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No se sabe a punto fijo el año en ue fueron fundados estos dos primeros establecim1entos tipográficos; pero puede suponerse con algun fundamento que la imprenta fué introducida en Méjico en 1532; i en cuanto a Lima, la impresion mas antigua hecha en esta ciudad que se conoce, corresponde al año de 1584.

La lei de Felipe IV importaba, pues, un lujo de precaucion.

I no solo lo era en la fecha de su promulgacion, sino que tambien lo habría sido muchos años des— pues, si atendemos a las épocas mui posteriores en que la imprenta fué introduciéndose en otros países hispano—americanos.

El distinguido i erudito literato arjentino don Juan María Gutiérrez dice que ha visto en un catálogo europeo el título de una obra impresa en Guatemala en 1667; pero él mismo agrega que lo que “sabe de cierto es que por el año de 1808 habia en aquella ciudad una imprenta perezosa í pobre, pues empleó seis años para producir los seis pequeños cuadernos que componen la edicion oríjinal de la obra de J uárros titulada: Compendio de la Historia de la ciudad de Guatemala.”

“Los padres de la Compañía de J esus, refiere el mismo Gutiérrez, clandestinamente talvez, í procediendo de su cuenta i riesgo, sin previo permiso de la corte de España, vaciaron tipos, construyeron prensas í dieron a la estampa en las misiones del Paraguai una serie de libros doctrinales, gramáticas í diccionarios de la lengua guaraní, desde el año de 1705 hasta el de 1727.”

“Tambien tuvieron los dichos padres, agrega, una imprenta en la ciudad de Córdova del Tucuman, de la cual una produccion ha llegado a nuestro conocimiento, correspondiente al año de 1766.” La primera imprenta de Buenos Aires fué aquella que los jesuitas habian establecido en Córdova, la cual, trasladada a aquella ciudad, principió a funcionar en 1781 con materiales para poder im— primir hasta una hoja del tamaño de un pliego de papel comun.

La imprenta fué introducida en la Habana allá por el año de 1787 (1)

Se presume que la imprenta fué introducida por los jesuitas en Santa Fe de Bogotá el año de 1738.

Sin embargo, la primera impresion ejecutada en ella que se conoce, es una hoja d‘epapel, a cuyo pié se lee esta designacion: “En Santa Fe de Bogotá. En la imprenta de la Compañía de Jesus. Año de 1740”.

Existen ademas‘ una vida de la monja sor Franeisca Castillo, dada a luz en 17 46; una providencia del vísítador Píñéres en 1770; una inscripeion conmemoratíva de la ereccion del templo de las Capuchinas en 1783. A

La siguiente carta del jesuita Diego de Moya, dirijida a una monja de Bogotá en 28 de noviembre de ‘17 46, nos da a conocer cuáles eran entónces las condiciones del establecimiento tipográfico que habia en la ciudad mencionada

“Pues hai imprenta bastante para este efecto (el de imprimir un sermon) en nuestro colejio máximo de Santa Fe, i esta empresa le agrada, escriba al padre provincial para que hechas las dilijencias de exámen í aprobacion, se ponga el sermon a la prensa, lo cual hará el hermano Francisco de la Peña, que es impresor de oficio; i aunque ahora es—tá de labrador en el campo,, podrá venir a imprirlo; supliéndole otro en el ministerio de su hacien—

(1) Gutiérrez, Orijcncs del Arte de imprimir cn.la An‘éfica.Es‘païmld..

da, que es el Espinar, por un par de meses, a lo mas largo, que como se han estampado catecismos i novenas, podrá esta obra semejantemente imprimirse en cuartillas, pues hai moldes i letras suficientes para eso” (1).

. En 1789, el cabildo de Santiago de Chile recabó del soberano el competente permiso para el establetablecimiento de una imprenta.

Con este motivo, el monarca hizo dirijir a la audiencia la real órden que sigue:

“El ayuntamiento de esa ciudad ha recurrido a el Bei con fecha de 4 de agosto del año anterior, manifestando la falta que hace en ella una imprenta, por cuyo medio puedan sus habitantes dar al público las tareas literarias de sus diferentes ocupaciones sin el gravámen de acudir a otras poblaciones mui distantes donde las hai; i solicitando le conceda Su Majestad facultad i licencia para pretender se establezca en esa ciudad a costa de los propios de la misma, i que reintegrado el costo que ocasione de los productos que rinda, queden éstos a favor de los citados propios por el término de diez años, o el que sea del real agrado. En su vista, ha

' ‘ resuelto Su Majestad que el nominado ayuntamien

to ocurra a esa audiencia a instaurar i formalizar su solicitud (como se lo prevengo en esta fecha), i que V. S. S. tomen en el¿asunto la providencia que estimen usta, i den cuenta para su aprobacion; lo que participo a V. S. S. de su real órden para su intelijencia i cumplimiento. Dios guarde a V. S. S. muchos años—Madrid, 26 de enero de 1790.— Ant0ní0 Porlier.—Señor Presidente, Rejente i Oidores de la audiencia de Chile.”

(1) Vergara i Vergara, Historia de la Literatura en Nueva Granada capítulo 7.

¿Qué resultado tuvo la larga tramitacion a que el gobierno español sometia el negocio?

No he logrado descubrirlo;

Bien pudiera haber sucedido que los capitulares,

desanimados con tantas dilaciones, hubieran desis

tido de su patriótico propósito.

De todos modos, lo cierto fué que en Santiago solo vino’a’ haber imprenta, que mereciese siquiera en algo este nombre, hasta que estalló la revolucion de la independencia. .

Poco mas o ménos, sucedió lo mismo en Carácas, en Quito, ion las otras ciudades principales de la América Española, donde únicamente se fundaron imprentas en vísperas, o despues de la revolucion.

Las imprentas establecidas en los dominios his— : pano—amencanos ántes de aquel memorable acon—

tecimiento ,carecian, sobre ser tan pocas, de los materiales necesarios, aun las mejor provistas, como la de Lima.

Tengo a la vista las Ordenanzas del Perú recopiladas por el licenciado don Tomas de Ballesté— ros, e impresas en aquella ciudad el año de 1752, en cuyo prólogo el autor, despues de mencionar las dificultades que ha tenido que vencer para preparar la obra, añade: “se opuso otra dificultad que era el carecer de letras la oficina de la imprenta, con que parecia frustrarse el trabajo, no pudiendo darse la obra a la estampa; pero despues de muchas dilijencias, se hallaron mui proporcionadas a la impresion que se solicitaba, que se ha ido haciendo con tardanza por no ser bastantes las letras, con trabajo por la puntualidad que se observaba con las planas que salían de la prensa, i a mucho precio.”

En cuanto a los excesivos costos de la impresion

a que aluden las últimas palabras deI trozo copiado, abundan los testimonios; i la razon que había para ello es mui fácil de comprender sin que sea menester esplicarla.

“En el Perú no se hacía con mil pesos de a ocho lo que en Madrid con ciento,” segun el padre Me— léndez, autor del Tesoro Verdadero de Indias, hablando de este mismo asunto.

“Si muchos de los excelentes frutos del injenio americano han quedado sepultados en el olvido, sin lograr por la impresion la recompensa de la fama, dice el ‘Mercurio Peruano, fué efecto en los pasados tiempos de la imposibilidad de eostearla, í el riesgo que había en remitirlos a Europa” (1).

“Son los chilenos jeneralmente dotados de buen injenio, dice por último el historiador Molina, i tienen buen éxito en todas las facultades a las‘cua— les se aplican. Harian progresos notables en las ciencias útiles, como los han hecho en la metafisica que se lcs enseñaba, si tuviesen aquellos estimulos í aquellos medios que se encuentran en Europa. No se reconoce en ellos algun particular apego a las preocupaciones; i si alguna vez las tienen, se despojan de ellas fácilmente, luego que advierten lo buenoí lo útil. Pero los libros instructivos ilos instrumentos científicos son allí poco comunes, o se venden a un recio exhorbitante. Así aquellos talentos, o no se 11ustran, o se emplean en cosas frívolas. Los gastos de la imprenta son tambien exce— sivos, por lo cual pocos quieren aspirar a. la fama de escritores” (2).

En vista de los datos precedentes, nmí fidedignos, pues consisten en fechas i en testimonios de

(1) Mercurio Peruano, tomo 2, número 56, fecha 27 de junio de 17.91. (2‘) Molina, Compendio de la Historia _.O'ivíl del reino de Chile, libro 4, capitulo ll,

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