cristianos de diferentes provincias o naciones, estantes o habitantes en los dominios de América, que rejenerados por el santo sacramento del bautismo hubieren recibido la santa fe, que firmemente creyesen i simplemente confesasen el misterio de la Santísima Trinidad, Padre, Hijo i Espíritu Santo, tres personas distintas i un solo Dios verdadero, los artículos de la santa fe, i todo lo que tiene, enseña i predica la santa madre iglesia católíca romana; i si con ánimo pertínaz í obstibado errafen, i fueren endurecidos en no tener i creer lo que la santa madre iglesia tiene i enseña, fue—‘ sen castigados con las penas impuestas por derecho, ‘segun i en los casos que en él se contiene’.’ (1), rohibia por real cédula espedida en Lisboa a

10 de febrero de 1582 que cualquiera persona se pudiese embarcar en los navios de las armadas i flotas sin que constase primero que se habia confesado i comulgado; i como esta disposicion hubiera caídoalgo en desuso, recomendó su estricto cu‘mplimiento por otra cédula dada en Madrid a 12 de noviembre de 1634. ‘

Condenaba en una multa de la mitad de sus bienes a todo fiel cristiano, su súbdito, que habiéri—‘ dolo podido, hubiera muerto sin confesar devotamente sus pecados i sin recibir la eucaristía (2).

Así los papas casi no dejaban trascurrir un año sin er‘ïsalzar en algun instrumento pontificio el piado‘so celo del monarca reinante en España i de sus gloriosos antecesores, sin enviarle la bendicion

‘ apostóíica, sin desearle i prometerle todo linaje de

prosperidades. . El soberano. de las Españas i delas Indias era el hijo predilecto de la iglesia, imerecia serlo.

No tenia, pues, nada de particular que contasé con toda la cooperacion itodas las simpatías de las autoridades eclesiásticas,

A esto, que por si solo habría bástado para el

(ll Rccopilaz‘irm de Indias, libro 1.°. título 1.“, leí 1. “
(2) Recqailucíon de;‘Imlisw, ‘libro 1.° título l.° leí 28.

efecto señalado, se agregaba que, segun los privilejios que le habia concedido la Santa Sede, era el único dispensador en la iglesia americana de todos los cargos, honores i beneficios.

Era él quien nombraba directa o indirectamente los arzobispos, los obispos, los canónigos, los curas, los capellanes.

Era él q_uien les asignaba dotaciones,i quien

. proveia largamente a las necesidades del culto.

Era él quien les dismunia, o les suspendia todas estas asignaciones.

‘ Era él, en fin, quien mandaba secuestrar las temporalidades de los obispos, i quien los estrañaba de sus diócesis, si incurrian en el real desagrado por algun hecho grave.

Todo esto, como se comprenderá, contribuia sobre manera a que ambos cleros, el regular i el secular, con sus prelados al frente, fueran enteramente adictos al monarca católico de padre a hijo, i cada año bendecido por el papa; al monarca, de quien todo lo habian recibido, i de quien todo lo esperaban o temian.

El reí, por su parte, estaba tan penetrado de este que llamaré su carácter eclesiástico, que habia reglamentado por si solo todo lo relativo a preeminencias i etiquetas dentro i fuera del templo entre los funcionarios i los sacerdotes.

Para ello no habia tenido reparo en revocar las disposiciones del ceremonial romano, como, verbigracia, en la prohibicion de recibir a los obispos bajo palio, cuando fueran a tomar posesion de sus iglesias, por ser aquella una demostracion propia solo de la real‘persona.

Habia estatuido aun respecto de las ceremo

( l) Real Cédula espedida en Valladolid a 29 de agosto de 1608.

nias de la misa en las funciones solemnes a que asistían las corporaciones (1).

Aun mas: habia ordenado que los mestizos pudiesen ser sacerdotes, í. las mestizas, relijiosas; i que se admitiera a los indios que tuvieran capacidad para ello, al sacramento de la eucaristía . (2).

I miéntras tanto, ni una sola‘voz se habia levantado para protestar contra esta injerencia del rei en la disciplina eclesiástica. ‘

Léjos de reclamar, los obispos, no solo acataban estas resoluciones, sino que se apresuraban a reconocerse vasallos del católico monarca.

“La obligacion en que los obispos de España están a su rei por la presentacion i por el beneficio singular de querernos elejir, dice el ilustrísimo señor don frai Gaspar de Villarro‘el, induce en los prelados una justa sujecion, que podría atreverme a llamarla vasallaje.. I en virtud de ese reconocimiento, deben los obispos, ántes de salir para sus obispados, besar a su rei la mano, i hacerle especial reverencia por la especial obligacion en que de nuevo le están” (3).

“Nuestros reyes católicos, en señal de que estiman mucho a los obispos, agrega el señor Villarroel en otra parte de su obra, cuando van a besársela ellos, nunca les dan la mano..... Yo hice instancia con Su Majestad, cuando me venía a mi iglesia, suplicándole que me diese su real mano para que habiéndosela besado, víniese a reinos tan apartados con algun consuelo. Retírómela sin responderme palabra; e ínstando yo, fuera de lo que se acostumbra, a vista de tanta soberanía, me dijo, ablandando el semblante, como dándose por servido demi porfía: Nunca doi la mano a los obispos; id con Dios” (1).

(l) Recopilacíon de Indias, libro 3, título 15. . (2) Recopilacícm de Indias, libro 1.°, títu'o 7, leí 7; i título 1.°, leí 19. (3) Villarroel, Gobierno Eclesiástico Pacifico, parte l. “ , cuestion 1. “ ,

artículo 8.

Puede estarse cierto de que todos los prelados de las Indias, sea de hecho, sea de intencion, se nallaban como el señor Villarroeldispuestos a besar la mano del rei en señal de vasallaje, i a obrar en consecuencia para acatarle i sostener sus pre— rrogativas.

II.

El doble papel que asumia el soberano de príncipe temporal i eclesiástico que atendia al bien de sus súbditos, tanto en la tierra, como en el cielo, daba a la administracion, particularmente de la América Española, un carácter mui especial, pero que contribuia a afianzar en las conciencias el respeto a la majestad real.

Confundiéndose lo humano con lo divino, los funcionarios i los sacerdotes invadian recíprocamente las esferas tan diferentes del derecho i de la moral.

Era cosa mui frecuente el ver a un majistrado desempeñar las funciones propias, sea de un prelado, sea de un párroco, o vice—versa.

Por este me‘dio, el soberano procuraba unir aquellos dos famososi terribles cuchillos del obispo Villarroel, el rejio i el pontificio, ad vindictam malefactorum; laudem vero bonorum, quía sic est oolwntas Dei, segun unas palabras del apóstol San Pablo aplicadas al caso por el doctor Solórzano; esto es, traduciéndolas libre, pero oportunamente, para el

(1) villarroel, G’obicmo Eclesiástico Pacífico, parte 2, cuestlon 12, artículo 3.

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